La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO VII. · PUNÓ, NOVIEMBRE 8 DE 1875. N.º 169. l,n Jglcsia ,t)Juntñtt. PERIODICO SEMANAL. ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS, LA IGLESIA PUNEÑ'A, Al Sr. Dr D. l~r1111<'1seo de PnaRa. Gonzale11 ' 'l!fll. l\foy SEXOR !\IIO. Al regresará esta mi Sede Episcopal, des pues de cerca de dos meses de ausencia, he podido leer en diversos números del periódico <(Co - mercio,> los seis a1·tículos .que ha publicado U. contestando á las dos primeras .cartas qne le dirij'i. Sensible me es · que haya tenido nece-: sidad de leerlas reproducidas en o- . tro periódico distinto del de ((La Iglesia Punefia», periódico que ha marcltado por el correo, rotulado á' U. en todas lag veces que . se ha inset·l_ado en sus columuas -algu_na de mis carlas. Como quiera que sea, pido á U. disculpe, PO una falla de atencion de mi parte, sino · un estravio de la estnfela, que no ha estado en mis manos•el evitar. Aunque U. declara espllcjtamente que no es su ánimo volver á ocuparse de cnalquien1 con Lestacion . dada por mí, yo, qne, francamente hablaudo, al dirijinne á U. no me propuse convencerll1 de la verdad, puesto que ronozco cuales sou sus r~soluc-iones, cual el part-,do 'que tiene tomado, desde qne emprendió su cruda guerra cou lra la IglPsia Calólica; r.so no obslante, como Obispo · de esta grey que el Espfri-. tu Sanlo me ha confiado para su gobierno, necesito rrplicar á U. á fin de salvar de 'esle modo los inte~·eses de la verdad, instruyendo a mis fieles, ya que U. me ofrece ocas.ion para ello, sobre los puntos rnteresantes dR la doctrina C:at?li~a, impugnados por U. pará sosbtmrlos con un cúmulo de errores trascendentales. Dice U. _que yo no_discuto, sino q' me encasl1llo en mis Leorías; tal' afirmacion no me la explicp, allí están mis cartas que responden de lo gratuito del cargo que U. me hace: n_o paree? _s100 que hubiera U. que - ndo• a11iic1parse , para evitar el que yo en todo rigor de j uslicia le eurostrára esla su falta frecuente. Sr. - mio: el que jamás ha sabiJo diqcuti~ (y 1)erdo1ie~e que se ]o diga) ha sido U., testigo sus obrns todas, en ]as que al lravez de una erudicion abrumadora, se ha traslucido este pensamiento conslanle S'ic volo, sic fuveo, sic PRO RATIONE VO· LUNTAS. Buena prueba es de eslo el empeño con que sostiene U. su título de Católico, apesar de la clara y terminante contradiccion en que se halla con los doscientos millones de r.atólicos esparcidos por el Ol'be, con sus noveden los obispos y con el jefa visible del catolicismo. Las verdades que U. impug· na han sido victoriosameo le demostradas y defendidas por hombres, cnyos talentos, cuya ciencia y buena fé, no dejan nada que desear. Historiadores, filósofos, publicislas, literatos; Lodos á porfia se han empeñado en apolojizar á la Iglesia Católica en su constilucion, en sns d9gmas. en su mor~l y en su disciplina; los .que la han combatido empleando las armas del sofisma, arm¡ls mal t~mpladas para soslener una lucha hidalga con la verdad, han tenido que pasar por el triste dolor de reconocer su impole.ncia y de coofesa!la al fin ·, pública ó secrelamen te, repitiendo lo que Juliano el apóstala grilaba al espirar: ¡VENCISTE., GALILEO! Los herf'jcs · de' todos los siglos, que en su fatuidad han querido conocer mejor y enteuder mas exactamente ]a doclrina do Nuestro Se- ~or Jpsucrislo que la Iglesia que El fundó, han alimentado siempre durante veiute siglos la vana y ridícula esperanza de ver caída por tierra y hecha pedazos á esta Iglesia, obra magnífica del Salvador: de ver eucadeoada, dr.spr~sligiada y reducida a una tolal nulidad á esla esposa del Cordero, ú esta madre y maestra del género humano redimido: que en lenguaje de Sao Pablo es .Y df-be continuat· llamándose hasta el fin de los siglos la columna y el firrnaniento de la verdad. Apenas podemos prescindir del contraste que ofrece la historia al pre~entarnos, de un lado, l:i marcha magestuosa,el desanollo espléndído y la influencia social emi nen- · lemenle civilizadora de la Iglesia Católica; J del otro, la turba famélica de los propagandistas del error, de los fundadores de nuevas seclas y de todos los que, ensimismados li~sta el p~u ~o de preferí r sus proprns conv1cc1ones y su juicio· pri-- vado á las convicciones y juicio de la Iglesia Católica, ba_n pretendido hombrea: con ella'. algo mas,, eclipsar su bnllo celestial. No' es esto un vano juego de palabras, . señor Doctor; U. me aplaza para el juicio de la Historia, asegurá11dome q:ie dt>sde -ahora se somete á su fallo· 1. • ' yo tammen por m1 parle se lo ase- ,,_{¿uro, pero co::i esta diferencia, que •¡.le rue:Pº medite sérinmen Le, LA