La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

do esto será mas eficaz, si se procura estrechar y fortificar, cada dia mas, los vínculos de fe y de . caridad que unen los espíritus y los corazones. Para conseguir este resultado, será muy oportuno que los metropolitanos se concierten con sus sufragáneos del mejor modo que puedan, segun las circunstancias, y de- _cidan juntos los medios de unirse y confirmarse en el mismo espíritu, á fin de prepararse mas eficazmente, por un esfuerzo unánime, al dificil combate que tienen que sostener contra los asaltos de la impiedad. El Señor nos ha visitado, Venerables hermanos, con su espada dura, grande y fuerte; el humo sube al soplo de su ira y el fuego ha brotado de su rostro. Pero, acaso ¿arrojará Dios eterl¡lamente y no se dignará mostrar aun su benignidad? Lejos de nosotros tal pensamiento. El Señor no se olvida de tener piedad, ni su cólera contendrá sus misericordias; sino que, incansable en perdonar y propicio para los que lo invocan en verdad, derramará sobre nosotros los tesoros de su misericordia. Apliquémonos, ·pues, á aplacar l«J. cólera divina, en este tiempo aceptable de la venida del Seflor; y salgamos al encuentro del Rey pacífico, que vendrá proximamente á anunciar la paz á los hombres de buena voluntad, llenos de humildad y caminando en una nueva vida. El Dios justo y misericordioso, que ha que- . rido, en sus inescrutables designios, reservarnoS' para ver la afliccioc de nuestro pueblo y l~s desgracias de la ciudad santa; •que ha querido que estemos en Roma, cuando ha sido entregada en manos de sus enemigos, que ese Dios incline hácia Nos su oreja y Nos escuche, que abra los ojos y que vea Nuestra deso.- lacion y la desolacion de la ciudad sobre la cual ha sido invocado su nombre. La suplica siguiente, que es un acto de amor por la San la Sede y una protesta contra la tiranía revolucionaria en Suiza, acaba de ~er dirijida por el clero del canton de Gi- * nebra á N. S. P. el Papa P10 IX. Ginebra, Noviembre 4. FIESTA DE SAN CARLOS BORROMBO. Sannsimo Padre: El clero del canton de Ginebra no puede guardar silencio en las dolorosas circunstancias en que se encuentra; debe á Dios, á su conciencia y á los catolicos el 'levantar-la voz y confiar sus lágrimas al Vicario de Jesucristo. A vuestra Santidad· recurren todos los católicos del mundo como el padre de sus almas, y ·el derecho público de nuestro país roc,onoce en Vos el protector de nuestras libertades religiosas. En 1815, los tratados internacionales que unieron los pueblos católicos á Ginebra y valieron á nuestro canton el honor de hacer parte de la Confederacion Suiza, han colocado las garantías del libre ejercicio de nuestra fé bajo el patronato de la Santa Sede. En 1819, enunbreve, vuestro glorioso predecesor Pio VII confio al Obispo deLausana la administracion <l.e los catolicos de Ginebra , y recordando y esllpulandc eslas mismas garantías; el , Gobierno cie Ginebra LA ÍGLESIA PUNEÑA. aceptó con reconocimiento esta graciosa concesion, declarando su firme y síncera resolucion de protejer y de mantener la religion y de mirar estas estipulaciones como el fundamento de sus derechos y la regla de sus deberes. Santísimo Padre, tenemos el dolor de dicirlo; estas promezas han recibido crueles heridas; las propiedades eclesiásticas, .el matrimoni_o religioso, la consagracion legal de las fiestas, ' el carácter cristiano de las escuelas y de los cementerios han sido suprimidos, apesar de las reclamaciones multiplicadas de los nuncios, de nuestros obispos, del clero y de los fieles. Otras pruebas nos estaban reservadas; la Iglesia se ha visto trabada por decretos mas y mas arbitrarios y violentos. No há mucho todavia, las asociaciones religiosas, permitidas por la constitucion que nos rije, han sido, 6 prohibidas, o reducidas á renunciar al fin de su institucion. Nosotros habriamos creido que despues de este acto de injusticia dirijido contra los establecimientos fundados, desde largo tiempo, y queridos al país, acto contra el cual el representante de Vuestra Santidad en Suiza ha protestado, acto que ha excitado las protestas enérgicas de los católicos de Ginebra y de casi toda la prensa Suiza y extranjera; nosotros habriamos creído que el Gobierno hubiera en fin comprendido la necesidad de no turbar mas las conciencias católicas y hubiera al menos respetado la libertad y la iniependencia de la administracion eclesiástica, conforme al Breve de 1819. Lejos de esto, la situacion aun se ha agravado; el Consejo de Estado ha puesto la mano sobre la jurisdiccion espiritual por dos decretos que han contristado el corazon de Vuestra Santidad, tanto comQ han llenado de amargura y de indignacion á los católicos de nuestro país. No podemos preveer hasta qué punto quiere llegar nuestro Gobierno actual. El anuncia en una proclama al pueblo ginebrino, el designio de hacer nombrará los curas por el pueblo, de imponerles un nuevo juramento y de proponer modificaciones importantes en lo que llama las formas orgánicas de la Iglesia católica ginebrina. Bajo el pretexto de democratizar á la Iglesia de Jesucristo, se nos presenta un protestantismo disfrazado, una imitacion de la conslitucion civíl del clero de Francia, que Pio VI condenó como herétioa y cismática. En vano es que se pretenda legitimar este plan subversivo, acusando á la San ta Iglesia de usurpacion, sobre el terreno del Estado, cuando la Esposa de Jesucristo es por todas partes oprimida, cuando d6. a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; cuando predica la sumision, el respeto hácia los poderes establecidos y la mas fiel consagracion hácia la patria. El clero recomienda á los pueblos obedecer las leyes emanadas de los gobiernos humanos, en tanto que estas leyes no invadan el dominio espiritual inviolable, que el Salva~or Jesucristo ha legado á su Iglesia; .es solo de El que Ella tiene su inmutable Constitucion, que nin_gun~ fuerza humana puede destrIDr m modificar. El dia de hoy, mas que nunca, nosotros queremos renovar la profesion de nuestra inalterable fidelidad á la santa Iglesia y declarar que nada romperá los lazos de fé y de obediencia por las cuales estamos y queremos per~anecer u?idos a la Santa Sede, á Vos, Santísimo Padre, que Dios ha elegido como el Jefe de su Iglesia. Jamas ninguno de nosotros consentirá que el ministerio pastoral yenga á ser una del~- gacion de los poderes civiles o de la eleccion popular. Estamos prontos á sufrir todas las persecuciones, antes que aceptar pretensiones cismáticas, que no tendrán buen sucesp delante de la union del clero y de los fieles. Con todo eso, la situacion está llena de peligros; bajo e:I. peso de graves temores para el porvenir, el clero de Ginebra siente la necesidad de recurrir al guardian de la fé; él no tiene ' ningun apoyo · humano, él ruega al Padre de las misericordias que aquiete las pasiones, é incline el corazon de los magislrados hácia la justicia. Despues de Dios, á Vos se dirije, suplicando a Vuestra Santidad tome la defensa de nuestros derechos violados. Los cristianos que sufren, siempre han clamado hácia los sucesores de Pedro. Que parta de las catacumbas o de un trono libre, las palabras de los Vicarios de Jesucristo ata y desata, proteje y bendice. En 1811, los pobres cristianos de Corea solicitaron el apoyo de Pio VII y su humilde demanda fué á buscar al Soberano PontI:fice á Fontainebleau! Nuestros gritos de angustia van a tocar a la puerta de vuestra cautividad; Vos los ovieis, Santísimo Padre; vuestro corazon, que tiene los cuidados del mundo entero, se ha dignado enviarnos una parte de la limosna que vuestros hijos os dan; esta parternal ternura nos ha conmovido y fortificado. Pueda nuestro recondcimiento, pueda esta pública protesta consolar a Vuestra Santidad. El ejemplo de magnánima firmeza de invencible energía, que Vos dais al mundo, · anima nuestro valor en la lucha por ~a verdad, .Por la justicia, por la libertad de la santa Iglesia. Nosotros depositamos á vuestros piés, Santísimo Padre, el tributo filial de nuestra inquebrantable fidelidad y suplicamos á Vuestra Santidad. se digne bendecirnos. Sus hijos muy humildes y muy obedientes.-(Sigue1i las firmas de todo el clero) CD LABORACION. TEORIA DE LA VERDAD. Yo para es lo nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio á la verdad: todo aquel que es d6 la nrdad escucha mi voz. (S. J. CAi'. XVIII. V. 17,) § r. ¿Qué cosa es la -verdad? preguntó Pila to á Jesus. Y cu~ndo esto hubo dicho, salió otra vez á los Judíos, y le!i dijo: Yo no hallo en él ninguna causa. ¡Oh Pilato! grande y misterioso es el peso de tu pregunta, que has reducido á tan breves palabras. ¡,Que cosa es la verdad? Eo tu presencia está la verdad y preguo tas~¿qué cosa es la verdad? La luz en las tinieblas resplandece, mas las tíenie• bias no la comprendieron. Los refulgentes resplandores de la verdad brillan en el Pretorio del Presidente romano, pero el presidente no percibe ni unt, de sus desteJJos, ni una vislumbre de tan celestes reflejos. Gracias te doy, Padre mio, que ocultastes estas cosas de los grandes y prudentes del siglo y tos manifestastes á los pequeñuelos. Jesus babia dicho: Yo soy el camino, la verdad y la vida, . y Pilato Je pregunta: ¿qué cosa es la verdad? Al mundo '&lino pero el mutl• do no le conoció. Pero los que tenian el .c~razon bien ~ispuesto y que no res1stiau á la gracia, -vieron la gloría del Verbo. Gloria como <k unigenito del Padre, lleno de gracia y de VERDAD. Dejemos á la contemplacioo de los mfsticos estas alegorías, si asi podemos !l~marlas, veamos si podemos dar una idea· aunque sea oscura de la verdad. Verdad es el conocimiento de la naturaleza y estado de las cosas tales como son en si mismas. La verdad para nosotros es indefinible porque nos es descoµocida so e11eocia, y asi; solo hemos dado de ella una idea quizá incompleta. Más el bueo método exije, en materias científicas, no dar un paso sin que primero se determine el ·objeto que se trata po·r me• dio de detinicíoues que de alguna ma• nera le den á conocer, y de sus respect~vas divisi_on_es que pongan en trasparenc1a_ sus d1strntas faces. No quedamos satisfechos de la exactitud de nuestra anterior defi.nicioo, pero tampoco -vemos otra que sea mas adecuada. Cierto es que la que dá el señor Balmes, tomada de Sao Agustin, es acertadísima· e.aes dice que .. verdad es lo que es.! fün embargo, séanos permitido exhibir nuestra opioion siempre eo obsequio de la verdad; parece que la defioicion de la ve~dad dada por el incomparable Agustmo no guardase armonía con las leyes que -establec~n los lógicos acerca de la b~ena de~oicioo, pues eo ella n? se ~dv1ert~ 01 el género próximo m la. diferencia específica: ni aquella claridad que nos haga comprender lo . que es en sí la verdad. Pero Santo Tomás, cuya autoridad como filósofo, es para nosotros la mas segura, define la verdad diciendo: «Es la ecuacion entre el e~tendimiento y la cosa,,. El Padre Ventu~a de Ráulica dice que el Conde de Ma1stre recordando esta bella definicioo dijo con mucha razon: la verdad se define á sí misma. Al caso de lo del Conde de l.\faistre viene aquí lo del Iltmo. Huerta, que al escribir del mismo asunto dice: «La verdad se ha dado á conocer por sí misma cuando ha dicho: , yo soy el f(Ue soy,,. La defiaicion que poco há hemos dado, en el fondo es la misrzia que dá el Angélico Doctor Santo Tomás, siendo por lo mismo la mas exacta como lo vamos á ver. La palabra ver- _dad se toma en diferentes sentidos y nuestra defiaicion conviene á toda espvde de n~rdad. Entretanto, hé aquí

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