ca de alguna co8a no se forma segun aquello que le conviene por su naturaleza propia. De donde se infiere, que cualquiera cosa se dira verdadera absolutamente por parte del órden ó reJacion que tenga al entendimiento del cual depende; y de aqui ~s. que las cosas artificiales se dicen verdaderas, segun su órden á nuestro entendimiento; pues se dice casa verdadera, la que es conforme á la forma ideal que existe en el entendimiento del arquitecto, y se dice una oracioa verdadera, en cuanto es 5igno del entendimiento ó concepto verdadero. Del mismo modo pues, las cosas naturales se dicen verdaderas, segun que contienen la semejauza de las ideas que preexisten en Ja inteligencia di vi na; pues se dice piedra verdadera, porque contiene la naturaleza propia de la piedra, segun la prévia concepcion del entendimiento divino. Es evidente por lo tanto, que la verdad se halla principalmente en el entendimiento, y secuudariamente en )as cosas, segun que se comparan al entendimiento como á Sll principio.• De aquí se in6.ere,que la verdad trascendental de las esencias reales, si bÍ'eo es prim.ero que la verdad formal lógica de nuestr_c, enten~imieoto, es sin embargo posterior, relativamente al entendimiento divino, que Je sirve de principio y como de razon á priori, mediante las ideas con las cuales se hallan -en relacion las esencias de ·las cosas. .Esta observacion se halla en consonancia con la doctrina que el mismo espoee en otra parte, completando su teoría sobre la verdad. ccEn aquellas cosas, dice, que se dicen ó enuncian de muchas esencias per_ ¡Yrius ·et postériús, no siempre es necesario, que lo que primero recibe la predieacion de fa idea ó esencia que se atribuye á meckos, se'a ·como causa de Jas_demas! sino •a-ntes biee, aquello en qmen pnmero se encuent:ra la razon completa de esa ¡idea ó ·esencia co- 'D!un: así, por ejemplo; la denominac100 de sano, se dice per pnú:s d·el -animal, al cual primeramente conv<iene la razo~ .de san_idad, no obstante qae la med1c10a se dice tambien sana, enrcuant? es causa de la sa~idad. Siendo pues c1erto que la palabra verdadero se dice de v~ri~s cosas per prius · et post~riüs, es consigmente que este nombre conveog& pR-r príus á aquella cosa en la cual se enCii}en.tr.a Ja razon perfecta y la · naturaleza completa de la verdad .•••.• El mo1 -vimiento de .la actbridad in.telectual tiene s.u tércni1;10 incnedia1to dentro del al- ~a, pu.est~ que e~ necesario qu.e el ohJeto ,co,guc~do exista dentro de{ sujeto q?.e ,eor;io.~e, segun el modo que convieµe j su naturaleia; mas el movimiento d~ J~ füer~a ó facultad apetetiva se termrna ñ las cosas mismas apetecidas. Por_ esto, el filósofo pone como una especie de círculo en las acciones del alma, en cuanto .el objeto real que · está fuera del alma mueve al entendimiento, la cosa conocida mueve á su vez al apetito, y éste conduce por último al operante á la posesion de l'a cosa, e~ !a cual y por la cual comenzó el mo- 'V~m•e~to! Y CQmo quiera que el bien d1ce o~cle_n al apetito, y la verdad al en~en,dimiento, por eso dice con razon Aristoteles, que el bien y el mal están en las cosas, al paso que la verdad Y la. fa!sedad se encuentran en el entend1m1ento. Empero, una cosa 110 se dioe verdadera, sino en cuanto es adecuada ó conf?rme al entendimiento; de lo cual se sigue, que la razoo de la verdad se encuen_~ra per. poster,iús en las cosas, y per p-nus en el entendimiento , Sin embargo, se debe tener pre~ente. que las cosas no se comparan del mismo modo . al ~ntendimiento p,racticu y al es, pe~ul?tivo; porque el entendimiento practico cau~a ó produce las cosas, por cuya razon ei como la no1·ma y medida de las ~a~uralezas que produce; mas el eutend1m1ento especulativo, que reLA IGLESIA PUNEÑA. cibe sus ideas de las cosas mismas, es movido en cierta manera por ellas, y así estas cosas conocidas por él, son como su norma y medida; de donde se infiere, que las cosas naturales de las cuales nuestro entendimiento recibe la ciencia, son la medida de nuestro entendimiento, como facultad que conoce actualmente, segun que percibe la verdad de ellas; pero son medidas a su vez por el entendimiento divino en donde se hallan todas las cosas criadas, á la manera que las cosas artificiales se hallan en el entendimiento del artífice. Así pues, al entendimiento divino le conviene servir de medida, causa y norma de las cosas reales, pero el no es medido por nadie; la esencia real mide y es medida; pero nuestro entendimiento es medido por las naturalezas reales, y es medida y regla de las cosas artificiales. Luego la esencia ó naturaleza real colocada entre dos entendimientos, se dice verdadera en razon á la educacion o confórmidad que tiene con cada uno de los do&: segun la adecuacion al entendimiento