La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO \111. PUNO, ABRIL 12 DE · 1875. N. º 159, PERIODICO SEMANAL. ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA OIOCESISe LA IGLESIA PUNEÑA. La sema.na santa ó 1nayoir. Dos épocas bien marcadas existen en la historia del mundo: su creacion y su redencion. La primera nQs· manifiesta la gran omnipotencia de Dios; ·la segunda, su gran ,misericordia. En el principio de los tíempos, el no s~r pasa al ser, y el hombre que antes no existia, sale de las manos de Dios, grande en ciencia y santidad, siendo desde entónces el objeto d,3 sus mns grat.as complacencias; mas, despues de la trájica historia que todos conocemos, la especie lrnmana, degradada y envilecida, Lan to por la cnl pa heredada de su primer padre, como tambien por las comelidas despues , tuvo necesidad de un Salvador, y nadie podía desempeñar eslíe gran cargo, sino el mismo Dios. Las tres personas divinas concurrieron á la gran obra de la cre.acion: fac z·arnus l!,omo &. En Ja de la redencion hubo igual concurso: el Padre enviando á su Hijo, el Hijo eocarnán<lose, y el Espíritu Sao to, realiza o do el misterio grandioso de la Encarnacion. El hombre, criado á fa ima - jen y semejanza de Dios, ha bia manchado por su cu~pa esta belnsima imiljer.; era necesario una purificacion, pero ésta no podía rea lizarse sino con la sangre de lodo un Dios, y entonces se realiza el gran misterio que la Iglesia cel0b1·a en esta semana. ¡Ah'. ¿quién al contemplar los recuerdos tan tiernos q' hace la Iglesia en eslos dias, qnién al presenciar sus ceremonias ta11 au- -gustas como lúgubres, no sien te un profundo dolor en su corazon? ¡La pasiou de nuestro Salvador, la mas terrible, y su muerte la mas afrentosa!-¿no enternecerán á los _ cristianos principalmente? La t'rájica historia del Cal vario recordada en estos dias ¿no nos hará verter si.:_ quiera una lágrima?....... . .... ..... . Precedamos por partes. La san ta semana encierra varios misteriJs: demos una lijera ojr.ada sobre cada u~ no de ellos. F;l do.i.11ingo de Ramos, Uamado tambien domingo de Palma~, es el ¡,rincipio de esta gran semana, y -0esde iqui comienzan los padeci- :miéntos del Verbo hecho carne. Es.. te dia !los recuerda la entrada lriun• íante de nuestro Divino Salvador á ]a C~udad de Jerusalen. El pueblo, ,~abedóir de esfa nueva, sale presul'.OSO á recibir al enviado de Díos, llevando todos en sus manos ramas de olivo y llenando los aires co11 <"- tas aclamaciones: ¡Hosanna al hijo de David! Bendito sea el que viene en nombre d~l Señor! Esa inmensa mul.ti:Lud acompaña á 'nuestro amantísimo Jesus hasta el temp1o, en donde les dirijió su elocuente palabra. ¡Ah, pobre Jerusaleo: hoy tus ca1le se visten de gala para recibir al deseado de las Naciones, y cinco dias despues, la sangre de este correrá por ellas! Al hombi-e Dios en medio de este triunfo, victoriado por todos. aclamado como el ver<ladero Mesías, hijo de David y emisario de Dios para salvar á la poLre humanidad, 1.10 se le ocultaba que este mismo pueblo, que hoy lo aclamaba, debia muy pro o Lo crucificarlo. El Hosanna al hijo de David, debía convertirse en esta tremenda ma1ldicion: crucifíqumlo, crucifiquenlo; y eotóqces,_ contl3mpla11do el reverso de este cuadro, veía claramente la ingratitud, la infamia de la pobre Jerusaleo: se mueve á compasion, de sus mt=>jillas se escapat1 algunas lágrimas y el Evanjelio (1) nos dice: «que al ver la ce ciudad lloro sobre ella, dicienclo: << ¡Ah! si tu reconocieses siquiera « en este dia lo que puede atraerte ce la paz, mas ahora está eneubierLo << de tus ojos. Porque vendrán dias « contra lí, en que tus enemigos te <e cercarán de trinchera~ y te pon- « drá:i cercho y te e.streclrnrao por « todas par·tes y te derribarán en <e tierra, y a tus hijos que estan <lent< lro de tí, y no dejarán en tí, pie- « dra sobre pie<lra, por cuanto no « conociste el tiempo de tu vi:útacc cioo .» ¡ Ab ~ el Divino Mártir del Calvario ya sufre: las aclamaciones de este pueblo, todas dirijidas como á su único Sal va<lor, solo sirven para angu.:sliar su tierno r.orazon. Si, porque ellas bien pronto tendrán que callar, y las ramas de olivo que le presentaban, se couvertirán en Ul.la corona de espinas. . ¡ Pobre J erusalen: feliz pot la vislla de lu Salvador, y mil veces maldita porque foistes el teatro donde se h,1 perpetrado el crímen mas atroz que la hislorja cuen ta!. ..... el Deicidio!., ..Tus ma.nos se hao mnnch::do eón b sangre del mas in¿- cente Abe]! La procesion pues que la Iglesia reali za este día, conmemora la eqtrada triunfante de Jesus á Jernsalen. Sigamos las benditas huellas de nuestro amantisimo Salvador; acom• (1) S. Lucas c~p. XIX v. • i'J .1,2 