La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

terio, por cunoto JHtrn suscl'ibirlo me habrfa sido precit'o nó· solo · reuegar de mis sentimientos cat~licos, 11iuo ser iucousecueute con rms pocos 'estudios hh,tórícos, teniendo que aceptar los absurdos pr_iudpi~s de_ las doctrinas protestante, puse1m1ta é 11npi11, que acordes condenan el mt~nacato. Contrnste hay eu esto, es cierto, pero él supone, de mi parte, el cum· plimicnto de un deber sngrado: supoue la defensa de la justicia y de la verdad; y U. mejor que nndie, Dr_. Vij _il, sabe que amicus Plato, sed r,_tagis anu~a veritas. Querer que los obispos catolico!'I, so pretesto de resp·eto y sumision á los Gobiernos, guardemos un silencio absoluto Y di~umos amen á todo, sea bueno ú·111alo, jm;t.o ó injusto (porque, ,·011 perdo11 de U., los gobiernos se halli111 ta 111 bien suJet.os a esl ruvios en sus j11ici<1s). es cxijir la npo!-.- tasía de lo!. obispos: es qut-rer que e,I episcopado Católico, l<'jos de servir de eco á la voz de Dios, que insiuua la verdad partt los µnh1t•n1os y los pueblos, des~mpefleu el triiitísimo papel q' Crammer de..:empc1ió e11 lu~lalerra durante el i11fa11sto reinado d~ E11rique VIII. Para los des(~os <le U., y para !U modo de concebir todo lo q11e se relucionn eon la l~lesia Católica, el contraste ofrel'ido por mí ha sido chocan• te. Ló siP11l0. Pero como supon~o á U. cousec,uiute con la teorin que tantas veces hn so!'tenido de tolerancia y Ubertad d1• conciencia, creo <pu~ en esto respetará lJ. mi falta de volu11tad para npostntar. Prosigamos. El cout.1·a,te sc1ir1lado en loa C'álculos de lJ. era pnca cosa, por cu.vo motivo le fue prP<',Íso man·ar algo de ar1·09n.-ncia y algo de sarca1m10 para exitur, h11lagu11tlo 111 l>i,is dd ~r. Minbtro eu co11tra del pnlire Uhispo <le Pu110. Por esto, despnes de c,1piar nlgunas de mis frases, traza U. el perioilo siguiente: "Y tales 1 1alahra!'I 110 ~e halla u escritas con uua simple 111irm11c1011, sino t¡ue t!stán til,·vadas á un µrnd11 de mauifiesta ju~licia: Jllstida religiosa, para l¡ue el M111isteno se vicr11 obligado á reconoeerla y nvcr¡.:-011z11rse de su cir• cular. -1'io es cierlo-110 es verdad110 es evidente'? ... I.11 111To~nncia acompafinda del sarcasmo ... ¿Qué pnlabras queria LJ. c¡ue etupleéira, :-,r. Viµil? Tiene U. tan aumentado t:I diccionario de. palabras abus'ivas para la uutoridad e• clesiástica en sus comunicaciones con el Gobierno, y lo ha restri11ji1fr, lanlo para la~ lícitas, que á 110 ·u:.ur de las <file Ri~niíican hmnillacion degradante, ~ert1ili.rn10 '! otrils µarec1da1, ya 110 sná posible á los Pastores, emple.tr otras p111·a defctidcr, en <·.umplimienlo de sus debcre~. los 11ngn11tos i11tereset-1 de la moral, de la verdad .v In jusi ieia. Pasa U. en seguida á ocupari--e <le otro periodo dH mi nota, en flllC afirmo: cy11e los {undamentos ·d,1 ltJ 1·ida. moniutica fueron puestos 71or N.. S1·. J. C. y se contienen en el Nuevú Testamento con el nombre de consejos evangelicos. Para refutar ef;tR mi afirrnacin11, comie11za U. por estrañar, que habiendo hechu mi carrera en el clero secular, ha)·a querido emplear en el siglo XIX el propio len¡niaje de los monjes. - Aquí, a• i-cµ-uro á U. que mi snrpresa hn sido mucho mayor leyendo 1n1 frase. ¿Ignora U. que para la verda<.l no liay épocas 11i 1;i~los, porque es tan eterna como Dios, .v que por lo mismo, lo que fué verdad en el principio del 1lltllldo, lo será Fiempre aun cu el siglo XIX de la era cristia11a? De otro lad~> ¿cree U. que los moujes recibuu una instruccion distinta de la que se dá al el.ero seeuli1r? Señor mio, In muyor pitrte de las obras clásicu¡;¡ en el ó1•dcu científico -y aun de las pnrnmeute didácticas son ciebidas hoy mismo ,d clero reJlular: apelo á la erudicion de U. Pero entre• mos en materia. P~ra fundar su negntiva cita U. con cierto aire de desden al notable padre LA IGLESlt\ PUNEÑA. -~.. ..r,r- ...,..,. J ... 