La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

A~O VII. LA ÍGLESIA PUNEÑA. La edacaC"ton ~rl11&1 na de la Juwen&ad. II. La juventud, aquella porcion escogida que mas tarde debe hacer la felicidad de la .sociedad, es precisamente la que carece de mas instruccion religiosa, y es por esto que, en su demasiada ignorancia, cree encontrar siempre el •fanatismo• y la •supersticion• donde existe lo mas santo y augusto de nuestra diviua religion; desde ahora comtenza á sacudir el suave yuyo de la Religion y en consecuencia el yugo de los deberes. El célebre 1'1asillou nos httce observar: •que las pasiones, son • la cuna de la incredulidad: que no • se sacude el yugo de la fé, sino para • sacudir el yugo de los deberes, J que • si la Religioo no hubiera sido eoemi- • ga del desarreglo y del vicio, jamás • bü:biese \enido enemigos.• El célebre Geómetra y escritor francés, el inmortal Pascal b1.t dicho: •siempre he • creido que el ataque á los dogmas, •• no es sino, ◄ a simulacioo de la cru- • da guerra que 1e declara á la moral; • si nuestras pasiones se iuteresnrln • en negar que los ángulos rectos son • igu11les, de seguro, mas de uno -Yez • so hubit:ran encontrado Filósofos • que combatieran este principio de ri• • gurosa evidencia Alatemática.• Ahora bien: ¿qué esperanza pues podemos nbrigor pina nue~tro porvenir, cuando la generacioo naciente no nos trae sino síntomas de muerte? ¿Puede nuestra sociedad adelantar y progresar, cuando sus futuros briembros, E.olo le traen á su seno, ideas verdaderamente retrógradas, y máximas que solo pudieron existir allá en los tiempos del Paganismo?............•.•. ~ •.• . El cristianismo y la moral no pued·co divorciarse: si el primero falta, la segunda no puede existir. La impiedad c~n~uce á la prostitucion; por el Cristlauasmo nos elevamos sobre la materia; ai él nos falta, descendemos al lodo· por el Cristianismo, nos engrandec/ mos, sin él nos degradamos. La ~irtud, que siempre nos merece respeto Y que es el bien mas estimable que pod1tmos poseer, uo p~de reinar síuo solo en el verdadero Catolicismo nllí en esa Religion_ Divina que sol~ res.pira pureza y santidad. El mismo J. S. Rous~ea~ ha dicho, ilustrado por la exre• rieoc1a y curado, á ¡0 menos en plrt"te -de sus pn_r~dojas: . •Babia creid') qu~ • er11 posible ser virtuoso sin Religion, " pero estoy bien desengafiado de este " e_rr~r.» El famoso Bayle ha dicho: • Casi todos los hombres que viven en ,..«la irreligi.oD, Do hacen ma1;1 que duPUNO MAB ~A DE 1875. ♦ 5l u PER 0D CO SEMANAL. ORGAN OFICIAL DEL GOBI RNO ECLESIASTICO. O.E. tA ·QtOCE'SIS, • dar, y nunca llegan á la certidum- " brc. Viéndose pues enfermos en una • . cat11ct, > conociendo que la irreligion ,. no !(,-.¡ strve para co a alguna, abra- • zau el partido mas seguro, esto es, el que promete una eterna felicidad, ,. si e::i verdadero; J el que no corre el • hombr.c riesgo , alguup, en caso que ,. sea falt,o.• m. A parte de estas consideraciones generales, preciso es fijarnos en otras que deben, llamar sériamente nuestra aten• cíon. La educacioo cristiana de nuestra juventud, es la imica que puede labrar la felicidad de nuestra pobre Pátria. No hay un solo peruano que no desee con ardor la felicidad de su país, que no esté dispuesto á regocijarse en ella,, .como tambieo á llorar en sus des• gracias; auo uquellos falsos Apóstoles al enseñar sus destructoras doctrinas, procuran ~iempre cubrirlas con cierto l'opaje con que se alucinan á sl mism!)s y á los demas. Pero; ¿en dónde esta la verdadera fuente de la felicidad publica? ¿Acaso en una abundante agricultura que uos ofrezca por cou11iguiente, nriedad de frutos, y libre á los pueblos de los estragos del bimbre? ¿Acaso en un comercio floreciente que multiplique las riquezas? ¿Acaso en el brillo de las ciencias y las letras? ¿Acaso, en fin, eu aquellas iujeniosas coml,iuaci0nes de política que tienen á los pueblos so~tenidos entre la licencia y la tiranía? No: todas estas cosas son realmente apreciables y dignas de llamar la atencion de los gobiernos, pero nunca pueden constituir el principio de la verdadera felicidad pública. Recordamos ahora lo que ea otro tiempo decía el Profeta Rey hablando de los Fili!!léos: •Sus hijos son como nuevos • plaulíos en la flor de su edad; sus hi- ., jas compuestas y engalanadas por to- • dos lados como ídolos de un templo; • atestadas están sus despensas y re- " bozando de toda suerte de frutos; • fecunda11 sus ovejas salen á pacer en ,. numerosos re.baños; tienen gordas y • loza1.1as sus bacas; no se ven portillos " ui ruinas en sus muros: feliz llamaron al pueblo· que goza' de estas co- ,. sus. Beatum dixerunt populum cui hrec sunt. » Este era el lenguaje que usaba el muudo ahora tres mil años, pero por ahora procedamos con alguna reilexion. Lo que a~egura en las familias la au~oritL1d paterual, la piedad filial, la umon de !os esposos, la obedienciu de los doméi:.ticos; lo que hace estables las instituciones en la sociedad, coutribu- )'eodo eficazmente á mantener las oblig«cioues r:ecíprocas entre sus miembros, enseñando el amor al trabajo y la buena fé en los contratos; lo que dá pnz á los pueblos, enseñando a los subditos á obedecer y á los superiores á mandar; lo que condena el despotismo y la tiranía en la autoridad, esto es en nna palabra lo que constituye el priucipio de la verdadera felicidad publica y lo que da la prosperidad á los pueblos; mas este principio creador del órden y de la justicia, no cabe duda que existe en la educacion cristiana de los niños. Donde el Cristianismo reina, donde sus preceptos son mirados con respeto y sus dogmas con veneracion, es precisam~nte donde solo puede existir la verdadera felicidad. El hogar doméstico es la primera escuela que tiene el niOo, las impresiones que allí reéibe son lns que mas se graban en su oorazÓ.o; cuando eu ese santuario sus sacerdote& cumplen con su augulilo ministerio, la paz y la verdadera tranquilidad tienen allí su morada. El nitío que 1,11ravieza los años de su infancia en medio de este Par~iso, que observa el grao respe• to que allí se tiene a la moral, y en consecuencia á la Religiou; que escucha de los lábios de sus padres, máximas mo• rales y cristianas; que ve convertida su casa en · un templo de Nuestro Divioo Salvador, donde los autores de su existencia son los primeros eo tributarle culto, tien'e precisamente que cooser:. var siempre esos dulces recuerdos; y cuando por su desgracia llegasen alguo dia á reinar las pasiones en su corazoo, de lo íntimo de él se levantua uua voz que tendrá que poner en fuga vergonzosa á esos tiranos del espíritu; las lecciones recibidas eu su infancia, que aun se conservan, le barlln volver a sus primeros pasos; y aun en sus repetidas caidas siempre tendra un fuerte apoyo para levantarse de nuevo. ¡Qué cuadro tao consolador no ofrece pues el hogar de uua familia cristiana! La sociedad no puede menos que complacerse al fijarse en él. Encuentra en esa bellísima mansiou a sus futuros miembros, ricos en virtud, imbuidos eo principios sanos, y eutooces abriga la esperunza de ser feliz. La honradez, el amor al trabajo, el respet~ á la moral, la obediencia á la auloridaq, la veneracioo en fiu á las máximas cristianos; estos son él contiujeote que allí eacueutra y que mas tarde le darán lu vida. (Continuara.) GOLABORACION. TEORIA DE LA VERDAD. (Cont-inuacion.) § u. Jn<;istiendo nuevamente en la 11nterior ei,posicion sobre In le¡?itlmidud de la defi.niaon dada por Santo Tomás !icerN. e 1~1. ~ , JI "•· ca de la verdad, resulta que la verdad importa, segun su propia naturaleza, comparacion de alguua cosa con el entendimiento, y que su idea completa, env'11' lve necesariamente, una relacion de conformidad y como cierta ecuaciqu entre el ente y el entendimiento. Porque, si bien se observa. todas las cosa~ , á quienes damos la deuominaciQn de l'erdaderas, se refieren , mediata. ó inmediatamente al eutendimiento. y sin esta coodicioo nada se denomina con propiedad verdadero . Decimos que tales ideas, conceptos y nociones son verdaderas, ó bien porque, por medio ~e ellas el entendimiento se conforma con el objeto realmente, ó bien porque Ja naturaleza real por ellos representada tiene actitud y capacidad para formar• se con nuestro entendimiento cuando este las percibe, ó bien, y especialmen• te, porque representan alguoa cosa tal cual es en sf misma, es decir, segun .la esencia que le corresponde en razo Q i su couformidac! coQ la inteligencia, de Dios, siendo una seme1ai1za. participada de las ideas dil'inas. Hé quí tamlii~u otra: · prueba mas en pro de la defioicion de Santo Tomás. •Verdad es )a etaae·:». entre e! entendimiento y . la cos~.• Aunque nos digan plagiarios. pond1'emos aqui los principales trozos que el Angélico Doctor e!Jcribió sobre la presente materia: · •As_i como este nombre bueno, significa aquello á lo cual tiende el apetito, a~i la palabra verdadero, importa y sigotfica aquello á lo cual tiende el entendimiento entre el apetito y el entendimiento ó cualquier especie de facultad de conocer, existe esta diferencia, que el conocimieoto se verifica, en cuauto el objeto conocido existe dentro del que conoce; mas por el contrario, el tte to de u petecer se verifica, segun qoe el apeteute se inclina y tiende ll la cosa apetecida; y de esta manera el término del apetito, que es el bien, se halla en la cosa apetecible; mas el término del conocimiento, que es lo verdadero, se halla en el mismo entendimiento. Asi pues.como el bien exis• te ea la cosa en cuanto incluye órden al apetito, por cuya causa la razon de bondad se deriva v comunica de la cosa apetecible al apetito, supuesto que éste se dice bueno en cuanto es apetito de alguu bien; asi tambieo, existien• do la verdad en el enteñdémiento, segun que se conforma con la cosa entendida, es necesario que la razon de ver• dadero se derive del entendimiento á la cosa conocida; de suerte que la naturaleza conocida se denomina verdadera, en cuanto envuelve nlgun ó.rden al enteudimiento. t Empero, la naturaleza conocida puede euvolverorden á algun entendimiento, ó por sí misma y necesariamente. ó llccidentalmente. Del primer modo. dice órden al eutendimiento del cual de13ende en cunuto á su ser; y accideutalrnente, dice órdea al e11teadimic11to por el cual puede ser conocida: como si dijeramos, que !a casa se compara al entendimiento del arquitecto por sí mi~mn dirertamente; pero que al entendirnienlo de otro hombr~ del cual no depenrleu, se compara solo nccideutalmeute. Ahora bieu: el j9icio acer•

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