perno Padre y le dice: P;ulrt mio, pa- .;e de mi es te cáliz-Paber mi, transeJ,t :nihi hic calix ! ... ' Mas ay! Redentor mio, que para tí no hay consuelo! Hé aquí el án~el q1\e lu padre te envía; 1y liú-;cale si hallnrle puedes eu el cáliz mi s te ri oso que t e ofrece. Oh vision terrible!.. Á ll i como en niúgico espejo, preséntasele el lúgubre cuadro de la Suprema Ve11ga11za, simbolizado en su pasio11 dolorosa, que mira á su travéz en sus mas crueles, horrorosos y sangrientos porme11ores. Quereis mirarle mas de cerca? Asis1 id conmig-o á esta lucha formidable y i-;i11 ejemplo entre la Humanidad y la Divini<lad de un Dios.• La Divinidad, co11 prevision infi nita, abarca en uua sola ojeada, los crímenes todos y la neArn i11gralitud de nuestro linaJ e; el nefoudn del pueblo judío; la perfidia de su discípulo, que despu es de venderle como vil esclavo, vendrá en pocos momentús a entregarle en manos de sus verdugos coo ósculo traidor; la negacio11 de su amado Pedro; el olvido de sus amigos, y lo que es mas; el ab,1ndollo de su mismo Padre; pero, emuriagada eu infinito amor, arrebátase en áusia de padecer. J.,,n Humanidad aterrada, tieml::la y se resiste: mortal palidéz cubre su sem · blaute, baña Ru frente el helado sudor de la agonia, horrible coavubion conmueve sus entrañas; y-comprimido con tstas el corazon eu un acceso de supremo dolor, escápase la sangre d e su :seno y trasudaudo por todos los poros de su cuerpo, que se desploma snb-re la tierra, queda auegado y abatido en u11 lago de sangre. Yo os pregunto ahora, cristia1,10s: ¿Habeis ~isto dolor semejante? II. Nisi bibam illum.-Sin que yo lo beba. Ved aquí el segundo término de la condicional propuesta como tema de mi discurso, y que implica por sí so lo, la 1ieccsaria cousumucion del mas sangriento oacriticio, .de la muerte mas trá~ica. No crea1s que los torme ut os sea n lrnstautes á agotar la inmensidad de su amor, ui mucho meuos á romper e l pacto celebrado con su Eteruo Pudre en :-.ati:sfaccio11 de su justicia. lUuy al contrario: le vcre is auhelaate, ap~rar has1 u l~s hece :; su amargo cáliz; y paru ello os rnv1to á que me acompañeis á se - guirle. , Terminada COII sns discípulos la ultima ce11a eu qu e iw,Lituy c ra el sacra - me11to admiraule de la Eucaristía .V preparado couvenient.emente en la or11cio11, se entrega como uu manso cordt·ro en lmtzos de sus proµios e11emigos, qur pocos mome utos autes derribara en ti c r- ~a co,11 uuu sola palabra y q.ue vir11c11 a pre1 ierle como á un vil ladron! Falsos libe rnles del siglo diez y nueve, que ~on absurdos principios bastardeais los · t111!damen~os de moral e terna <le la ge11u111a sociedad! ¿qué diriais si e n rrua r- <111 de esta misma, se os aprehendi;ra de Jg-ual sue rte qu e al liberal 1>or exelen<·i·i? ', '. ed como le al'rastrnu por las calles de .ft,rusalem, que apenas seis días antes le reci biero11 c011 aclanrnci-ones <.le ,1legre tl'íunfo, µara presen ta rle á los tritiunnl es, e11 donde encuentra la mis~ ma fortuna que con fn~rucneia alcanzan )()s desvalidos, en los tribunales del mundo. U éva.nle primero a casa _de_A oas, para ser abofeteado por el 1111•,1110 l\J.alco en quien acababa de operar 1111 piadoso milagro: de allí, á lit de Cai!'as, qu(\ e u aquella noche le t•11trc- ga á la discrecio11 de sus propios enern,go:s, que le llenan el rostro de i11111uudos s~li,·uzos, le nbofetu1n, , , vendados )os OJOS le insultan y escar~1ecen. Orµu_llosos hijos t.le Adau: los que 110 pocfois SO!Jf'.rlar, ll0 uiré u11a bofetada; p.t•r~, siquiera