La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

tros de Dios. Ángeles de nuestro consuelo que en los supremos momentos, cuando debemos emprender el gran viaje á la eternidad, se colocan al lado de nuestro lecho; n~s animan, nos exhortan al arrepentimiento, nos dan su beudicion, y esto setlores, cuando parientes y amigo~ nos abandonan. ¡Oh Sacerdote, cuánto resplandece eutonces tu augusto minis.terio! largas disla11cias, caminos penosos, horas importunas, enfermedades coutajiosas, nada de esto es un obstáculo para que vayas en busca del moribundo que fo llama; esa pobre alma ha sido re!lca ta da con la sangre de todo un Oios y tu como coorredentor debes aplicar entonces las gracias iumensas de la Redeucion, debes distribuir los tesoros que encierra el Santísimo Corazou de Jesus; por eso el te eiije con tanta particularidad el tuyo, quiere que ambos se identifiqueu para que abrasadus en el mismo fuegn, den calor y vida al pobre corazon <lt•I pecador: Praeóe fili cor tuum mihí et óculi tui vias meas custodía~t. Ill. Hemos considerado l1t dignidad del sacerdote en el portentoso ministerio de los altares y en el augusto tribunal de la Penite11cia; veámoslo ahora lijeramentc en la sagrada cátedra del Espíritu Santo. Docete Gmnes gentes vos estis lua: nundi: Ensenad á lodus h11; geutes, vos so10~ la ]uz del mu11Llo, tal es señores la ¡;run mision que realiza el sacerdote. L,1 sublime doctrinn del Evn11~elio, tu ú11i(~a verdadera, la única i11variable y qoc se acomoda con 1n1estras necesid<1de~ racionales, es la mnteria de sus easeñauzas. El Cristia11ismo, el uuico que cou justo título debe llamarse civil11 e dor, se propaga h11ce11· 18 siglos pM esa folanje de hombres verdudernn,en - te apostólicos; do quiera penetren ~us laces, se suavizan las costumbreH, dt' ¡,- parecen las viejas preocupacioues, se destruye al despotismo, la falsa aristocracia huye vergowsa á ocultar sus repugnantes títulos y la libertad, la igualdad y la fraternidad, en su genuino sentido, se levunlau cuando el estandarte de la c ·ruz se presenta. ¡Oh símbolo divino, que para triunfar de la ' odiosa tiranía que parecía eternizaJ' su reinado, tuvisteis que empaparte con la sangre inocente de Jesus. ¡Bendito sea el Libe-rtador del Mundo! ¡.-\h señores, quién ·creyera; el mundo debe su felicidad á nuestra sn11tí:,ima Ileligion y en consecuencia á su sacerdocio, véase la hiltoria de la humanidad, y apesar de esto, hoy principalmente, se vé la guer1·a erada hecha á este ministeri'o sublime. Sacerdote, palabra odiosa, repngnante y tal vez maltlita, ¡miserabl<-s! siguen la huella crimi11al de Jo .. ,iclimarios de Jesus y eu su encarnizarlo ódio gritan: ¡crucifiqueulo! no irnport11 sacerdotes que me escuchnis, valor y confianza que despaes del Cal vario está el Cielo. ¡Ah Católicos, el vicio no puede avenirse cou la doctrina santa del Evangelio; parn el corazon corrompido le es importuna la Religion snntn del hombre Dio~; la idea de eternidad, amarga, desconsuela y aun exnspern cuando se proclama este principio infame: C?mamos y beb:tmos que mañana moriremos; es necesario, desterrar del corazon todo principio religioso y en consecuencia herir de muerte á los propagadores de estos principios, hoy temdos por fanáticos, cuando no retró- ~rados: ¡guerra pues al sacerdocio! qae srn él no encontraran obsttculo las mezquinas pasiones para poder reit,¡r. Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen, no exajero señores, ni trato en este momento de fanatizar· este es el tristísimo estado de nue<;t,!a sociedad; esas ideas corruptoras y verdadera mente satanicas, sou la causa de esta desgracia, que debeis llorar por el bien de vuestros hijos, por el bien de vuestra patria, por el bien de vuestra alma, LA IGLESIA PUNEÑA. IV. No quiero molestar por mas tiemr)O vuestra atc11c1on; voy á ocuparme de la segunda parte de mi discurso. Y1t hemos vi~to, aunque muy á In lijera, la <lignidnd del sacerdote, entremos nhora á estudiar sus deberes. Sacerdote del ~eñor , has visto ya tu qignidad, superas hasta á los mismos Ange - les en· poder, pero si ~rande es tu mision, grandes son tambien tus deberes; nadie te exede eu poder, tampoco nadie debe exederte en Sa11tidad; eres la luz del mundo. ¡Ay de ti si léjos de alumbrar co11 tus virtudes, con tu buen ejemplo el camino que deben ~eguir loi pobrecitos pecadores, oscureces por el co1,t ario con una vida poco conforme á t~ dignidud! ¡Ay de tí! si no sigues el \camino que ha trnzado tu Divino l\ij1estro! Tú debes decir á todos. lmitatorfs mei estate sicut et ego Christi y e11tie11de que 1,olo sigue á Cristo el que lo imita como dice San Ag11,-ti11. ¿Quid e3t me se quator nisi me imitetur? Y Nues~ro Serlor Jesucri~to por boca de San Ju,/n dice: ubi sum ego illíc et mi'- nister meus erit poi· esto te dice el Señor: Ptaebe (iti cor luum mihi et óculí tui vías ¡meas c1.1,stodiant. Dnme hijo mio tu corukou y tus ojos observen mis cami11os. ¿Y cuále:;; son los caminos, que el Seüo · te ma11da segu ir? los que El si- ~uió e1 su vida mortal: la oracion, la humild ♦ d, la castilla i, la pobreza, la obetlie11cia y la mort.1ticacioí1. ¡Ah f;eI1or, tiemblo. dt>sempelia r tu sncerdocio cuantlo retlexio110 10s grandes deberes qué irnpo[le! Herrnauo rnio, compañero de nli infa11cia, reílexioua lo qu e vas a hacet; si no te sie11les con las fuerzas necesaria,; para poder cumplir con tu a.1g11sto ministerio, por Dios lwrma110 mio, retírate del ,ilt¡¡r sauto; ¡rúira, qué :5acerJi,tes como tú eslá11 hoy sepultados en los abismos i11fern11l es ; no profanes el sagrado cuerpo de nuestro Dios! mira que los los Á11¡¡eles que rodl'ílll ei altar, ul prese11ciar tu i11au ditu aírnen, iudignados volaran al Cielo pidieudo un castigo y 3Juría uuestra amorosa madre al ver el cuet'po <.le H1 • a11tb11no Hijo hospetla rse en un corazon ma 11chr1uo y fijar su trono en ur1a-1 nrn11os impuras, dirá á su Hijo: basta de ullij1r mi corazon <.le :\ladre, hasla cuando he de ver re110,•adas las tr1stisimas escenus del Calvario que despedawro11 mi alma; Hijo mio, ¡ca_stig;i á ese sacerdote que ~e ha couvertido en tu desap1í.11fodo Vf'rdugo! ¡Ah, no hermano mio, C{,nfio eu i)io.-; le has de ser fiel desem¡.,ef!a11do JeLidamente tu miuisterio; él te ha elejido entre miles, coopera pues á esa eleccio11, entrégale tu con1zo11 y tus ojos óbser- _ven su~ caminos y cuando dentro de breve tengas en tus manos a ~~e Dios tierní,;imo, ilcuérdate ue rní; len presente qne de lejos admiro tn ~raudeza, todavia me hallo escluido de tan elevado mini~terio y Dios sabe si ll ega ré al altar santo, y si esto llPgare á suceder, hermano mio, te suplico i11terpo11~as 'tus ruegos para que pueda ser un verdadero i\I iu\stro de Dios; mira que hoy mas quo nunca, couviene mucha virtud e11 el ~ace1·dote; la impietlad ha lcvaat1~do altilr contra aliar, y las pasiones 1 11s groseras divinizadas, roban á Dios sus justos homenajes. ¿Y que hara el Sacerdote? humillarse á los pies de ese Dios tan ultrajado y pedir perdon y misericordiil para nuestros · pobres hermanos que están seutados á la sombra de Ja muerte. ¡Oh Dios mio, encerrado en nuestros altares por nuestro amor! ¡Oh cornzon pllrisimo de Je¡¡us! ¿Hasta cuándo serás el objeto de tantos desprecios? ¿Y de quién