reo á 'Visitar, con una piedad tierna 'Y tranquila, los lugares en donde el cielo escucha con una atencion especial la Yoz de la oracion y en donde se complace en concedernos los favores mas seQalados; á la sombra del claustro, allá, ' en donde viven millares de vírgenes cristianas, que no se arrancan á las afecciones de familia, sino pára amar mas lt Dios y á la patria, allá, decimos, ~ontiouos holocaustos, cuya pára llama · no , cesa de elevarse hácin el trono d'e la misericordia: todas estas cosns, digasé lo que se quiera, tienen unu' significacion profunda; todas estas cosas, que pertenecen al órden sobreuatural, ante todo, se ligan sin embargo y necesariamente á nuestra situacion y á todos los grandes intereses sociales. · Que vean allí nuestros adversarios la ignorancia, la debilidad, la supersticion, el fanatismo; qué nos importa? Nosotros, cristianos y creyentes, alumbrados y guiados por la doctrina, que ha trazado su huella luminosa á traves de todos los siglos; nosotros, vemos allí los el.:!mentos de un triunfo mas ó menos lejano; nosotros, vemos allí la mano poderosa que ha formado las naciones y que puede aun, contra todos los obstáculos, librarlas y rehacerlas, para la paz y para la prosperidad. En este momento augusto, que se digne el Dios de luz y de amor, que vá á inmolarse por nosotros, escuchar nuestra oraeion,. mostraros el camino que debeis segoir, manteneros á la altura de vuestros deberes y haceros vencer todls las dificultades que os ·agu_é,lrdao. de la perla de nuestros s~metos : ascéticos, emitido en una carta famHi,r; cou v\stas de literaria, que dirijeral 1señor l>on· Jqan Eugenio Hartzenhasch, su constante y mas apasionado amigo Don José l\lar_ia Sbarhi, presbítero. (Continuacion,) Cümplenos obora echar una ojeada, siquiera sea rápida, por la vida del Apóstol de las Indias bajo su aspecto lilerario, con el objeto de sacar ea claro cuantas y cuales fueron sus producciones en este terreno. Ahora bien, solo se tiene noticia de que escribiera muchas y muy venerables cartas, las cuales han sido posteriormente coleccionadas é impresas, pero enmudeciendo constantemente sus diversos biógrafos de todos tiempos y naciones tocante al particular de que fuera poeta, ni mucho menos que de su pluma brotara prodnccion alguna en verso castellano. Todo lo que se registra en una coleccion anónima de sus cartas en latin (Bulonia, sin nombre de impresor ni espicificacion de a, ño), es una composiciou poética en la propia lengua, sublime en cuanto al fondo, porque ú excepcion de una clase muy interesante y de la mnyor decision ' á favor nuestro que en aquella falta y que destaca ett primer termi•no en el soneto castellano, está toda eUa vaciada en el mismo troquel¡ pero ,~eoos aquilatada en cuanto a la forma. Pero para que U. pueda apreciarla, i,i es que no la couoee. y á fin de au:\:füarse en el auáli11is comparahvv €}Ue eutre ~ta y el soneto debe establecerse,. voy á trnscrih\rle aquí al pió de la letra . Dice así: .t:jusdem (San Francisco )avier) nmori6 erga- Deum uffectus. O Deus!· l~go nmo te, :Nec a-mote ut salves n1e. Aut qu.ia 11011 amantes le Aeterno pones igne.. Tu, tu, mi J-esu, totum- me. Arnplexus es in cruce: Tulis~e cfovos, lnnctearn, MuJt1m1.q,ue jguomini11m. .tmi111rn,eFOS do~ores. Sudores, & augores, LA IGLESIA PUNEÑI\~ Ac m~rtem & bree procter me, Ac pro me peccntore. Cor igitur non amen te? O Jesu amautísime? Non ut in Crelo salves me, Aut ne in reternum damnes me, Nec prremii ullius spe; Sed sic ut amasti me, Sic amo & amaba te: Solum quia Rex meus es. Et solum quia Deus es.