81111:'13 ~W'#~•-•------• -~-•Mlill-t1•"8G'I'" ''ft1MJSTOllW\Mlli'IO, ,~._.~ ~ ¿___ _j_ ·- _ !S3_., w'!S Suarez, cuyo mérito como teólogo, filósofo y erudito conoce U. ped'eclamente. Ma.s, al citarlo, tru11ca U. su idea, complaciéndose en reproducir aisladamente el siguiente período: dice el mismo Padre que Cristo lla,mó á los Apóstoles para que profesasen el estado religioso. Te11¡:o casualmeute las obras de este respetable Padre, por lo que puedo completar lo que U. dejó de tleoi,:. En su tratado 7. 0 de religione (L. 3. C. 2. 3) se espre!Sa del modo siguiente: •Convi e ne » advertir que una cosa es hablar del » estado religioso con sid_erado pura y ,, simpl emente, es decir en cuauto aquello que le es sustancial: otra co- ,, sa es hablar ele él como de un estado ., determi,illdo por cierta regla ó ci e r- " to modo de vivir, es decir revestido ,. de tales ó cuales circust,v1cias. Di- " go pues lo primern, que el estado re- " ligioso secundum se y e11 cuanto á su ,, sustancia fue dado e irn;tituido pur el ,, mismo Nuestro Señor, y que por lo » tanto se puede decir que es de dére- ... cho di vino, 110 mandando sino acon1eja11do, ESTA .ES LA DOCTRINA DE TO- " DO CATÓLICO QUE RIENTE IrnCTAMEN- ,. TE. Hec e~t sententia 011111íum catl,oH- • coru-m t·ectc senlientium." ,,Por qué no citó U: mejor estas palabras, señor Doctor? pues U. ve que hacen al i11tento. Pasa lue¡?o el citado Padre á corrobornr su userto, y al inte11to refiere los nombres de los teólogos ,que se hallan conformes con esta rloctrina, tales como Santo Tomás, el ,valdense, Clitoveo, Soto, Castro, Nabarro, Alvarn, Pelagio, Catarino, el Turiano, llcformino, Valencia. 1·:11riqúez, Salmeron, Vasquez; &, todos teol.ogos de algun valer. ¡Con qué, 110 es solo el Padre Suarez que profesa esta doctri11a! Algo mas, to<h via la robu1,tece citando en su apoyo á Padres de la Iglesia tan notables como los i,iguicnles: San Ala11acio, San llasilio, Sau Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Agustin, y aun á Eusebio y Orige11es. Pero 110 es ei1to todo; co11tinu.t el Padre MU 11rgume11tacio11. 11 Digo e1i" segundo ,. lu¡;:-ar, que Nuestro Seuor i11stit11JÓ el ., estado religioso eu cuanto á todo lo » que constitu., e la sui--taneia de este ,.. estado, aunque no lo haya i11stituido » con nombre ¡.,articular ni sometido á ,. tul reµla ó á tales circunst.iucias, pe- " ro esto basta para que ~e dign que ins- ,. tituyó tal estado. Esta última parte .. es de suyo clara: porque una cosa ,. se dice ó se llama l'iitnplemeute tal, • por razon dé su sustaucia y esencia: • y por lo mismo, el que prnduce la • sustancia de una cosa, produce, ab!'lo- ,. lulamente hablando, la cosa mi sma, ,. aunque no le c.onfiera lo!\ _accidcutes. ,. Así tamb1e11 se afirmn que Jesucristo ,. in11tituyó los Sacramentos, porque en- " ~e11ó las cosas que co11slituJen su ,. 1rnstancia, aunque haya e11comeuda<lo » a la Iglesia los accideutes.» Entendida así la doctrina de Suarez, ya se ¡,uede dar el sentido á la atu,- sion de los aposto/es; y para que U. oe persuada tle que e l juicio del P. Suarez 110 se lrnlla tan ai:!ilado como lo supo- , ne, ni tau desprovisto <le fu11clamento (auu411e como la anterior, á la que debe smcribir todo católico que sie11te rectamente) puede U. leer en e l tomo 8 de Ferrari s a la púginu 70, número 10, que profe~a esta mi ~urn oµi11ion y que la deduce siu vi olencia del Capitulo 19 del Evanµ e lio <le Sau !\Jateo, penetrando e l sentid o de est.ai. palabras de l Após tol San Pedr o. Ecce nus relir¡uim11,s úm·nia et, sc,·uti su,mus te. Ultimnmente: no :-on so lm; los teólogos los que pr9fosa 11 el principio que U. impugua; tambi e u lo confil'man los canonistas. Como 110 prdendo se r molesto, solo me concre taré á citar algunos nombres. Schmnlzg ru <· be r en su Jus ecclesiasticu,m uníversum (T. 3 p. 3 §. 3.) 1-Iugue?li·n, Ex71ositio metódiea j1J.