brero, día de la Purificacion de Nuestra Señora, del afio del Señor, de mil ochocientos setenta y tres. JUAN AlUBROSIO Ob_ispo de Puno.-.-(firmado.) Por mandato de S. S. Iltma. el Obispo mi Señor. - Augusto G. Alva.rado. Pro-secretario. -(firmado. ) INSERCIONES. LOS LIBIEBA.LES Sll'W U.11.SSOAIIRA. Pon D. VALENTIN Gor.rnz. CONCLUSION. EL CAMPO Y LA CIUDAD, § l. No hace mucho Liempo que un revolucümario francés, Félix Pyat, ha pronunciado un discurso enalteciendo la ciudad y menospreciando el campo. e<La ciudad, ha dicho, es la civilizacion, es el progreso, es el triunfo del hombre sobre la naturaleza: el campo ·es el retroceso, la incultura, el triunfo de la naturaleza sobre el hombre.» Decia ~stas ·cosas .para demoslrar que la victoria alcanzada por los republicanos franceses en las ciudades sobre el imperio, al verificarse el plebiscito, valía tanto como la victoria delacivilizacion sobre la barbarie. Las gentes sensatas se han reído de las frases de M. Pyat. Yo, que no me precio de sensato, tengo la debilidad de creer que en esas fra - ses hay .oculta nna verdad terrible, vuelta del revés por el republicanismo de M. Pyat. Para este demagogo, civilizacion y refinamiento de las costumbres depravadas, progreso y adelanta-: mient.@ en el arle de gozar, barbarie y sencillez de c0stumbres, fanatismo y fe, son cosas idénticas. Y en este sentido, el demagogo tiene razon. Refinamiento, goce esquisito, delicadeza en el crímen, ciencia enemiga de Dios, arte enemigo d,e la moral: todo esto se encuentra en la ciudad. Sencillez, piedad, morigeracion, ciencia Jel bien vivir y arte que bebe en las puraE fuentes de la naturaleza: todo esto es propiedad del campo. Nadie habrá aejado de notar este fenómeno general en todas las nacio- .nes, sin distincion alguna: las ciodades y las llanuras, donde el influjo de la ciudad es grande, son el albergue natural de los revolucionarios; los campos, y sobre todo las montañas,, en q' se está mas cerca del cielo, son la morada principal de los católicos. ¿Es hijo de casual coincidencia este fenomeno que se observa siempre en todas partes? Pues si es coin• ci.deucia casual, confesemos que es tan antigua como el linaje humano. La Santa Escritura nes dice que los hij'os de los hombres fundaron ]as ciudades é•invenlaron numerosas industrias, mjentras los hijos de Dios poblaban los campos, dedicándose á la agricultura y al pastoreo. Désde entonces las generaciones, á travé~ de mil vicisitudes, y aun en med10 de las ap_ostasías de pueblos enteros, han seguido eon el mismo LA IGLESIA PUNEÑ!~ carácter: carácter religioso en los campos; carácter descreído en las ciudades. . Para probar este hecho da lo 1:11smo fijarse en las nacíone~ católicas que en las paganas: lo ~nsmo en la raza latina que en la saJº?ª, en la slava ó en la Indica. Siempre la Religion refugi?d~ en el campo; siempre el descreimiento y la. corrupcion hospedándose en la~ cmdades. Tiene razon Pyat: la ciudad es la civilizacion, es el progreso, es el triunfo del hombre sobre la naturaleza. •Pero que civilizacion! Aquella qu~ en los últimos tiempos del imperio romarro enervo las fuerza~ da la raza latina hasta el punto de convertirse en miserable esclava de las tribus semi-salvajes que los bos•. ques de la Germanía arrojaron sobre las hermosas llanuras del Lacio. Aquella civilizacion y aquel progr:eso que levantan altares á 1?s mas mmundas pasiones y d.erriban los consagrados á Dios por alinear una calle ó embellecBr una plaza. En la ciudad triunfa el hombre sobre la naturaléza; · pero ¡cómo! Sacrificando el espíritu á la materia, y corrompiendo 103 instrumentos que Dios otorgo al hombre para elevarse sobre las bajezas de la carne. .El hombre debe