-Amen. El compilador anónimo de dichas .Epístolas pasa en seguida á manifestar lo disputado que basta entónces estaba el autor de dicho soneto; pues unos lo atribuían á San Ignacio de Loyola, y otros á San Francis•co Javier; y adhiriendo el colector á la pe1·tenencia de este último, confiesa <Jue de todos modos el verso latino ha sido engendrado por el soneto castellano. ( 1) Y no basta que para salir adelante en su aserto el compilador susodicho evoque en su auxilio la carta l la. del libro 2. • de su colee• cion, pues allí, Jo que dice el santo dirijiendose a las Atbamas deseúsas de la eterna salvacion, es fielmente traducido, que «desearia que los que empiezau a gustar de la dulzura del Sefior, tuvieran en la memoria las fórmulas de los salmos y de los himnos sagrados, y los recitaran despues oralmente, en lo que recibirían no poco provecho; pudiendo expresarlo& en lenguaje vulgar, (esto es, no en latín como el santo proc~de á consignarlo eu seguida, sino cada cual en el idioma de su país, dado ' que con todns las' naciones babia indistintamente) y cantar los que tengan destinados al efecto, pues se estimularían mas y mas con el verso á la práctica y el amor de Dios, y quednrian destitui,- da~ de toda consideracion)errena.» AQ~ to continuo expone el Santo Apóstol:, como ejemplo de lo. que acaba de manifestar, una poesía que empieza: •Q~ te colam, Deus meus; Non me movet terror tuie l\Iannus,• &. y que no copio aquí, porque con cor\a diferencia es la misma que ya he tra~• crito arriba; limitándome á insistir cop este motivo en que el santo aduce s~7 mejante composicion como muestra ó dechado de los fines que se propusiera al redactar dicha su carta, sin especificar nllí, como tampoco antes ni despues, q' él fuera el autor de esta prCJduccion poética, ni eu lutin, ni eu castellano. ni en idioma· otro alguno. A t.·sto hay que añndir que la citada cal'ta la escribió Sau Francisco, el año de 154:>, esto es, cuaudo Santa Teresa contaba ya 30 de edad; y si bien tardó ella todavía otros diez en comunicar formalmente cou,los padres de la compnñia, esto 110 impide el que hubiera tratado áutes accideutalmente á alguno ó alguuos de . sus individuos, toda vez que, como confiesa la Santa misma, tan afecta fué siempre a semejáute instituto; ó bien que en vista de la ya ex.tendida celebridad de de nuestra compntricin, In buscarun éstos a ella, y qne ora por este ..medio ó por cualquier otro análogo lleg,ua el soneto eu cuestion á manos de Javier, y aprovechándose de i,u couteuido, supuesto que tan en consonancia se hallaba por otra parte con !4U espiri tu. Otra prueba, bastante eloc(lente á mi ver, de no ser San Francisco el nutor del soneto, es que en la vicia de dicho sauto ei,- crita por el padre Francisco García, tambien jesuita, al fiual de dicha obra (qúe --(i)Los Botaodos en el dia de San Ignacio rlonde lrakan con toda extension de los· hechos («Acta") de su santo fundador n~da di~en del particular. Tocante á Sau Francisco .Javier, como quiera que la refenda obra aun se halla a la albura del mes de ucl11brc, y la festi,idad del «Apóstol de las hutías» se celebra en d\- ciembre, igne-ram0_s Cl°l<.tl puedR _ser en s~ d1a sentir de los laboriosos )" e11tcnd1dos ar.qu1teclos df\ e¡.. ta obra vc~dadernmcnte monum~nt.tl. P0v <le pronto, lo que sabemos es qt~c_drchos pau'res no están conformes con la op1111on 9ue atribuye este soneto a la Reforrua_dora del ~arme!o, seg1.rn consignan en la ,·,~a tlc ,llcba