AÑO. VII. PUNO, FEBRERO 22 DE 1873. !it Jg esi PERIODICO SEMANAL. • Ci§ftriM€&4& ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA .DIOCESIS•. SECCION OFICIAL. CARTA PASTORAL. 1'10■ el Dr. D. Juan Almbirosio Hue;-- &a, por la c•·ael!a elle Dilo@ y de .lla l!!Santa Sede Apo•tóHca, O~l@po de Puno, etc. A nuestros muy aniados /1,i:fos, los fieles todos de la IJi"ócesú de Puno-Salud y paz en Nuestro Seitor Jesucr,:s to. lrlortificate rn(!mbra vestra ...... e:rpolian!es vos veterem hominem cum actibus suis, et induenle.~ novum eum qui 1·e11ovot11r in agnit-lonem secund·um imaginen ejits qui creavit il lum. Morlilfoad vurslros miembros ....... despojándoos del hombre Yiejo cén sus hechos , ü,liéndoos del n uevo, ci'e 11quel que se renue• va por el conocirnienlo, conforme á la imáJen de aquel que lo creó.1 (S. P!BLO" LOS COLOSENSES CAP. 3. º v. :., 9 Y '10.) :IE!P Hijos muy amados en Nuestro Señor Jesucristo. ' Aproximándose los días sa~tos de Cuaresma, en los que la Iglesia 11ue~- tra Madre quiere que todos sus hijos se , preparen debidamente por el a_yu• no, para meditar con fruto l011 augus- ,tos misterios de la p11siou, muerte y resurreccion de Jesni-, Nuestro Redentor,-.Nos, animados del deseo de la santificaciou <le vuestras alma8, os escribimos la presente en cumplimiento de nuestro deber Pastoral, con el objeto de recordaros vuestros deberes cristianos en estos dias, para que elimi11ando todo pretesto, os aprP-:'lureis á cumplirlos. Urje ahora, (porque e11tramos en un tiempo aceptable, como di~e San P11blo) la obligacion de pensar sériamente en la necesidad de mortificar vuestros miembros, despojándoos, segun el consejo del misn10 Aposto!, del hombre viejo con sus hechos pecaminosos, y revistiéndoos del nuevo, es decir de Jesucristo, que debe reoovarse en vosotros por el conocimiento de sus mister.ios doloro~os, á fin de conformaros a IH imájen de aquel que os crió, en justicia, eu verdad y en santidad. Sí. carísimos: desde que por nuestra condicion de hijos de Adan, fuimos concebidos en pecado, conservaudo aun despues de nuestro Bautismo la iuclinacion al mal, como resultado precisó dé la caida primitiva. la mortificacion de nuesti:os a pelitos tiene que ser necesaria para todo el que desee síuceramente salvarse. No se dá medio en esta materia; ó nos despojamos del hombre viejo con sus hechos, luchando con enerjia para refrenar la concupiscencia, raíz de todos los pecados: ó somos víctima voluntaria de sus asechanzas. Si lo primero, seremos salvos, porque vis. tiéndouos del hombre nuevo, que es Nuestro Señor Jesucristo, habremos renovado en nosotros ·1a imajen de Dios borrada por el pecado: si lo segundo, I nos perderemos eternamente,· porque v1"iendo gustosos en el desórdP.n acep- , tamos á Satanás como a nuestro padre, teniendo que particip9r de su herencia en la Eternidad. -~luy claramente e;;;plica esta doctrina el Padre San Agus• tin, quien, comentando las palabras de Nuestro Señor, que &e l<?eu en el Evanjelio de San Juau: «Qui amat animam suam pe1'ded eam, et qui odit animan suam in lwc rnundo custodit eam.» El que ama su alma la pierde, mas el que la aborrece en este mundo la salva para el otro, dice: si amas mal querienda complacer .á tus pasiones y á tus apetitos, aborreces tu alma; pero si sabes odi~rla bieu, mortificando esos mismos apetitos y pasiones, entonces la amaste v~rdaderameote. .Felices los que la odiaron custodiándola á fin de no perder• la, por amarla neciamente. ~i male amavcris tune odisti: si bene oderis, tune amasti. Felices qui oderunt custodiendo, neperda.nt amando. (1~ract. 5J in Joan.) Teuemos pues que resolver este gran problema y ningun tiempo mas ade• ct111do para resolverle, que el de la Sauta Cuaresma. Por esto es que la Iglesia entre sus mandamientos, no solo uos imp<'ne el del aJuuo Cuadrajesimal, si 110 los de la confcsioo y cornunion por Pascua. l\luy íntimas son, amados hijos, las relacio11cs que existen entre el ayuno, como mortificacion que afecta el cuerpo, y el arrepentimiento que purifica el alma. El Papa San, Leon nos las determina de una manera clara y precisa en su sermon 2. 