triunfar, pero no para sI mismo, sino para Dios; no anulando la naturaleza, sino purificándola de esa mancha que cayó sobre ella al caer sobre el linaje humano con la pre.varicaciou de Adam. (Continuara.) VARIEDADES. J olcio crítico de la perla de nuestros sonetos ascéticos, emitido en una carta familiar) con vistos ·de 'literaria, que dirije al señor Don Juan Eugenio Hartzeuhuscb, su constante y mus apasionado amigo Don José ~laria Sbat·bi, presbítero. (Ccl,¡clusi'on.) Si á pesar de trdo lo expuesto, quisieramos todavía poner en para11gon esta poesía con otras de nuestra Santa, verémos muy luego que ea nada <lesdíce ésta de aquellas. Norabuena se halle dicha composicioa en armonía con las del padre Reyes, como siente el señor Fernandez Espino, despues de los señores Fernandez-Guerra y La Burrera; pero, perdónenme estos eruditos, y laboriosos escritores, si les hagl) observar: 1. 0 que, reconocida la autoridad del biógrafo de San Francisco Javier, arriba citado, donde mautíiesta que el soneto español sirvió de !Jase á la letrilla latina, cae por su pesn dicha opiniou por haber florecido el Santo en el siglo X.Vf , y el religioso poeta en el XVI[; y 2. 0 que conferido este so11elo con otros versos de la Santa l.Uadre, pareceu igualme11te d,iguos de la misma pluma. Dígaulo sino, á vueltas de infinitos otros testimonios, sus seráfi'-:as exclamaciones eon motivo de la trausverberacion de su amantisimo corazon. En las internas entrañas Sentí un golpe repentino; El blusou era givino Porque obró grandes hazañas. Con el golpe I fui herida¡ Y aunque la herida es mortal Y es un dolor sin ig11al, Es muerte que. causa vida. Si mata, ¿cómo da vida? Y si vi 1 daJ ¿cómo muere? ¿Como sana cuando hiere Y se ve con él unida? · J • Tiene tan divinas mañas, Que uu tan acerbo trance Sale triunfando del lance Obrando grandes hazañas; dígalo tambien la tradicion que le atribuye aquella sentida redondilla ántes de que Lope de Vega la prohijara, y de que (:ervántes le diera cabida en su Hé• roe manchego. V cu, muerte, tan escondida Que no te sienta venir, Porque el placer del morir No me torne á dar ta Yida; (2) ¡dignos acentos de la poetisa que, deseando tan solo padecer ó morir y con preferencia tomar el raudo vuelo del águila para subirá la rnausiou celeste y reposai- eternament_e en el seno de su amado, exclamára glosando aquellos sublimes conceptos: . Vivo sin vivir en mí; Y tan alta vida espero, Que muero porque no muero! Resumamos, ·porque va picando ya en enojo tan largo relato. Los antecedentes expuestos nos hacen ver que las probabi!ídades todns ~e hallan de parte de Santa Teresa de Jesus, para instalarla en legítima y exclusiva posesion del Soneto a Cristo Crucificado, m1éntras demostraciones mas palmarias no vengan á patentizar lo contrario; pues si bien no podemos aducir hoy poi· hC\y una plena probanza eu este asunto, sabido es que en el terreno jurídico, a falta de aquella, pasan a ocupar su puesto los indicios vehementes, y estos son hartos en el particular. Choca, ciertamente, a primera vista, que no haya llegado á nuestro conocimiento con toda fijeza y exactitud la noticia del autor de este soneto, así como la de otras m_ucbas composiciones de igual ó parecida índole; pero esto no nos debe extrañar si contemplamos en seguida la incuria que asistía á nues• tros antepasados, ó la poca e5tima en ·que tenían el consignar en los fastos de nuestra historia literaria los ·nombres de los creadores de tantas y tan bellas producciones como han brotttdo de nue:)tro Parnaso espiritual.' ¿Podrá atribuirse semejante falta tal ·,ez al diente incisivo J' maléfico de la envidia? No ló sé. ¿Quizás ·al espíritu de humildad <le sus autores'? No deja de