La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

defiendo; por eso mi conciencja está tranquila, aunque a juicio de la gente santa sea deplorable mi ceguedad, y doy gracias á Dios, que h1zo caer las cataratas de los ojos de mi espíritu. Por lo que hace á los hombres, yo he dado á mi patria y a toda la América 11na garantía de la buena fé con que he procedido, y solo en deliri·o púdiera retractarme, ó llamar funesto estmm'o mi conviccion.» Permítame hacerle respecto á este período tres observaciones:-1. a, la profunda conviccion de U. no es racional por una reflexion lógica muy sencilla. Usted pretende ser Católico comba.tiendo al Catolicismo; los católicos todos le dicen que su doctrina no es católica, y, apesar de esto, U. sosLiene la tesis curiosísima de que la Iglesia Catolic~ entiende menos de catolicismo que U. solo; esto, aparte de lo absurdo, envuelve mucho de ridículo:-2.n, La gente santa dice U. q' deplora su ceguedad, pero que á Dios gracias han caído las ca ta ratas de los ojos de su espíritu. Doctor Vigil, ¿no estima U. a la gente santa? Esas almas virtuosas ¿no le merecen respeto? ¿No cree que en ellas exisle por la influencia de la gracia divina una especie de tino particular , que pudiéramos llama1· el i11stinto de la santidad, para conocer y distinguir claramente la verdad del error en materia de doctrina religiosa? ¡Se goza U. al ver citidas las cataratas . de los ojos de su espíritu! ¿Y sí ocurre con U. Jo que tuvo lugar en el Paraíso con nuestros primeros padres? ¿Si en lugar de encontrarse_ clara la vista de su espíritu r~1?ára en su alma una perpélua trniebla por su falta de docilidad para ver la luz?;-3. a,. solo e □ delirio, dice U., c¡pe pudiera retractarse 6 llamar funesto estravio sn conv1cc100. Esta frase me horripila, . por~ue ~a encuentro preñada de 1rrac1onahdad, de orgullo satánico y de un ódio profundo á la Io·lesia Católica; yo demuestro lo que0 afir · mo. Llamo irracional aquella frase, porque 110 se funda en criterio lo· gico _alguno: . aun suponiendo á la doctrina católica sometida al nivel de uoa doctrina filosofica cualquiera c,podría soste11er.se racionalmen ie, q_ue una vez adquirida una conviccion, en el terre u o :fil@sófico era preciso cerrar los ojos para n~ ver los argumentos en contrario que tal yez _impo:taban la verdad pa-ra la rntehgencia? La. fé misma, apesa:r d_e encontr~rse apoyada en la au t0-- r1dad de D10s, dice San Pablo, que debe: ser racional; de aquí la importancia cp1e dá la Iglesia á l'os motivos de credibitidad y el empeño que pone pa-n favorecer el estudio de la parte filosófica de 1a Religion. He asegurado lamhi·en que la- frase á que allldo respira-un orgullo satáni - co, y la prl!leba me la suo-iere )a . f ~ misma orma en que está eooceb-i. da, ~ solo en delirio, drce U. pudiera retractarme~. Bsto-·equi: vale á decir lo .s-.iguiente: existe una Iglesia fundada por J esucristo , cayos LA IGLESll\ PUNEÑJI. títulos de orígen divino son reconocidos por todos los que la componen; yo combato á esa Iglesia, mi doc. trina es opuesh á la suya. Verdades que el Esp1ritu Santo le ha prometido su asistencia, pero mi razon, mis juicios valen mus que esa asistencia del Santo Espírilu; esto es satánico y para que no se alegue ca· lumnia por mi parte, inserto esta frase de U. que se encuentra en el artículo correspondiente al miércoles i 7 de Setiembre: «Sr. Obispo, ¡,el Papa y los obispos, aunque alumb1·ados por el Espiritu, Santo, acredi tarnn estarlo siempre en el gobierno de la Iglesia?,> Esta pregunta dirijida á mí no necesita comentario: demuestra por sí sola mi precedente asercion. Por último, la frase que analizo, revela un odio profundo á la Iglesia Catolica: sí, porque entre los afectos desordenados del corazon , ninguno esparce tiuieblas masdens:is en la intelig1mcia