tud, ni el respdo á la mor~!, ni el cumplimiento de las leyes, m la e_stttbilidad de los gobiernos. ¡La obediencia, que mata todo espíritu de insurre~- cioo, que fomenta la pnz y la tranq_mlidad en los pueblos! Con tal doctrma revela U., señor Dr., la escuela á que pertenece, y no sienta bien á los 80 nfio.s que cuenta U., mas ó menos, pensar y sentir como piensan los jóvenes discípulos del delirante Prohudon. La ancianidad es el periodo de la vida, que siempre se marca por la sensatéz y la cordura. l\Iain Biran, Toussio, 13roussais, lUontaigne y otros muchos, cuya historia U. si11 duda conoce, despues de h_aber delirado en su juventud, quizá por efecto de una instruccioo dafiada, volvieron sobre sus pasos en el último periodo de su vida. Me tomo la libertad de recomendar á U. la lectura del diario íntimo de 1\lain Biran y de estimularlo_á que medite en esta sentencia que le debe ser conocida. SaP,ientis est mutare consittium. .Adelante. La indicacion que hago íll sel'ior Ministro respecto á que el Gobierno, sin anuencia de la Delagacion Apostólica, otorgaba una pension alimenticia á los religiosos exclaustrados, le ha obligado á U. á expresarse de la manera siguiente: ¡estraña 1"eprobacion! No se trataba de cosa espiritual, sirio de bienes terrenos; y ademas ejercia el Gobierno un acto humJ,- nitario, justo, en auxilio de unos hombres que no fugaban del Convento, sino a quienes se les defaba. abierta la salida JJara tos que gustasen salir; y la exclattstracfon les era concedida por el Delegado. Aun los hijos nacidos fuera de matrímonio tienen derecho á recibir una pension alimenticia. Veamos lo que tiene de estrafia mi reflexion, á la que U. llama eu su culto lenguaje reprobacion. La reforma iniciada por el Excmo, Sr. Delegado, tenia por objeto llamar á la observaucia de sus reglas á los religiosos que las habiau al>andouado. Entre estos existían muchos que por efecto de la ley de 18~6, ni sabían, ni cooocian siquiera de nombre sus constituciones respectivas, y la Delegacion .Apostólica, teniendo esto en cuenta, dispuso dar cedula de exclaustracion a todos los que la pidiesen, siempre con )a esperanza de verlos volverá su convento, si por acaso habian tenido algun tanto de verdadera vocacion. Este a1unto era puramente eclesiástico. U. aludiendo á la peusion asignada por el Gobierno á los exclaustrados dice, que no se trataba de cosa elpiritual, sino de bienes temporales. Cierto que no se trataba de las facultades del ahna, ni de los fenómPnos de su sensibilidad, cosa que sin duda, á juicio de U., es lo único purameute espiritual. Pero entre tanto se trataba de los bienes de los regulares, de cuyo usufructo solo pueden gozar los que . viven intra claustra; bienes por último, afectos á obras pias, mandadas practicar por los que los donaron, y que los exclaustrados 110 podian realizar. ¡Y son estos bienes los q' U. llama terreaos, fijáodose úuicameute en que son represe11tados por cosas materi,1les! Con esta lógica puede filoióficamente concluirse, que todo en el órden religioso ts material: materiales son los templos: material la concurre11cia á ellos: material la oracion y el culto público, materiales los sacramentos, porque el agua, el crisma, el óleo, la im• posicion de manos, &, son cosas y actos materiales. Pero U. se expresa asi con .el designio de p1·obar {lo de siempre) que el Gobierno ejerció uu acto humanitario, (como si la humanidad co11sistiera en