santa, publicadil. no lJa muchos anos. carece de año de impresion, pero cuyas licencias expedidas por t-ct Rcligion y por el ordiuario están fechadas en 1672) se consigna eon el epígrafe castellano de -«Afectos amorosos de San Francisco Javier, que le decia á Dios muchas veces, para que los digan de corazon sus devo• tos," la misma poesía latina que íntegra he copiado arriba. Ahora bien ¿no era lo procedente que si el Santo Apóstol fuese el autor del soneto se hubiera copiado éste y no aquella, en el .libro de sn vida originariamente escrito en custeltaoo, no traducido del latín ni de idioma otro alguno? Parece lo raas probable si ya no es que queremos reputarlo por cierto. Pero demo~ de mauo á esta y otras reflexiones que en el particular se me ocurren, y estrechemos mas y mas el argumento, descendiendo á un análisis comparativo de la produccion que dá márgen á estos mal trazados renglones. Una de las circunstancias que mas alto hablan á mi favor, es el contemplar que toda la estructura del soneto en cuestion no es mas ni menos que un reflejo de la índole peculiar de nuestra santa; es, aigámoslo así, su fotografía. Eu efecto, desde el princinio se vislumbra uoa como satisfacion de la autora á aquellas palabras con que en ano de sus últimos arrobamientos la regalara su Divino Esposo, y que uo sabernossehayan dirigido á criatura mortal alguna, cuando la dijera: Teresa, te amo tanto, qtte sí no se hubiera criado el cielo, solo por tí lo criara. Por esta razon no me causa ya ninguna sorpresa al ver que semejante proposicion se haya omitido en la poesía que apunta San Francisco Javier. Allégase á esto que, como se registra en diversos parages de la vida de la Mística Doctora, la pasion de Jesucristo fué el objeto constante de sus contemplaciones; y, por último, que, segun se espici.fica en su carta XIX (edicion de Doblad-O, ~mo 1) el amo1· que Dios 110s titme le hacia mucha mas gana de servirle, qu,. por el temor numca fué, ni le hacia al r,a-50. Pues hé aquí los tres puntos culminantes del soµeto; Primision explicita de la pátria celestial; meditaciou asidua de la Pasion del Hombre Dios; y últimamente, amor destituido de todo temor é in• terés, amor excitado por otro amor anterior, del cual es justa y condigna recompensa. Pero si el espíritu de este soneto que, como ha indicado, es la quinta esceucia del espíritu de Santa Teresa, no parece motivo suficiente para acreditarlo todu vía parto l_egítimo de la lleformadora Carmelitana. Analicemos su forma, y eÚ ella veremos pronto (á diferencia de lo que el sefior I?eruandez Espiuo pretende hallar cou este motivo) que no puerle estar mas én consonancia con el estilo de nuestra santa. Porque no debemos co11te11taruos con admitir por legítimo el primer texto que nos salte á la vista, no. Precisamente sc1puede nsegura r, sin temor de incurrir en equivocadon, que co11 dificul_tad existirá en nuestra le11g11a poesia alguna que presente mas variantes que esta, debiendo por lo tanto ser preferida, en mi con - cepto, aquella leeciou que, si no mas correcta al tenor del pulimiento que alcanza hoy por hoy á uuestro idioma, ~ea la única al parecer genuina, con cuya circunstancia pueda quedar completumen~ te desvanecida esn dificultad qu~ al sc11or Fernauúez Espino le asalta con motivp de lo acabado y pulido eu las formas de semejante cornposicion. En su consecuencia veamos el soneto tal cual, en mi juicio, debió de salir Je mano de la heroina abulense, y que procedo á copiar corno síutesis de las i11fiuitas lecciones