La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

guna especie, a no ser que quierau pasar adelante por el único ca1i1ino q;1~ nanea puede cerrarse á l,1 llbertn•i humana: el <le la m.lldad. Eu el primer sistema, se permite el desahogo para prevenir la explos1on; en el segundo no se consiente que principie el incendio para no verse obligado a contener su progreso; en aquel se teme á las pasiones cuando están en su nacimiento, y se coufia limitarlas cuando hayan ere• cido; en este se conceptúa que no es fácil contenerlas cuando son pequerlas, lo será mucho menos cuando seau grandes; ed el uno se procede en el snpnesto de que las pasiones con el desahogo se disipan y se debilitan, en el otro se cree que satisfaciéndose uo se saciau, y que antes bien se hacen mas sedientas. "Generalment,!:) hablando, puede decirse que el catoticismo sigue el segundo sistema; es decir, que entrando con las pasiones, su regla constaute es ata - jarlas en su~ primeros pasos, dejarlas, en cuauto cabe sin esperanza, ahoga1·- las, si es posible, en la misma cuna.» Agréguese á esto lo mucho que rebaja la diguid1d humana, esa doctrina anticelibataria; no quiero que sean mis pobres reflexiones las que demuestren esta verdad, apelo al testimonio del mismo célebre Balmes, quien en el ca• pítulo 26 d~ su citada obra se expresa del modo siguiente: «El hombre no ha nacido tan solo pará 7Jrocrear, no es solo una rueda colocada en su puesto para funcionar cu la gra_u máquina del mundo. Es un ser á imájen y semejanza de Di,is,- un ser que tiene su destino_pro· pio, un destino superior á cuanto le ro· dea sobre la tierra. No rebajeis su altura, no inclineis al suelo su frente inspirándote tan solo pensamientos terrenos; no estrecheis su corazon pl'ivándole de ~entimieuros virtuosos y elevados, no dejándole otro gusto que el de los goces materiales. Si sus pensamientos religiosos le llevab á una vida austera, si se apodera de su alma el jeneroso empeño de sacrificar eu las aras Je su Dios los placeres de esta vida; ¿por qué se lo habeis de· impedir? ¿con qué derecho le insultais despreciando un sentimiento, que exije, por cierto, mas al Lo temple de alma, que el entregarse livianamente ¡¡I goce de los placeres? ·, Creo haber probado que la doctrina sentada por U., sobre celibato, es inmoral. Pero he dicho que es tambieu auti evangélica, y · la prueba la encueutro, no solo en su misma inmoralidad, sino en la letra del Evangelio, como consta del pasaje que llevo citado. No debo termrnar esta mi contcstacion, sin ocuparme de dos alusiones hechas á mí en sus seis artículos. En la una me enrostra U. la inexactitud con que definí la lnduljencia Plenaria eu mi nota de fecha 5 de Julio de 1869. Señol' mio, .vo no pretendí definir, sino describir lo que importaba un Jubileo; y comQ hablaba á puso11as entendidas y cristi'tnas, al udieudo á todo lo que supone uua induljencia plE-:naria para poderse s-a11.11r, siendo, entre otras cosas, i11dispe11sable la confesion de lo~ pecados y el perdon de ellos en el tribunal de la Penitencia, d i_je qne ese Jubileo ó indulgencia plenaria importaba la remision de la pena eterna J temporat. Ahora que U., apropósito de mi nota contestacion al Seño1· Ministro, me enrostra esta inexactitud, se lo agradezco, y canto la palinodia diciendo que aquella frase mia, aceptada como dc.finicion, no es exacta, pues el .Jubileo solo supone una rcmi ~iou de la pena temporal merecida por nuestros pecados, prévia la remrsion de la culpa y de ra pena etcrn:11 que debe obtenerse por el Sacramento de la Penttencia. Los Católicos no conocemos la leoria de la pertinacico cm m11 te ria de doctrina: cuando se nos demuestra el error, sea en el fondo o en ~a forma, Lo confesamos paladinamente. Eit la otrnt noto que l'. insi::;te en echarme en cara el aislámíeato en que me encuentro respecto a la cont.estncion que lw datlo á la Cit·cular del ~efior '.