lll~a paluhrn dt>scompucsl.i sin c¡ue ::.uba a V;Jestrus mrjillas e l , LA IGLESIA PUNEÑA. cnrmiu de la ve11ganzn; lo' que b11scais en el duelo la reptnac~ L ,c1• l uonor, aprc11d ed!. .... Co11Jüccnle por fin á casa de Pilatos, que <·ort1ie1 ,.za po r nl'tcrnar ni ino· cente Jes11s, e11 el liel de su justicia, con el famoso mal hechor Barrabas, á quien reputa mas digno de ser puesto en li bertad, condenando al Jllsto con'lo á un vi l esclavo, á la iufamant e pena de azotes. Asistid coom1go nl Pretorio para ver cómo se cumple la bárbara sentencia. Ved como le des• 11uda11; y la vergqenza horrible que anubla la frente del que, siendo el mis• mo pudor, lleva e1J este mnment.o so• bre sí todas nue¡.;tras abprni11acicn1cs y carnales torpezas. Ya está atada la victima á u11a de sus columnas. Ved los foriosos go lpes que la desr.argan. l\o es bastante que quede anegada en sangre y sus carnes desgarradas. Preciso es q11e sobre estas heridas ~e abran otras 11ucvas para qne sus huesos puedan contarse. Desde los pies hasta el vértice de la cabeza, el cuerpo t..lel i110· ceule Jesus es una llafra ,iva y prof1v1da; pero aun debe iiñadirsP. el escarnio á la i11fumi11. Para esto se le despoja otrn vez tl e sus vestiduras, renovándole sus heridas y dolorcf-; se le viste co11 un sa, 011 de púrpura, secoloca á viva fuc~rn en su cabeza una coro11a de espinas, se le hace senta r e n un mal asiento, se pone en sus manos una caña á guisa de ~etro real, se 1.e escupe sobre e l rostro y todo su cuerpo, re110\.áudose el ul 1·raj e, la burla y el sa rcasmo. ¡Ah juslicia humana! es así como c11mples tus altos dcstioos? Jueces y autoridades de la tierra! cuántas veces, imitando á Pilatos, liareis padece r y coodenareis nl inocente! ¡Ay <.le vosotros ! Temblad!, .... Ecce homo.-Hé aquí e l hombre; esclama Pila tos, prese11tando á Jesus ul pueblo judio en un estaclo capaz de conmover {I las piedras; pero el pueblo cada vez mas furioso " sediento de sangre, esclama: crucifícale, crucifícalecruci/ije, cruci/ife eum; y el vil l'ilut0s, la bá11dose las mauos, le declara reo de muerte. Ya le teneis á manos de los judíos, que, ébrios de sangriento placer, le lievau á crucificar, cargarlo sobre sus hombros <'l afrentoso tnéldo.:ro, á cuj o peso se rinde11 n111s de u :1a vez sus agotadas fu e rzas. E·u medio d1!1 in sulto, malos tratamicntoc:; y dolor, alcanza por fiu la «·umbre del Cu!vano. ¡Ah, - hermanns mios! ¿cómo presen<'iar el dese nlace terrible de e-;te triste drama , sin qne el borror estr<'mezca 11u c--tras fiilr.is, sin que corra ¡,or uucstra,.; vcllas el frío horripilanle <.Je la mu e rte y se co11m11eva lwodamentc el corazn11? \'ed el furur con que ie vnelveu á desnudal' y tcndi611dole f-obre la eruz, le desco11certa11 sus miembros á viva fuerza, pata hacerlos alcanzará los barreuos! Ved cómo le at.ravie~a11 manos y piés con eluvos obtw,ns '¡ l:f' de:-gar - rau )' dislaeerau sus ltudt>11 b , y dejando caer bárbarame11te de un solo golpe en el hueco de la peña, la cruz q11 e elevárau sobre los aire< le de:-garra11 de nue,·o las heridas r1•eie11 abiertas! Ya rl u-;tro del din, velando s11 luz en t e ue.l.H·1,so manto, derrama sobre la tierra la tristeza de los cielos; ílrrasada c-;tá t'll lagr:nias la eterna mans.ion de la f1 licidnd dich<,sa; pero ni vtwstrós corazn11es se han conmovido, ni me11os hau cesado los tormentos de nuestro Redentor: Quédan!e aun por libar la s heces d el amargo cáliz qu._"! el an- , µel de la muerte suspc•ntle de sus div i_11os lúhios en lentu y penosa ago • 111a Je tres hor¡¡..;, ¡\!1•n1orn1Jles fres h ,,1·aR, <'n cuyo tri!