LA IGLESli\ PUNEÑA. ~¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡.¡¡¡-.-iaiiiiiiiiii¡¡¡¡¡¡¡;¡;¡¡¡¡¡... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡iiiíiiiiiiiii.;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡iiiiiiiiiia,iiiiiiiiiillíiiiiiiiii¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.;¡¡.¡¡¡¡iiiiliiiiiiiiiiiiir:iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡;;¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.¡¡¡¡¡iiiíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiíiiiiiiiiiiiiiiaiiiiiiíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiíii---iiiiiiiii; rP.lacion entre la Iglesia y el Estado: encomiar á la ántoridad temporal deprimiendo y ultrajando tosca y rudameo te á la · autoridad espiritual. Desde su célebre obra <<Defensa de la autoridad de los G9biernos,)) hasta el último de sus esci'itos, que creo sea el analisis que con testo, siempre se lee en ellos: . <crespelo debido á los Gobiernos» al lado de frases como estas: «arrogancia de los Obispos, desacato, insolencia, · abusos de la Curia>) y otras por este estilo. Lo que prueba que para U. nada merecen, nada valen los derechos de la Iglesia, y que la autoridad eclesiástica, representada por el Papa y por los Obispos , se halla muy por bajo de cero respec to de la autoridad laica de los Gobiernos. Esl9 causa lástima, Dr. Vijil, porque al cabo es un sacerdote el que asi se espresa. Bien sé que U. se burlará de mi compasion, pero entre tanto, le aseguro que no pasaran muchos años sin que palpe U. la realidad del funesto estravío' de sus ideas. Agrada mucho, mientras se vive en este mundo de ilusion, recibir ovaciones y plácemes y cánticos de apoteósis aunque el trovador que los entone sea uno de tantos ilusos á quienes la ignorancia da el valor necesario para lodo: pero la figura de este mundo pasa, Señor mio, y cuando contra la prohibiciou del Apóstol nos empeñamos en conformarnos con el gusto y los caprichos de este siglo: ,~uando queremos permanecer de buen grado, partidarios de las ideas y necedades del mundo, tan las veces anatematizado por N uestro Señor .Tesucristo, en Lances la ruina de nuestras almas es inevitable. No es po3ib1e deprimir tanlo á la autoridad eclesiástica, como U. lo hace, sin haber perdido casi completamente la fé en el oríjen divino de la Iglesia; ni vale para pretender conservarla, la teoria de los abusos de lo q~e U. llama <<Curia Romana.>> La Curia Romana para U., Señor mio, soy yo, son lodos los novecientos Obispos que esparcidos por el Orbe católico permanecemos unido_s al Romano Pontífice, y es el mismo Pontífice Romano. Sin ambajes: esto es lo que U. llama Curia Romana. ¿En donde está pues para U: la_ Iglesia católica y su autoridad? S1gmendo la doctrina de U. no la encuentro eo parte alguna. ¿Cuál es •el derecho que conserva el Vicaría de Nuestro Señor Jesucristo, que al p_ouerlo en ejercicio uo haya sido tildado por U. como un abuso? El Papa es el custodio .fiel de la sana doctrina en la Iglesia universal: en vÍI'lud de este derecho pr9bbe la lectu ra de ciertas obras pernicio as, j' U. le sale al encuentro, lachawlo <le abuso el ejercicio de est~ sag-rado derecho. Publica un S,71llaúas de doctrinas erróneas para prPSPrvar á los fielee de su contai~o, JU. grila: ab_l_l.30, J se em i:eña €'O hacer la apo - lüJla de esas in1smas doctrinas haciendo alarde de despreciar la an tor~da<l del Jefe Supremo de la Iglesia. El Papa, eu %O del derecho que tiene de fi.jar , el genuino sentido á la palabra de Dios, escrita o tradi.cional, declara que la verdad de la Concepcion Iomaoulada J~ María se halla contenida espresamen te en la Escritma y la Traclic-ioo, y que por lo mismo uiclia veJ'dad es un dogma: entretanto, para U., lal declaracioú es un abuso. El Romano Pon tífice convoca en el Vaticano á los Obispos todos del Orbe católico, para celebrar un Concilio, y esa convocacion fué para U. un abuso, como ban sido abusivas todas sus decisiones, iuclusa la que le ha afectado en lo mas hondo de su corazon, oual es, la de la infalibilidad del Vicario de Nueslro·Señor Jesucristo. Toclavia mas, el Papa no puede ejercer su plena jurisdiccion en la Iglesia, dictando para .ella alguna le.Y disciplinar, ó