protejer el desól'den), ju~to (como si la justicia importara la douacion de bieue.s destinados para un objeto y para determiuadas personas, á individuo:, que 110 Henun dicho objeto ui pertenecen á la corporncioo encargada de ll enarlo.) ¿Que decir despues de esto, al acinamiento de palabras vacías de sentido y al argumento á paLA IGlESIA PUNEÑA4 ri que U. aduce cuando alega que los hijos nacidos fuera de matrimonio tienen derecho a recibir una pension ali-• menticfo? ¿Con que los religiosos exclaustrados se hallan en las condiciones de los hijos naturales ó espurios? ¡Pobre .Aristóteles, el padre de la Lógica, y po- .bres de todos lo~ filósofos, si discurrieran segun las reglas que ofrece U. en ,u modo de argumentar! Vengamos al último acápite de U. el mas venenoso, y por lo mismo el mas indigno de su carácter y de su ancianidad. Para no copiar sus palabras, lo que me es uauseabuudo, dice U. en sustancia que el Excmo. Sr. Delegado nombro Síndicos en todos los conventos con el obfeto de tomarse una parte de -~us rentas y remitirlas al Vaticano. La salvedad que pretende U. hacer escribiendo que nada puede asegurarse sob,·e el particular queda destruida con la siguiente frase: pero no seria estraño que en las penurias actuales del Santo Padre se aplicaran las reglas siguientes-qtte cópio del índice de las decisiones de la Rota Romana, &. Aqui debo entrar 110 otro orden de refl exiones. ¿Sabe U. lo que es, diplomaticamente hablando, uu Delegado Apostólico? ¿quién ha dado á U. el derecho d~ tratar tan descortezmente á uuo de los miembros del cuerpo diplomático? ¿cree U. acaso que su mala voluntad para con la corte pontificia, lo faculta hasta insultar, calumniando, á uno de sus representantes? Antes de escribir uquellas frases, ha debido U. considerar en la pe1·sona del Excmo. Sr. Vanuutelli, si ya no su investidura eclesiástica, pues para U. la Iglesia nada vale, por lo menos su caracter político, para tener mas miramientos y ser mas urbano y mns circunspecto. La pasion lo ciega á U., Señor mio, hasta- el punto de atropellar toda ley de buena educac1on, á trueque de satisfacerla. Ya se vé, el Papa no es el autócrata ruso, ni la reina de lnAlaterra, ni el Presidente de Estados-Unidos: que si tuviera cañoues y ejército formidable, ya se habría U. visto mucho para espresarse de la manera que se espresa. Mas, entretanto, sepa, que con este proceder quizá muchos de los que caudorosameute le mit·an como á uu oráculo, sentiran algo de desagrado al observar el brusco lenguaje que emplea U. para con el Presidente del Cuerpo Diplomatico en el Peru. Pretende U. cohonestar su descortesía, citando decisi@nes de la Rota Romana. Bien se conoce que sys escritos solo thrnen por objeto seducir á los incautos. U. que es tan canonista: ¿no hu leido uunca esta doctriaa jeoeral en todos los tr11tadistas de Derecho Canónico. Las decisiones de la Rota, no hacen un derecho univei·sal, porque nunca le ha sido concedida esta (acultad, como ni tampoco la de dar interpretaciones á la lei canó1iica, pues tan solo se les otorga la facuitad de juzga,r sobre aquellas cosas, pa-ra las que le comisiona el Romano Pontífice? .. Decisiones Rotre non faciunt jus univei-sale qitia nusquam con,cessum Rolre fuit jus concedere 'nec dare interprelalionem juris qure vim ubique obtineat, more legis; sed tantum res judicare que ipsi ex commissione S. Pontificis demandantur.» (lcard. Prelecciouesjuris cauonici, tom. 1.