La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

.-mérito, si no se tratase como se merece; y haced lo tambieo por vuestra purísima madre, que aunque eu estos dias está llena de amargura, no deja de estar llena de gracia-Ave María. . PRIMERA Y ÚNICA REFLECCLON. 1 En todos los tiempos han amado los hombres, porque el amor les es connatural: pero han amado como hombres J como hijos de Adan, quiero decir, bao amado siempre con baJeza y con interés: amores finos, constantes, desinteresados y sustanciales, han habido pocos, Solo Jesus es un amante p"erfectamente acabado, en cuyo amor no se encuentra tacha. Este- apasionado dueño ha pasado sin medida la raya de todos los amores, y se lleva la palma entre todos los amantes; la razon es tan clara, que no admite réplica.-Todo amor que no es correspondido, y que a las finezas y cariños se paga con despreQios y con ul~rajes¡ pasa el amor en· las criaturas; pero el amor de Cristo no podemos igualar con este: cuanta mas ingratitud en un estremo, mayor liberalidad en el otro; y á mayores desdenes, mayores beneficios, á mayores perfidias, mayor lealtad y finura. Es un fuego que el agua enciende, un raro fcoómP.no que no guarda leyes de naturaleza. Puestos en competencia la ingratitud de los hombres, con el amor de Jesus, siempre triu11fa el nrnor de Cristo. Cuando los hombres le aborrecían Él mas los amaba; cuando ellos maquinaban darle la muerte, Él solicitaba darles la vida; todos sus enemi~os en sus sacrílegos consejos trataban de injuriar.lo, y como darle los mayores tormentos; pero uada bastó á extinguir su ardiente caridad y su iufinito amor. Entremos en el Senáculo, y allí veremos los efectos de este amor llevados al último estremo. Jesucristo era el Sol del Universo; y como jigante de la luz, segun la espresion del profeta, se levantó para correr su curso: hubia ya esparcido su luz sobre el universo: y estaba próximd al ocaso, y á sepultarse en las tinieblas de la muerte; ,pocos días ó pocas hofas faltaban á la total extincion de sus J·uces. Un ciervo herido no corre con tanta lijereza á la fu~nte de las aguas corno el Salvador anhelaba por la hora de su pasion, en que babia de satisfacer la ju~icia de su Padre, y había de reconciliar á los hombres cou Dios. Pero el mismo ~mor que era la rueda maestra de estos movimientos, y el que daba el impulso á estos deseos, era al mismo tiempo una fuerte cadena que lo tenia aprisionado.-Quisiera p11rtirse y quisiera quedarse; partirse et'a indispensable, porque esta era la voluntad de su Padre; quedarse era conforme á sus de~eos, pues que Él tenia sus delicias con los hijos de los hombres. Una nave combatida de encontrados vientos, que uno la ' levanta á las nubes, otro la sumerje en el abismo, uno la arroja á la pl~ya, y otro la repele al piélago, no padece tal contraste como el corazon de Jesus en este lance. ¡Oh Dios mio, cuánto os cuesta haber amado á los hombres. Con eterna y perpétua caridad nos había amado, como dice El mismo. Sícut dilexit me Pater et ego dilexi vos. «Así como mi padre me ha ·amado; asi os he amado yo.» Todos lo~ momentos de su vida, los ha señalado con admirables rasgos de bondad. Se encarnó, nació en un establo, vivió pobre, veló y trabajó sin cesar, todo por nuestro amor.-Pero Él, que nos amó tanto durante el. curso de su vida santísima, ¿no nos babia de dar alguna especial p.rueba de su infinito amor, en los últimos momentos que le restaban? Sí, la dió: pero de un modo tan singular, qae no hay entendimiento que la comprenda, ni lengua que la esplique. Este fuego que siempre ardió, llegó á abrasar- .se á sí mis!Ilo; este rio que siempre corLA IGLESIA PUNEÑA. rió .con :--apidéz, al fin se precipitó y rompió las márjenes que le contenian en su cauce: y dejándome de tropos y de figuras, este Padre amautísimo -que partía para el Cielo, halló medio de quedarse en la tierra, de tener sus delicias con los angeles, sin dejar de tenerlas con los hombres. Este , tierno y amoro;o padre, habiéndose sentado en aqudla mesa que babia sido el objeto de sus primeros deseos, con uu semblante modesto y devoto, para causar reverencia y admiracion á sus disdpulos, tomó de la mesa un pan en sus santas y venerables manos, levantó los ojos al Cielo, luego dló gracias á su Eterno Padre, y hecho esto bendijo el p·a n y dijo estas palabras: Hor: est enim corpi~s meum. Este es' mi cuerpo. Eu virtud de estas palabras, mudó la_ sustancia de pan en su Santísimo cuerpo, de sue,;te que, lo que al principio era verdadero pan, en el instante que acabó de pronunciar estas palabras se convirtió en su verdadero cuerpo, y cubierto con el accidente esterior <.le pan. ¡Si, señores. Ñuestro Selior Jesucristo, en esta, obra manifestó su iufioita sabiduría, omnipotencia y bondad! Su sabiduria inventó un modo tau infdable de comunicarse á los hombres y darles sustento de "ida; y as1 como sn sabiduría resplandeció en la Encarnacion, hallando como juntar cosas tan distintas, como son Dios y hombre, en unidad de persona para nuestra redencion, asi en este misterio de la Savta Eucaristía, resplandece del' modo mas admirable, como junto á Dios, hecho hombre, con especie<; y accidentes de pan y vino, en un Sacramento para nuestro sustento.