La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

Protestante de París, M. Coqµerel, en su ensayo sobl·e la historia del CristiRnismo, apropósito de los derechos de los Papas en la edad media, dice lo siguiente: «El poder Pontificio, disponieudo de las coronas, impedia que el despotismo se hiciese atróz. Asi es que en aquellos tiempos de tinieblas no hallamos ejemplo alguno de tirania, comparable á la de los Dorriicianos de Roma. Un Tiberio era impc;,sible, Roma lo hubiera anonadado. Los grandes despotismos vienen cuando los reyes se persuaden de que no hay nada superior á ellos; entonces es cuando la embriaguez de un poder ilimitado da oríjen á los crímenes rnas espantosos.» ¿Quiére U. mas todavia'? Pue,i voJ á ha~erle una ultima cita, ya que se trata de curar el escándalo, no farisaico, de los ·corazones sinceBmente católicos: Un Ministro anglicano que escribia en 1842 en el periódico Iuglés Quarterly Review, &, se espresaba de esta manera. «No se crea que por hallarse sometidos ú la alta Direccion del Papa los rey nos de la eJad media fuesen menos venturosos ni menos libres, pues precisamente sucedió todo lo contrario. ¿Qué soberanía mejor que la de ~os Inocencio y los Gregorio? ........ . Respetadme, someteos, obedeced, decía: en cambio yo os daré el órden, la ciencia, la union, la organizacion, d progreso ..... , Con una mano el Papado luchaba contra la Media Luna, cou la otra abogaba los restos del Paganismo enérgico del Septeotrioo, atrayendo como al rededor de uu punto céntrico, lns fuerzas morales é intelectuales de la especie humana. El Papado era despota, cúmo el Sol que hace jirar al globo.» Y eu otra ocasion decia el mismo. «¿ ro era admirable verá un Emperado1· Aleman en la plenitud de su poder, eu el momento mismo en que precipitaba sus i;oldados para ahogar el gérmcn de las Repúblicas de Italia, detenerse der1·epente y no poder seguir adelante; tiranos cubiertos con su armadura, ro• deados de los guerreros, Ji'elipe de Francia, ó Juan de Inglaterra, suspender su venganza y conocer su impotencia'?..... ¿Y á la voz de quien? A la voz de un pobre anciano, habitante de uua Ciudad lejana, con dos batallones de malas tropas y que apenas poseía algunas leguas de un terreno disputado. ¿ 'o es és'te un espectáculo propio para elevar el alma, una maravilla mas estraña que las qne nos refieren l¡1s leJendas?" lié aquí lo que se llama leer concienzudamente In historia: esto es saber filosofar sobre los hechos históricos dé la edad media. Usted vé que no le he citado á teólogos ni á frailes, sino á autores lleuos de preven'- ciones contra la Iglesia Catolica. Creo pues que queda evaporada la argurnen• tll'Cion de U., aun tomandola por. lo sério, es decir, aun prescindieudn de su sabor sofístico, y por lo mismo queda tambien curado el escandalo, no fa. risaico de los corazones sinceramente católicos. ¡Cuá·nta vergüeuza para los que, hijos del catolicismo y miuistros de esta lglesia Santa , la calumnian tan groserameute!-Prosigamos. Nuevo acápite dedi culpas. Dice U. «y no se crea que (los Papas) ni decir y obrar de la manera esp resa~a, (ya saben los lectores cual es esa manera) se proceJieril á sahieudas de hacer el mal. En tal caso hubiera habido lugar al arrepentimiento, y los Papas 110 se arrepentían, creyendo derechos proµi0s de su Santa Sede los que ejercían, por repugrlélntes que ellos p«recieseu (acabamos de ver esa repugnancia) y en verdad lo fueran! Acabo de refutar este juicio histórico de U.; sin embargo, agregaré á lo dicho dos palabras mas. Dígame, sefíor mio, si fuern U. llamado con instancia, y nombrado judicialmente; parn servir de árbitro componedor e11 un desórden de familia, otorA"úndosele r>11ra ello rlenos pPderes: si a mavor abundami«>nto, al ejercer esoi. poderes, lograra conciliur todos los intere,;;es, estableciendo la paz, el órden, y el bienestar en dicha familia ¿tendría U. remordimiento de haber pro.