- ris canonic1. (f. 2, C. 2. art. 1. º) Jeard, Prelecciones j'll,ris car10nici. (T. 2, flec. ,5 art. 1. º) Buuix Tractalits de jure re9ularfom. (T. l. 0 Sec. 4 . .e p. 5.) Golmayo. lnstit¡¿chnes de derecho Canónico, &. J~ue¡w In doctrina que yo he afirmado es, como lo dice el P. Suarez, LA. nocnnNA DE TOUO CATÓLICO que siente reclameute; luego he po<lido ~- debido citarla en mi uola al Gobierno. O ¿crée U. acaso que sea tambi e11 un abuso ó una arrogancia eu wí, el afirmar un principio reconocido como vei:dadero por la doctrina católica? Las pa labras de Fray iHartiu \Voute rs que copia U. á conti11u acio11, isiu duda µara exitar la hilaridad de l_os lectore~ (conducta que no sienta bien en uu escritor, mucho menos á la edad que U. cue nta y tratá11dose de un asunto tan sério), quedau ttsplicadas en su sentido por Jo que llern dicho anteriormente. .Ahor.a ¿por qué confunde 'u. las ideas ha s ta el pun'to de obligarla á iut:eligencia del lector á formar de ellas una comµleta vorágiue para la verdad? Se trata de refu-ta r mi aserc1on los primeros /'u-ndamentos de la viJ.a manastica fueron puestos por N,i es lro Sefwr Jesucristo y al efeclo U. cita las palabras del monje JUontfaucon con lai1 que prueba que antes del siglo l V, ni · aun el nombre de monje era couocido. ¿Así se refuta ' uua tési:,? ¿He asegurado yo por ventura que los monjes existieron en tiempo de .Nuestro Seüor Jesucristo? ¿No es cierto que solo aludo á los fundamentos de la vida monástica y que aludo como un comprobante los consejos dados por Nuestro ~eñor en su Evangelio? Oespues, vuelve U. á tomar mi asercion: y ¿pura qué? para afirmar que los consejos evanjélicos no son ni en su teori"a 11i en .5U ¡n·áctica i nstitucion ele! monacato. Y ¿con que prueba lJ. lo que asegLara coutra todos los teólogos y c11001iistas católicos'? Con u na ojeada histórica de los Acetas ó Acéticos y de la vida de los primeros crisl.ianos, á cuyo despreudimieoto de to<.lo lo terreno atribuye U. por causa el temor del /in del mundo que esperc1ba11 por momentos. Dr. Vigil, la lógica de U. es muy peregrina. ¿En primer lugar, esta prueba solo potlra teuer el valor de tal para el círculo de U. Quiero decir para todos aquellos que imttaudo á los discípulos de Pitágoras acostumurau jurar siempre sobre la palabra del maestro, sin mas criterio que este: el maestrn lo dijo. En segundo lugar, aquí uo solo hay falla de lógica, sino un error en historia y una crasa impiedad. ¿Cou que solo el miedo de la prox.imidud del juicio produjo el cambio repentino de las costumbres en los primeros cristianos? Cou qué esa es la causa moral de la que U. se sirvt: ,pal'a explicar la práctica· de las virtude~ sublimes iuculcadns por N. S. j. C. cu su Evaujelio? Luego miente S. Lucas eu sus actas de los Apóstoles. Luego rnintierou los escritores del primer siglo, testigos presc11ciales de estos hechos. ~eüor mio, much¡¡ "iol e11cia ten- . go que h.icerme, se lo a:)eguro, para solo supouer aquí qu e U. se ha eq uivocado. i'\ o es ' líci to fals ear tanto la historia: 110 es pe rmiti do a u1 1 sacerdote cutólico desvi r tuar Hi--Í la ncCJOII di vina del fü.µíritu Sa1110, la i11íl1.1 eueia so bre11atural de l fu ego divino de la caridad que el Salvador vi110 a prend e r sobre la ti1.:rrn. tJ ateo Lucrccio, creo que fué e l primero a quien ocurrió la peregrllla idea d e s upon e r ul mi edo eomo oríj e n de la id ea ue Dios : Primiis in orbe deos fe ci t lirnor, ardua cedo fulmi-11a <.lu-1n caclere'ltt. Y e11tieudo que U. serú el µnm e ro lam bien que se hnya avanzado á afirmar, aunque embcilismi• camente, que la causa crea,tl ora de las virtudes crist iHnas fué el (ni edo de la prox imidad del juicio final. Yo hasta hoy había creido <pie solo e l impio ignorante ó el ateo descarado podía sufrir u11a aberracio11 tal qu t~ le llevase hasta explicar por una causa tau ruin y tau 111ezqui11a, In lierna armouia, la ab11egacio11, el