-¡Oh grandeza de la omnipotencia de Cnsto! ¿Qué es esto que haceis, Omnipotente Salvador mio? Para sustentará un vil gusanillo, transtoroais el órden de vueia;tro cuerpo, para acomodarle á la pequeñez de vuestro esclavo, ¡Bendita seá vuestra omnipotencia! Aqui se manifiesta de un modo mas admirable, la bondad y caridad de nuestro amante Salvador, con lé~s mayores muestra:. que pudo dar, i11ventand·o tal medio para nuestro sustento. Porque, así como el Padre Eterno rnos• tro su bondad en dar al mundo, para su redencion, la cosa mas preciosa que teflfa., que era su hijo: así, este Dios hijo, mostró su boudad y caridad, eu darnos para nuestro sustento la cosa mas preciosa que tenia, que era á sí mismo y su propio cuerpo, todo entero; porque no dijo: esto es parte de mi cuerpo ó de mi carne, ó es figura ó representacion de mi cuerpo, sino_: esto es mi cuerpo: Hoc est em·m corpus meum, todo entero y perfecto, real y verdadero; para declarar la presencia real de su cuerpo Santísimo, y dar muestras exelentísimas de su misericordia y amor. Porque en realidad, para santificarnos y sustentarnos espiritualmente, bastaba que - este sacramento fuera puro pan, en cuanto representa á Cristo; asi como élgua pura en el Bautismo nos laba y santifica; pero ese fuego que consumia el ,corazon de Jesus no le perf!1Ítió se contentase con esto, sil'lo que El mismo en persona quiso estar -en este Sacramento, para manifestarnos, segun dice el apóstol Sao Juan, que el que comiese de este pan vivíria eternamente, Todo esto ¿no prueba el amor espe-- cial de Jesucristo, en aquella noche para lps suyos? ¿Puede dar-;e testimonio mas auténtico de la llama que ardió en aquel Divino corazoo hácia á los !Jombres, especialmente húcia los fieles figurados en los apóstoles? Porque ¿qué pastor apasentó de esta suerte á sus ovejas? ¿Qué amigo dió á comer á sus amigos su misma carne? ¿Qué padre ó qué madre dió. á beber á sus hijos su misma sangre? Si contemplamos la vida de nuestro Redentor, hallaremos que toda ella no fue mas que una pura y continua manifestacion de su amor al ' género humano .... Pero ¡ay! que ui el sudor y agonías del Huerto, ni las bofetadas y salivas que recibió, ni la nube Je azotes que cayó sobre sus espaldas, ni la caña y púrpura de escarnio, ni la corona de espinag, ni la vergüenza de su desoudéz, ni el dolor agudísimo de los clavos, ni los insultos de los verdugos, ni et' desamparo de su mismo Padre, ni el ofrecimiento de toda su preciosa sangre, ni en fin, su amarguísim11 y afrentosa muerte, pudieron llenar los deseos de su corazon a l inestinguible amor del género humano, y solo habiéndose quedado Sacramentado terminó su ardiente caridad. ¿Qué mas se. puede decir? Si sobre esto cabe alguna cosa mas, es el modo como se quedó entre nosotros, oculto y escondido en nuestros altares. 6Y para qué pago? ¡Oh Dios Santo!¡ Dios inmortal y Eterno! Para veros espuesto al olvido de los unos, a l sacrilegio de los otros, á la iucrcdulidad de los. herejes, ;· á la profanacion de los impíos .... , Y ¿Qué es lo que os obligó, qios mio, á tanto amor, conociendo claramente la ingratitud de los hombres? ¿Y _con qué pagaremos nosotros esta deuda? ¿Cómo satisfaremos estas indecibles finezas? No cabiendo por nuestra parte paga ni recompensq, hagamos lo que El se insinua, perm~neci endo en su amor: Manete in dileclione mea: recibiendo· su sagrado cuerpo con frecuencia, para alabarlo y bendicirlo de continuo; entonces se podria decir: dichoso el que lo recibe todos 1los dias ó por lo menos todos los días de fiesta, y ma-:; dichosa aquella alnfo que lo reciba con todas las disposiciou~s necesarias, encendiendo en su corazon esa ardiente hoguera de caridad,, ~ues entonces gustareis y couocereÍ', las dulzuras que nos brinda nuestro S~lvador. ¿Quién pudiera hacer esto! Oh apóstoles sagrados, participadnos aquel amor •Y ternura con que comulgasteis, para que le recibamos con el provecho que vosotros le recibisteis, y para que nosotros tengamos tambien la dicha de estrecharlo en nuestro corazon, y no nos suceda lo que al desventurado Judas, que no hallo sabor en esta comida, porque comía sin fé, sin atencion ni reverencia alguna. ¡Almas piadosas, bendigamos el misterio mas alto de nuestra sacrosanta Religion!