-il <1 sc: 110 se reYuel Ye a11u11sti o:-.a la Tri11i nad augu-.ta misleri111,;1111c11te co11fu11d tda 1->11 el doble lazo J e l dnlor y del a11101'! Como Padre d1.•spt1cs de redimir á :su,; hijM ú cnst,: de su pr('c.1osa sangre , cstin1á11Jula en l1uco ~· scd.iento, cou sed de mas padeo cer, con la mas sublime abnegacioo, e,clama:-Sitio-«sed tengo» .-Co!'no l:lijo, recibe y guarda en su pecho las a~ morosas lagr ima s de su l.\Iadre que llora sin cónsuclo y a sus piés: y sufre resignado , el amargo descon ,,uelo del nbandono de su Padre-Eli, ,Eli , Lamma Sabactha.ni-- «Dios mio,Dios mio ¿por qué me has de amparado?» Como Espíritu Santo, co11fonde en uno solo, el recíproco amor e11 que El y su Padt·e se identifican y el amor á la Humanidad; y expresandolo eou divina elocuencia esclama:-Consummatum est.-«Cm1sumado es.»_¡.Cousumada está pues, st::ñores, lu muerte i11comparablc! m. Fiat voluntas tua-Hógase tu voluntad. Necesitaré, por ventnra, á vosotros que me habeis oido, demostrar el sent ido de sulilime doctrina que encierran estas tres palabras'? ¿Sois tau ctegos acaso, que no podeis ver desprenderse de ellas la hermo~a y dulce imágen de la resig11acion? Ni neces ito lo primero, ni creo lo segundo. Eieu habeis vis• to, que cuanto pudo inventar el odio mas e 11 caruizado, alimeulado en la mas L!trbara crueldad, de doloroso para su víctima, tanto sufr io el buenJesus, sin desplegar jamás sus lábios para prorumpir eu una queja ni mu cho menos e11 una injuria. La resignac1on se desprende coa lógica irresist ible como riguror sa consecuencia de lo que llevo avanzado. Mas sí quereis la prueba mas concluyente de la resignacion hel'oica y abnegada, retempladél en los ardores de l amor infinito de un Di,Js, os la daré, )' e11el mas alto grado, patét ica y sublime. Allí la teneis. El Verbo humanado, pendiente de la Cruz eu donde ha muerto por v ue~tro amor, os hablara con mas elocue ncia que mis, palaLras. Hé allí precisamente su emblema. Hé allí el aruol mi-.terioso de l ver<ladero Paraíso 4ue, trasplanlado al Gólgota, ha estendi<lo su frondoso ramaje por los ámbitos del mundo y en cuya fecunda sá - via, mortífera para el vicio,encuentran: su con:-uelo la virtud; y el poderoso ó miserable, el niño ó e l anciano, profundas J clocueutes lcccioues que aprender. ¡Oh, Yoso\ ros pecadores que me escucha is y aun perinaneceis en ind olente indiferencia! Hccordad · que esa rn1,g:re inocente ha si{io derramada por loJos y cada uno de vosotros, y que puede caer sobre vuestras cabezas como anatema lle m·1ldic ion . Pue:, qué ¿Bo se conm11eve11 vuestras eutrañas, uo se comprime vnestro corazon al ver el doloroso precio de vuestra sal vacion? ¿No hay en vu estros ojos Ullél lágr ima que como gota de consuelo, hum edezca. los láb1os de vuestro Rede11tor, sedic11to de pauecer'? ¿O quereis, por ventura, adormeceros aun eu el fatal leta rgo ele vne:-.trns pasionrs y renov-a r impasibles, tantos dolores, ta11tas injnri;is ) t_orrnentos'? A11!