\Iiuistro, µue;; en el artículo co1·- respo11diente .al dia martes 7 de. Octubre me dice: que sabe que los demás Seum·eR Obispos hao contestado en términos comedidos, no con la insolencia mia: si yó deseára en esta materia dar importancia á mi persona, le copiaria el juicio que respecto á esa mi nota hace uu periódico publicado en Bruselas, en su número del 24 de Agosto último; pern esta 00 es causa personal, ni yó pretendo mi honra, siuo la defeusa de los principios, segun me lo dicta mi conciencia. Ahora, repito á U. lo que le dije al priacipio. No contes~ to sus artícnlos porque abrigue la esperauza dl! coovencerto: bien penetrado estoy del caos que existe entre las idea;; de U. como disidente, y las mías como Católico. Esta mi coutestacion tiene por objeto p1 incipal, salvar, en cuaMto de rní dependa, la !?é Católica de mis diocesanos: defender en favor de ellos la gran causa de la civilizacion verdadera, fomentada por el Catolicismo y atacada por los enemi· ~os de esta grandiosa y Divina institucion. Hé aquí mi propósito, y eu el persistiré mientras Dios me dé aliento, siempre que, personas del carácter de U., hierau en alguna manera los iutereses de la Iglesia Catolica. El Oblapo de P11110. INSERCIONES, EL ESTADO SIN DIOS. Confe11lones y re1>n:lladooes. (Vi:!ase el niimero l ü2.) No nos alucinemos; porq_ne no tenemos ya tiempo de hacer nuevos esµerimentos. Lo que hay que -r€pudiar no son ciertarr.eute la mayor parte de las verdades y de las reformas que se han calificado f,dsamente de conquistas de 1780, y que habiéndose puesto en candelero ta.. > solo en esa funesta época, son el fruto rrecedeutemente elaborado de la civilizacion cristiana. Lo que hay que repudiar es EL PllIN· ClPiO de 1789, es su espíritu. Para servirme de las espresiones de 1 n Revista ele ,1 múos Mitndos, no es la leche lo que debe arrojarse sino el pus. Pero ¡ilusion deplorable! Cuando el principio de descomposicinn ha ll egado á corromper f¡1 masa eutera de la uacion, y ha sido for7oso reconocer al fiu, que hay mucho que de~echar, es precisamente este fatal principio lo que • hay predi sposicion á couservar , uun· á costa de lodos los bienes que él emponzoña. Por esto La Revista de Ambos 1 fondos concluye proponiendo, como espediente para la situacion, el regreso á .' .. ,.¡la revolucio11 de 1830! Comprénd ese perfectamente qne no se insista mucho eo los principios de 1789', desde el dia en que las clases populares ,ienen á di:;putarnos sumouoµolio, y que, excelente para destruir la antigua sociedad, sean detec;tables desde el dia en que ta sociedad que sucellio á aqt1ella se halla espuesta á ser el blanco de la sociedad futurn. Serin verdalleramc:11te cómodo poder re• montarnos de c~ta suerte á 1830, ni perfecto ré 0 i1n c11 de los sa ti :; fcchos , á igu al distaocia de 1877 y tle 18i2, de\ m1tiguo régimen derrocado y del que nos amenaza, cluvando por decirlo así, .eu esta época, la rueda de la Revolucion. Pero el principio del movimiento que nos impele de contínuo hacia adelante, sin permitirnos deteuernos un momeo to, nos permite todavía menos volver ú subir la pendiente, y aun menos fijarnos, volviendo atras, eo este mismo principio que nos arrastra. Ne - cesitariamos, en toda hipótesis, volver ú andat· el mismo camino quP. .hemos r ecorrido despues, y; no habría por cierto cosa mas agradable! iAb! léjos de volver los ojos á sc11,ejautes desgracias, procuremos conjurar de una vez. la ca usa que las produjo, y si anhelamos subir y elevarnos, elevémonos h11sta la verdad. Hé aquí como juzgábamos la situacion en J 85 1. «Necesariamente, decíamos entónceR, la sociedad está perdidn, si no vuelve a la verdad de donde la desprendió Lutero. Si ha vivido desde eutónces hasta el din, ha vivido de la verdad católica conservada e ,1 la Iglesia y de lo. que se habia conservado de esta v,erdad aun en el Protestantismo. Pero como el progreso de esta hn ido separando mas y mas el mundo de la h!lesia, y al mismo tiempo gasl,!ndo la porcioo de verdad que se hubia llevado consigo en aquella separac'io11, no queda ya nada para vivificar la sociedad. En va110 se probaría volver atras, y tomar otra VP.Z alguna de las posiciones quP. se han atravesado J a sobre la pendiente del error. ¡Quiméri ca pretension. El mundo no rehace sus destinos, y lo que ya 1rnsó, pasado está. La posicion que era sos- ' tenible ayer, ha cesado de serlo hoy en que el terreno ha sido minado. Pro• testantisrno, Volleriauismo, Liber,ilismo, Racionalismo, todo esto puede haber sido algo, pero ya no pu ede ser nada, porque todo está absorbido por el socialismo que de ello ha salit.lo como un rnónstruo del seno de su madre y que no puede ya hace rc:e que vuelva á entrar en _ él. Una sola cosa snusic;te con el error total, y es la verdad to ta l; la verdad que no pasa, que era ayer, que es hoy, que serú mafiana, y por la cual ' solo podemos existir. Seais quien fuereis lo que esto leais, miembros de una soC'i edad á Ja que solo quedan los últimos re - cursos del empirismo para ganar algunos dias Je vida; vosotros todos que seulís en vuest ra alma la grande responsabil id ad del porvenir, y el insigne honor qu e la naturaleza ha hecho á nuestro tiempo de poder decidir de la vida ó, de la muerte del mundo; geutes honradas de todas las opinioues qne flotais en el escepti ismo; os conjuro, en nombre del sentido social qu e es tá eu vos0troc;, y que sin duda habla por sí mi smo en este momento á vues tro juicio y á vuestro corazon, que os i11cli11cis hácia la verdad de u11a creencia, tan prodigiosameute dernostrada por la lógica co1t10 por las horrible,; consecuencia::; de su negaciou. O COl'- red hasta las absurdas teorias de Housseau, hasta las locas é irritantes apologias de nuestras desordenadas propc11sio11e::; d_e los Socialistas, hasta la ucgncion, hasta la blasfemia de la sociedad, del hombre, de Dios, de vosotros mismos, de todo; ó volved á la sociedad, á la humanidad, á Dios, al ho• nor y á la posicion de vosotros mismos, volvi e1Jdo á la fé. O esto ó el caos" no hay mas remedio. Este dilema, oo solamente tiene á St\ favor la autoridad de un siglo de revoluciones. que á él 110::; ha conducido, las salvajes manifestaciones del socialismo q 4 en él nos encierran, sino la autoridacl ·de la Dest ruccion mi sma que de· todas partes se levanta á nuestro alrededor para oprimiruos. ( 1). Cometimos entóuces la falta á los ojos políticos de lauzar este grito de alarmn demasiado pronto, antes del dilubio. ¡Dios quiera que no lo repita• mos hoy sobrado tarde! l.1a1•a ello, vamos al fondo de los cosas, y eatresaquemos de el.as la Yerdadera verdad, cutre tantas verdades dudosas, relativas y co1,1trovertibles cou que se iuteuta siempre disfrazar á aquella. II. l,a nero!'ana y la ne,·oJuclon.--El 1-:11,u«io sin D»los, ¡)iri11ci1•lo a·e,·olucío,uu·lo. La verdadera verdad, he dicho, es que acabamos de sucumbir, no taulo por las reformas de 1 789, como por el pri1Jciµio de l 78D, único formal, irnico real, e11 que consiste solameute la Hevolucio11, yue ha enveue11udo todo el trabajo de estas reformas, y q·ue .Por , s¡;r talso y da1ii110, no podia méuos ,. de ser ruinoso y mortal. · l\Mrquese prirnel'ílme11te el carácter jcn er:al ele la Hernlucio11, y lo que co11stituye su loca crrmrnalidad. En 1789 hubo dos 111ovimie11tos: uno grande, uoble y saludable; movi~ miento reformador, al cual todos los e11leuuimie11tos, todos los corazones hou r;1dos y ge11erosos de todas lils clases de la socieclad, monarquía, uubleza, 1 clero, cla:-;e media, co11currÚ111 a po1·- fin, y cuyos votos se co1H,1g11aba11 cu las actas y poderes conferidos á los úip11t11dos , y en las represe11tacio11es q• parlia11 de todos los pu11tos de Frn11cit1 . Quizá 110 se ha vi~to nunca una nacion mas admirablemente u11á11ime en el sacrificio, desea11do ven.ficar e11 sí misma lu reform11 de sus abusos y )¡¡ realizacion de sus progre::;os. Pero ¿cuánto t.luró este movimiento'! El tiempo necesario para llegar al sitio de su co11ce11tracion y de su elaborncion, á la Asamblea constituvente llegando á es pil'ar ni umbral de ·1a sal;t del Juego de Paloma. Allí surjió otro movimiento, otro espíritn, y se sustituyó ai primero: uu movi111ie11to, uu espíritu revolucionario. No fné este un suceso, uí1 nrrebato del primer impulso, si110 la esplosion de un pri11cip10 e11terameote disti11to, de una i11te11cion adversa que lo al>- sorbio y de:rnaturnl1zó. _El . primero ern la refo,·ma de lo que ex 1st1n, por medio de s11 1 ra:-.formacionel segundo su refu11 J iciou por med io d~ la revolur:ion. Hny ~ 11 trc estas, dos cosas, re[vnna y revol1tct01t, u1111 rliferencin que advierte lodo enteutlimieuto refl ex iv o. [Continuará.] (1) Del Protestan tismo en szi . relo.cio,n con el Sociulísmo, lib . 1. 0 cap. 7.• at /i11. Jmpreuta de D. M. C. l\J.-Dirijida por Anselmo Bt:rmejo.

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