Sefior? de mí v de todos los pecadores; si, de mí, gu·é tantas v1•ces me he bu rindo de tus amenazas, be despreciado tus promes11s, he preferido mis pasiones á tu amor, el infierno al Cielo, y tú ~eñor, iJ mis iugraliludes, has pagado cou tus finezas. ¡Ah era menester que hoy delaute de ta pueblo te hiciera esta franca confcsion! Yo, Set'lor, te he negadn, 110 tres veces romo Pedro, sino miles de miles, p, ·ro ahora que me has llamado para que forme parte entre el número de tus verda•leros di,-cípulos, te declaro que moriré confesándote corno el único Dios verdadero; pero Señor, dame valor v á ese mi hermano que por primera ·vez se acerca ni altar santo, á convertir el pan en tu cuerpo y el vin~ en tu sau~re, has que te sea fiel, que sea un verdadero Sacerdote y si hoy nos hallamos tan unidos por el tierno amor qu-e nos profesamos, unidos tambien volemos al Cielo; felecidad que á todos igualmente deseo.-Asi sea. LA IGLESIA PUNEÑA. Puno, Julio 4 de 187.3. Sopresion ~le Coawcnto11. Hé aquí la cnestion que tiene á todos los ánimos inquietos. L¡, prensa toda se ha ocupado de ella aunque de distinto modo. Los di1.1rios liberules solo hau visto en unestras comunidades religiosas, 1a accion del hombre y atribuyen a éste su i11slitucio11, y en su propnganda aléa é im¡,fo, procuran con todo empeüo hacer qne desaparezcan de entre 11osotros esas divinas inst1tucio11es, alega11do entre otras causales, las relajaciones intl'oducidas en el seno de esas comuuidad es, y fiuj1e11do uu celo, que 111 lo tiene11 111 pueden tenerlo, deii ea u dar muerte á todas 11uestras comnuidades defe11die11clo la co11durta poca di~na de uuestro cutol1co Gobierno, por4ue cuando está de por medio el ataque á algu11 µrí11eipio religioso, entonces se uneu todos esos d1ar.ios liberales, adulan y apl auden la conducta de ese Gobierno, au1H1ue dcspues prediquen la ciwfrn. Todos los dinrios católicos, han levantado su autorizada voz para condenar e¡,,ta metliua, como opuesta á nuestras fundameulalts creencias; se han ocupado muy en especial de la célebre 110ta del catblíco Sr . .l\lini'-tro del Culto y despu.es de e-sto, solo cumrle á nosotros, au11q11..! los últimos que militamos en las fila-¡ úd penndismo católico, los últimos defensores de nue "tras sagradas creeucws; solo cumple, repetimos, adherirnos á todo lo espn,!slo por esos verdaderos católicos J celosos sin igual, por el adelanl.o de nuesll'a santísima rellgion. --La Iglesia Pu11eña» esta resuelta á tlefouder ú t0do tra11ce la Ileligion Católica, Apostólica y Romana ,sin consideraci ones de ui11g-u11a er;pec1e, prefiriéndo la muerte, antes que guardar silencio a preseocirt de alentados como aquel de qu e nos ocupamo-.; por la misericordía de IJios, hemos rwcido en uu país esencialmente católico, en cuya carla fundamental ~e consigna un artículo que ofrece defe11der siempre esta relíg1ou. Sobre todo, y seremos francos, conservamos alguna fo eó uuestro corazon, somos catolicos, no por circunstancias especiales y en detcrmiuados tiempos, sino siempre y al través de todos los tiempos y pri 11cipalmente tenemos grandes ejemplos que imitar:, y auuque sea de léjos hemos de seguí.r esas huellas benditas. La Iglesia tiene muchos, que como San Pablo, se alegran en las cadenas, que como A11drés suspiran por el martirio, que como Inés y Cecilia anhelaban las hogueras; entonces la Iglesia tiene sus Atanasios, qne viven en los sepúlcros, sus Crisóstom9s que marrhan al desierto, sus Gerónimos y Agnst.i11os q' anatematizan tl error y defienden la verdad. Diez y ocho siglos de amar~ns decepciones, no han bn~tfldo para hacer retroceder á los e11cmigos de la religion de sus criminales intentos. Cuando los apóstoles de la revolu- ........... 