comunic;.rndo l i brsmen te sus instrucciones paternales á los Obispos y á los fieles para el mejor órden de las Iglesias particulares, sin que á juicio de U. cometa enormes abusos. ¿Qué queda pues del Pon lifi.r,ado lal cual lo instituyó Nuestro Señor Jesucristo? Nada, abso1utamente nad.a. LÓ único que resta es lo que U. pre lende dejar (aunque me equivoco). U. quiere á Pedro y nada mas que á Pedro, y Pedro fué el prjmero que dió el ejemplo de resistir á las potestades temporales, cuando se oponen á los designios de Dios, conduela que, á juicio de U. es abusiva. Nada diré del derecho perfecto de qaf' goza el Papa, en virtud de su mismo primado de j urisdiccion, para reservarse á sí fa cullades qne antes, segun los liempos y las circunstaneias, ejercian los concilios provinciales, los metropolitanos y aun los mismos Obispos, y que despues han sido restrinjidas por h Santa Sede, con justo título y para bien de la Iglesia: ]rnblar de esto, y mas que todo, so3tener esta doctrina radicalmente catolica, es para U. un crlmen inaudito, por cuanto se fomenta un abuso monstruoso. que ~iguiendo U. los prin(',i pios de i.orenzo Riccie de Pral, de Tambu1·ioi, de Pereira y demas adeplos EUyos, exije U. para ellos ]a devolucion de derechos que les ha usurpado la Curia Romana, pero eotretanlo, si los Obispos al hacer uso de los derechos que todavia conservan son reconvenidos de abuso y_ de arroganci a pqr U., como lo soy yo de presen le, 6qué seria si los poseyesen en mayor amplitud? Conseutiria U. en que los ejerciesen? Ah! imajínese U. cuánto abnsaria de ellos un carácter ('.OIL o el mio, calificado por U. de ari·ogante y aucláz. Solo habrja un medio para que el episcopado le pudiese contentar, y es .el que U. predica oportunaé úiop01·twaarnen1,i: el de someterse de buen grado á lodo lo que disponga en el órden eclesiáslico la autoridad dol Gobierno: el de mostrarse insensible á · 1os bruscos ataques que la prP-nsa impía haga á la Iglesia y a su doctrina; eo una palabra, el de despoiarse por completo de todos sus deberes y derechos de Pastor para transformarse eu humilde siervo de la anloridad temporal. Eslo seria para U. _ el ideal del ~piscopado católico: todo lo que sea desviarse de este modelo, es arrogancia, es abuso. Con esta <loe tri na funesta, sabe U. lo que va consiguiendo? He aquí el fruto de su apostolado. Al esLo que queda -pues positivamente del Papado, es un ·pobre anciano inerme, despre.stijiado, que viviendo en Roma, con el nombre de suceso1· de San Pedro, tiene la estricta obligaeion, si quiere que se le salude como á tal, de rn:rntenerse m.udo, por horrer¡das y cl'iminales que sean las doctrinas q' . at.ac1uen á la Iglesia, sea en sus dogmas, en su moral, o ea su disciplina. Prro esto es poco: deberes mas duros Liene que llenar porque se ha- ·11a en el caso de reconoc·er tan tos jefes de la Ie;lesia superiores á él, como son los gobiernos_ laicos, pro tempm·e ex1·sten tes, sin permillrsele ni siguiera la facul Lad de hacer la rnas lf've observacioo, so pena de abnso. Hé aquí, Sr. Dr., )a caricatura que U. viene trazando del'PapaJo, alguuos a:üos hace, tras el biombo dP- Cnrja Romana. , cuchar dia por dia de la bo_ca de U. esta can tiuela de los abusos de la auloridad eclesiástica, las ÜJteligencias poco instruidiJs en Religion, y de resto algo favorecidas en cuan to á su facul lad di cursiva, reflAxionan masó menos del modo siguiente: ó Jesuc1·isto no es Dios, ó ~i lo es, la Iglesia no ha sido fundada por Él, á menos que supongamos que Dios es ó uu imposlor ó un malvado. En efecto, sahemo$ que Jésucristo, al udiendo á la Iglesia que vino á fundar, dijo á Pedro-que él seria la piedra sobre la cual se levaotaria esle edificio y que las puertas d~l infierno no prevalecerían contra ella. Con que, una de dos, o ha engafiado con tal promesa, puesto· que las tales puertas no solo hao prevalecido, siuo que hau desfigurado su 0,bra con un número sin número de abusos, ó esa promesa se reducía á man le11er al travéz de los siglos á esta Ig lesia tan llerta de abusos, para que sirviera de pied;-a de escándalo y de oc~:,ion de rnina proxima para la humanidad. En el primer caso hay una grosera impostura; en el segundo, una maldad rAfinada: luego, ó la Iglesia no fué instituida por Jesnc1·i sto, ó Jesucristo no es Dio~. No dude U. que este 'haya sido el rernltado para mas de una inteligencia católica, de la manía en que U. ha incnrrido de no ver en la Igle::;ia sí oo abusos. Corroborando el anterior dilema, pregunto á U. ¿En la séri~ de quince siglos que lleva }a Iglesia de relaciones amistosas con las soberanías temporales ¡,r.ree U. de buena fé, qne estos soberanos, 16 no han cometido abusos para con la Iglesia, ¿ Y qué <liré de la autoridad de los Obispos, en sus respectivas Diócesis, cúyos derechos ha pretendido U. viudicar en la segnnda parle de su ol,ra principal~ Yt.:rdad es, o si loi han comelid'o,. han sido en ur, número exigü.o comparado con la cifra que represen la los de la Iglesia'! Si U. lo cree así, lambien deberá estar persuadido de que valen mas con mucho las luces y la fuerza de la razon para gobernar con tino, para mantener iacolume el principio de j uslicia y observar en el Gobierno la debida rectitud, q' ser alumbrados y protejidos por el Espíritu Santo, como lo son el Papa y los Obispos en el gobierno de la Iglesia. Previas estas ref1excione1':, que ciertameute no se hallan füera de pl'Opóstto en esta mi conte1taciou a U., paso á ocuparme de los argumentos cou que se ha dignado refutar mi nota. ~omie11za U. por decir: «que fué público el escándalo <lado en una de uuestr-as ciudades por alguuos predicadores, que prese11taba111 al Gobierno "como enemigo de 111 Heligiou, al tratarse de la reforma de los regulares, y exitaban al pueblo á tomar la defensa de ésta; No se (lijo que el Obispo de es¡, ciudad hubiese reprendido • tales predicadores, lo que habría escusado la circula,· del Sr. l\liuislro, ó conlraídola á difereute objeto.• Preciso es que no~ enteudamos, Sr. Vi~il. No era si1npleme11tti la cuestion reforma de regulares de Ja que se trulaba, pues si tal hubiera si1lo, exislia dicha reforma implantada, se hallaba presente el Exmo. br. l)elgado, que la implantó _ con poderes plenísimos para ello. Lo supongo á U. muy al corriente de loa antecedentes de este c1suulo, y por lo mismo creo que no i~1íore el proyecto que hizo surgir la mullrndadn carta del Sr. l\hnistro Gal vez. las sesiones secretas y nocturnas que celebró el Co11greso extraordinario, y otras ~ircunstaucina 11n menos alarma11tea lJlll'a todo el que sabe pensar y sentir católicamente. Pero U., consecueule con su sislemn de a la bauza , bendiciou i, todo lo que elllillHI del poder temporal, sacrifica aquí su sinceridad, hal>la11do solo de reforma y silenciando lo demás, parn presentar como uu escátuJnlo las fru!!es \lertida~ por alguno ó algunos sacerdotes, no sé eu qué Uióce11is, y que yo podria asegurar que no entranabnu ui , con mucho todo lo que se supone. No coutent.o con ésto, alude U. de paso al Obispo «de quien no se dijo que hubii::se reprendido a tale!! predicadores, dando asi q·ue sospechar 91,e pensaba cowo ellos.» Con tau peregrino ar~umeuto queda en el concepto de U. justificada y aplaudida la circular del Sr. l\liuístro. Dr. Vigil, esto causa doble vergüenza: vergüenza ' por la formn de la argument1icion, y m11yor v~rgüenza por ser un sacerdote el que arguye. Pero i;ígamos. Copiu U. á continuacion el preámbulo de la nota del Sr. l\liuistro, J luego uua gran parte de mi respuesta, paru darse tiempo de estudiarla frase por frase. Ciertamente que no era muy difícil notar el contraste que ofreci1111 mis ideas co1npar11das co11 li1s del Sr. :.\Iinistro: porque, mientrail dicho Señor se tomó la libertad de denigrur, afeando la& institucionei. mouást!Cll!'l en jeueral; iustitucioues venerauas siempre. por la Iglesia y por todos los buenos católicos: im,titucíones cuyos fuuctameutoa se encueutrun en el Evangelio: (repito eilta asercion m11rcándol.a, porque muy pronto tendré el gu~to de sostenerla co11tr11 lit teoria de U.)-instituciones, "uelvo a decir. q• han dado J continuan danrlo días de gloria al Cntolie.ismo, no snlo por las ciencias que cultivan cou notnble singularidad, si110 por 1811 l'irtudes que siempre han germinado _v germinan en su ~eno. Yo en mi co11dicio11 de obispo Cutól!co, recliazé ese juicio del !\Ji11i1- ,,
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