4~y. 44. pañemos á nuestra tiernísima Madre, la _Iglesia Calolica, en los recuerdos tan tiernos que hace en estos dias; no seamos de aquellos hi1 jos desnaturalizados é ingratos que con una indiferencia que pasma, presencian los sufrimientos, la agonia, la muerte, en fin, de su tierno y amoroso Padre; alejeroonos en estos días de esa turba impía, verdaderos represen tan/tes de los judíos, que acuden al templo precisamente, siguiendo las huellas malditas de los victimarios del Di- .vino Nazareno; repiten cada año los ultrajes de éstos, no ya al pié del Calvario, sino delante da nuestros altares; lé;jos de maoifestar siquiera en el exterior, s'mtomas de tristeza y de verdadera piedad, muy al 0outrario, con su porte y en sus acciones gritan: crucfflquenlo! Sí, para desgracia y baldon nuestro, . esto se realiza entre nosotros ..... . Míen tras la Iglesia llora cua1 'tierna esposa, la ii.iuerle de Jesús, cuando en toJas st1s ceremonias, solo deja ver el mas profundo dolor .... la impieJad 6 el j udaismo, rie y hace buda .... ¡ah! cuáulo entristece esto á un corazon verdaderamente católico! . .... Prosigamos. El lunes, rr'iárles y miércoles santo, la Iglesia recuerda todos los a - conlecimieolos que precedieron á la muerte de nuestro santísimo Jesús, hasta que en la tarde del miércoles se realiza la ceremonia de las tinieblas. ¡Cuán significa livas son todas las festividades de la Iglesia! ¡Oh cuánta dicha es para nosotros ser hijos de esta liernísima madre! ¡Bendita una- y mil veces sea la Iglesia Católica! Las Li11ieblas, como su nombre mismo lo in:lica, represen ta el profundo dolor de la Iglesia por la muer te de Nuestro Señor Jesucristo, como al mismo tiempo la oscuridad á q' qt1edó rednci<lo el mundo una vez que este sol divino 1e nego sus rayos . Las velas, que en número de quiaca se destjnao para esta cere~ mon1a , se apagan á intérvalos, quedando solo una, q' oculta tras del altar mayor mientras se entona el Misere re, vuelve á aparecer, ma oif es-• la udo con eslo la muerte y resurr eccioo de Jesus. Si nos fijamos aun mas en la ceremonia de este dia ..... ¡ah, to<lo respira tristeza! ya no se nercibe el clamor de las campanas,' en los oficios solo se dejan escuchar cuatro Yoces: l@ de David, que llora en su lira la muerle de sn hijo y Señor; · la J.e Jeremías, que cai1 la la ruina de Jerusalen .Y los sufrimientos de la divina víctima; la de h Iglesia, que como madre amorosa, solo deja 'oír su voz, para exortarr.ios á la penitencia y al arrepentimiento: <<Jerusalen, Jerusalen, conviértete al Señor tu Dios»; y por ultimo la de las santas mujeres que acompañaron á Jesus desde Galilea hasta .~] Calvario, representada por los dos clérigos, que de rodillas entonan el Kfr,¡,"e eleyson, Un ruido confuso y lugubre pone fin á esta ceremonia, recordándonos con esto, la marcha tumultuosa de ' 1a cohorte que, armada de_ palos y conducida por el apóstol traidor, fué en medio de la noche á prender á Jesus en el huerto de los olivos. En el JUEVES SANTO, tenemos que considerar, además de la ceremonia de las tinieblas q11e tambien se repite en este dia·, tres misterios sublimes, que solo la divina religion del Hombre-Dios puede et'cerrar: la insti lucion de la Sagrada Eucaristía, la consagracion de los óleos y el !abalorio. _ Nuestro Señor Jesucristo se prepara ya á realizar la gran 'Obra de la Redencion; dentro de breve debe subir á la cumbre del calvario para consumar el mas gra1:1de sacrificio. El amor hácia á los hombres, lo conduce á este lugar de espiacion y de muerte, y mientras los judíos en su rábia e indignacion escojitan los sufrimientos mas crueles y la muerte mas afrentosa para el inocente J esus, este,. entre 19s tesoros de su corazon busca la prueba mas pal pi tan Le de su amor; se contempla clavado en el ignominioso patíbulo de la cruz, y aun siente un vacío en ese fondo in~gotable de ternura; considera que despues de su muerte debe volar al Cielo, pues ya ha terminado su ·mision, y no quiere dPjar á la pobre humanidad en la orfandad; él desea permanecer entre los hombres has4 ta la consumacion de los siglos, y entónces se resuelve á quedarse en el augusto sacnmen to de los al tares, cubierto bajo los accidentes de pan y vino: celebra con este inten to la Pascua con- sus discípulos, la no~he misma de~su pasion; toma ~l pan y lo bendice diciéndoles: ~o1ned, este es mi cuerpo. En segmda toma vino y le bendice _diciéndo: bebed norqite ésta es rni sangre. ¡Oh! q~é coutraste: Jesus buscando en su gran misericordia como legar á la humanidad una prueha mas de su amor, y los judíos en el mismo tiempo reflexionando el plan mas inicuo, mas criminal mas afrento-

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