i .gualmente á los demás por vuestro eJemplo y por vuestras palabras, á fin .de que podais iluminar a los ciegos y hacer lo hacedero para conquistar un alma y llevarla por el sendel'o de la virtud. ..os bendigo en vuestros trabajos y en vuestras familias. Que esta bendicio·n sea siempre .con vosotros.» Benedictio Dei, etc. El 6 de Enero, recibió el Padré Santo á las diputaciones de los círculos de Ja juventud de Italia, á los cuales se , habían reunido los miembros del círcu- · lo de San Pedro de Roma. Al manifiesto que le fué presentado, Pío IX respondió. «Vosotros lo habeis dicho: ]as naciones son curables. Dios es el médico todo-poderoso, que cura, no solo, á los iodi viduos, sino tambien á las naciones. Tenemos aquí_la pmeba. Esta Italia, atormentada desde el fondo hasta la · eumbre, por tantas opresiones y escándalos, se muestra sana, en gran parte, en su gran mayoría; teneis en vosotros mismos el tipo Je esta sanidad, que . deseo conserveis hasta el último momento de vuestra vida. · Yo me pregunto: ¿porqué se hacen tantos esfuerzos para corr9mper á las naciones é' infectar á los pueblos, por las falsas doctrinas y los ejemplos detestables? y me respondo: .. Quare fremuerum gentes et populí meditati s,mt inamnia?» Este salmo, uno de los que el profeta real c~ribió, se aplica á la venida· del Redentor. Y en efecto, desde que Jesucristo apareció en P.ste mundo, tuvo qne vencer enemigos muy po• derosos. Tenia contra si la idolatria, la ~inaguga y las l}asioues mas licenciosas fomentadas por los mas perver'los de los espíritus infernales. Pero l~l vino armado del poder de Dios, cuya voluntad y sabiduría triu~fan dé todo Venció, en efecto, la idolatría, la sujetó y la hizo un objeto ridículo: venció la sluagoga, la dominó y la vol- "ió odiosa; venció las pasiones mas desenfrenad11,s é hizo de él las un objeto de menosprecio., Viuo, y la muerte fué -vencida por El; .vino, y los reyes, como Jo ha dicho aquel que ha tomado la p·aJabra en vuestro nombre, l'os reyes se prosternaron a sus piés, reconociéndoJe como al rey del cielo y de la tierra. Vino, y las puertas del Pa rafso, cerradas desde el principio de los siglos, se reabrieron y dieron entrada, dan lodavin, el día de hoy, y daráu 1iasta ,la cousumacion de los siglos, á millares v millures de almas rescatadas por Jesucristo. . Entre~anto, por una razon que nuestra inteligencia no puede cpmprender, por uno de los fiue!li ocultos de la Providencia, mient~as que ,abate el arbol 9e Ja impiedad, y este árbol cae bajo sus golpes con uu ruido retumbaute, sus raíces quedan. Ved ahí por qué debemos combatir aun el dia de hoy. No es ya la idolatría lo que tenemos delante; pero la incredulidad y las sectas per1idas salen de las bóvedas del iufierno. No tenemos ya que hacer ron la sina- ~oga, pero, si, con la disimulacion y" la l1ipocresia. Las pasiones pululan de nuevo y ejercen sus ex.tragos en et 111undo entero, Qué haremos nosotros? Debemos oponernos, tanto, cuanto esté en uuestrQ poder, -á estos nuevos enemigos, y emplear contra ellos un nuevo vigor, y nuevos medios y nuevos esfuerzos, á :fin de mostrar que, _si la Iglesia es siempre combatida, no es jamás vencida. No quiero hacer la enumeracioo de todos los ene_migos, de todos los males y de todas las pasiones que atacan á la Jglesia: esta enumeracion os ha sido l1echa por el órgano de casi todos los obispos del mundo católico, y yo mismo he leido, en estos dias, una protest~ en f.avor de los derechos de la Iglesia, una carta pastoral muy digna de atencion, escrita ' por todos los obispos t4 IGLESIA PUNEÑA. de la Suisa, quienes es tan tambien, bajo el pe~o de la injusticia y de la tirania. Nosotros debemos secundar las instrucciones contenidas en esta carta pastoral, y hacer ver que en Italia se defienden tambien los derechos de Dios y de la Iglesia, con el espíritu, con el corazoa y con las manos ; con el espíritu, na cesando jamás de escribir y de hablar en defensa de la religion; con el corazon, llen_aodo las iglesias, no por seguir una vieja costumbre, sino pára elevar nuestras oraciones hácia Dios; con las manos ...... , ...... aqui, yo no puedo sino decir que vuestra mano a- - caba de obrar justamente, segun el impulso · de vuestro corazon; lo habeis demostrado, depositando vuestra ofrenda á los piés del Vicario de Jesucristo. Combatamos, siempre, con valor y sin niogun temor. Recordemos que los e• nemigos desaparecen, en tanto qu~ la Iglesia permaneee. El niño Jesus huyó á Egipto, para evitar el furor de Herodes; mas, una noche Jose fue advertido de que podía volver: Defuncti sunt enirn quí qu~re tan animam piteri. Oh! cuáutos enemigos de Dios y perseguidores de la Iglesia no están ya en este mundo! Cuántos de ez1tre ellos, despnes de haber saciado su rabia y pervertido un gran numero de almas