• páj. 187.) Por otra parte, son bien conocidos, canónicamente habtando, los principios que rijen en la Iglesia, respecto á la materia en cuestiou. El Papa como Vicario de Nuestro Seüor Jesucristo, tiene el derecho de suprema dispensacion en los bieues de la Iglesia-, en cuya virtud, puede 110 arbitrariamente, súio e~ifiéndolo alguna nece~i_dad de. las Iglesias particulares; transfe_nr, en~Jenar y aun ceder a los legos dichos bienes. Santo Tomás dice á este respecto y en este sentido, que todas las cosas eclesiásticas son del Sumo Pontifice, no como señor y poseedor, &inó como principal dispensador . Esta doctrina, lejos de ser chocnnte, . es muy racional, porque desde que sa - bernos que el Papa es el Jefe Supremo de la Iglesia,, entendemos tambieu que debe tener, como todo soberano, el alto domiuio sobre los bienes de la sociedad que preside, y por lo mismo, el derecho no arbitraría sino provocado por alguna urfente necesidad eclesiástica, de transferir, enajenar y aun ceder los bienes que pertenecen á la Jglesia. Tan cierto es esto, que los mismos soberanos temporales, principalmente de tres siglos á esta parte, despues de espoliar a la Iglesia, en sus respectivos territorios, de las propiedades que poseía., han apelado á la Santa Sede, pidiendole el saneamiento en conciencia del dominio ejercido sin título alguno legal por los actuales poseedores de did1os bienes. Lea U. entre otros, los concordatos de 1801 y de 1851: el primero celebrado con Napoleon, y el seguudo con Isabel II. Si las ideas qiie llevo• emitida~, son las ideas ge11ui11as de la Iglesia Católica: ¿qué deberá pensarse de las que U. se e::.fuerza por inculcar en contra de los Obispos y del Pontífice Roma110? Aquí debo yo apelar con mejor título que U. á los lectores católicos que qnieran pasar la vista por esta mi contP.stacio11, para que afiadan sus reflexiones propias sobre las máximas tau chocantes y anti-evangelicas que U. vierte á cada paso. 'l'ermioo, Señor mio, la respuesta al 2. 0 artículo del análisis de U. Si ella es demasiado estensa no es mía la col• pa. Queda vijente mi compromiso para 1·esponder á todos los argumentos que se . ha servido reu11ir en sus dos últimas publicaciones. EL ÜBISPO DE PUNO. Ea 'los días 12, 13 y 14 ~uvo lugar er la Catedral, y en la Parroquia, el triduo dispue~to por Su Santidad para rugar á D10s por au libertad y la de la Iglesia. El Il!mo. Sr. Obispo ordenó ciertas dist1·ibuciones en una lijera pastoral que habrán visto nuestros lectorns. Ocupó el pulpito en las tres nor.hes, esponiendo y aplicando á ~uestro actual PonLífice y á la Iglesia, las palabras que se leen en los «Hechos de los Apóstoles>> - cap. 12 v. 5. 0 P8trus servabatur in carcere. Orat,io auteni fiebat st,ne i'nterm,úsione ab Eclesia ad JJeuni pro eo. La primera noche habló de la prision de S. Pcdrn llevada á cabo por Herodes, y de 1~ persecucion que con muy pocos 10 Lervalos han sufrido sus sucesores, precisamente por sostener los dereJ chos de la verdad y los intereses de nuestra alma. En la segunda, se contrajo á probar que por cuanto el papado representaba_ el principio de unidad, robustema la autoridad, fornen taba el órden en las Naciones y producía en grande escala el bienestar social. La tercera noche se ocupó de demostrar la importancia del Papado, considerado bajolos puntos de vista de único defensor de la verdad y de la virtud-dijo que la destruccion del Papado, si pudi~ra