La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

por las razones siguientes: t. g,, como los pueblos no se han hecho para los gobiernos, sino los gobiernos para los · pueblos, (á no ser que le plazca á U. ·)a bárbara máxima de Luis XCV .-el estad-O soy yó.) se sigue lójicamente, que desde que un pueblo es católico, su góbietno carece· de todo derecho para Jejislar contra las leyes de' )a Iglesia católica. Y ao me e1:,plico cómo U. ttta partidario de la soberanía popular, ir1colque maximas, como la que refuto, . altamente atentatorias á Jog derechos del pueblo. Si p·ues el Gobierno en un pais católico carece del derecho de )ejislar en materias de la competencia de la Iglesia, claro es, que tambien carecen de facultad lo~ fiscales para hacer reclamaciones, como U dice, en obsenancia d~ las le.res civiles que contruiau á In Iglesia. Los fiscales, en un pais c11tólico como el nuestro, tienen, ee materin de religion, la facultad y el deber en concieucia, de denunci~r toQa pub,licacíon que ataque de una maóera directa la fé y las convicciones religiosas del pueblo peruano. 2. i;:., ' El Gobierno, aun·en I as naciones que ii~eptan constitucjooalmente la tolerancia, ó sea corno se quiera entender hoy, la publica manifestncion de diversos ·cultos, jamás lejisla en materias religiosas, porque se cree sin dere~ho p·ltra ello, si quiere se~ consecuen- •te con ,u programa~ escepto cuaudo el culto domiuante es uno de tantos q'como el Anglicáno, reconoce por Papa, ó sea jete ~upremo éte su Iglesia, al soberano Temporal, en cuyo cnso, dicho soberuno, como hoy la ·Reina Victoria, ordena las ceremonias, manda rogativas, impoue 'ayunos, reformu In litu rjia a su placer, &~ U vé que no estamos en este ciso. ., . Hablar a U. de la Bula de la Cena y del Sillabus, seria, 110 solo prolougar demasiado esta contestacion, siu o esofzarme inútilmente en demostrarle lo que no qu'iere que se le demuestre: básteme decirle, que respecto de la primera, todos · lo~ historiadores, incluso el célebre Roh:-bacher y todos los canonistas, sienten de ella 19 que debe .sentir todo buen católico, y que sino fue aceptada por los reyes de Espaüa, los motjvos s,ou bien conocidos, como los r vela Mngin Ferrer, eu su história de la libert11d' de la Iglesia en Espa.t'ia. Por fo que respecta al Sillabus, _Ílolo , le diré que todo el que ame á la Igle11ia, ul Estado y á la libertad, estará por ese Sillabus, ·monumento magnifico, levantado por Pío IX para gloria del cutolicismo, com,o el único insinuador y protector de la verdaderá cív1ilizucio11. Me tomo la libertad ' de cii' rl~ IÍ U. los autores siguientés: Emilio Keller, (la enciclica del 8 de Setiembre de 1864) A. C. Peltier . (Doctriu~ de la encictica de 8 de Setiembre) el Abate Roque,s (Derec.hos de la Iglesia del Estado &.) El Sillabus, Sei\or mio, no es para ser estudiado a tlor de agua, y menos para ser entendido por los que profesan las ideas disociadoras, que se ha dado en la manía de llamar ideas de Ii 1Sert11d y de progreso. El estudio del Sitiabas supone, ún conocimiento claro'de los hechos bistóricós de tres siglos á esta parte: supone un'n filosofia delicadtsi- . roa para estudiar las causas de estos hechos y sus relaciones cou el órden social, supone, en fin, despreocu pacion com_pleta, amor a la verdad y á la justicia·, deseo de que ellas triunfen en el mond~, y maa que todo, buena fe. Pasemos á otro de los puntos que U. toca Je la manera siguiente. «Por lo que hace á la reforma de los re~ulares decretad• por el Delegado .A postólico, no erdn descabelladas ni frí- '7olaR o absurdas las rázones alegada~ . en contrario," ¿y porque no eran descabell'adas, ni frívolas ó absurdas? porque se daban como U. dice «á la vista de la actualidad, pues estipguiendose