11 cion que se llamaba reforma, intentaron uluciuar ;al mundo, prometiéndole una r1•~e11eracion pasmosa; empezaron con protestas y coucluyt•ro11 levantando cadalzos y famosos trofeos de sus conquistas. Estas leeciones se han perdido en gran manera, y como si el mundo en el tiempo de la ley de gracia, pudiera aspirar con gloria á tos días infaustos del Paganismo, no recuerda que queriendo pre_sciudir de la revelacion y de la autoridad de la Iglesia, todo lo adopta como indiferente, todo para él es religion, todo es sacerdocio, y todo pontificado. De toda teoria se pretende hacer una creencia, una reliiion, un sím-· bolo; al autor de un sistema se le considera como redentor de Ja humanidad oprimida, y coa tal que la religion catol ica llO entre en la combinacion, todas lalJ in venc1ones son buenas, tolerables, basta santas, como la independencia del pensamiento. Todo en fin, es religion, menos la religioa misma. De la protesta, pues, se caminó 1\ la rebelion y auu en el órdeu natural del horrible progreso de las ideas, se guardó en el priucipio y conserva en vuestros días esta nefanda y decendente progresion: la razou universal y soberana, la razon . iudividual iuviolable, el sensmtlismo despues, luego la organizaciou, la.s dimensiones cerebrales, la vida de vejetacion, la materia, el caos y la nada. He aquí la historia de las diviuidades ante cuyas aras se p9'Stra el orgullo del si.glo y toda la noble independeucia de esa generacion humanita ria-c1vilizadora. Cou razoll, pues, po• demos decir á sus apóstoles con el ilustre .Bosuet: «Todo era Dios menos Dios mismo, y el mundo que Dios babia criado para manifestar su poder, pareció convertirse en un templo de ídolos ... La reforma quiere poner término entre nosotros a las comunidades religiosas, P.orque el celo por la gloria de Dios anima en gran manera a nuestros benditos refornrndores-destructores, y uo pueden coutemplar con calma · el ócio y la desmoralizacion que segun ellos reina en todas nuestras comunidndes religiosas, y es _necesario evitar estos escándalos, suprimiendo los conve11tos y formando de· sus rentas una caja comua para sosteuer al clero. En fiu, hemos hecho propósito de no ocupurnos por ahora detenidamente de esta cuestíon como lo merece; queremos reservarnos para despues, hoy solo hemos querido ofrecer nuestra pequeña cooperncion á los defensores de esta jus• ta causa. VARIEDADES, El lltm11>. Sr. Dnerta y los RB. .de uEl Ciudadano.» Aunque desprovistos de ciencia y del estudio necesario rara apreciar los pensam1euios de los hombres enunciados por la prensa, no podemos pasar desaper~ibidos los indecorosos y humillantes ultrajes que «El Ciudadano», en su editorial del martes l. 0 del presente, lanza furibundo contra el digno Prelado de esta Diócesis, 3lonseñor Huerta. Causa lástima ver á hombres ignorautes en materia de religion, tomarse á pecho cuestiones que desconocen y que lejos de salir airosos en su descabellada empresa, son el ludibrio de las personas sensatas y que nos merecen respeto al lado de ellos. Hemos oido á hombres ilustres por sus conocimientos y posicion social, pronunciar brillantes panegíricos de'l personaje que uos ocupa, por su enerjía en defender los derechos de la Iglesia; derechos invuluerables, y que hoy se pretenden mancillar por una parte de hombres atolondrados y faltos de sentido, que parecen ~ranjear las miradas de todos con el cobarde ·ataque que hacen á nuestra Santa ]\[adre, eu la per•. sona de sus ministl'Oi,

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