Mucha gracia nos hace ver a esta tur- 'Vll desenfrenada, mostrarse celosa en sus consejos é iudicandl á nuestro Prelado: •que no provoque con petulancia tanta, ni con irreverente lenguaje á nuestros magistrados á ímprobas discusiones,. escojitando así el medio; no solo de minar la magestad de nuestras leyes, escarneciendo y poniendo en du- .da el alcance de sus prescripciones, sino contirtiéndose en la única banguardia de los que tenebrosamente trabajan por la comun discordia.» Sin entrar en el detenido exámen con que debiéramos considerar estas frases própias del bidrofóbico lenguaje de los RR. de «El Ciudadano»; solo diremos, que la urbauidad y buenits maneras de que debe estar adornado todo periodista, se olvidaron un vez mas, sintiendolo doblemente por cuanto 4ue ellas, uo solo injurian al hombre, sino tambien al Ministro del altar; al ministro que ba 1ido acongojado mas de un vez por sus desnaturalizndos hijos, que tan presto le tendían los brazos pidiéndole perdon, como hundfon en su pecho el puñal parricida. No sabiamo& que el defender debidamente y sin embozo los fueros y prerogativas de l:t Iglesia, haciendo ver el abuso que se comete por no Patronato (1ue se heredó ab intestato y que por la fuerza se qu-iere hacer prevalecer; diera lugar a que se retára á un virtuoto sncerQote, aute quien doblaron las rodillas muchos habitantes de América y Europa. Pobres hombres, que en su loco frenesí, se creen facultados parn insultar á mansalva á un varon ilustre que en otra ocasion desempeiló un papel importante ni lado de otros cientificos de Europa, como lo testificaron los periódicos del año 70, con motivo de la «Comisioo de Disciplina», coi) que fué honrado nuestro veuerable Prelado. Tachais de irreverente al modesto Obispo, que intransigente en materia de conciencia, se queja de los avances cometidos en la persona de sus hermau?s en.. el Episcopado, J nosotros: ¿cómo os calificaremos á la vista de vuestra conducta azás anómala é inconsiderada? Preciso es, que alguna vez se os diga la verdad: nosotros que con . ultando las reglas de caridad, guardamos silencio ante los rudos golpes qne dais al clero, preciso es, repetimos, que alguna vez os hagamos ver lo desproporci?nado de una lucha, en la que con ventaJo os venceríamos, si apoyúndoos en priueipios ciertos y evideu\es, noc, provocarais á la palestra.» Bien sabemos y no ignoramos qne nos argüireis de sobérbios, direis que 110 es esta la caridad que nos enseñó ~uestro Señor Jesucristo, que hemos deJado escapar la cólera por los agujeros de la sotana; pero en contestacion os repetiremos hasta el fastidio, que nba11do~1eis hs careta hipbcritu que os cubre. Tiempo hace que venimos notando los ultrajes y descomedidos insultos que á cada momento prodigais a los miuistros del Señor, y si hemos permanecido indiferentes, aun contra nuestra ~oluutad, ha sido por no atribulará nue~- , tro veuerando Prelado, t¡ue, enemigo de estas enojosas cuestlon es , ha visto con angustia vuestra cond11ctu espiirea. Pero 110 nos desviaremos de nuestro propósito. Los pobres RR. de nEI Ciu- (Jndauo», se lastiman de la poca ó ningt.:11111 caridad que auima ó nuestro Prelado· en «coutra del actual Pl'irnatlo de Ja Iglesia, del Perú y de los <lemas obisp()s, sm~ hermanos. §5upoaemo1 que los acusadores del Ilustrísimo Sr. Obispo, no lean nuestro periódico. ó que oyendo- cautar el ~allo , uo sep.aJJ en donde. U lltmo. Sr . Hu1:rta, di.e.e bien ~Jaro aludiendo a lv-5 señores Ob.ispoi;, que, conociendo fa fo.r · l,(lula del üiramento v no couforrnáud() ◄ .se cou c11il su co1rni~ueja, no ob;; Luute LA IGLESIA. PUNEÑA. juraron: dice, repito, si lo hicierol'l fué: "1. •-porque aquellos Obispos pesaudolo todo, apreciando de uu lado el conflicto que podría surjír para sus iglesias con el retardo de la toma de posesion de sus Sedes, y de otro el valor nulo que en conciencia tiene semejante juramento; creyeron mas coa veuiente prestarlo, sin que por esto se considt:raran ligados ásu cumplimiento: 2. 0 que jnmás podrá r,rovarnos Su Serioría (hablando con el señor Fi scal ), que los presláron gustosos J de bueua voluntad; y 3. • que esto mismo revela la pu eril i11consideracio11, por uo decir la atróz crueldad, con que se puso á prueba tan aura la nobleza, la ilustracion, la dignidad de aquellos veueraudos Obisµo s. De lo que resulta, que, si aquell os Obi spos hau sa• .bido y sabe u serlo por sol o este hecl..io, • revelan una fuerza de alma especial; pues aparte del cumplimiento de sus deberes sagrados, que <le suyo son gra- 'TÍSimos, tieuen que lu~har hoy y mañana y todos los di as, para oponer uu dique á las eslravagantes prelencioues del .Regalismo.• ¿,Por qué no se les ocurrió á los de11u11ciautes, aplicar ni Jlustre Metropolitano, como á los <lemas sufragáneos, los dos primeros pu u tos que dejó euun• ciados en el acápite anterior'? ¿Por qué siendo tanta vuestra caridad, juzgais de un modo tan desfavorable'? Daré la contestaciou por vosotros, porque escasos de ley como sois, escoj eis maliciosamente las frases que pueden iuferir agravio, sin tener en cuenta que la sociedad, mas desapasionada que vosotros, ~abra aplicar dichas frases al objeto que corresponden. Por otra parte: ¿ignoraís que algunos de los seliores Obispos que hoy funcionan en las diferentes Diócesis de la Hepública, prestaron el juri1mento junto con nuestro Prelado? Pues bien, é::¡te como aquellos, usaron de distinta fórmula1 y npreciándonos de conocer,como conocemos al Iltmo. Sr. Huerta, estamos seguros de que si 110 se hubiese redactado una especial.• jamás este Prelado se hubiera conformado con la anterior, prefiriendo renunciar una mitra, q• á no ser sus solidas creencias, y mas aun, su arraigada virtud,le hubiera producido espinas y abrojos. El lltmo. Sr. Huerta, incnpáz de satirizará nadie, nunca pudo retar al l\[etropolitano, ya por la deferencia que le merece, ya por haberlo ca si educado; consideraciones que, si para nuEstro:s au• tagonistas, so11 de ningun valor, para nuestro Prelado son muy estimadas, por no haberse extinguido eu él la gratitud que vosotros no conoceis. Tenemos seguidad de que al redactar el editorial de .. El Ciudada110», el iracundo e:-cri to r, la risa le retozaba en los lábio~ al ver la hechura de su pluma, al cousiderar, e l enojo que justamente babia de npod erari.e en nosotros el con• siderar una séri e de mentiras, un monton <le calumnias, que á 110 co11ocer su oríjco, nos hubiérau alarmado. No podemos concluir sin traer á consideracion nlgunas de las palabras con que concluyen los llR. de «El Ciudada110» el meucionado editorial. Parangonando á 11ne&tro Prelndo con los demas señores Obispos del Pcru, lo tacll'1n de desobediente á la autoridad temporal; y ¿por qué tan duro reprúche? Porque con motivo de un jubileo que ufectando tan solo la concteucia y en nadr1 el poder temporal, ni menos esa regulia tan decantada, se cambiaron al- ¡?uuas 11otas entre el Diocesano y el l\liuistro del Culto de aqnelln época, defendiendo el primern e l justo derecho que le asistía y sosteniendo el se~undo uu i11sopo1·table capricho, que tuvo fin con u11 trith,imo resultado. Eu todos los paises por donde circul11ron estos periódicos, se supieron estos desacuerdos J tuYimos el gm,to de sabt'r que al presentarse i\Io11s<'ñor Huerta a11k ~u f.i a11 li<L1 d éste, apretnudo una mano y golpeándole con la otra carinosamente el hombre le dijo: Obispo de Puño. Eu otra eotre,ista, enterado el Santo Padre por el periódiro .. La Iglesia Pu nena .. , que nuestro Venerable Prelado poso en sos benditas manos, de las cuestiones que todos conocemos, las aprobó plenamente regalándole en se- .guida un anillo. ¿Cómo llarnais desobedieute al Pastor que fue cariñosnmeute hnlagado por el Pudre comun de los fieles, por su conducta eucrgica? Creeis que vuestro juicio sea superior al del inmortal Pontífice que bajo todo sentido -, bajo todo respecto ha toido alabado y bendecido por los mismos Protestantes, por sus mismos euemigos? Avergonzaos de Tuestra derrota, humillnos note vuest1·0 proceder. Nuestra divisa ha sido y será siempre hacer triunfar la verdad del error. Ese Obispo á quien increpais, porque cerró las puert!\s Jet templo , su grey, tuvo noticia del hecho despues de consumado, y aun habiéndolo presenciado jnmás hubiera cometido fulta, porque sus rebeldes hijos, que mas de una vez laceraron su coruzon, dieron lugar á ello apesar de sus l' t! iterados consejos y a tao larga distancia. ¿~o ha llegado á vuestras mauos la Pastoral qué con éste intento públicó fuera de In puerta Pía de Roma? .Alli teneis las pruebas, orientáos de los acontecimientos para que escribais siquiera con regular solidéz. Ese Obispo á quien acusais de haberse auseutado de su Diócesis, fue eu busca del mejoramiento de su Iglesia desatendida apesar de las espontáueas y reiterndas, promesas hechas por el Gobierno á la Santa Sede. Ese Obispo, «apesar de haber recibido piadosos estipendios de loi; gobiernos y de los fieles,,, estuvo castanle an- ~usliado y gravemente enfermo por el credito de 20,000 S. que tenia pendiente en Europa y cuyoi; exajerados réditos iban for.mando 1111:t uueva deuda, y esto, ¿por qué? Por paramentar una Catedral que encontró en u11 desaseo tal, que cansó admirncion á muchos. Ese Obispo es el que recorriendo por mas de una vez lil dilntada exte11sio11 de su Diócesis, hasta los desiertos de Cnrabaya, ha tenido el houor de presentar al Carden11I l\Iari11iJ Secretario . de Negocios Eclesiásticos, un memorial en el qne se re~istran sus trabajos, mereciendo por esto un precioso elogio en la contestncion que se le dió con motivo de su visita ad limi11a Apo.~to/orum. Basta SS. RR. Id á esconderos en vista de vuestras cnlumnias, r1::spetad al que es vuestro pa<lre solícito y no ultrajeis al que 1hando11a11do familia y y cuanto podin halagarlo, vino á ensefiaros la ciencia de Dios que vosotros jamas alcauzareis á comprender. Unos Puneiws. dH Ciudadano.» Este bendito prójimo, i:e ha prnp11esto iujuriar á los BH., de «La Jglesia Puneria11 , por unos P-ditoriales que 110 estaban en conformidad con sus ideas, y de aquí ha lomado prct.esto para arrojar su grat~ dósis de vilis contra individuos que ningu11 mal Ir. han hecho. En el número 18 come11zó, no por cierto llamando