ser probable. Pero eu este caso, dispéusenme sus coetáneos les diga que, si bien es c·ierto que la humildad, base de las virtudes todas, podría servir de aguijon al poeta místico para sepultar su uornbre entre las sombras vacilantes y misteriosas del claustro, con el heroico intento de hacer referir cualquier alabanza única y exclusivamente al di,;,pensaclor de Lodo don perfecto, la Cilri<lad, reina <le tod,1s ellas, débia tambíeu por su parte estimu lará sus hcrmauos á que dcsconieran estos (2) Esta tan dividida la opinion de los criticas acerca del autor de esta cuartela, que no falla quien se la adjudique tarnbicn á la Vcncral.lic Sor Catalina de Jesus. el velo que ocultara ese nombre, parll! trasmitirlo á la posteridad, á fin de que ésta alabara al Criador en sus hechuras de un modo subjetivo y concreto. Pero ...... ¿á donde voy a parar con tale& reflecciooes? ..•. Dispénseme U. a- _migo y señor don Juan Eugenio, que me olvidé de que estaba trazando una carta, y se me figuró estar bosquejando_ un sermon. Como quiera que sea; diré para acabar, que aquella omision por parte de nuestros antepasados ha sido causa deque nuestro Parnaso ascético, el mas rico, á semejanza de n,uestra Escuela mística, entre los de igual clase de todas las naciones, registre en el considerable 11,umero de sus poesías, muchas que carecen de padres conocidos, capaces por sí solas de asegurar á sus autores, fama impercedera en los anales de la. república de las letras. Un estudio sobre este particular, ¿no le parete á U. amigo mio, altamente digno de ocupar la atendon, v. g. de la Real Academia Espafiola?...... Por lo <lemas, ni esta carta es un discurso, aunque por sus dila• tadas proporciones tiende á parecerlo, ni yo soy académico: solo ex.pongo los datos para obtener la fórmula. Deseo que estas ligel'as y mal pergeñns consideraciones merezcan la aprobacion de U., como igualmente del seiior Marques de Molina. Si así no fuere, estim11ré infinito conocer mi error para proceder inmediatamente á su enmienda¡ pues como no puede ocultarse á 1~ mayor penetracion de U., se halla tan distante de escribir para ensenar, cuan necesitado de escuchar para aprender, quien se repite suyo á S. S. y c;1pellau q. s. m. b. Jase Maria Sbarbi. ANUNCIOS. AVISO RELIGIOSO. Fiesta de Sao •uan de Dio•. Convenciao dé la mucha devocion que los fieles ·de e.sta Ciudad profesan al glorioso Patriarca San Juan de Dios, modelo de la verdadera caridad cristiana, los convido para que el dia 26 del presente á las dos de la tarde se dignen acompañará la sagrada imájen, que sal• drá en procesion del Hospital á la San-· ta Iglesia Catedral, donde se celebrará. su no vena y fiesta, ad virtiendu que el santo sacrificio de la LUisa y nove·ua se• rán á la 7 de la ma11ana. Los caritativos devotos que en el día. de la fiesta quieran obsequiar alguna limosua á los enfermos ó al establecirnie11to, corno hilas,. venduges, c11misas, &, &, alcauzaran gra ndes favores. del Santo protector de este Hospital y eterno agradecimiento de su S. S. y Capel!aa. Celestino Muñóz. Puno, Febrero 17 de 1873. SEMINA.lUO CONCILIAR DE SAN AMBROSIOPor órden Lle la autoridad competente sepone en conocimiento de los padres d~ familia J demas iulcn·sados: que la malrícula, para los. que dcse~n pertenecer como alumnos á esteestablecirnienlo, estara abierta desde et 12 del pres~nte lia!-,[a el ·J~ de Marzo; señalándose para la 1uatrlculacion las horas de 12 á 2 1¡2 de la Larde: J comcnlará á funcionar el establecimiento en &us tareas escolares desde e! iO d~I entrante. Puno, Enero 11 de 1873. El Secretario~ 1MPRtNTA DE MARIANO c. MARTIN,:Z. Calle d" Arequipa N•., t 67.
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