YICTORIA · sERÁ hlIA, y lo sera, porque siempre lo ha si.do para lodo el que ha defendido la causa de la verdad calólica, aunque baya sido tan miserable y desprovisto de talen tos como yo; lo será, porque veinte siglos de esperiencia son mas que suficientes para asegurármela. Nunca pudo presentarse mas dudosa la vicloria para uu Obispo Católico que combatía el error que en tiempo de San Atanacib, cuando, como U. sabA, en espresion de San Geróoimo, el Arrianismo lo babia invadido Lodo, lodo: gobiernos, obispos y pueblos; mas, Sr. mio, aquella época pasó no sin sérias persecuciones y de □ ueslos sin cuento dirijidos al celebre Obispo de Alejandría, y la Historia ha pronunciado su fallo y Arrio y sus ser.tarios, si han adquirido alguna celebridad hislórica,ésta ha sido semejante á la de Eróstralo, que quemó el templo de Diana para adquirirla; en tan lo q' el norcbre de Atanacic, es hoy bendecido, no solo por sus virtudes, ·que ciertamente fueron heroicas, sino por su firmeza y vigor en la defensa de la doctrina Calólica. Estos son los fallos contantes de· la Historia, sPñor mio, no necesi Lo recordárselos, U. los conoce mucho m8jor que yo. Crammer, tristemerrte ce!ebre Arzobispo de Cantorbery, ese Arzobispo, que, -en su conduela - respecto á Enrique VIII, siguió las huellas que_ U. traza al Episcopad6 en su <<.Defensa de los Obispos,>, es hoy por un fallo de la Historia, digno de reprobacion, y de una reprobacion que no solo pronuncian lábios católicos, sino que se apresuran á repelir historiadores protestantes, la]es como Willan GoLbel, Hume y otros que U. cono0e. Y aqu1, séame permitido recordar el nombre del muy digno Objspo de Meaux,el ilustre Bossuet. Entte los varios Listoriadores de su vida; uno de ellos el célebre Lamar1 tir..e escribió un párrafo que no quise copiar á U. en mis anteriores cartas, . pero qne ahora apenas puedo resislir á la tentacion de reprodu~irlo; hélo aquí: «Pero', cristianamente hablando, ¿dió (á Dios Bossuet) lo que es de Diog'> Es decir, ¿resp~lo en la cabeza, en el centro y en la unidad del gobierno espirilual de la Igle:3ia, esa autoridad dogmática, indefectible, incesan Le y univet·sal, que constituye el fondo del gobierno crisliano? No, le dirig·ió respeluo.so, pero temerariamen L" el golpe mas rndo que hubo jamús recibiJo esa unidad desde los grandes hereciarcas. Hizo q' el clero francés firmase, dielada por el rey, una máxima que traslada la autoridad en materia de ~ de la cabeza á los miembros. Fe eralizó la monarquía católica; ! uslituyó á una Iglesia presente, soberana, gobernante y árbilra de la fé en Roma, una iglesia ideal, ausente, muda, espectante, á la cual puede apelar cada iglesia nacional para negar su , obediencia á la Iglesia visible; Iglesia especlante que no puede jamás reunirse, ni hablar, •ni obrar sin la iniciativa y sin el cfocurso del Soberano Ponll.fice, c~tra el cual se la convoca en idea si □ poder jamás convocarla de hecho, y durante su ausencia puede cada nacion gobernar á su antojo su fé diversa, que en vano llama Bossuet una; la apelaci6n al futuro Concilio, ·verdaderas kalendas griegas del cristianism0, y duranle e_sla apelacion indefinida, la fé y :sl gobierno de-:- vuel tos en nombré dé '1a unidad á r.ada iglesia nacional,'·· .hé aquí :en úllimo análisis la obra de Bossuet en ]a asamblea de ,1682. Gran sacerdote contra los reyes y los pue- ·blos en materia de libertad de con- · ciencia, gran tribuno ' de lps reyes y de los ·pueblos conl'·a la autoridad espiritual de los soberanos pon- , lífices, hé aqní su doble papel durante y despues de aquella asam-- blea. En ella fné polUico y cesó de ser Apóstol.,) La historia, pues, ha fallado, y Bosuet é.~on toda su ilustracion, ·~on su no Lable genio y con todo el brillo _dé sus obras, j uslamen te llamadas ·clásicas, ha sido juzgado tal y como merQcia, atendida su cooduda lao poco espiscopal como pala0iega. Usted vé que no ando muy . desac;ordado al pro:.- meterme la victoria para lo sucesivo, respecto de los fallos bislóricos; -· que le s~=-esto Lambien de nueva prueba para manifestarle que discurro1 que no me encastillo en mis opiuiones, siqo que razono despreocupadamente. 6Qué argumentos de los aducidos por mí en mis cuaLro carlas h:m sido refutados por U. en sus seis lí.llimos arlículos9 Los he leido con la precisa delencíon y lo único que he encontrado en ellos de sério y de grwe por lo que envuelve de trascendent3l, es el período consignado en el número correspondiente al 30 de Setiembre. Allí- dice U. con enfáLica, y casi pudiera decir, hasta con impía arrogancia: «Yo esloy profundume;1Le cot1 vencic.lo_de lo qne

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