- cedido de ese manera? ¿No es verdad (JUe U. funcionó en uso delos derechos que le fueron otoq~ados, llenando eu conciencia sus debe res? Pues hé aquí el caso en cuestiou. Si U. no ju_zgara á la edad me<lia con n11acro111s• mos, si 111 .inzgára usando -de las reglas que la crítica sefiala para entender y esplicar los hechos históricos, entónces todo seria claro para U. como lo ha sido aun para los mismos Prnteslantes, sin necesidad de recurrirá teoría"- r.xóticas de a.mor propio y de compatibilidad de la buena fé, con la defensa del error y aun del absu,rdo (¡el absurdo! que solo puede devorarlo un loco, ó un amente.) Despues de esto ¡cuánta iuoportunidad é inexactitud, al traer á cuento las palabras de llenedicto XIV! La desgracié1 persigue á U. en esto de citas. No parece sino que dominado de una especial fascinacioo. pierde la vista, olvida los rudimentos de la eramática latina, y sufre un trastorno jeneral. U. pone en boca de Benedicto XL V estas palabras, «No cumple á la potestad laical la a,utoridad de rnandai, quedele la gloria de obedecer:" y a renglon s~gnido, cópia U. el testo latino que dice: 1N JORIBUS l~CLESHSTlCIS potestoti laicre sola relicta sit yloria obsequendi, rwn autoritate · im1Jerand1:. ¿Por que suprime U. fas primeras palabras, en los derechos de la IgJesia ó ecles1:ásticos, cuando ella es' la que da el sentido al pensamiento de aquel Pontífice? Ya se vé, olvidaba que la doctrina de U. consiste en afirmar que la Iglesia no tiene derechos · propios, sino los que le quiera otorgar el Gobierno, y que ror lo mismo a ella le toca obedecer siempre y al Gobierno mandar. Pero en tal caso, pnra uo hacerse sospechoso, ha debido U. ó trnd ucir integro el texto, ó truncarlo, cosa que le es tan habitual. El acapite que si¡rne al qne acabo de examinar, es un remedo de aquella célebre carta de lJ., pu esta en el 'tnclice ex-p·1wgalorio, y diri3ida á Pio IX. que comienza con e!'.te énfasis «¿y vos tambien, ilustre Pio? Carta que siempre me recuerda otra de estilo semejante, escrita por Lu_tero á Leon X, J que · la trae l\J. ,\ udin, en su historia de la vida de este hereci 11rca , cap. 16. Di ce U. que aprovecha de esta oportunúl,ad (que yo le ofrezco) para hacer algµnas reflexiones mas, que no estarán fttPra del caso. Lo que es aprovechar oportunidades pa· ra U. con el objeto de atacar al Papa y á los Obispos, nunca le faltarán . .,\si, á propósito de mi 11ota, nos va U. á de~ ci1· en refutacion que Pio IX. ha querido permanecer Papa y no jefe de la demanojia, y qne hu dictado su syllahus ' ar1c~tema tiza ido el progreso, &. Yo á mi turno, aprovechando la opúrtunidad que U. me ofrece, voJ á consignar aquí un recuérdo de Colegio, que creo tambien, no estará fuera del caso. En n:ti época de estudinule, con ocasion de un dislate proferido por un escolar, al responder á una replica que se le hacía, y á lo que llamábamos entonces, iscaparse por la ta11jente, ~e nos refirió el sig11ie!1t.e pasaje. Hahia un individuo que deseando sentar plaza de cientifico, aspiró á grnduarse de doctor en Teología: pero au11que habia estudiado dicha ciencin, perezoso quizá, parn de.. dii;ar:;e á ella con la asiduidad necesnria, Jll'eparó coo oportunidad su plan para realizar sfo tropiezo sus intentns. Estudió pt"évia111e11te nna tési ,;; relativa ar Sai;ramcnt.o de Bautismo. Pica puntos, como se acosl 11mbral.,:1 en aquella época, )' le toca e11 suerte una cuestio11 de úujel es: nquí sus aµuros; ,_nas, empecinado en ser doctor, creyo salvar la dilicultad <lel modo si~:11ie11te: sefiores, elijo, c11 pleno claustro univers_ítario, me li a t ocatlo en suerte la cuest1nn de la cx ist e11cia de los ánjeles, pern como los ánjelc:; uo llan sido lrnutlzado~, creo oportuno hablaros del Bautismo, y pronunció