0 sobre el aytrno, eu el que se espresa del modo siguiente: " ¿Qué cosa puede haber mas eficáz que • el ayuno, con cuya observancia uos " acercamos á Dios, y resistiendo al " Demonio vencemos nuestras perver- " sas inclinaciones? ,,Siemp-re ha sido, " (continúa este Padre) el ay~no, el alimento de la virtud. Preciso es que " sepaís que la abstinencia eojeodra los pensamientos castos, los actos de vo- « lunlad couformes á la razon, los con- • scjos sal,udables; por' manera que, a- " flijiéndonos voluntariamente, mata- " mos la concupiscencia cle nuestra " ra:-ne, y hacPmos quu 11ue::;tra a,lma se .. renueve por la virtud.» Ved aquí en pocas palabras, trazado el cuadro magnífico de las ventajas· del ay uno, y refut11da la corruptor:-\ doctrina de todos los que cr,mbaten como tiránica y absurda la ley Eclesiastica que lo manda. El ayuno nos acerca á Dios, levantandú uuestro espíritu en alas de la co1}templac100: mal puede un cuervo abotagado por el alimento, fa,orecer la medit;1cíon del alma: esto es tau cierto, que aun los mismos filósofos reconocen como iu<lispensable la templhnza para eutregnr::;e al estudio de las verdades filosóficas. ¡Cuánto mas 110 lo sera para el de las verdades -eternas! Con el ª)'Uno resistimos al Demo11io y vencemos nuestras perversas iuclinaciones, porque el Demonio se valt! siempre de nuestro cuerpo pafa perder á nuestra alma:-recordad como perdió á nuestros padres en el P;iraiso. Por esto el Espíritu Santo nos ofrece como un cou¡,¡ejo snludable esta sentencia: Corpus quod corrum¡)itur agravat anirnam. (Sap. c. 9. º) :El cuerpo que se corrompe, esto es, que se dá á la, satisfacci?n de sus apetitos, agrava el alma, le suve de un peso insoportable iuhabilitándola para' el bien;-lo que prueba, por contraste, que el ayuno es el mejor auxiliar para vencer uucstras depravadas inclina~ioues. ¿Por qué pues no obedecen este precepto de la Iglesia, muchos de los que se tienen por cristianos? Ah! ese temor infundado de perder la salud corporal, se ha sobrepuesto en ellos al temor juicioso 'e perder la salud del alma. No retrol', Jen quizá ante los males que trae e,, nsigo el exceso en la comida y bebida, .' les causa horripilaciones el ayuno, que aun como medio de higiene sirve para conservar la salud, segun la enseñanza del Espíritu Santo: «Propíer crapiHa multi obierunt qu.i autem abstinens est adJiciet vitam.» Por la destemplanza e,n comer y beber murieron muchos: mas el que es somuo prolongará la vida (Eclesiast. c. 37). ¡Tan poderoso es el halago de la seusualidad! No se piensa en que si la vida regalada y de placeres produce satisfacciones sensibles, en cambio debilita y arruina al mismo cu·erpo en cuyo obsequio se buscan! enervando, á mayor abundamiento, el es- ' píritu y degradandole hasta el puuto de anular la razon y <le entenebrecer casi por completo la fé. Los resultados de esta ,•ida descuidada, ya los presenciamos. El vicio va ganando terreno, en tanto que la virtud apenas se atreve á preseutarse en público. Y la piedad carece de encantos, á medida que se divinizan los placeres. Vosotros VP.is á jóveues y anciauos, á doncellas y á matronas, pasaudo con extraordinario entusiasmo los dias y las noches en los bailes y en los teatros, mientras revelan fatiga y disgu:¡;to para la mas leve mortificaóon ó para orar por media hora eu la cnsa del Señor. Han perdido la genuiua inteligencia de ,Jo que se entiende pw gozar, pues á no ser así, sentirinn como sienten los cristianos verdaderos que repiten síucera• mente con el Padre San Agustin: Dulciores sunt lacryma, prenitentium, quam gaudia theatrorum. ,,Son incomparablemeute mas dulces, mas gratas. las lágrimas de la Penitencia que los goces de los teatros ." ¡Oh cristianos que asi renegais de vuestra fe y