-la instítucion de un Sacramento que es el asombro de los mi smos angeles: alabemos y reverenciemos el infinito amor de Jesus en este Sacramento; para que asi, recibiéndole con frecuencia, y albándole de continuo en la tierra, le veamos y gocemos eternamente en el cielo.-Amen. VIERNES S.~NTO. t SEfüWN PANEGÍRICO PRONUNCIADO EN LA SANTA lGLESI.A CATEDRAL POR EL PRESBITERO DON JOSt DIEGUEZ. Padre rnio, si no puede pasar este caliz sin que yo lo beba, hágase tuvoluntad. Pa~er mi, si non potest híc ca lix lransire nisi bibam illum, flat volunlas tua. (SAN MAtEO, CAP. 2G v. 42.) CATÓLICOS: He venido á trazaros el cuadro del dolor mas augusto, de la muerte 'mas angustio~a, de la resiguacion mas sublime! Desprended vuestro corazon de la tierra y pulsadlo en vuestra diestra, sacudid vuestro espíritu levantándole en alas de la contemplacíon y escuchad. Ved á la humanidad cómo se ajita, cómo :se reconcentra en masas gigantezcas déntro los muros de las ciudades grandes para estenderse de nuevo en círculos inmensos, que reconocienda pequeño el límite de los mares y de la tierra, se lanza por los aires estrepitosa siempre, como el vapor que lleva en sus entrañas, rápida y violenta como la chispa eléctrica que anima su cerebro inquieto ó el galvánico fluido q' por sus venas corre: nada la resiste, nada la detiene! Sin embargo, señores: héla aquí contenida. Vedla en este solemne día como - vacila, retrocede y se para, y contemplando la fúnebre tristeza que domina sus horizontes, se encierra en sí misma, y mal de su grado procura ocultar sus crímenes al Ojo Omnipotente, que sabe mirar claro en los mas escondidos pliegue's del corazon. · Si esto que os digo, no es una verdad, preguntadlo á la hii:;toria de diez y ocho siglos, preguntadlo á vuestros padres y á vosotros mismos, y os emplazo tambien para que lo preguoteis á vuestros pósteros. Si por tener cerrados vuestros ojos, no habeis podido mirar aun á la Soberana del Orbe Católico, arrodillada en el Gólgota su trono, pidiendo á sus •verdade ros hijos, lágrimas para su dolor , hecho pedazos el cor,azon y pendiente el alma del últimQ suspiro de la víctima de propiciacion; si no babeis podido comprender el tormento de nuestra l\ladre y el sacrosanto misterib de redencion de nuestro liuµje, que hoy llena sns recuerdos, pre~tadme ateocion para que os lo esplique. Mártir de los mártires! Dios de misericordia y de bondad!..... Dá á mi inteligencia un rayo de tu .divina luz para que pueda convencer en el arrepentimiento á tus hijos ingratos; a mis lábrns de la hiel que bebiste; á mi lengua de la sangre que derramaste; á mi corazon una lágrima de tu supremo dol0r1 para grabar en el alma de tu pueblo que me escucha el recuerdo de tu incruento sacrificio, interponiendo para mayor valer los dolores de tu Santísima l.\'Iadre, á quien saludo con el Ángel.-Ave Ma1·ia, I. Pate1· mi, si non potest hic calix tran• sire.-Padre mio, si no puede pasar este cáliz. · Hé aquí en, pocas palabras, sublime y elocueutemente expresado el dolor de nuestro Salvador. Aquí teneis el primer término de la fatal disyuntiva; la cuchilla sangrienta suspendida ya de la diestra omnipotente de un Dios ultrajado y proxima á descargarse de un solo golpa sobre el mansísimo cordero, escojida víctima de espiacioo en el seno de la eternidad. Proxima la hora del suplicio á que le condenaran nuestras iniquidades, contempladle en aquella noche tristisima, en el misterio• so huerto de Getsemaní, envuelto en sepulcral y fúnebre silencio, y abandonado hasta de sus mas caros discipulos, entregados al sueño cuando El atraviesa la hora de suprema augustia.- A udierunt quia ingemisco ego et non ' esl qui consoletur me .., «Hao oido que yo es• toy gimiendo y no hay quien me consuele.» Miradle mas, y le vereis adelantar• fle, detenerse con estraviado y vacilante paso, estremecerse convulsivamente y agov iado por ~l terror que embarga sus potencias, vagando en torno su pavorosa mirada, sin encontrar mas consuelo á su espantosa soledad, que las· tétricas sombras del dolor, de la ignominia y de la muerte, caer postrado en tierra en lánguido desmayo. Un rayo fujitivo de esperanza, ilumina sin embargo su anublada frente; y exhalando con el precursor aliento de ]a ao-onía, la súp lica qoe arrancara de lo ~as hondo de su alma, clama á su

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx