La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

EXTERIOR. lg•esll.a-Vati(!ano. (Corresp. de «El Pensamiento Español.») Octubre 1.0 l\Iis queridos amigos: }?ué, ,·ino y quedaron las cosas como antes. A esto debe reducirse la asombrosa expedicion del galantuoi:no ~ Berlin en busca de la alianza con Austria. Los pormenores veridicos que sobre esta caza infructuosa recibo del elevado personaje que ha seguido todas las peripecias de la misma, me ponen como siempre en actitud de satisfacer los deseos de los católicos. Cuatro palabras para dejar la ,·erdad histórica en su púnto. · Todo aquello de despachos retumbantes, de ovaciones sín cuento, de amistad mas íntima, de formidables preparativos contra la reaccion clerica_l ó contra Espafla y Francia, es mitad falso y mitad cierto: falso en cuanto se re~ fiere al Austria; cierto en cuanto á Prusia. Hay, pues,· que.dividir en dos partes el viaje. La primera, ó Austria, es un completo dest=mgafio para los masoaes y una esperatlzn fundada. para los católicos. El emperador 1-'rancis_co José invito á la Exposicion á todos los jefes de fütado con quienes está en reJaciones diplo1uáticas. Víctor 1\Ianuel recibió esta i1n•itaciou, redactada en l0s mismos términos que la di ·igida al gran sultan ó al príncipe de fónaco, y la masonería, encargada por Bizmarck <le preparar el viaje á Berlín, tomando por excusa la exposicion de Vieua, recibió órdeu de decir á los cuatro vientos que el emperador de Austria habia escrito· al piamontés en términos especiales, suplic.índole una y cien veces que accediera á visitarle en Berli11 pnra estrechar las relaciones eutre Austria e Italia y aliarse con Prusia contra la reacciou europea. Audreossy, ministro austriaco, favoreció las mirus de Bismarck y quedó concertado el viaje. ,. o tenia este otro objeto que engañar á l"rancisco Jose y hacerle caer en lus redes de Bismarck atruyendole á una alianza contra Espuria y Francia. La secta enseñó bien el papel al gaJantuorno, hizo éste varios ensayos auel embarjador prusiano Keudel y los ministros l\Iingueti y 'Yeuosta y cuando el terreno telegráfico-periodistico estuvo bien preparado, ó cuaudo estaba ya hecha la historia de cuanto debía acaecer en el viaje, salió Víctor l\lanuel con dos cascos, uno para presentarse ante Francisco y otro aute Guillermo. Ocuparon su sitio los manipulares de la caza: todos los periódicos teman sus representantes cerca del piamontés; las Agencias Havas y Sstafaui ageuciaron algunos mile:s de fraucos telegrafiando lo que esta prensa sabia ya de antcmuno; la oficiosa Opinivn cayó en el desliz de anticipar una cnrta de 'iena úntes qt e llegára el correoí In «Ln libertad, .... por hacer meritos ante .iUíugucti, se l1izo telcgraflar lo que ttuu no l.abía suceJido, y q11e despuefi de suceder .... suced·cra todo 1o contrario; la formal «~·aciou,, descnbtu utrn ccremonin presLA IGLESIA :PU EÑA. crita en el formulario de Bismarck, y que tampoco tuvo efecto, y los maní· festantes i~alianos, olv-idando el aprender á victorear en lengua extrafia, parodiaron al gallo de la fábula. El público rió, los masones tnmbien, y la única víctima fué el régio C,lZador. Re· cibióle el emperador de Austria en extricta sujecion a las reglas de etiqueta establecidas en honor de todos los jefes d~ Estado, sin distincion alguna; los asistentes fueron designados por el embajador italiano, y eran todos italiancis, y ellos los que victorearon; el emperador se limitó á darle la mano, a deJarle en el sitio de hospedaje, y á hncerle despues aquellos obsequios propios de la buena educacíon. La sec.ta quer; a m11s, y dispuso uoa recepcion del cuerpo diplomático: se llevó á cabo y solo faltaron los embajadores de Francia, Inglaterra y Rusia. Quiso que el príncipe imperial Norberto fuera presentado al piamontés, y el piamontés no le vió. Hizo exlraordinaríos esfuerzos porque la emperatriz le recibiera, y hasta el infeliz excomulgado se acercó á la hnbi-. tacion; mas oyóse un «la emperatriz resfriada, no