divino, se llama verdadera., en cuanto es conforme á su idea preexistente en el entendimiento divino •. .. Segun la adecucion al entendimieoto humano, se dice verdadera, en cuanto tiene capacidad y aptitud para producír en nuestro entendimiento juicios verdaderos relativamente á ella.; asi como, al contrario, llamamos cosas falsas, las que pueden dar ocasi:on á juicios falsos, y aparecen -cuales no son en sí mismas realmente. La primera razon de la verdad conviene mas própiamente á la cosa que la segunda.; porque, pr-imero es la comparacion al entendimiento divino que al ltumano.; por lo cual, aun cuand6 no , existiera el entendimiento huma-o-e, 1-as cosas r~ales se diriao sin embargo verdaderas, etJ óird-en -nl entendimieut:o di- .vino. Em'J)eTo, si eoncibiiésemos que n-o existe 'tampoco el entend'imiooto divino, lo cual es imposible, ,110 • permanecería ya la razon y esencia propia de - la verdad.» Si com.pa·ramos las esencias criadas C(')B el •e.J11teodimiento divino, s,a v-eirdad es posterior á la d.e 1 és'te:; pues si Tecfüen la -deoominacion de verdadeTas, es por razoo de la iotet'igencia div.ina, es decir, por su cooformida:d-oon fas ideas di,inas, queson sus tipos ie¡je-mplares y cerno la razon suficiente 'f)Timitiva dé su naturateza pi110-p,i•a.. Las cosas artificial·es .que dep-en<le:n en su produccion de nuestro entendimiento, reciben tambien la denominacion de verda<;leras segun su conformidad con este enten(hm_iento por medio de la imitacioo de la idea ejemplar, que preexistiendo en nuestra mente, regula su realizacion. Si bien se reflexiona, la esencia de la verdad recib~ su perfeccion y comple!Dento en nuestro entendimiento; porque la e.iucacion del entenrlimiento con la cosa conocida, que constitu~ ye la razon propia y específica de la verdad criada segun1 existe en nosotros, y se realiza completamente y se con~uma en nuestros juicios, segun que estos son ó no conformE:s con los objetos reales j que se refieren. En un juicio cualesquiera, formado por nuestro entendimiento, puede decirse que se hallan dos verdades: la verdad trascendental, que le conviene en cuanto es un acto y un ente real, y la verdad formal, lógica ó de conocimiento, que le conviene en cuanto enunciadguna cosa segun existe en la realidad. Es indudable que estas palabras verdad y verdadero, se inventaron primitavamente para significar esta segunda verdad especial y propia del juicio, llamada verdad de conocimiento· de don- ~e se traslado despues por'annlogia a tod~s las demas especies de verdades, lo mismo que á las cosas á las cuales concedemos la denominación de verdaderas; á la manera que la palabra sano se inventó principalmente para significar la salud en el hombre y en el ani- ~al, pasando despues á denominar sanos los medic,ameutoi, el pulso, la comida, coa otras muchas cosas por la re• lacion mas ó menos inmediata que tienen con la sanidad del hombre. El Padre Gonzalez, que nos ha proporcionado en su mayor ~arte la materia científica para la redac'&ion de esta teoría, dice entre otras cosas: Dividiendo la verdad por parte de su relacion necesaria al entendimiento, en verdad intel~ctual humana y verdad intelectual divina, no habra inconveniente en decir en s1=mtido absoluto y universal, que la verdad se halla per priús en el entendimiento, segun estos dos órdenes de verdad; por, parte del primer órden, con propiedad de significacion, de denominacion y al mismo tiempo de ser y de casualidad. Y para corroborar mas esta doctrina, el citado Gonzalez trae el siguiente pasaje del Dr. Angélico. «Las naturalezas se comparan de diferente modo al entendimiento practico que al especulativo; porque el entendimiento práctico se compara á las cosas como causa producente de las mismas, por lo cual es su medida y como la norma de su ser; pero el entendimiento especultativo que recibe la ciencia de las cosas mismas, es movido en cierta manera por ellas; de suerte que las cosas conocidas son la medida ,,de este entendimiento. De donde se infiere, que los entes naturales, de los cuales nuestro entendimiento recibe la ciencia, son so medida y la regla d·e sus juieios: pero son medidos ó regulados. por el entendimiento di vino, en el eual se hallan todas las cosas criadas.