qL1e á mi conocimiento han llegado cou el deseo de restituirla á su cristina pul'eza. A mi modo de ver, hecha abstraccion de taló cual leve variante, es así: No me mueve, mi Dios, pílra quererte, El cielo que me tienes prometiúo, Ni me mueve el infierno tan temido Para dejar por esto de ofP.nderte. Tú me• mueves, mi Dios, me •mueve el verte Clavado en una cruz, y escarnecido. Muéveme el ver tu cuerpo tau herido; Muéveme tus afrentas y tu muerte. Muéveme eu fin tu amor, de tal manera, Que aunque no hubiera cielo, ye te ama.. ara, Y aunq1 no hubiera infierno, te temiera, No tienes que me dar porque te quiera, Porque aunque lo que espero DO esperara, Lo mismo que te quiero te quisiera. Ahora bteu, sobre ser carácteristico este soneto en su espíritu del de nuestra Santa, como he dicho arriba, oo lo es igualmente en su forma Aquello de ftlueveme tus afrentas y tu muerte. por muevenme, ne es muy propio de quien, como la l\lística Doctora, con - certaba á cada paso en sus escl'itos dos sustantivos cou uu verbo en termiuaciou singular. Eso de tus a(rentas enderezado á la bondad de todo uu Dios humanado, no es altamente cnracterís'tico de una época en que dicha palabra no significaba solamente lo que hoy, ~ino ademas trabajo, congoja, fatiga o sufrimiento. El me dar, que en la ~ctualidad pareceria galicismo, ¿uo lo vemos frecuentemeo te usado por la propia escritora, como igualmente por los clásicos de aquella ceuturia? · Pues todo esto y algo mas que no podrá ocultarse á la mayor capacidad de us.t.~d, ha desaparecido en la forma con que se suele tras~ril>ir actualmente esta sublime composicion, pulieodola si sé'i}'úiere, á impulso de unca retórica afiligranada ó de laM exijeucias de nuestra ~ctunl lrnbla; pero no teugo empa- , .~f1? .·eu decirlo, á rni juició, de1oittur11hza~dola com~ se des11~turaliz11, y esto no ~.~ cuento, un prec1os9 arabesco colora_~doló de cul, ocre ó almazorron; ó yistíépdo cou guarda infoute a una encautadóra imágeu lle la Ooloro·sn, '_producidil por el atrevido cincel de ~lo,1'tnt1es. (Conclufrá.) .ANUNCIOS. AVISO RELIGIOSO. Fle•ta de San • nao de Dio.. Convencido de la :u ucha dévocio n que los .fieles de estu Ciudad profesan al glorioso Patriarca Sau Juan de Dios, modelo de la verdadera caridad cristiaon, los convido para que el dia 26 del presente á, lus. dos de la tarde se dignen aeompañar á la sagrada imújen, que saldrá eu procesion del Hospitnl á la Sant11 Iglesia Catedral, donde se cell'brnrá su uuvení\ y fiesta, advirlie11do qne el santo sacrificio de la Misa y uoveua serau á la 7 de la mafia na. Los caritativos devotos que cu el dia de la fiesta quicrcJn obse,Juiar ·alguna limosua á lo~ enfermos o al estable<;j,ruieHto, como lnlns, vendnge·s, camisas,&, &, nlcanzaráu grandes fa,·ores del Santo protector de este Hospital y eterno agr1deci1_11ieulo de su S. S. y Capetlan. Celestino Mwñoz. Puno, febrero 17 de l 8i3. SEMINARIO CONCILIAR DE SAN AMBROSIO. " Por órden ~e _la aultiritJad competente se pohe en ~onoc1m1ento de los padres de familia y demas mlercsados: que la matrícula, para los que deseen pertenecer como alumnos á este establecimiento, eslara abierta desde el t! del presente 1,asla el 12 de Marzo; señalilndosc para la malriculncion las horas de 12 á 2 17'! de la larde: y comentará á funcionar "I cslaltlecimiento en sus ta roas escolares desde el 10 del entrante. ' Puno, El~ero H de ·1873. El Scctetario. UIPRENTA nE MAmANo c. nlAnTm.tr.. Calle de Arequipa N. 0 i67.
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