que el odio; el que aborrece no quiere ver en el objeto aborrecido sino defectos y abomina - ciones. Por muchas que sean las buenas cualidades que reuna, el odio á semejanza del espejo uslorio de Ar · qu1.medes, las calcina hasta reducirlas á ceni,zas. í..a última palábra del que aborrece es la que Isaias ponl3 en boca de Satanás: Si·mil-ú ero · altlssirni.... non servi"ani; y esa ti.ltima palabra de odio la traduce U. apropiándosela, cuando dice, aproposi to de sus errores contra la doctrina ca tolica: ~olo en deliri"o podri·a 1·et-r-actarme. U. vé que yo demuestro lo que afirmo. A hora paso á revelar a U. el pensamiento que me ocurrió, cuauclo comenze á leer su andlisis. Yo, decía para mí, uo tardo en encontrar, entre otros argumentos, los ele Galileo y la lnquisicion, y me foé muy estraño (lo declaro francamente) no haberlos hallado en sus cuatro primeros arlículos: ¿cómo, me preguntaba, es posible que apropósi"to de mi nota co □ teslaciou á la circular del señor Miuistro, habiendo salido á relucir materias tan al e-aso .-•-, o la tolerancia de cultos, la libertad de enseñanza, el recurso de fuerza, el pase á las bulas, &, no a-parezca ~l?o relativ:o al c.éle~re astronomo Pisano? ¿N1 se alnd1ra á la celebérrima historia de la Inquisicion, esc1·i~a por el traidor á su patria el célebre L!orente!1 Mas alcabo he venido á encontrarme con estos argumeuto3 en sus ultimos artkalos, como era na,tu1·at, ya qne se trataba de una cuestion religiosa. Lo sensible para mi es, que un hombre de la profunda erudicion de U. y que precia de tanta independencia en su juicios y de tanta exaclilud en ellos, haya podido devorar errores hisloricos de enorme bullo, sin haberse querido tomar el trabajo de instruirse mejor y rµas conciie-nsudamen te sobrn estos hechos ma-□ oseados y lJ'aidos á cuenlo por esa k\lrba de ·atolondrados que, p-oseyendo solo una ~rudicion novelesca, clescooocen los datos genuipos de la historia verdadera. ¿Me acunaré Yo- , ahor..11 de entrar eu dE!a- '" ., lles sobre los referidos hechos? Creo no hallarme oblig..ido á tanto; básteme recordar á U. lo que sobre la Inquisicion ha- fllscri lo ceo aplauso de los sábios, a-un entre los- protestan tes, el celebre Balmes en su obra de «El Protestantismo comparado con el Catoliciamo»: lo que antes de él, dijo en sus cartas crfticas el celebre Padre Francisco Alvarado, bajo .el nombre de <<El Filosofo rancio», y lo que últimamente ncaba p de escribir el muy digno Presbítero español D. Miguel Sanchez en su obra de <<El Papa y los Gobiernos populares. >1 Es quedarse muy rezagado, Doctor Vi gil: es dar una prueba de escasísísima erudicion, aquello de emplear como una arma ofensiva coutra la Iglesia Católica, los sueños novelescos, por no decir las calumnias groseras de Llorente y comparsa , alt1sivas á la Inquisicion. U. que ama el progreso, y que lo ama hasta el delirio, debería ser el primero r,n progresar respecto de sus estudios hi stóricos. Nada diré tratándose de la cuestion Gali- . leo. Q11 é ¿no ha leido U. la célebre historia de Rohrbacher, la del mism9 César Can tú, la tan interesaote ob:-a del célebre literato contemporáneo Augusto Nicolás, cuyo título es «Del Protestantismo y de todas las herejías en su relacjon con el s0ciafümo»? ¿Qué hombre de ciencia y de erudicion sólida, aduce hoy estos argnmentos contra el Catolicísmo? Ellos se han quedado para , los sábios de escalera abafo, como si dijeramos, pBra los ignorantes con ínfula de sabiduría. Repito que me ha sido muy sensible leer la.s alusiolles de U., relativas á estos dos hechos históricos. Poi· lo demas, como, segun llevo dicho, nada encuentro en sus últimos artículos que pueda npellidarse cieu líticamente, refutacipn á mis cartas; solo haré unas últimas observaciones, respecto á ellos. Repetidas veces me cita U. sus obras, y no parece sino que quisiera decirme con esta repetícion: «señor Obispo, entienda U. que habla con un autor profundo que tiene ugolaua la matei·ia y al que toda inteligencia debe doblegarse: sepa U., que lo qne yo h~ escrito nadie tiene derecho .para refutar, porque yo digo que es frrefutab e, yo, cuyo criterio es infalible, yo que pie11so con una rectitud J nua lucidéz mucho mayor, j nfi.11í las veres m~yor que la q' pudiera atribuirse el Papa, los Concilios y los Obispos,: qniere U. luz, lea U. mis olH·as y la diserta,·ion Lá l y el capHulo euál y r,] párrafo qué sé yo cuanto~. en donde lralo ámpliamente y con e] magisterio que poseo, dichas materias.» Esta es la meo le de U., mi buen señor; esta su idea favorita, reproducida en todos y cada uno de sus seis últimos artículos. · Olra observacion: el lenguaje empleado por U. cada vez que alude á nnestro Divino Salvador, no es lenguaje ratólico, ~ero ni protestante. E11liendo que á todos los que liayan leiJ.o sus escritos les habrá sido nauseabundo el tropezar á cada paso con esla frase que respira ~rrianismo:: <<El Señor Jesus» . ¿Qméo es este Señor Jesus? ¿Es el Hijo deDios hecho hombre 6 es alguno de tantos señores que se han hecho cé·- lebrP.s en la Historia, por algan hecho notable'> 6Es P.l Divino fundador de la Iglesia Católica ó algun charla tan romo el curioso profeta de ]a Meca? Cuando se lrala del Verbo del Padre hecho carne por nosotros los hombres y por nuestra salud, lo sabe U. muy bien (como sacerdole) que es- irreverente y por lo mismo iHcito el empleo de semejante lenguaj,e. Recuerde U. las palabras de San Pablo, aludiendo al Veóerabilísimo nombre de Jesus: ((al resonar este nombre, toda rodilla debe doblarse en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua debe confesar que Nuestro Señor Jesucristo, IJonnnus Noster Jesus Clm:stus 1 se halla gozando de la gloria del Padre, in glori"a est JJei Plitrú1>. Tambien debo observarle que su teoría respecto á la peoa de muerte, inserláda en estos sus últimos arlículos, aproposito de la conteslacion a mis dos primeras cartas~ abur1dando en sentimeutalismo, carece de verdad y de intrínseca justicia. Le place á U. mucho la escuela romántica en mattiria de Derecho penal, le agrada proferir máximas de caridad evangélica, entendidas á su modo, corno si la curidad predicada por Nuestro Señor Jesucristo fuera una cédula en blanco que garantizára la impunidad del crímen, como si la doctrina sublime del Salvador,que inculca tan repetidas veces el amor del prójimo, envolviera la abominable máxima de prescindir de la víctima para llorar por su verdngo; como si no tuvierau fuerza estas divinas palabras proferidas por aquel que se llamó á sí mismo manso y hitnii"lde de corazon: omni"s qui acceperint glad-ium, gladio peri·bunt. Se dice que el chacal despues de devorar s.u presa, que extrae á los sepulcros, gime tristemente como si lamentára su muerte, mas ese gemido solo espresa sn pena por no teúer otro cadáver que devorar. Análogamente puede decirse otro tanto de los penalisl.as romá11ticos: lloran angustiados, porque aun existen naciones en_ las cuales se halla vigente la pena de muerte para el asesrno, para el incendiario y para otros cl'Ími11alrs por e] estilo. Las víctimas uo l es arrancan una sola lágrima, no pai·ece sirio que á sernejanza del cliacal llorái-an , porque una vez muertos en rigor de justicia, los asesinos ya no pueden proseguir en la carrera de sus crímeues, asesinando á mansalva para ofrecer mayor número de víctimas. El sensato y católico criterio del muy ilustrado literato Dr. D. Felipe Pardo, comprendíeudo lodo lo que tiene de farsa esa filantropía de los modernos penalistas, escribió no hace mucho esta sentida oclava, que me tomo - 1a libertad de copiarle:

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