al honroso campo de la discusion, sinó ultrajando á los hombt·es de sotana, y empleando para esto frase:- huecas é incomprensibles como: «la filosofía de las creencia", el escolasticismo curial, los corolarios <le la Re! igiou y otras verdaderas petula ucias que ni recordamos. ¿Qué querían los res¡wtables HH. de "El Ciudadano» que hiciera «La Iglesia Puueña»? ¿Que se ocnpára editorialrneute de cosas que 110 mereri an la peua? ¿Qué se entablára uua úi 11 cu.., ion? ¿Pero el1 dóucle Lstá. la materia? Entiendan SS. RR. que •La Iglesia Punclia» estima mucho su dignidad, y jamás se ocupará de escritos en los cuales solo se emplea esa arma indigna y sucia, el insulto; ante esaa •bellas é ingeniosas producciones que no respetan lo mas sagrado, solo vie-r• te esta palabra: Perdónalos Sr. porque no saben lo que hablan. Cierto, los RR. de «El Ciudadano~, en su ba'lta instruccion, se compadecen de los UR. de ,.J,a Iglesia Puneña» que no poseen el castizo lenguaje de Cervantes,,, ni comprenden los deberes del periodismo. ¡Qué jigante es «El Ciudadano»! Y q~ hormiga .. La fglesia Poneña» ! Es necesario hacer un paréntesis de melancólico asombro» ante el recto criterio de los RH. de ,.f:I Ciudadano», y es necesario no tener «dos varas de talento ó diez yardas de im11jinacion para dejar de conocer esta verdad. En fin, seremos francos, perdemos nuestro tiempo ocupando nuestras columna2 en vagedades como éstas; tenemos cuestiones mas serias de qué ocupn rnos y ante el insulto, de aquel que no tiene como negar la verdad que encierran 11uestros principios, lo mejor es guardar silencio. Ba5te esto para 5Íempre. EL Sn. CunA DE SAN JUAN. «El Ciududano• del 1. • de éste, que salió a luz hiriendo á mansalva, desde la muy veuerable persona de nuestro dignísimo Prelado, hasta los Rlt de "La Iglesia Puuelia»; 110 olvidó en su hidrofobia al virtuoso y ejemplar Cura de S. Juan, escojib tambien la persona de este respetable sacerdote, para injuriarlo como falto al cumplimiento de sus deberes. Estaba reservado á los RR. de "El Ciudadano", calumniar de este modo itl Párroco, que precisamente por su celo en el desempeño de sus obli~acioues, se ha granjeado el carino de todos su~ feligreses; se conoce que la lijereza cuando no la envidia, ha impnlsadq esa pluma que ha estampado tan crasas mentiras. ¿,Cuando, p.-cguutamos a los autores de esta injusta acusacion, han visto mejor paramentada la Iglesia fle S. Jua11'? ~osotros somos testigos de los gastos emprendidos por el actnál Cura en beneficio de 1111 Iglesia, como_ tnmbien de su gran contrnrcion en el desempe11o de su ministerio, y podemos decir, que sin e;xcecler al respetnble Cura Toro, lo iguala á to ménos. Precirn es SS. Cronistas de «El Ciudadano", un poco mas de cuidado, pues con u11 .1 plumada, pueden tambien dei!- truir la forna de una persona respetable, qne como el Sr. Cura de S. Juan, debe siempre merecer vuestras consideraciones y respeto, y siempre á11tes de presentar á uu individuo como follo al cumplimiento de sus obligaciones, es necesario 110 llevarse de dichos, siuó tener .completa seguridad de lo que co11 tanto aplomo se imprime eu una tirn de papel, La iustici'a. < 1LA IGLESIA PUNEÑA.» COHISION DE IIED~Ct."IO!Wo Don German de la Fuente Chavez-(en Jefe.) Dou M. Federico Olamendi. Don Jose I). Pinto. lmpreuta dP. O. M. C. M.-Dirijida pot'" A.n11elmo •ermejo.
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