fieles á Dios, han muerto, en tanto que la Iglesia ahí está! Sí, ipsi «peribunt» (Aquí la emocio1i dominó al Santo Padre; y toda esta invocacion á la Jglesia, fué pronunciada con un acento, que tenia algo de sobre-bumano.) «Pero tu, esposa querida de Jesucri sto , Iglesia •fundada p0r El, tu permaneceras siemp1·e: ipsi peribimt, tu autem perrnanebis: tu estarás jóven, fuerte, llena de constancia, en presencia de las persecuciones, que, desembarazándote de los defectos y de las manchas, te vuelven mas fuerte y hacen verdaderamente de ti la Iglesia militante, llamada así precisamente porque debe combatir, hasta la consumacion de los s iglos. !psi 71eribúnt, tu aiitem permanebis: tu permaneces, con la · enseñauza de la verdad, con la enseñanza de la moral, con la administracion de los sacramentos; tu permaneces eu mil maneras, en tau to que ellos perecen: ipsi peribu,1.it, tu, 'autem pe,rmanebis; que sea esta nuestra consolacion, nues- _tro estímulo, el objeto de nuestra fé. Estemos 13ersuadidos de que-ipsi peri"- bwnt; Ecclesia autem De1'. permanebit usque in finem saJculorum: Trabajemos con este espiritu de fé. Sostengamos con valor la causa de Jesucristo, refutemos la3 blasfemias de los impíos y emplee- ~os todos uuestros esfuerzos en impedir que las almas inocentes sean infectadas por los pérfidos consejos y las funestas ensenanzas. Ved aquí las cosi1s que tenia que deciros: lenedlas siempre grabadas en vuestra memoria, porque os la s he dicho con la mas grande cxpansiou de mi corazon. Yo os bendigo, y con vosotros bendigo a todos los Italianos, cuyo 11úmer? se eleva á muchos millones, que piensan- como vosotros. Sí, beudir,o esta Italia, qu~ vosotro<, represent;is, y que es el obJ~to de todos mis cuidados; h~y _otra Italta, qu.e es el objeto de mis suplicas, y es la Italia, que ha olvidad? ~u verda~era_ grandeza, para correr hacia las miserias y las aberraciones • de una unidad, de la cual nadie ha obtenido ningun provecho. Queridos hi_jos mios; yo os lo recomiendo toda vía una vez; actilrdaos de las palabras que acabo de pronunciar delante de vosotros. Yo levanto las maoos y os bendigo á vosotros á vuest!as fomili~s, á vuestros paise~ respectivos; ~e.od1go vuestros intereses, vuestros v1aJes, todos los objetos que os p_ertenecen y que os son queridos. Decid ª. to~os los que quieran 0iros, que el Vicario de Jesucristo repite, declara Y coofi~ma que nosotros tendremos grandes tribulaciones , pero no ::ieremus jamás vencidos; decidles que la Iglesia será siempre perseguida·, pero nunca subyugada; decidles y decidles bien alto, que esta Iglesia de JesucristO' durará y hara oír -su voz hasta el último momento, hasta las extremas convulsiooes de la naturaleza y del mundo.» «Benedictio Dei etc.» · COLABORACION. TEORIA DE LA VERDAD. § IV. Asi como la verdad trascendental se constituye por la conformidad del ente real con el entendimiento divi110, asi la verdad formal ó "de conocimiento consiste y se constituJe por la adecuacion y 'Conformidad de nuestro entendimieuto con las cosas mismas, ó naturalezas reales, hasta el punto que éstas son corno la .regla y la medida de dicha verdad: un juicio, un raciocinio no son verdaderos con verdad formal, sino en cuanto son la expresion de la realidad_. es decir, porque envuelven co'nformidad con las naturalezas reales, segun existen en •sí mismas fuera del entendimiento. He dicho con verdad formal, porque en el juicio J raciocinio, ademas de la verdad de conocimiento, hay tambien la verdad trascendental, si queremos considérarlos en cuanto son actos de !a inteligencia, y por consiguiente entes reales: p,;i _es que un juicio puede ser falso cop verdad formal ó de conocimiento, c9mo sucede cuando no es conforme eón la realidad, y verdadero al propip tiempo con xerdad trascendental. La verdad formal se llama tambien verdad lógica, y verdad subjetiva, intui~iva y deductiva, empíricas y racionales; etc. El Cardeual Cayetano condensó en pocas palabras el pe nsamiento de Santo Tomás sobre este punto. Hé aquf sus palabras: "Toda cosa se dice verdadera en cuanto tiene la forma propia de su naturaleza: luego el entendimiento como fuerza ó facultad de conocer es verdadero, segun que representa ó envuelve as imilacion con la cosa conocida; .... porque la representacion y asimilacion con la cosa conocida, es corno la propia forma del entendimiento en cuanto facultad pe conocimiento: ... luego si la verdad es la conformidad del entendimiento y de la cosa, conocer la verdad, es conocer la conformidad del entendimiento con la cosa conocida: luego ni el sentido, ni el entendimieuto que percibe simplemente algun objeto, sino el entendimiento que juzga que la cosa es . segun se percibe, conoce y enuncia propiamente lo verdadero: luego en él sofamente se encuentra lo verdadero, segun