su consabido discurso. Sr. Vigil, las oportunidades nunca faltan para el que quiere buscarlas: y las matP-- rías mas estrañas, siempre vienen al caso, cuando se pretende sostener un tema favorito. Estudiemos pues, este párrafo de U. «~adíe como un Papa pudo haber hecho 1·eformas, IlESPETA.:'iOO LOS DERECHOS DE LOS conrnnNos y devolviendo á los obispos las facultades que les dejáran 101, apóstoles, en una palabra, condenaudo á eterno oprobio las pretensiones de la curia Pontificia. Con e8to solo, habricJ, ganado miiclw la Iglesia Católica, recomendánd ose mucho el Papado , aun en las sedas disidentes, y facilitádose una re_concilincion, hasta ahora intentada inútilmeute. EL nuEN t>rn IX., parecía llamado á emprender e'ita reforma, :;í sit proceder hubiese correspondido al l.tudable principio de su Pontifi c11dn .-Pero desgracrndamentP. ha sido todo lo contrario, eut.regado á los amantes del retroceso-nihil iu11ovetur 1 y enemigos del siglo XIX, que si lierie e1-r_ures J miserias, es tambien depositHrio de luz.» ¡Siempre la pe:sadil la de los derechos de los gobiernos, y la vuelta á los tiempos apostólico!',! ¿Snbe U. lo qu~ habria ganado co11 esto la Iglesia'? Dejar de ser la sociedad e-;tnblec-ida por :Nuestro Selior Jesucristo, para la salvacion de los individuos y de los pueblos; convertirse en una de tantas seetas prutestantes, cuva -vida se c·o11sprva á 111 e rced de su se,:vllismo, y lejos ele obte11er el respeto, la venerncion y Ji;1st.a la admiracion de los protesta!lt.es ilustrados, como no hace mucho le he ma11ifc~tado á U.; ser considerada como una de tantas soc iedad es merce11arin'5, cu_vo único fin consiste en exrlotar la credulidad de los pueblos, si n ciencia y sin conciencia. La lglc¡;;ia Católicn, no busca aplau sos , ni puede l.,uscnrlos, desdn que su mision es combatir las pnsioues y anatematizar los crro1·cs. Su lengunje es severo, porque ante todo, quiere la gloria de Dio-, y la co11version de los pecadores, dos gra11des fines, que no ¡:.,uedeu llenarse con el sistema de la adulacion. Un célebre filósofo Pagano profesaba esta máxima: «mejor quiero caer eu manos de un euemigo el mas encarnizado, que en las de un amigó udulador, porque el primero me juzga ~on severidad, en tau to que el segundo, encub re mi s clal'ectos, 1 a:;ta adormecerme e11 los Yicios.»-Así pues, la ganancia que U. ofrece á la Jglesia, ella la repele como indigna, éomo ruin, como i11fame, y con tanta mayor energí a, cuanto que reconla11do sn pasado, encuentra uu reguero de sangre desde su cuna, que le lestifica sus sufrimientos, su heroí smo, por conservarse tal cual es, npesal' de las persecuciones de uu mundo corrompido. ¡Ese es su blasoo, esa su gl ria! Paso ahora á hacer alguuas lijeras refl exio nes, relativas á la alusion que hace U. á Pio JX. Si los episodios ocunidos en Homa el año de l 84G, dataran de algunos siglos, bien pod ría creerse que en este asu11to discurría O. como ha discurl'ido respecto de loe; Papas de la e<lul média. Pero, ¡e,-cribir lo que U. escribe á los 25 a110 · de lo acn11tec.ido, cn:in do existe la jencracion que presenció estos sucesos, y cnando está fresca la memoria de todo lo ocorrido!-esto supoue que cn,enta U. demasiado con la crerlulidad de su~ lectores.-Di os permitió qne l)io IX al subir al só lio Pontificio, se halla - se uispnes to á complacer al liberalismo demagógico, que venia gruüe11do años hacia e11 favor de la libertad, Al proceder <le C'lte modo aquel mag11á11imo Pout.ífice, creyó, que la sinceridad J dulzura que él abrigaba en su corazon, existían tnmbie11 en los corazones de ~fa. ssi11i, Garibaldi, y sus prosclitos. 1\fas ¿q,1é sucedió?-q' despues de crímenes mil perpetrados por esa gabilln de , •nndoleros; despues de usesiuur cobarde. mente al mismo conde de Rosi, mioisl1 u aceptado por Pio IX.para complacerá lo q' 1lamab1111 pueblo: <lespues de atropellos sin tuento y de exijeucias mil, mezcladas de 11plilusos y de vivas al mis~.