• La magnífica_y filosófica teoria sobre la verdad que se acaba de bosquejar eon las palabras mismas de Santo To- •más, nos dá á conocer la idea y natu·rafo.za propia, tanto de la verdad traseendental, como de la 'verdad formal á de -conocimiento, asi como tambien 4-e sus diferencias y relaciones, En efecto: no siendo otra cosa la verdad que la adecuacion del entendimiento y de la cosa, la verdad trascendental de los seres reales será su conformidad con el entendimiento: luego la verdad ·trascental en las cosas naturales, es su misma entidad ó esencia, en cuanto que ésta no es otra cosa mas que una semejanza participada de las ideas divinas preexistentes en ºel entendimiento de Dios, ideas en las que se hallan representadas actual- , mente todas las criaturas, tanto existentes en el tiempo, como puramente posibles. Esta verdad trascendental se llama tambien verdad metafísica, verdad objetiva, verdad de la cosa y-verdad fundamental. Y es que el ente real no solo envuelve conformidad con el entendimiento divino, sino tambiea con el entendimiento humano, en cuanto sirve de base y fundamento ·á la ver: dad de los juicios que sobre él formamos; y de aquí las denominaciones de verdad objetiva, y de verdad fundamental, que se dan á la verdad de la cosa, en razon de que éita puede servir de objeto á nuestro entendimiento, y es al propio tiempo como el fundamento y la regla de .la verdad de nuestro conocimiento: Lnego el ente real pue~e decirse verdadero ~on verdad tráscendental en dos sentidos, segun la _doble relacion de conformidad que envuelve: Luego la verdad trascendental, tomada realmente y por parte de su fundamento, es algo real, porque es la esencia misma de las cosas criadas: Luego aunque el eute real ~e llama tarnbien verdadero trascendentalmente con relacion al entendimiento humano, esta verdad trascendental será secundaria é imprópia respecto de la primera, puesto que se funda sobre la capacidad de mover objetinmente nuestro entendimiento, produciendo en cierto modo y siendo medida de la verdad de sus operaciones: Luego no siendo otra cosa la verdad trascendental en las criaturas que su misma esencia real, dependiente y adecuada á la inteligencia divina, la verdad trascendental deberá atribuirse á las cosas de un modo análogo y correspondiente á su modo de ser: Luego asi como las cosas posi7 bles, en cuanto tales, no son esencias , reales en si mismas, y sí únicamente en Dios, asi tampoco les conviene en rigor la verdad trascendental actual, y sí irnicamente la verdad trascendental posible en cuanto pueden ser realizadas, (Continuará.) INSE·RC!ONES, l.08 LIBERA.LES SIN HA.SCABA.. PoR D. V ALENTIN Gomz. CONCLUSION. § IV. Hé aquí, pues, sencillamente esplicado el fenómeno de qu~ la ciudad sea el albergue de los revolucionarios, como los agnjeros de los viejos paredones son el albergue de las culebras, y el campo sea, por el contrario, la natural morada de los hombres relÍgiosos. ¿Qué veis en la ciu~ad de hoy síoo el 9aganismo triunfante? Visitad los jardines públicos, ornados de estátuas, eo las principales ciudades de En ropa. Entre el ramaje de los bosquecillos tirados á cordel y cortados con tijera, ¡horrible profanacion de la naturaleza! vereis asomar las formas desnudas de una diosa mitológica • Recorred los espectáculos, y en medio del oro y la seda de que podeis disfrutar por ua precio no exhorbitaute, contemplareis tambien el desnudo al natural, la obscenidad e~v1;1elta eo gasas y per• fumes que embriagan, el placer convertido en soberano de\ mu~do, pero c;oberano con el cual comercian esos infames especuladores de la corrupcion humana. ¡Ob! Cuando veo uno de esos espectáculos hediondos en que se ostiga la sensualidad del público, pisoteando el pudor, fástima me causa el público; pero recuerdo que en aquel mismo instante un hombre cuenta con afanosa mano las monedas que han dejado caer en el ca- ~on _los c?ncurrentes al espectáculo, y la 10dignac10n me hace esclamar: •¡Bestia humana!-Hasta el alma es en tus manos una vil mercancía!•► Se habla de que el populacbó va adquiriendo hábitos de lujo y molicie, y al mismo tiempo alimentaudo ' insensatos deseos de llegar á la riqueza sin reparar en medios de ninguu linaje. ¿Pues que ha de suceder? ¿No advertís que á donde quiera que vaya á distraerse, al -café, al teatro, á los salones públicos, cuyo disfrute se ha puesto ya al alcance de todas las fort.un~s, encuentra terciopelos, muelles, espeJos y molduras de oro, cómodas alfombras, mesas de mármol, suntuosas vajillas, criados elegantes que le sirven·con esquisito esmero, y todo cuanto pue~e apetecer la mas refinada sensualidad? ¿A dónde va el infeliz obrero que acaba de ga~tarse una peseta en tQ• dos estos goces, cuya tentacion no ha sido poderoso á resistir, porque á cada paso le salen al encuentro para seducirle con nuevos atractivos? Va a una oscura bohardilla, sucia, desmantelada, horrible. Va á arrojarse sobre una durísima cama, el que ha· ocupado tal vez durante dos horas un cómodo sillon! ,Desde el brillo deslumb.rador que derr.ama el lujo de los espectáculos, pasa á la es• pantosa oscuridad de la miseria! Y el obrero empieza á comparar, y despues de comparar se irrita y se averguenza
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx