La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO VII. PUNO, MARZO 1 t DE -1875. N. º 156, í.n lgl untñtt. · · LA IGLESIA ~UNEÑA. · ' A.locuclon de nuestro 8antislano Padre, el Papa 1•10 IX, cll:-ljldf! a ' los car«lenales 61e la santa •~•ettla Romana, el ~3 (le, Diciembre 'ele ts,~, en el Palacio del Va'1eano. VEÑERADLES HEJtMANOS: . El . Dios justo y misericordioso, cuyos juicios s011 inescrutables é impeuetrables sus caminos, continua permitiendo que ; _esta Sede Apostólica y cou ella, la lgle- .sia entera gima entre los estragos . de . u·na larga y cruel persecucion. No solamente uada ha cambiado de la situaciou creada á Nos y á vosotros, por la ocu- , pacion .de Nuestras proviucias, siuo que ·tia ha agravad@ co.nstaut.., _meute, sobre todo, desde que esta augusta ciudad de Rom& ha sido, hace mas de dos años, sustraída ·á Nuestro gobierno paternal. Una e:'lpel'ieneia constante ha enseñado con cuanta razon, desde el principio ' ite' esta persecucio11, suscil'tda por las maniobras de sectas impias, contiuuada ,despues y aumentad~ por sus 1.fücipulos adueñados del poder, herqos afi,rmado abiertumeute, eu diferentes ocasioues, "ª en Nuestras alocuciones va en Nues:- tras letra.s a'postóticas, que ei ardor con que sé combatían los derechos supremos de Nue'stTa soberarHa temporal, solo teí,ia por objeto desembarazar el camino, para abolir, si fuese posible, et· poder espirítual de que eetán revestidos los sucesores de San Pedro, y destruir, junto ton la Iglesia Católica, el nombre tni1'- rno de Jesucristo, que vi ve y reina en ella. La prueba de esta verdad está de manifiesto eu los ate11tados del ~obierno sub-alpino, especialmente en esas leyes inícuas, por las . cuales han sido los clerigos arrancados de los altares, despojados de st1 inmunidad y sujetos al servicio militar¡ y los Obispos han sido desposeídos 'de su oficio de iustitutores de la juventud y, en ciertos lugares, han si- ~o arrebatados de sus mauos sus propios Seminariós. Sin embar~o. Nos. tenemos hoy una prueba muc}lo mas brillante del mismo designio; pues, en esta misma ciudad, á nuestra vista, despnes de haber turbado y aun expulsado violentamente de su propia casa á muchas congregaciones re- : ligiosa~. despues de haber cargado los bienes ·de la Iµlesia de abrumadores imp1.1estos y de hétberlos sometido al capricho de la auto·ridad civil, hé aqui que se preseuta al cuerpo legislativo, como lo llaman, u na ley, .en todo semejan te á la que ha s;do sucesivamente aplicáda en las otras partes de Italia, no obstante las declaraciones que hemos hecho y las . graves conde1H1cioues que hemos prouu_nci,td,o; y esto cou el objeto de extíngtltr las congre~acioues religiosas, en este centro de la Iglesia cátólica, de confücar los bienes de la Iglesia y de po- ,lle~los' en pública subhasta. Ahora bien; una ley semejante, si es lícito dar este nombrn á un proyecto, -i¡Ue repugna igualmente al derecho uaturat, rlivino y social, es todavía ma:n iu-íeua y ntns funesta en Roma y en las PERIODICO SEMANAL. ORGANO .OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE .LA DIOCESIS, provincias circunvecinas. En efecto hiere mas viva y profundameute el derecho y las posesiones de la Iglesia universal; procura secar la fuente misma de la civilizacion, q•e las familias religiosas, á costa de uu trabajo sin i¡.{ual y de una coustnucia y magnauimidad sin eJemplo, han desarrollado y perfeccionado uo solo en nuestras cornarcas;sino aun en las naciones extraugeras J entre los mismos salvajes, sin que, 11i las aflicciones, ni el peligro mrsmo de la vida las hayan desalentado; eu fin, esta ley viola mas éspecialmeote todavía los derechos y las obligaciones de Nuestro Aposto~ado, porque el día en que las congregaciones reHgiusas sean destruidas ó casi estinguidas, el dia en que el clero secular se disminuya, á consecuencia de la miseria que se le i'tnpo1ie y de -la conscripcion á que se le sujeta, uo solameute follarán aquí, como en otr11s partes, sacerdotes para partir a los fieles el pan de la di- -viua palabra, administrar tos sacramentos, para instruir á la juventud y premunirla contra los lazos qne diariamente se le tiende, siuo que el mismo Romano Pontífice se verá privado de lort auxilios que le sou tau necesarios, como l\laestro y Pastor uní versal, para el ~obierno de toda la· lµ-lesia; la Iglesia Uomana, a su vez, será despojada de sus bienes, reunidos ttquí y constituidos en este centro de unidad, mas que por las donaciones de 1\ uestros predecesores, por las larguezas de los cat@licos del mundo entero. De este modo las rentas fundadas para el uso é incremento de la Iglesia universal serán impíamente convertidas eu lucro de los extraño&. Por esta razou, apenas supimos q,ue uno de los ministros del gobierno subalpiuo había indicado al cuerpo legislativo que tenia el propósito 1ie someterle un p,:oyecto, á este respecto, denunciamos su monstruoso caracter, en nuestra carta de 16 de Junio del presente afio dirigida á Nuestro Cardenal Secretario de Estado, en la cual le mandamos que hiciese conocer este nuevo peligro y las otrns persecuciones . que sufrimos á los representantes de los soberanos extranjeros cerca de esta Santa Sede. l.lps, puesto que e1ta ley-, con que entonces se IIOS amenazaba, acaba de ser presentada, el oficio de Nuestro Apostolado exige imperiosamente que renovemos delante de vosotros y en presencia de la .Iglesia universal, Nuestras a11teriores protestas, como realmente lo hacemfls. 'Por tanto, en nombre de Jesucristo, cuyo rcprese11ta11te somos en la tierra, execramos tau monstruoso atentado, y con la autoridad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestn1, condeuamos este proyecto, lo mismo que toda proproposicion de ley, por la cual se atribuya á alguno la potestad de atormentar, perseguir, disminuir ó suprimir las congregaciones religiosas eu Roma y eu las provincias circunvecinas, ó de privar en ellas it lu Iglesia de su~ bieues, dá11dolos al fisco ó afectándolos a cualquier otro uso. Por lo mismo, declaramos. desde ahora, uulo todo cuanto pudiera hacerse contra los derechos y el patrimonio de la Jglcsia; declaramos igualmente 11ula y sin valor toda adquisicioo, cuatquiern lp1e sea su título, de los bienes asi usurrados, que la Sede apostóli- ¡ ca no dejara jamás de reviudicar. En cuanto á los autores de dicha ley, deben acordarse de las censuras y penas espi• r-ituí\les, que las constituciones apostó- , licas iutligen ipso f(l¡cto á todos los usurpadores de los derechos de la .Iglesia, y,. teniendo piedad de sus almas curgadai de estas cadenas espirituales, dejen de atesorar para sí la ira, en el dia de la ira y de la revelacion del justo juicio de Dios. lUas, el acerbo dolor que nos oprime por todas estas iuiquidades y tantas otras hechas por todas pa1·tes con la Iglesia en ltalia, se exacerba mucho mas por las crueles persecuciones, de que es objeto en otros paises, sobre \todo en el nuevo imperio de Alemania, en donde, no sol o por ocultas maquinaciones sino con manifiesta violencia se ltrab11ja en destruirla completamente. En efecto: vése allí hombres, que 110 solo no profesan nuestra Santísima Religion, pero ni ·i-iquiera la conocen y que, sin embargo, se atribuyen el poder de fijar los dogmas y derechos de la Iglesia Católica; y al mismo tiempo que, con mayor dureza, la persiguen 110 V!!cilan en afirmar impudentemente que no le hacen daño alguno; antes bieu, agregando la calumnia y la burla á la injuri.,, no se avergueuzan de atribuir á los católieos la causa de esta persecucion, porque los Obispos, el clero y todo el pueblo fiel rehusan sacrificar las santas leyes de Dios y de su Iglesia á las leyes y al arbitrio del gobierno civil, y porque se niegan á faltar á los deberes que la religion les impone. Ojalá que los poderes públicos, euseiiados por una constante esperiencia, se persuadan finalmente de que entre sus subditos, ninguno es mas celoso que los católicos en dar á César lo que es de César, por lo mismo que procuran religiosamente dar á Dios lo que es de Dios. En el mismo camino que el imperio de Alemania, parecen haber entrado algunos cantones de la federacion helvética; ya, decidieudo los dogmas de la fé católica ó favoreciendo a. los apóstatas o prohibiendo á los Obispos el ejercicio de su ministerio. De este modo el gobierno de Ginebra, aunque obligado por un pacto solemne á guardar y proteger en sn territorio la religion católica, no contento <le haber, e11 afios anteriores, publicado leyes contrarias á la HUtoridad y libertad de la Iglesia, acaba de suprimir las -escuelas católicas; nHls tarde ha espulsado algunas congregaciones religio:'las y quitado a otras el derecho de enseñar, que es propio de su instituto; y uttimamente, ha intentado abolir la auti>ridad legitima que hace muchos años ejerce en ese cant.on, Nuestro venerable hermano Gaspar, Obispo de Hebron, y lo ha despojado de su be11eficio parroquial; habiendo llegado ya hasta el últi1,10 extremo de cxitar v atraer á los ciudadanos, pQr un ll;mamiento público, á trastornar cismaticamente el regimen de la Iglesia. No son menos graves los males que la potestad civíl hace á la Iglesia en la católica Espaoa. En efecto, hemos sabido qne se ha presentado úl ti mamen te y votado ya por el cuerpo legislativo nna ley sobre la dotacion del clero, por la cual, no solame11te se viola los pactos solemnemente establ~cidos, sin'o que se conculca toda regla de justida y de derecho. Así, esta ley, cuyo objeto es agravar la miseria del clero, reducirlo á servidumbre y aumentar y hacer mas agudos los males con que el gobierno, por una deplorable série de actos, ha abrumado este ilustre pais, con detrimento de la fé y de la disciplina eclesiástica, ha provocado las mas justas y enérgicas reclamaciones ;de Nuestros venerables hermanos los Obispos de Espafia. Nosotros, tambieu, en este momento, elevamos contra ella Nuestras solemnes protestas. Cosas mas tristes aun sería necesario recordar, á proposito de ,esa pequeña aunque .impudente porcion de armenios cismáticos. que, particularmente en Constantinopla, se eifuerza en oprimir, por la audacia del fraude y de la violencia, ni número mucho mas considerable de los que han permanecid(i) constantes en su deber y en su íé. co·n el falso nombre de católicos, se obstinan en su rebelion contra Nuestra Suprema autoridad y su patriarca lejítimo, el cual arrojad'o por sus artificios, ha tenido que buscar un asilo cerca de Nos. Gracias á su pérfida astucia, han sabido ganarse el favor de la potestad civil, de manera que, apesar del celo y solicitud de Nuestro Legado extraordinario, enviado a Constantinopla para tratar este asunto; á pesar de la carta que hemos escrito al serenísimo emper11d:or de Turquía, se han apoderado y destinado á su propio uso, por la fuerza de las armas, alg'unas de las iglesias católicas, se han reunido en conciliábulo y han elegido un patriarca cismático, ha-hiendo llegagado á conseguir fitUe los católicos sean privados de las inmunidades de que, por tratados públicos, disfrutaban hasta a- · hora. Sin embargo, si Nuestras justas reclamaciones fuesen desatendidas ó menospreciadas, · quizá trataremos de nuevo con mayor extension 'de las referidas vejaciones hechas á la Iglesia. l\fas, entre tantos motivos de tristeza, nos goza~os, venerabÍes hermanos, de poderos consolar, como Nos consolamos y alentamos Nosotros mismos, con la admirable constancia y trabajo del episcopado católico de las ·predichl\s regiones y de todaR las demas; cuyos prelados, habiéndose cefiido con la verdad y vestido con el escudo de la justicia, firmemente unidos á esta Cátedra de Pedro, no se dejan espantar con ningun peligro, ni se cansan · con ninguna amargura. \Juntos ó se paradamente, con su palabra, con sus escritos, con sus peticiones, con sus ca1'las pastorales, no cesan, en union de su clero y de su pueblo, de combatir, firme y valerosameute, por los sagrados derechos de la Jgle_si~ y de _ la Santa Sede; se oponen á la rn3usta VIOiencia de los impios, refutan sus calumnias, descubren sus intrigas, rompen su osadia; manifiestan á todos la luz de la verdad, confirman á los l>uen?s, oponen la fuerza de una compacta unidad á los ataques que lo~ enemigos que, por todas partes, acometen, dan un con~u_el~ lleno de alegrin y un poderoso auX1ho a Nuestro ánimo, afligido con tantos males de la Iglesia. No hny duda que to-

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