la razon propia de verdad significada por este nombre.» Aquí ·se presenta naturalmente una duda, cuya resolucion, dice el citado Gonzalez, puede contribuir á formar ideas mas completas J exactas sobre la teoría de la ve rdad, obj eto de es tas inves tigaciones . .Fúndase esta duda _sobre la compa1;acion de la verdad trascendental c0n la verdad formal, reducién• dose á saber, si la primera es mas perfecta qu e la segunda, ó si, por el cor1trario, la verdad de conocimie nto excede en perfeccion á la tra scendental. Ya se deja con0ce r, que semejante comparacion no se re~e re á la verdad en su acepcion mas genet·al, en co,anto abraza la verdad increada y la verdad en las criaturas, s iendo como es indudable, que la verdad trascendental ó formal en Dios, excede en perfeccio □ á toda verdad cre·ada. La duda pues y su resolucion se refiere únicamente a las verdades del órden finito en las criaturas. Hemos vis to antes, que el nombre de verdad, se aplicó primitivamente · para significar 1,t verdad del entendimiento, pasando d cspues á .si!!- nificar las cosas misma s ve rdaderas. Eti - lo podriu clctr ul guu fuud 11 me 11t'o pa ra creer, que la verdad. de conocimiento es m·as perfecta que la trascendental. Sin embargo, como por otra parte, la verdad trascendental es la medida y como la norma fundamental de la verdad de nuestro entendimiento, parece que debe exceder en perfeccion á la verdad de conocimiento. La verdad como objeto del entendimiento, es la misma verdad trascendental, ó si se quiere, es la misma naturaleza real, la cual en virtud de su realidad objetiva dependiente de las ideas divinas, puede servir de materia y objeto á la acciou del entendimiento,, sirviendo á la vez de medida para la verdad de los ju.icios: luego tambien bajo este concepto. la razon de verdad se encuentra en 111 trascendental con prioridad á la formal ó de conoéimiento. En vista de esto podremos deducir comó consecueneia general, que considerada la verdad segun su idea universal y propia, como incluyendo precisamente la conformidad del entendimiento y de la cosa, la verdad trascendental no puede llamarse mas perfecta que la formal\ ó viceversa; pero considerada la verdad por parte de sus determinaciones particulares y atributos relativos, puede admiti.rse, que hablando absolutamente, la trascendental ó la verdad de las cosas, es, mas perfecta que la de conocimiento; ya por las razones que se acaban de indicar. ya porque la verdad de conocimiento depende de la trascendental como de su fundamento y medida, ya en fin porque la verdad de las cosas se halla mas , inmediata á la primera verdad, fuente y orijeu de todas las demas, pudiendo decirse, que la verdad de nuestro entendimiento no comunica con la primera verdad, . sino por el intermedio de la realidad objetiva o verdad trascendental. § v. Todas las escuelas, y hasta puede de-- cirse que todos los hombres repiten á cada pa so, que la verdad es el objeto • de nnestrn entendimiento. Si por estas palab-ras se quiere dar á entender, que el fin que el entendimiento humano debe proponerse en sus investigaciones es el conocimiento y la posesion de ht verdad, que es su propia y connatural perfecciou, la afirmacion no puede ponerse en duda, ni ofrece dificultad especial bajo este concepto. Empero, si . se toma en sentido filosófico la pardbra oújelo, significando por este nombre lo que sirve de materia y termino á la accion de · nuestro entendimiento, no carece de importancia su exámen y es suceptible de , aclaraóonés. Los Escolásticos enuncfoban 0omo un exioma, que to ve1·dadero es el objeto del entendi• miento. EstaQleciendo que la verdad no puede decirse objeto del entendimiento como término imico, completo y directo de su accion, ósea como objeto formal del eutendüniento, podernos decir., sin embargo, que la verdad es un modo de ser á coadicion concomitante necesaria del objeto formal del ente udimi e nto 11umaao; en otros términos: la razon de ente es el objeto formal del entendimiento, la razon · de lo verdadero es una condiciou de este objeto formal. El ente es el objeto formal, porque es la cosa conocida¡ In verdad es condicion de este objeto, porque · este uo se denomina tal, sino en cuanto perfecciona obj e tivamente al entendimiento, cuya verdad de conoci .. miento regula. Pregunta Santo Tomás si lo verdadern y el ente se convierten, para lo cual se propone este argumento : Las cosas que se comparan sew ndúm JJrius et 7Josteriiis, parece que no se convierten ruútuamente: es asi que lo verdadero parece que es primer o que el ente, toda vez que el ente no . es cnuocldo por nuestro entendimiento sino bajo la razon de verdadero; luego es tas dos cosas no se convierten; resp oudc cuu las sigui e utes p<1lalm1s: '«Cuan-
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