en Europa· los ouv~ntos sé trata de facilitar casas y a.uxilios á una aveniLA IGLESIA PUNE~A. da de Jente jesuitica en nuestra América, que á mas de aprovecharse de rentas no destinadas para otros, fanatizaria mas á nuestros pueblos, esperi encia tenemos, y sostendría las pretensiones de la cqria pont ificia contra la autoridad de los gobi'eruos: Si un Obispo peruano se ha espresado como vemos ¿qu é no harian frailes de profesion, y frailes estraojeros?. Ademas, las órdenes monásticas, muy lejos de ser en el siglo XJX fostrumeutos de · progreso; lo son para retroceder á los siglos de ignorancia, en que era mu.r fácil propagar errores, y errores intcr-esndos. En el opúsculo acerca de la amortizacion de los bienes de los regulares, propuse un medio pradente de hacer que dejaran de existir entre nosotros los votos monásti'cos. » Est~ periodo de U. necesita que se le unalice con alguua detencion. Europa, Señor mio, no es la Italia de Víctor ~rrnoel, ni son ]os gobiernos decididamente hostiles para la Iglesia Católica. Europa es Béljica en don.- de hay religiosos, es Francia y Austria en donde tambien los hay. Querer aducir los hechos que se realizan en la actualidad, á mérito de la influen'.- cia de sociedades secretas e infames, para probar ' la justicia y el buen derecho de los soberanos que decretan la extinsion de los monasterios, equivale á demostrar la 'jtisticia y el del'echo que asiste á un usurpador de los bienes ajenos, por cuanto los usurpó. Bien sé, que esta es la teoría de los hechos consumados puesta hoy en boga por los demagogos y sus afiliados; pero, como los principio5 de justicia son eternos, tengo seguridad, de que la demagogia no podrá trastornarlos . Lástima causa leer escritas de la pluma de U. fra sés como e1:>ta, se trata de facilitar casas y auxilios á una avenida de; jente jesuitica en nuestm América. Dr. Vijil, este lenguaje solo ncostumbran emplearlo los impíos J los hombres iguorantes. Fed erico 11 rey de Prusia que como U. sabe, e ra filósofo incrédulo, y por lo mismo enemigo de lo l~lesia Católica, viéndo¡;e estrechado por Voltaire y D1 Alambret para que no solo prohibiese la iutroduccio-11 a sus estados de los jesuitas franceses, portugueses y españoles, sino para que extin~uiese en sus dominios dicha comunidad religiosa, contestó á uno de ellos diciendole: á vosotros os pesara con el tiempo de la espulsion de los jesuitas, y ta educacion de la juventud sufrirá desde los pri,neros aiws y esto es parn vosotros tanto mas inoportuno cuanto que vuestra literatura esta en decade11cía. Apesar de su auticatolicismo Federico U pensaba en esta rn11teria· mejor que U., como lo han probado los r esul tados de su profesia. ¿Qué decir de aquella filípica contra los frailes en la que alega U. «que al tienir relígiosos europeos, á mas de aprovecharse de rentas no de stindadas 1Jara ellos (anatizarian mas a nuestros pi~eblos como nos lo enseña la es1m:iencia?.. Sin duda habrá U, reji strado los archivos de los conventos y escribanías públicas, para encontrar las cláusulas respectivas en las escrituras de donacion, que revelen por · parte de los donadores .inter -vivos ó causa mortis, es decir en testamento, la forn,al voluntad de excluir del - usufructo de su don11cion á los frailes europeos. lgnorar,á U. tambieu que la Iglesia Católica es cosmopolita, 'Y que por lo mismo no hay pueblo ni nncion que pueda esceptuarse para ella como estrniío. ¡Ah! Dr. Vijil: gracioso es verlo a U. e ntusiasta como el que mas por atraer al seno de nuestrn fü,pública á todos los europeos posibles, hastn el estremo de predicarnos coo este intento, la tolerancia de culto~, como medio infalible de rej ~neradon social. Y sin embargo, trataudose de religiosos, tambien europeos, el corazon