des:prc11dimie11to de los Li e11es ttmporaks, la purczu, el val or enérgico para confesar la fé auu en medio de todos los tonneutos, junto con todas las demas virtudes que reinaron en la naciente I¡,;lesia: pero, ahora coufieso que me he equivocado. No me ocupo de lÓs testos citados por U. al terminar el acápite que analizo, porque ig11oro el ohjeto con que ha11 sido iutercalados allí; pnes ni yo los he citado, ni son ellos los que sirven de fundamento á la vida monástica. Ei,;o 110 obs taute, me place verlo á U. confesar que la caus(t de la justicia, la causa de Dios debe ser preferida en todo caso a los respttos humanos y a los intereses mas ca,·os. Asimismo paso por alto aquel periodo escrito como al acaso de-y eran (los primeros cristianos) casados y castos juntamente y ed·ucaban biPn á sus hiy'os. Es U. sacerdote y siento rubor y repug11aucia para ocuparme de él. Vuelve U. de nuevo á su confusion de ideas, y prescindiendo del punto p1·í11cipal traslada U. sus arg-umentos á otra materia. Aquí vienen las citas de l3elarmiuo, de el Sexto de las Decreta les, algo sobre ' las sutilezas de la Cwria Pontificia y unas palabras de Gregorio XJIC citadas por Sanchez. Todo ésto para hablurme del orígtn histórico de las instituciones monásticas. Ma~uíficos ~r- . gumeutos, si esta fuera la materia. Pero ¿de qué se trata, sefi.or mio? ¡Hé dicho yo acaso algo que sen refutable con esta!! citas'? Por D10s! veo qae la mane1·a empleada por U. para argumentar es la mas apropósito para trastornar el juicio del l1ombre mas sesudo. Doctor Vigil, permílame hacecle esta comparacion, que creo tieue algo de analogía con la cuestion que se ventila. Un soberano dá á su l\li11istro plenipotenciario las bases pnra un trntado que debe celebrarse con el soberano de otra Nacion. El tratado se formula, se arre- , gla defiuitivamente y se eleva á instrumento público, ó se le dau las solemnidades que la diplomncia exije. Dígame U. ¿la3 bases eran el tratado? ¿Teuian el misbt0 valor diplomático mientrus estuvieron en la cartera del l\Iinistro, que el que adquirieron despues de desarrolladas y formuladas? Creo que uo. Pero entretanto ¿n°: es cie~to que siu esus bases no babna tenido lugar el tratado? ¿!\o es verdad (perdone U. estas mis arrogancias) que ellas formau la esencia del tratado, y que por lo mismo puede -, debe afirmarse que el autor de ese tratado es el soberano, por cuanto dio l11s bases pnru él? El tratado 110 se llevó á cabo pronto, pnsaron algn11os años, y al cnbo, ó el mii>IIIO l\Ii11istro ú otro autorizado por el soberano lo realiza-¿desvirtun esto en algo til orígcn fuudamental del tratado'? Ml()ra bien: yo he drcho, J es lo único que he dicho: «que los fuudameu- " tos de In vida mo11ást.ica fuerou pues- " los p0r '..\uestro Setior Jesucristo y que " se co11oce11 con el nombre de · co11se1os »e,·angélicos. » i\uest.ro ScI1or Jesucristo sentó estos fundamentos y la Iglesia que él creó e11 uso de sus plenos po-. deres ha ve11id11 mas tarde á desarrollarl os por sn a111ori<lad, tal y como lo i11sinua Belarmino v como cousta del Sexto de la s Decrctales J de !ns palabras de Gregorio XI 11. 1~11 esto, ui hay cont.rad1<'cion ni menos nrgumento coutra lo que afirmo ~n rui nota. Un tnnto de bueu sentido bas ta parn concebirlo así. Véai-e pnes, cnnn destilui<lns de razo11 quedan las palnbras de U: Pero los consejos evange.hcos no son ni en su teoria ni en su práctica institucion del monacato. ror lo que lrnce á la retorcion á qne U. itnita á 11us le (' tores con motivo de ei,ta rdi cxion mia: 1•i?· irnos en im siglo que solo r evela asrn·racion e:,_·cfusfra po,· los bi'enes temporales: creo que el qne menos derecho ti e ne para lwcer serpP_jante Íll ·· vitacion es U. -pri111cro, pol'que una sá-- tira t1111 vil solo '-.u clen Pmplearla los afiliados al l..rnnuo de iu impiedad: 2.• por-

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