realizarse, i?,1portaria la destrucc10n de la Iglesrn, y por lo mismo el retroceso de los pueblos hácia la barbarie. Razones todas que debían estimularnos á orar sin descauso por N. S. Padre Pío IX, pues aunque el infierno fül p0dra prevaleoe.r .coill.t:f:l la Iglesia, puede no: obstante p~seguirla, tebiendo nosotros ,que egperimenlar los efectos funestos de esa persecucion. El 15 di-a de la Asuncion de N.Lra. Madre Maria al Cielo, nues~To Illruo. Prelado celt,bro á las nueve de la mañana el Santo Sacrificio de la Misa en la Catedral, y dio.. la Comunion á un número bastante coll$Í~hle de fieles, que se dispusiero_n para ganar la induljencia . plenaria. El Dr. E>. Pedro José Bustamaute. En la noche del 26 del pJsado' ha dejado de -.istir .el m~j~s~~aqo pr_ bo, el ejemplar padre d~ fam11J~, . el lVÍlltigable olJl'ero en la vtna dél Se or. ....... ,.el Dr. Bustamaute• . La impresioo que nos ha oc11sionado su iuesp~nda muer.te, up~~•as nos permite trazar estas tnerns 'l111e¡¡,~ El Periodismo Cutplico pje1:de ,uno de sus ma~ entu11iasta::1 colpbor~dorea. La Igle&1a un hijo · fiel. La patria uu . defensor de sus ÍQstj~u~íoues, ,.Su familia,, .... .., •.• su úuÍco ~ousuelo; por eso ho_y su fria loz~, es regada con tautns lágrimas. . Arequipa, ;ustameote eoorguile~1da, teniendo eu .iu seuo al Dr. , Busta au• te, hoy con .el rop(1je del dolieü,t~ apenas puede darse cuenta de la ~reciosu existencia que ha desapur~c1do. «La Verdad,,, cuyas columa as fueron honrad11s por el inteligente escr1tor católico, hoy se cousagra al recuer<f~ de esa vida tau dil.{Dll de imiti,rsc, que apenas se concibe cómo eo estos t;iempos tan calamitoso~, pueda hab~r ~esistido lo.s duros utaq_ues de lu un,1?1_edad· l;i pér<Fda del colega es casi 1rrep~rable, el vacío quf sie.ute ddtcilmeote será. llenado. La 1Ruerte de hombres como el Dr. Bustamante, puede ser co11t,idera.da como uu castigo -enYiado por Dló~ a uo- ¡¡otros; hoy. qne la imp.iedi&d se. ple euta siu disfraz, disputando á la J~lesia sus sagrados derecho ; ho_y c¡ue los e11emigos jurados de la religion, inle~tan gozarse eu las ntinas tie ésta, J 1eleya n sobre ellas su' lrono, hom hr.es corno el Dr. Bustamaí1•,e sou .' de absoluta necesidad, J cmrndo la muerte deacarga sobre estos s.u g1-1aqafia, es _para ahorrar sus m1tle11 y aumcl)tur n~estra a,íliccion. La santa causa pierde sus defensores, !'iUS euemigos se. alientan, adquieren mas fuerza ..... pero para:ellos tambien se abril'á una tumba, se les presentará una eternidad, y e.n medio de ella uo ya un Padre amoroso, . siuo un Juez 1evero. Y. Dios quiera seno salvos en este ·juicio. , Con la lllUerte del Dr. Bustamante, los consuelos de uuestra diviua Religion, se nos ofrecen con mas intensidad. Hizo lo que era recto•• . •.•. y hoy podemos ttfinnar habi~a t?u la mansión de los justos; -sus futigns, sli constante celo por los .principios .cristi,nos, ya han recibido su premio¡ de~de el cielo rogará. hoy por no:.otros para que algun dia nos unamos nuenmeute con él, para no separarnos jamas. Solo nos resta seg\lir los hero1co11 ejemplo11 que en su. ,vida mortál uo~ dió, si querernos disfru-tar aJgun dia .de su gloria: lloremos pues sobre la tumba que encierra el yerto cadaver q\,le no há mucho lo animaba una ~lma. 119ble y generosa~ y aprendamos t vivir segun él vivió. Imprenta de D. 'M. C. M.-Diriji~a por . &uelmo no.-~cJ~. , , ,
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