-No me lo di gai:-, que mi n ·1turalez11 se es~remece; antes espire yo de dolor eu esla catedra, que eRcuclrnr blasfemia seme1a11te! Oh! No, hermanos mios. Los muertos hau t:alidu de st1s sepúlcros y ¿podremos µerruane0er 11os(ltroq en el sepulcro que labn"1ru11 11ue--1 ras iniquidades? La tierra hil t ,, mblado ·" ¿nosotros no temblaremos en santa co!!:leruacion? Los ánge les han llora.lo ~· el sol· e11te11ebrecído su luz y ,.110 :o.e anublaran nu estros ojos y se arrazarán en lagrimas? Las rocas se han partido y ¿11nestro cornzon no se pal'tirá de dolor? El velo del Templo se ha rasgado y ¿110 se desgarrará la venda que ofusea 11uestra i11tclij e11cia? ¡Ah! No, Señor y Padre nuestro. Ya nos tienes postrados á tu s plantas pnra adornrtf'. Tus brazos abiertos por la rnisc,ricordta, estreche n nuestro cornzou empapado e11 sehtim ientos de gratitud y de amor, y conmovido de dolor por tu dolor. Permite pues, Dios mio~ que recuerde, con tu pueblo las palabras del Profeta:-Bonus est Domfnus sperantibus in eum, animce qucerenti illum- « Bueno es el Señor para los que esperan en •é l,para el alma que le busca.» Confiados en ellas y en el mérito infinito de tu sangre preciosísima, te pedimos el generoso perdon de nuestras cu·tpas y tu constante amparo eu esta mísera vida, para ser eternamente dichosos en tu reyno bienaventurado-que á todos os deseo.-Amen. SEGCION LITERARIA. Pler;árla. XX. ¡Mad11é de'! Hornbre Dios y madre mía!' Cuando el Cristo en el Gólgota espiraba, A la raza' de Adan por quien moria De ru amor al amparo encomendaba. Desde que vi a tus piés la luz del dia, Hoy medio siglo de cumplirse acaba. Madre, trás medio siglo de pesares, Vuelvo ál pié de tu altar á qu~ me ampares, XXI. ¡Madre buena del triste y del que _llora..• No desoigas mi voz, no me abandones! Recuerda que tu fé consoladora Inspiró desde niño mis canciones; Solo, con Ihi arpa y con tu fé, Señora, Cruzé de medio mundo las regiones: Y hoy del mundo á través con mis cantares Me trae mi fé a tus piés a que me ampares. XXVI. ¿Por quien sino por tl me han r'espelado La fiebre, el mar, el cólera, la guerra Y el ódio que á mi raza inveterado De otra en el ciego corazon S(I! encierra?- , Al llegar y al volver, me han alfombrado Allá de flores como acá. la tierra: · Y ¿quienes son los genios tutelares Que enl'loran para mí tierras y mares? XXVH. Tras rol dejo mi ·huella, madre mía, l\larcada por dó quier con sepultur~s: Cuantos darme quisieron compañía .Murieron en mis locas aventuras: Dejo á los que allí me aman todavia Un JJO~venir de sa~gre J desventuras: Y á través de tan mú ltiples azares ¡Solo iucolume JO vuelvo a mu; lares! XXVIII. ¿Qui én sinó tú me guarda, Virgen Santa?- ¿Qu i,m á mi hién sin6 tu amor me guia? ¿Quién conservR la voz en mi garganta? ¿Quién mantiene l(t fé en mi pocsi11? ¿Quién hácia Dios mi esplriLu levmta? ¿Quién mi alma acojera en mi último ditt? La hisLoria de mi vida y mis cantares Tienen principio y !in en tus altares. XXXI. La gloria y el favor son polvo y humo: Las coronas del mundo son de espinas: No hay laurel que no tenga amargo iumo, No hay aura sin moléculas dañinas: No hay triunfo colosál ni éxito sumo Sin envidias ra,;treras y mezquinas:, Con mis coronas Yengo á tus altares De mi ~foria mortal a que me ampares. XXXJJ. Madre, yo reconozco mi bajeza, Yo sé mi pequeñez y mi ignorancia. Salva del rudo escollo en que hoy tropieza El barquichuelo ruin de mi iropol'lancia. Libra de humo que eml.iriaga mi cabeza, Salva á mi corazon de mi arrogancia: Pues vengo en uien y en mal a tus altares, Ni en el mal ni en el bien me de~ampares. . XXXV. ¡Yirgen Santa, culo amparo Guardo alla mi inútil vida, Guarda eu mi alma dolorida Las semillas de tn fé: Pues t~ amparo á ml es tau clart1 Mis coronas bajo él dejo: \"asio raza ... solo .... y viejo ¿Para qui 6n las guardaré? Josi: ZonJULLA. Febrero-21-1867. UlPBENTA DE MARIANO c. lhRTIJiU. Calle de Arequipa N. 0 167.
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