de vuestra razon! ¡Cuan jnsfame11te pueden aplicarse en vosotros estas palabras de David: Homo cum in honore esset non inteUexit comparalus est jmnentis insipientibi6s. (Psal. 48.) Habeis sido altamente honrados por el Bautismo y por no querer apreciar debidamente esta hour11; sois hoy seme_iaotes al jtnneuto que carece de inteligencia. Os resistís á someter vuestro cuerpo al ayuno, como se resiste el jumento hasta romper IJ1 cuerda q' lo ata para que no se ncerque al pasto: y rnient,-as tanto someteis cruelmente á vuestrn alma, , á uu aJuno perpétuo, privándola de su ahmeuto, que es la gracia de Dios, adquirit.la por la oracion, por ta mortificacion y por la recepcion de los Sacramentos. Emulais á Jos mundanos: teueis envidia á ks que viven licenciosamente, despreciando con esto el consejo del Espíritu Santo: Noli remulari in malignantiN. º ♦ , •. 155. bus, neque zelaveris facientes iniquitatem (Psal. 36), y no os ·estimula la conducta de los buenos cristianos, de los que, conservando puro su corazon y despejada su ínteligeucia, solo buscan á Dios, y anhelan únicamente los goces de la virtud; esta couducta angustia profundamente el corazon de vuestra madre la Iglesia, tanto mas, cuanto que nada. divisa que pueda consolarla para lo sucesivo, pues el cuadro que ofrecen hoy á sus ojos la mayor parte de las familias cristianas, es desgarrador. En efecto, la sociedad doméstica ha sido siempre la primera escuela de religion y de , moral. Sus hábitos, sus costumbres, han servido de termórne.- tro, para apreciar los grados de civilizacion y dignidad de los pueblos. Y bien ¿qué esperanzas pedremos abrigar para lo futuro del estado actual de la gran mayoría de las familias? ¡Dolor intensísimo nos causa decirlo. Hoy empieza para el niño el aprendizaje de las costumbres paganas, allí mismo en donde debiera comenzar su educacion cristiana~ por las enseñanzas teoricoprácticas de sus padres. No exajeramos. Poca ó ninguna llsistencia al templo: repugnancia para oir la palabra de Dios, v-iolacion de los preceptos del ay u no, de la coufesion y comuaion pascual, si ya no escándalo, promiscuando en la cuaresma y viviendo coa mas desenvoltura que en el resto del 1tño: hé allí lo que vé el niñq desde los primeros albores de !:?U razon. Olvido de la doctrina del catecismo: tal véz alguna burla picante contra las prácticas piadosas: quizá alguna crítica dura contra el sacerdocio: alguna refleccion hostil contra esta ó aquella máxima del Eva01elio: hé allí lo que observa, lo que oye ese niño, que, mas tarde, tiene que desempeñar á su turuo el cargo de padre. El hombre viejo con sus hechos, es decir el hombre carnal, el hombre degradado, tal y como lo dejó el pecado, sirve hoy de tipo (salvas algunas escepciones) á la actual generacion; si los habitantes de la Occeania, recien conqHistados á la fé por el ocio de nuestros misioneros, se pusieran en contacto con nuestros pueblos ya envejecidos en el cristianismo, quedarían sobrecojidos de espanto y sumidos en una protunda tristeza al observar nuestra completa apostasía. Aquellos Neófitos reconocen en la Iglesia una madre tierna; dada á los hombr,es por Nuestro Señor Je·sucristo para el cuidado y santificacion de nuestras almas; por lo mismo In respetan, la aman y la obedecen en todas sus prescripciones: en tanto que nosotros, poco ó nada instruidos en el conocimiento de lo que es esta Iglesia, y mirá11dola como una obra purameute humuna, hemds llegado hasta mirarla con indifereucia, si ya nó cou der,precio, desobed~ciéndol.a en tod,,s sus maudnmic utos, hasta olvidar to• das sus euseüa 11zas. A.si aborrecernos todo lo que nos mortifica, po rque iguoramos que la mortiücaci on es el signo de nuestra fé, segun estas palabras de San Pablo: «Semper mor(i/icationem Jcsu in corpore nostro circur,ferentes, vt et vita Jcsu manifestetur in corporibus nustris.» «Debemos llevar siempre la
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