le palpita, y la sangre se le sube á la cabeza hasta sofocar todas sus ideas, hasta hacerlo de - lirar espresándose en térrn\ nos algo indignos de un hombre civil.izado, y mas que todo sacerdote. · Llama U. retrógrados á los frailes. ¡Retrógrados, eh! y propagadores de errores! Bien Sf} conoce que se . halla U. á la altura del siglo XIX. Es retrógrado y propagador de errores el célebre astrónomo Padre Zequi, al que consultan como á un oraculo los mas célebres astrónomos de Europa. Es asimir,rno retrógrado y maestro de errores el notable jurisconsulto, PadreTaparelli, cuyas obras de Jurisprudencia son aceptadas y estimadas por los mas célebres juristas europeos. De los mismos defectos adolecen sin duda para U. el Padre Perro ne y Francelliu y Schouppe, profundos teólogos dogmáticos, y el Padre Guri y Vallel'iui, eximios moralistas, y Liberatore y ·rrisco y Tongiorgi, estimados hoy como filósofos profundos. Ya se 've, sou religiosos, y los religiosos tienen que ser ig11ol'antes, fanáticos y profesores del erro1·. l\Ie hace U. acordar (y perdone el recuerdo) al célebre l\Ioratiu (hijo), el que en su comedia del l\lédico á palos, pone en boca de Bartolo, dirijiéndose á D. Jeróuimo, las siguientes palabras: «ya está U. perdonado. (lsted uo sabe latín, y por consiguiente está dispensado de ten1::r sentido comun.» Asi, apropósito de frailes dice U. ó I pretende decir: los relijiosos, por cuanto lo son, no solo carecen de toda ciencia, sino que en su estupidéz fanatizan y euseílan el error á los pueblos. ¡Y habrá que creer este de,propó• sito de U. sobre su palabra! Nada di~ ré de l vocabulario de la incredulidad usado tau familiarmeute por U, cada vez que se trata de harir á la iglesia. Las palabras jesuitismo, fanatismo, curia pontificia, tolerancia &, son sus es presiones fav oritas. Buen provecho le haga. Para dar el golpe de gracia á los re1igiosos, al nde U. á la esperiencia que tenemos. Vengamos á ell11: todos los habitantes del Perú tenemos la experiencia siguiente: desde que han venido á nuestro suelo y vivido entre nosotros como verdaderos frailes los rel igiosos europeos, el sentimiento de piedad se ha pronunciado en grande eacula, desórdenes mil han desaparecido ó han dejado de tener ·existencia real, y aun uue3tras mismas comunidades religiosas, relajadas por los moti vos que ya iudiqué al ocuparme de la lei de 1826, han experimentando cierto rubor para ostentarse en público de una manera escandolosa: se ha be«ho ma·s sensible, mas urjente su reforma, y se ha comenzado por practicar algo €D este sentido. Hé aquí nuestra experi.encia ¿y la <le U? ¿j la de los que se halluu seducidos por su desautorizado dogmati smo? ¡Oh! esta experienc-ia es del todo opuesta! porque para los que no creen en Nuestro Señor Jesucristo y en su Evangelio, para los que solo aspira n á gozul' en la vidn presente, pa.ra todos aq ue l.los que ambicionando ser tenidos como oráculos y ser incensados como una divinidad no reparan en los medios, llevándose de encuentro hasta los derechos del mismo Dios, nada hay mns fatidico ni mas en oposicion con lo que ellos llaman ·el progreso, que el espectáculo de una vida reglada por los consejos evangé licos, y la predicacion de una doctrina que anatema tiza sin descanso los vicios y que estimula á la práctica de toda~ las vírtudes. Es tos han sido siempre y son hoy mismo no solo los enemigos de los regulares sh10 de los sacerdotes y de los Obispos y de los Pélpas. Testigo la historia. , Continuemos. Recomi enda U. la lectura de su Opúsculo á cerca de la desamortizacion de los hi eues de los rcgul,ares, recordando qu e allí propuso u n medio pruden te de hacer que dej aran de existir entre nosotros los votos monásticos . Por cie rto que él medio ha debido ser muy prudente desde que · se trataba de ofrecer a los gobiernos la propiedad de los bienes de los regulares (con la autorizacion que sin duda tiene U. para ello.} No he Jeido el citado opúsculo, ni me inquieto · por eso; desde1 que conozco otras producciones de U., supo1.Jgo que en esta se esforzára por dernostnar á lo~ go,bieruos, que para ellos, tratáudose de los bienes eclesiásticos, n.o tien'e fuerza de lei el 7. • precepto dél Decálogo, y al efecto traerá U.' a, cuento todas las ideas regalistas de tres sigl-os á esta parte, todos los principios volterianos y jansenistas, en una palabra, todo lo que l0s enemigos de la Iglesia y de la pro piedad hau venido repitiendo hasta Prohu<lou que tuvo la impudencia necesaria para marchar adelaí1te con su lógfoa, hasta estampar esta frase-la propiedad es el robo. Cierto que U. por ahora solo habla de la propiedad eclesiástica; pero, Sefior mio, al fin esta e~ una propiedad tan lejítima 'Como cualq11iera otra, por cuauto la Iglesia es una sociedad completa y perfecta y los bienes que ha poseido y_ posee no los ha arrebatado á nadie, sino que los ha adquirido de una manera legal, Necesitaría U. pues en último anAli!;i's, para demost,rar logicamente el dereche que tienen los gobiernos sobre los bienes de las comonidad~s religiosas, prgbar antes, ó que no hay Dios, ó que no es El el que ha dictado el 7~-• precepto del Decálogo. Ocupémonos ·ahora del objeto que U. se propuso al escribir el citado folleto. Quiere· U. que dejen .de existir entre nosotros los votos monásticos ¿y por . qué tanto odio contra ellos? ¿por qué se' enoja U. contra la ~astidad voluntaria? ¿conque, por la fuerza todo hombre ha de ·contraer matrimonio? ¿y cual la raZ0n de esto? ¿Que U. lo manda como é~o del partido anticatólico? Esto es ab.súrdo y ridículo. Porque, ni U. ni su partido representan úna autoridad superior á la de Dios, que hubla por su Iglesia; y luego U. y su partido que tanto se esfuerzan por predicará los pueblos la doctrind de una libertad absoluta se contradicen en este punto principal, cual es el de que todo hombre es libre para tomar el estado que mejor le plazca. · · La p'rof~sion de la pobreza, igualmente voluntaria, tambien le desagrada. Ignoro cuales · sean loa motivos. ¿No es U. el mismo Dr. Vigif que ha predicado y predica siempre ésta pobreza al clero todo, come1mrndo por el Papa? ¿No es verdad qué acaba U. de atacar la propiedad de los bienes de los manasterios, como ha atapado U. en otras ocasiones la de todos los bienes de la Iglesia? ¿Cómo es que se ensaña 'U, ahora contra el voto de pobreza? El qu e no tiene propiedad es ·pobre, eon la diferencii\ de que no siempre lo es voluntariamente, y que cuando esa pobreza es sobrellevadn con algo de impaciencia suele provocar en las sociedades los conilictos que hoy provoca el prolétarismo en Inglaterra y Alema• 'nía. Eutendámonos pues. · U. no quiere voto de pobreza, como si dijéramos pobreza· voluntaria, y . quiere para el clero todo , la aholicion de la propiedad, como si dijéramos pobreza forzada. ¿Se entiende U. a sí mismo? Sin duda que si: lié aquí por qué eu mi anterior dije q• hoy se·trata de emplear, para petder la l~lesia, un t'!)edio análogo al .que empleaba Juliano el Apóstata. Y el voto de. obedienci·~ ¿qué dafío le hace a U. ni á la sociedad? ¡Ah! la obediencia, virtud mas necesaria hoy que nunca, por cuanto el enjambre de doctri'nas deletereas, ha venido á trastornarlo todo, estimulando el orgullo del corazon-La obediencia.fundamento del órden sucial; base augular de todo órden: la obediencia, p1'incipio generador de todo Lien para la sociedad; pues sin ella no es posible, ni la organiz11cion de la familia, ni lu educacion de la juven-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx