lejos de recibir la veneracion de los que las presencian , solo consiguen e~ infaihe epiteto de <<fanatismo y superstiéion:» todo lo que no sea vicio y prostitucion, la mas completa licencia, divinizará la razon admitiendo como infalibles sus resoluciones, q.egradar y envilecer la naturaleza humana, no viendo mas alJá del sepúlcro sino soledad, silencio, muerte, desquiciar los fundamentos de la autoridad para desl1'on~r1a, admitir, en 'j:i.n, como axiomas :filosóficos los principios mas repug-1 n_antes; todo lo que no sea esto, decimos, es «fanatismo,supersticio:I!l .» Ya se vé. La filosofía moderna ha enarbolado su estandarte de rebelion, en su infancia aun ha querido emanciparse, y no es estraño que en su ignorancia y debilidad, propias de su edad, proclame principios como los enunciados: entremos en .materia. § I. Conviene, ante todo, aclarar las ideas. Comenzaremos por defiriir lo que es supersticion y lo que es fanatismo. · Definiremos pues la supersLicion. Algunos filósofos la han definido: «Es la turbacion del alma « producida por el excesivo temor << de la divinidad.>) Es cierto, no lo neguemos, que el temor puede turbar el espíritu y hacerlo dejenerar .en ~upersticioso; pero este mismo fenómeno, puede ser orijinado por una pasion· cualesquiera. Definiremos pues la supersticion, diciendo: {<que es cuJ.to tributado á Dios de un modo indigno á su naturaleza -- y en oposicion con su sabiduría)) · ó tambien con el Diccionario de 'la Academia: «Culto que se da á quien « no se debe, o que se da de un (< modo indebido.>) Ahora bien: pre- ~untamo_s á los enemigos de la Iglesia Catohca: ¿encoiitrais en el seno de esta divina institucion, una s~la ?eremonia que se oponga á la d~~1;11dad del ,ser supremo á quien se dm3e, o creis acaso (y entónces blasfemareis) que Dios no es digno de nuestros cultos tal cual lo ensena la depositaria ele su divina palabra, la Iglesia Gatólica? ...Pues, lejos de esto, comP,rendan que la supersticion, vicio degradante que manchó á casi toda la humanidad, _fue combaLida y ~estruida por la misma Iglesia a qmen condenan. La razon y la historia así nos lo confirma. Dios, al criar al hombre y dotarlo de las facultades que lo adornan, le enseñó tambien el modo como gustaba ser ador.ado. El primer peca- . do y los demas que. se sucedieron hizo olvidar á la especie human; esta divina enseñanza y hubo una época en que, no pudiendo el hombre dejar de tributar sus ado1'aciones á un ser Supremo, (pues la inclinacion religiosa grabada en nuestra naturaleza nos obliga á esto) y habiendo olvidado, pues, por completo esas súbias ense:fianzas, co - m.enzo _á rendir sus cultos á obj etos mezqumos, indignos del vasallaje de un ser racional y libre, comenzo pues entonces á ser supersticioso; todo era Dios) meuos el Dios mismo ' LA· IGLESIA PUNEÑA. y recordamos ahora las palabras de1 gran orador, del inmortal Bossuet: <<Todo era Dios, menos el Dios mi.s- _<<lllO, y el mundo que Dios habia «criado para manifestar su poder, «pareció convertirse en un templo «de 1d9los.)) La supersticion, pues, nacio con la d~gradacion de la es- . pecie humana, y no podía ser de o- · tro modo. El hombre en su primitivo estado de pureza y santidad, recien salido de las manos de Dios; recibió un precepto de Él, que era precisamente la señal mas terminante de su vasallaje, el reconocimiento de su inferioridad y la manifestacion del respeto y veneracion que debía tributar al ser que lo , habia criado: viola el hombre este primer precepto, esta primera señs3l de su culto y entonces, como era muy natural, su descendencia contaminada por toda clase de vicios, forja Dioses á su antojo, comienza la su persticion y sigue su inmediata consecuencia, la idolatría. ¿Que nos dice la historia, ese gran libro de la humanidad, cuyas paginas se ofrecen al que quiera leerlas? ....Salpicada se halla de este abominable vicio. Los resplandores de la civilizacion no libraron á, Roma y Grecia del fanatismo y la supersticion. El Paganismo tenia sus oráculos á los que se consultaba para conocer lo venidero: alh tenemos-la Nigromancia, la Astrolójia judiciaria y la Majia, tristes recuerdos del verdadero embrutecimiento y de la verdadera corrupcion de la~ Naciones, que olvidando á Dios, desprecian su Rel~gion; estos s1stemas son condenados como opuestos á la razon y al buen sentido. El crist_ianismo aparece en medio de este cáos y entonces los oráculos del paganismo se reducen al silencio, lo que hizo expresarse á Juvenal de este modo: <(deploro «el silenci~ del orá:culo de Delfos y «parece que el jénero humano está «condeoado á vivir en la ahomina- «cion del silencio sin conocer el <<porvenir:)) y Slrabon en su geografia atestigua lo mismo del oraculo de Dodona. ¡Qué confesion tan gloriosa la que hacen los mismos paganos respecto al cristianismo! .· Dos causas reconocía la supersticion: los errores respecto á la Divinidad y los yicios; la primera desapareció de_sde qu~ el cristianismo ( 6 seala Iglesia Ca lóhca)enseñó sus dogmas tan sublimes, su filosofia tao ele~ada á la par q' t.au sencilla y acceqmble para todas las inlehjencias. El córazon foé c_ompletamen Le depurado con su moral tan sana como aúsLe....: ra, y con una especialidad, q' antes de predicar -su doctrina el divino Salvadqr, quiso él mismo con su ejemplo, ensenarnos laque debíamos practicar. ¡Oh, que enseñanzas tan $uhlimes las de nuestra divina religion ! ¡ Qué filosofia tan grande, y sin embargo, ]a impiedad pretende atacar1a, y no teniendo ninguna arll).a'poderosa, sol'o apela á la calumnia, instrumento mezquino de almas menguadas; mas, á despecho <le lu impiedad, la Iglesia Católica tiene siempte que presentarse como Redentora de la humanidad, como su primera mae~tra, como. su unica Salvadora. Por ahora se está cumpliendo la profecia. del apóstol que .de0ia escribiendo á su discípulo Timo leo: «Tiempo vendrá en que los «hol;Ilbres no podrán sufrir la doce, trina sana, y que por un prurito (<grande de oir lo que lisonjea su «gusto recurriran á una multitud (<de doctóres propios para satisfacer «sus deseos; y cerrando sus oídos á «la v~rdad, los abrirán á los cuen- «tos y á las fábulas.>) ¡Filósofos ingratos, preciso es que sepais de una vez que levantando vuestra voz contra la Religion por engrandecer vuestro nombre, perseguis á vuestra bienhechora~porque en efecto, ¿que seria vuestra filosofia sino un cáos de errores y de ilusiones, como lo era antes, sino fuera por la claridad qu~ difunde sobre ella, la luz de esta divina antorcha? ¡Oh' que cierta es la sentencia de un San to Padre (1) que decía: <<que los filo- «sofos no son mas que unos niños, «si Jesu-Cristo no los hace hom- «bres, alumbrando las tinieblas de <<su entendimiento.>> Para concluir por lo que respecta á la supersticion, ·que ni existe en la Iglesia Católica, sino que, ant~s ha sido combatida por ella, habiendo conseguido un triun- . fo esplendido, cuyos laureles jamás podrán marchitarlos, debemos daros el consejo salido de la pluma d13 un hombre cuyo teslimonio no dabe ser sospechoso para vosotros , nos referimos á Juan Santiago Rousseau. (2) <<Huid, dice est~, de aquellos q' <(Con e-1 preteslo de esplicar l~ natu- «raleza, siembran en el corazon del <<hombre unas doctrinas que todo «lo asolan y que con un escepticis- <<mo apc1rente afirman y dogmati- ' c,zan cien veces mas que los con- «trarios con un tono decisivo. Es- «los hombres, con el pretesto só- «berbio de que ellos solos son ilus- «trados, verídicos y de buena fé, «nos obligan con imperio á some- «ternos á sus decisiones magistra- «l es, y pretenden vendernos por «principios verdaderos de la:s cosas cdos sistemas ininteligibles' que e- <<llos han fabricado en su imajina- «cion. Por lo demas, trastornando, <<destruyendo y atropellando todo «lo que los hombres respetan, pri- <1van á los a:flijidos del último con- «suelo que pueden tener en su·s mi- «serias; y quitan á los rfoos y po- «derosos el único freno de sus paúsiones,· arrancando de sus corazo- <<n.es los remordimientos que trae el «pecado consigo y la esperanza de «la virtud; y se alaban con todo eso «de ser los bienhechores del géne- «ro humano.'. La verdad nunca, es <<dañosa á los hombres, dicen esto.s, <<y yo lo creo ta.r.pbien con ellos:· «pero esta es, a mi parecer,la pr-µe. <<ba de que no es verdad lo que ellos <<enseñan.>) (Continuará .) . (1)-S4n Clemente Alejandrino. (2)-Emil. Torn. lll pag. HJ7. A. los disc~rsos que _d~rijieron á Su Santidad el d1a 30 de D1membre último el Cardenal Sacconi y el Cardenal l\lertel, contestó Pio IX del modo siguiente: «La pintura qoe acaba de hacer el señor Cardenal es un cuadro muy fiel y muy -verdadero, que representa bien el estado actual de cosas. Tambien,, pod_emos decir, por todo esto, lo que dec1a otro pueblo hace tantos siglos: Super ffomina Babyl?nis redimus flentes, durn recordaremur tui Sion. Si, sobre los bordes del T.iber estamos sentados, y lloramos cuando nos acordamos de los pasados tiempos, y sobre todo cuando recordamos, en presencia de los males actuales, los bienes qoe han desaparecido. · «Sí, aquel pueblo estaba en el destierro y en medio de las tribulaciones pero al mismo ~iempo babia allí un To: bías que iba a consolar y á socorrer á todos los desgraciados. Y hoy, pues, que babeis dic•ho que el Papa hace lo posible por dar ayuda al que está en necesidad y que lo socorre, permitidme compararme á un Tobías que va tle casa en casa buscando menesterosos para socorrer sus necesidades. "Puede ser que huya quienes se lamentaran de ello, diciendo que este socorro es poca cosa; puede ser tambien que algunos digam nuestras necesidades son muy grandes y superiores á vuestros auxilios. · «Pero es preciso considerar la estrec~e_z en que est~mo~; recorde11:10s que v~v1mos eu la m1ser1a y en el destierro~ pre~iso es armarse de paciencia y resignacion é imitar á Job, el pobre paciente de Ur, quien se encontraba en grandes tribulaciones por ser objeto de )as vengauzas del -diablo, deseoso ele hacer mayor mal iÍ aquel pobre desg~aciado; pero, como s~neis, la paciencia de Job fué premiada; del mismo modo, pues, que el auciano de Ur, habiendo perdido sus riquezas se le dierou mayores; habiendo perdido sus hijos los tuvo ~n m~yor número; tanto, que pudo decir: Sicitt novetlae ol.ivaruni in circuítu men~ae. Del mismo modo esperamos para nosotros que tras la borrasca veudrá la calma, y despues de los dolores uuevos consuelos. El mismo Tohias, despues de tanto sofrir con paciencia tanta, y de cumplir siempre la voluntad de Dios, Tobías tuvo el consuelo de encontrar un amigo que le ool- 1 mó d·e los mayores beneficios v que le ayudó hasta rescatar los caudales de Gabe)us~ «Aho-ra bien, ¿quién sabe si no es es- ~e mism? celestial auxiliador el que ha rnterced1do cerca de Dios y me ha enviado en estos dias mas dinern que de costumbre? Demos gracias, pues, al buen_ Dios .Y roguemos á Sau Rafael (él ha sido el rntercesor, despues de 1Uaría, que es siempre uuestra principal abogada), roguémosle nos dé aquella virtud que poseia para que nosotros tambien podamo.s iluminar. á los ciegos. El tenia un excelente remedí para abrir los ojos á los ciegos y nosotros quisiéramos tenerlo para iluminar los que lo son de espiritu. Pero 110 tenemos la hiel del pescado. Hagamos, pues, cuanto está en nuestra mano; y ya por medio del ejemplo, ya por nuestras palabras, !ª. P.ºr n~estra p1·e~icacion, sepamos 1lumrnar a los que gimen en las tinieblas del error. · «En verdad no es - posible esparcir mas falsedades que se esparcen hoy, y son falsedades desenfrenadas é indignas. Que el Papa se calia¡ que el Papa habla; se procura dar al viento falsas noticias en todas las ocasiones para sostener la causa del demonio, que encuentra eu altos lugares mucho apoyo, lo que es el mnyor mal de. nuestro tiempo. «Os doy gracias por los buenos sentimientos que me habeis ~anifestado. Cooservadlos y aunientadlos todo lo posible en --vosotros mismos, é inspiradlos
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