recibe», y tuvo que lar: garse. Reunió siete veces á Andrcossy con el subalpiuo, l\fiugheti y Venosta, y hablaron del Cónclave, de la alianza, de la sol iralid«d de in te reses austriaco-i talianos; mas apesar de los buenos oficios del austriaco, confesóse que la alianza era imposible, ni el ponerse de acuerdo sobre punto alguno, ni el darse prendas para el porvenír, «porque el emperador habia prohibido hablar de asuutos políticos, y en ifecto, ni una palabra dijo ni galantuomo, ni tnvo este oca~ion de prouunciarla, ni el emperador estuvo jamás solo con él, apesar de reiteradas instancias.» Dcsahusiado, excomulgado y secta, apresuraron la salida para dar cuenta á Bismarck de tan lamentable éxito, el cual uos fué pintado en Roma así: ..el pueblo en masa, austriaco, victorea a Víctor ~Iaauel. El emperador le ha abrazado i:ariiíosam~nte. La emperatriz le ha recibido del modo mas cordial, y pan mas honrarle, el asiento de la emperatriz y del rey de Italia estaban t juntos y mas elevados que los restantes. ¡Gran recibimiento diplomático al que hao asistido todos .•.. ! los embajadores cerca de la córte auslriaca. Despues de varios Consejos á que ha asistido Francisco Jose, se uan redactado Ju bases de la alianza austro-italo-prusiana, y la union iudestructible de estas tres na - cioues, es ya un hecho. Colmado de honores y satisfacciones políticas, sale el rey de Yieua, promeliéndole el emperador devolverle la visitu.... » Bien hubiera podido 'Volverse á sus antiguas madrigueras sía personarse en Berlin, una vez hecho agua el objeto del viaje á Viena, y sin gran fama de arte diplomiltico, y mas que cariacontecidos fü11glleti y Venosta, mns el programn del.Jiu cu111piin;e, y el galantuomo se a, i~tó roll el evangélico. Se al>razaro11 ,uri,1::- \·cces, be~arousc cuatro, no olvidnndo · el t:alur.:;~ el casco prusiu110, quitándose ei" nustt·iaco de seguida, repitieron éieu ,eccs In~ crir:c·ns los ¡,--usianús aplaudieron c,itt::;iasmados al ve1.· ü !n., pli:.utas del ,erdugo alenan á su crfado el verdugo piamontés, y el telégrafo, por primera vez sin duda, dijo la verdad. Y yo lo confirmo asegurando que es poco cuanto se exagere so_bre lo espontáneo, natural, ardiente del recibimiento hecho en Berlín al huésped del Quirinal, y que nada de este mundo puede pintar el gozo justísimo de Guillermo y masonería al vel' entre sus manos al que tiene en las suyns al Pontífice. Los halagos durante la permanencia fueron mas estrepitosos, si cabe, para ver de destruir por el cariño esa proverbia-! inclinncion italianísima a dar lo , mismo un punta pie g ue un beso. Unas pequeüas manchas anublaron tanta dicha; la ineficacia de los esfuerzos del piamontés y compañia por convertir al de .Austria; la solemnidad de la recepcion diplomatica,-nunca segundas partes fueron bueuas,-en que tambien solo fal.taron los embajadores que faltaban en Yiena, añadiéudose ahora el de . Austria, las amis~osas guejns de Bismarck por haber dejado descubriT á Lumármora los pasteles que en 1866 amasaron Bismarck 'y el pia..noutés contra Austria y Francia. y la inesperada auseucia de la emperatriz Augusta, la cual, como la de Austria, no quiso dejarse ver del hermoso subalpino. l\Ias estas manchas desaparecen pen~ando que Guillermo prometió verse con el de Austria en esta quincena y convencerle; que VeMstn dió seguridades de que el escáudalo de «un poco mas de luz.,, no se repetirá jamás, que la ausencia de los embajadores fué por saber que Víctor Manuel es enemigo de fiestas cortesanas, y la de la emperatriz por ahorrarle cumplimientos. Cargado nuevamente de ubrazos, besos y órdenes para que destruya en lo que resta de año el cáncer del reino, que es el Vaticano, regresó á Italia el piamontés á recibir plácemes y vítores p9r el buen éxito de su gravlsima mision. La secta organ,izó una demostracion roma.na en honor de Prusia; los consabidos cantores á franco y medio fueron á la embajada, el mas claro ó menos espeso habló de la gratitud italiana. El encargado de negocios agra. deció con gestos, excusándose eu que no sabe el italiano, y la maoifestaciou se encaminó á plaza Colona. Los músicos que habitualmente alegran en cella á los buzurros, adivioando por instinto de arte que tendria lugar la man ifestacion en honor de Prusia, y que para mas honor de Italia, se les ped1ria tocar el himno prusiano, babian tenido buen cuidado de aprenderle, de modo que al llegar los hiéJSOncs á la plaza y ex.clamar ¡que toquen el himuo prusiano! los mú~icos, con ndillirncic,n de todos, y <livrnamctite Hispirados, tocaron el him1:o y cou él -las cuerdas del amo1· pálrtc, el cual en nombre de la iudepeudencia de Jtaiia y en desdoro del Papa, que se deja <lefe111ler por ex. traujeros. exclamó: ¡viva Prusiii! ¡viva Bismarck! ¡viva .el emperador Gnillet·- mo! ¡viva la aliu11za ·italo-prm,iana! ¡viva e[ monarca caballPre,! ¡viva el héroe de los e.los mur:dos! marilrnldi). Pura de!-cmpálagar de tanto ,·iva, hubo no po~os mueras á Jirancia, ul Papa, al ati~ano ) á los ele ·:caics, aunque muv por lo bajo, para no <inr ú estos ocncio¡, de dc spre~:igiHr la te~tn. Hnce cuatro noches que se re~ite_ en igual forma con la añadidura d~l himno austriaco por jrnber hecho observar CantelJi que el haberle omitido ea las otras noches daba motivo a los reaccionarios para propalar que la alianza austriaca se haqia evaporado. 'El himn9, sin embargo, no entusiasma; y el Austria, por su honor, no tiene vivas de estas bocas inferuales . ..1'anto carifio á la Prusia, en odio· á l?rancia y el intencional olvido del Austria, resumen bieti el éxito del viaje. El impone al Quirinal nuevos deberes; no· dar· treguas a· la persecuciou contra la Jglesin¡ proclamar francamente la müon con Pru ia; mo~trarse severa con Francia, dulce con Austria y de espc11atlzas con España. De ellos, solo coV)plirá, bien el Al'Í· mero; los <lemas,, segu·l convenga á la política utilitaria del Quirinal de dar ó retirar palabras y firmar conveo~O$ ó destruirlos, ó de probar á la faz del mumlo que el reino de Italia es la tier~ ra de la honradez y su rey un caballero. l;Jasta mañana, Afectísimo. Tamiro. , INSERCIONES. EL ESTADO SIN DIOS. u. La Reforma y la Revoluclo11.-EI Estiuio t;;ln Dtofli, pi-i11nclpl-, re- ,·oJ (1clonario,_ (CONTINUACION.) "Es necesaria una creencia religiosa, un culto, á toda asociacion humana. El hotnbre, la11zado e11 medio <le este • universo, siu saber .de dónde vieue, 111 á dónde va, por qué padece, oi aun por qué existe, qué recompensa ó qué peaa recibirán las prolongadas agitaciones de su vida; asediado por las contradicciones de sus semejantes que le dicen, un.os que hay uu Oios, autor: profundo y consecueneia de todas las cosas, otros que no lo lrnyí éstos que existe ua bien y un mal que debeu servir de regla á Si.l couducta; aquellos que no hay bien ni mai; qae esto uo es mas que iuv~nciones iutercsndas de loa poderosos del muuuo; el hombre, en medio de tales contradicciones, esperimentn la necesidad imperiosa, irresistible, de formarse sobre todos estos objetos una creencia fija. Verdader~ ó falsa, sublime ó ridícula, se forma una. Por to.das partes, en todo tiempo, en todo µnis, eu la antigüedad como en los tiempos moderno:5, en los países civiliados, como en los países salvajes, a11cuéotrai-ele al pié <le altat·es, u11os admirables, o.. . tres innobles -ó snngui1 arios. Cuando no reina u113 cree11cia fija, ag·- tan ó dcgraduu ni espfritu humano mil sectas eocarnizndas .como en Améri a, nil sliper.::-licioues vergonzos, s como eh la CI i1~a. O bien, si como trn 1~rn11c:n, en 93, ha arr1;batado una co11mocio11 ' pa;ajera la until,(ua rclig100 del pnis, el hombre, ni iiÍstnnt mismo en que babia hcoho voto de no creer en nada, se de, miente á los pocos dias, ).' el culto insensato i de la diosa Razou, iuauguJado-al pié él·cadalso viene á prob,u que e'te vo era tau coo;io _i p·o. ' lmprenta (ln D. :\f. C. i\i.-Dirijida por Fu.\.'..\Ci~co 1n: P. BEHMEJo.

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