La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

una colecciou de definiciones que aclaran mas la idea de verdad, ó que de algun modo pueden referirse á la definicion de Santp Tomás. Principiemos por las del mismo Sante Dr. Agustino: Verdad es lo que manifiesta lo que es una cosa. (Sao Agustio), vérdad es segun la cual juzgamos <le las cosas inferiores. (Id.), verdad es la adecuacion ó conformidad de la cosa y del entendimiento...... Verdad es una rectitud perceptible solamente por ~l entendimiento. (San Anselmo), verdad, la rectitud entre la voz y la cosa Ju·zgada. (Id.), verdad es la conformidad ea!re el signo y la cosa significada....• Verdad es la conformidad entre la voz y el pensamiento. (:Sao Buenaventura), verdad es la relacion de conformidad entre el ser y el pensamiento. (Prisco), verdad, la total correspondencia ó conformidad de lo que se dice ó expresa, con lo que interiormente se juzga, o con Jo que en sí son las cosas. (Salvó), verdad, la conformidad de una cosa con la razon, de tal suerte que convence ' -, persuade á su creencia como cierta é infalible. (Id.), verda(\, es lo que no deja duda ni cambia con las circunstancias de los tiempos, ni cqn las opiniones de los hombres. (Espinoza.) La verdad es la cualidad mas digna que puede ten~r el instinto humano en sus diversas operaciones filosóficamente consideradas, como que sin ella son nulas de hecho todas las emanaciones del espíritu encaminadas á la comu,nicacion recíproca de los seres ~otados del atributo inteligente, y emitidas de unos á otros por el órgano de la palabra. (Dominguei), verdad es la total correspondencia ó conformidad de lo que se dice ó espresa, con lo que ioteriormeate se piensa, se siente, se juiga, con lo que en sí son las cosas. (Id.), _verdad, certidumbre de una cosa que se mantiene siempre la misma sin mutacioo alguna. (Id.), verdad es la conformidad entre el conocimiento y el ser....• Finalmente, han dicho algunos que la verdad son las cosas mismas con las propiedades de que el Criador las ha dotado y las relaciones en que las ha establecido. Hemos dicho, y lo repetimos, ·que siendo la verdad Cln ente simple solo podemos dar de ella una ·idea oscura é incompleta. Réstanos hacer algunas divisiones de. la verdad, atendiendo a los diversos modós con que se nos presenta, reflejando ya en las- criaturas ó ya en la inteligencia. A la primera, como dice el señor Balmes, , la llamaremos verdad real, ú objetiva; a la segunda, formal, ó subjetiv.a. Una y otra admiten varias subdivisiones, la mas general es la de los escolásticos en metafísica, física y moral. Verdad metafísica, que tambien se dice objetiva ó transcendental, es la conformidad de las cosas ó lo que demuestra la esencia y naturaleza de ellas. Verdad física es la que estriva en la invariabilidad de las leyes de la naturaleza, como por ejemplo, los días y las noches se suceden. Verdad moral, es la conformidad de las palabras con los pensamientos. l\Ias el precitado Padre Ventura en la inmortal obra .que escribió con el título de Filosofia Cristiana hace la misma division que los escolasticos, solo que la define de este modo: verdad metafísica es la ecuacion entre las cosas y el entendimiento divino, tipo ejemplar de la cosa. Verdad lógica es la ecuacion entre el entendimiento humano y la cosa, causa material de la idea del entendimiento. Verdad moral es la ecuacion entre la cosa enunciada y la intencion del entendimiento que la manifiesta fuera de si. Hemos dicho que la verdad puede considerarse en si misma y en la inteligencia humana: por este respecto se la divide en objetiva y sujetiva: la -verdad objetiva es la conformidad del conocimiento de un objeto con el misma objeto . Verdad sujetiva es la conLA IGLESIA PUNEÑA. formidad del conocimiento con las leyes de la inteligencia. Ademas hay verdad de enunciacion que San Hilario ha definido: La manifestacion y la declarácion del ser. Tambien se dividen las verdades en universales y particulares, axiomáticas y de sentido comun. Dogmáticas y vulgares. Verdades universales son aquellos priocipios generales de los que se deducen por lejítima con• secuencia las verdades particulares, y se dan el nombre de partic'dlares á las que se contienen en las universales. Axiomáticas son las que tienen el último grado de evidencia, como p<¡>r ejemplo ésta: "Es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo.,. De sentido comuo son las que están generalmente admitidas por todo ó casi todo el género humano y que la mayor parte de los hombres asienten a ellas 5in exijir demostracion de ningun género: como esta. «El todo es mayor que su parte.» Dogmáticas son las que admitimos por una superior autoridad que tiene competente título para ser creida y que las admitimos aunque se nos propongan envueltas en la incomprensibilidad del misterio. Vulgares son las que se conocen simplemente aun cuando se ignore el principio que las apoya. La verdad lógica lleva de suyo, conformidad entre el conocimiento y el ser _.fOnocido: por esto dijo Aristótetes: verdad es la conformidad entre el conocimiento y el sér. Pero como los actos cognocítivos son varios, inquierese por los filósofos, en cual de estos actos reside própiameute la verdad lógica. Acerca de esta cuestion, la his• toria nos ofrece principalmente dos opiniones. La primera es de Locke, de Dosuet, de Galluppi y de Rosmini, los cuales · todos enseñan que la verdad lógica reside solo en el juicio. La segunda opioion es de los qne ponen, ademas, en la simple aprension esa misma verdad lógica: pero de entre estos hay unos que siguiendo á Descartes tienen por verdadera toda aprension, y otros que con Laromiguiere creen que hay aprensiones ~erdaderas y aprensiones falsas. Pero nosotros prestamos mas fé á la opiniou de Santo Tomás y de todos los escolásticos que le sigoeo, cuya doctrina es que la verdad lógica reside própia y particularmente en el juicio. Lo cual se demuestra del modo siguiente: La verdad lógica consiste en la conformidad entre el conocimiento y la cosa conocida; es así que esta conformidad reside própiamente y perfectamente en el juicio; luego própia y p,erl-ectamente reside en el juicio la verda4--1-Qgica. Ciertamente, la conformidad entre el conocimiento y la cosa conocida constituye la verdad, en cuanto el entendimiento conoce que aquella cosa es en si, tal y como nos la ofrece el conocimiento; y es asi que el acto mediante el cual nuestro entendimiento afirma esa conf?r~i~a_d es un juicio, pues que .sin prév10 JUICIO no se puede afirmar oí negar que un objeto sea de tal ó cual mod?; luego la verdad lógica reside próp1a y perfectamente en el juicio. Como quiera que con la simple aprension no se puede juzgar si el conocimiento es ó no conforme al ser conocido, pues por la simple aprension nada se afir- ~a ni se niega; y como tampoco el sentido es capáz de juzgar, de aquí es que própia y perfectamente, solo en el juicio reside la verdad lógica. Hé aquí probada á la vez la · exactitud de 1~ magnífica definicion de la verdad que da Santo Tomás, y que es la misma que nosotros adaptamos, aunque concebida en estos términos: «verdad es el conocimiento de la naturaleza y estado de las cosas, tales como son en sí mismas.» Pero la verdad, bien sea metafísica ó bien lógica, es siempre inmutable y absoluta, no mudable y relativa, como entre los antiguos sofistas lo enseñaha Protágoras, y como lo enseñan actualmente los progresistas modernos de Francia y de Alemania. Por lo que hace á la verdad metafísica, es tan inmutable y abs·oluta como las esencias mismas de las cosas en quienes reside, y las cuales son conformes á los tipos del entendimiento divino; y es asi que los tipos del entendimiento divino son inmutables; luego inmutables tambien tienen que ser las esencias de las cosas, é iumutable por consiguiente la verdad que en ellas reside. No menos inmutable tiene que ser la verdad lógica, como que depende de la verdad metafísica. Reside como ya sabemos, segun lo que hemos espuesto anteriormente, reside, lo repetimos, la verdad lógica en la conformidad entre el conocer y la cosa conocida; pues bien, ó nuestro conocimiento corresponde á la realidad natural de las cosas, o no· si corresponde, tan inmutable es la ver: dad del conocimiento como la naturaleza del óbjeto respectivo; si no corresponde, entonces no hay para qué examinar el punto, pues como quiera que faltaría la conformidad entre el conocimiento y el objeto conocido, no habría verdad en el conocimiento, y por consiguiente ni seria inmutable, porque la nada no tiene propiedad alguna. Por este razonamiento se vé cómo, fundándose lo inmutable de la verdad lógica en lo inmutable de las esencias, y teniendo éstas por1 razon última de su inmutabilidad la que hay en los inmutables tipos del entendimiento divino, no se puede logicamente admitir que lo verdadero sea jamás mudable ni relativo, sin proclamar por ente mudable el entendimiento de Dios, y profesar en consecuencia el ateísmo, como de hecho le profesó aviertamente Protagoras de resultas de admitir que lo verdadero pueda alguna vez ser mudable y relativo. (Continuará.) INSERCIONES. LOS LIBIRRALBS 81N HA.SCl&B.&. PoR D. V ALENTIN GoMEz. CONCLUSION. § II. El paganismo religioso era el culto de las pasionas: el paganismo social y político era el culto de la ciudad. El derecho de ciud~danía significaba para los romanos nada menos que la personalidad humana. No era hombre el que no era ciudadano. La poblacion rural estaba compuesta de esclavos que regaban con el yugo de su vida la tierra de donde salían los frutos que habían de servir para regalar el corrompido cuerpo de los indolentes, de los inútiles ciudadanos. El ciudadano intervenía en los negocios públicos y hacia la guerra. El hombre de la campiña pasaba su triste existencia encorvado sobre el terruño, y volviendo de vt:z en cuando sus ojos al cielo azul, como si pidiera el término de aquella esclavitud insoportable. Hé aquí el carácter de la civili zacion moderna, perfectaffiente animada del espíritu pagano. Cracias á la Iglesia, la esclavitud ha desaparecido de Europa, y, puede decirse, del mundo que conoce 6. Cristo. Pero preciso es confesar que el neo-paganismo ha creade una nueva raza de esclavos, á quienes trata de disfrazar con el lujoso manto de utópicos derechos y de sarcásticas libertades. Esos esclavos son los agricultores, sobre los cuales recae todo el pes<.t de los impuestos, que sirven para ~antener y regalar á los verdaderos cmdadanos, que hoy reciben el nombre de ern_pleados públ11:cos. La ciudad vive de la burocracia, y la burocracia: se alimenta con la sangre del agricultór. La burocracia, en cuanto significa el abuso de los empleados públic?s, es improductiva; pero en cambio consume todas las fuerzas vivas del pais. La burocracia es el Estado moderno; por eso el Estado moderno es el tirano que con su sed insa- ' c~able seca las fuentes de la púlfüca riqueza. En las ciudades, el empleado público es el patricio de los romanos. Trabaja poco 6 nada; pero absorbe el fruto del trabajo ajeno. Goza de todos los placeres que inventa la civilizacion de la carne; y para que él goce y para que él se corrompa, se aumentan de dia en dia los presupuestos de gastos, porque de dia en dia las llamadas necesidades de la maa estienden su ilimitado círculo. ¿ Quién conoce los límites del placer cuando llega á convertirse en necesi'dad? m. Pero de ]os ciudadanos de Roma, por mas que legalmente todos eran libres, muchos en realidad eran esclavos de la .miseria, de la podredumbre del espíritu y del cuerpo. Los patricios lo poseían todo, porque poseian la riqueza. Mas la plebe, con todos sus derechos políticos, era un conjunto de famélicos y desalmados que recogian las migajas de las mesas de los patricios, y parodiaban su corrupcion y envilecimiento. Así hay tambien en nuestras ciudades modernas ese linaje de esclavos que componen, por ló general, el ejército socialista, la masa imprescindible de toda revobcion. Me re.fiero a los infelices esclavos· de la máquina, á los obreros sepultados entre las negras paredes de una fábrica, donde no penetra comunmente ni un rayo del sol de los cielos, ni un rayo del sol de la verdad religiosa. Quien haya visitado los inmensos talleres que llenan las calles de las ciudades mas importantes de Europa; quien conozca la brutalidad que impera en los desdichados siervos de las fabricas inglesas, puede decir si , el camino que lleva la sociedad moderna con su exagerado amor al industrialismo, con su culto idolátrico á · la ciudad, no conduce derechamente á la barbarie. La ciudad es la industria; por eso la ciudad es el triunfo del hombre sobre la naturaleza. Mas la industria, de la cual los católicos no po-

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