º que oprimian, el manso y bondadoso l_ to IX, tuvo que fo~ar á Gaeta, . aconse1a do é impubado para ello por todos los mi emb ros del cuerpo Diplomático, re· side~ite en Roma. ¡Providencia de Dios! A,;i co~ve11ia que ~ucediese para anular rc1cionalmente en lo sucesivo, los prín cipinH que tomndos de la -verdadera e~- cuela de la libertarl, que es la Iglesia Católica, son falseados por los q so lo pretenden embaucar á los pu.eblos: así debía suceder para que el ltberalismo moderno se pusiese en transpa- . rencia, probando con sus hechos, qu_e sn ob:,eto final es el trastorno, la rm• ua de todas las Íl)stituciones sociales, y por lo mbmo1 de todo órden y biene~- tar posible. Estos hechos han pasado á la vísta del mundo ,entero; los mismos protesl'lntes se han asoml)rado de l_a iuconsc•cueucia y de la ruindad de miras del bando l\Jassi11iano y Garibuldino. ~apoleo11 lll. en sn caracler de simple pre'li<lente de la Re¡3úblicn frailee~~. prévia decision de las Cámaras Legislatl"' vas, marchó a Roma parn librar de la O· prec;io)1 al Papa. Las lHJlallas de Castelfidardo y de ~olférino fueron ayer, y el Papa volvió á su trono. No tengo pura qué ocuparme df' la 'última hivaRiou de los Fstados 1'0111 rfi('ios por Víctor l\lanuel, porque 'lci a11teriormenle referido basla para contestar su aci1pite, en el q' culpa á Pio nono de amnnte t.tcl retroceso y del nihil innovelur. faije U. á continuacion el estudio del error para e11c.011lrar la \'erdad; lo que prneba que la escuela filosófica á que U. pertenece, es aq11el11t que parte del siguie11te principio: «lodo error es unl\ verdad incompleta.» Es el eclecticismo racionalista puro y 11eto. El racionalismo, que so pre testo de <lefender los fueros de la razon la mata, por cunntó empujrindola por el camino dei efror, como el mas a¡.,ropósito para encontrar la verdad, la e11vuehc en un laberinto d~ 11e~acio11es sin cuent•>, que terminan por asfixiarla. ¡Grnciosu regla de logica! Es como sl dijéramos al que desea ir al Norte, que tome el camino del Sur: ó al que aspira á prncticar ,irtud, q' trate de apre11derla eu 1~' escuelit del vicio. ¡Magnífico! A este exordio, !-ligue una iutrodui;cion coucebidu en esto~ términos: «El emµeño mismo de los que se hallan poseyendo, y los medios que emplean, tan pa reiales y rastreros, para <lefenderse y desncreditar á sus adversario-;, sirven de estimulo al examen, y el descrédito recae sobre los poseeflores. • Confieso aquí mí impoténcin para entender lo qne U. ha querido decir en este periodo, é invito a mis lectores para qne lo relettn y lo mediten; solo voy á emitir mis conjeturns. -- Los poseedores de una cosa ó de un derecho, son de buena ó de mala fé, ó poseen co11 título lejítimo ó folso: en ambos ca~ sos, la defe11sa solo tiene lt.1gar prévio el ataque: nadie se empcfia en emplear medios para tlcfenderse sin ser atacado. Y como este empeüo, y es~os medios empleados so11 los que á juicio de U. sirven de estímulo pa rn el exámen, (supongo que sea de 108 títulos del poseedor) r'esnl ta que el poseedor, sea de buena ó de mala fé, continuara poseyendo pa• cífiramente, con tal c¡ue no tenga la imprnden<'ia de em7Jeñarse en emplear medios parciales ni rastreros para defenderse y defocredita1· a sus aclversan·os antes de que lo sean- Y el descreclito, díce U., re• ene sobre los poseedores; es decir q' cuando lJ. tJpfü•11de ~u posesion y ln defiende totis viribus, para que no se fa arí•e - bate 11110 de tantos lun1111tes que gustan 1le lo ajeno, el descrédito recae sobre U. y no sobre el ladrou qne queria arrcbntársela.- Repito que interpreto por conjeturas y á tientas el pensamie11to de U, 1 c1si es que no ga1'antizo la cxuc-

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