La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

manos á quienes es necesario tratar con el amor y el respeto que mere- _ce la alta dignidad de u~ ser re~imido con la sangre del HlJo de Dios. Sea, pues, cualquiera la posicion del cristiano siempre guarda este respeto y e;Le fraternal amor á sus inferiores. El .descreído, ·p.or mas q1 1e se desgañite clamando por el bien de la humanidad, por la abolicion de la esclavitud, por la emancipacion de las clases trabajadoras y por la fraternidad humana, siempre es tiranico en sus costumbres y soberbio en el trato con sus semejantes. Ni puede ser de otra manera. El que comienza por rebelarse contra Dios arr~ncando la fé religiosa del corazon, ¿como ha de tolerar pacientemente las naturales debilidaJes de ]os demas hombres, primera condicion para tratarlos como á hermanos? Si no siente la caridad, que es el amor á Dios, ¿por dónde ha de sentir la verdadera filantropía, que es el amor a los hombres? El hombre ama: la bestia humana es incapaz de arµor. Por eso veis al declamor de ayer contra la esclavitud, tener un esclavo en cada servidor; al que se afanaba por la emancipacion de las dases pobres, tiranizarlas con el duro freno de la usura, chupándolas el sudor, como odiosas sanguijuelas de la agricultura y de la industria~ No sé qué tipo es mas repugnante para un corazon honrado: si el aristócrata que degrada su alcurnia liberalizandose, o el liberal que mancha los titulos nobilarios aristocratizandose. Pero, sea cualquiera de ellos mas 6 menos repugnante, ó séanlo igualmente, entrambos, hijos legítimos de la sociedad moderna, son prueba innegable de que el liberalismo no quiere tanto destruir las instituciones como corromperlas, y gusta mas de aprovecharse de la ley de las categorías para tiranizar el bien, que acabar con ellas para dejar en condiciooos iguales de libertad al bien y al mal. En una palabra: el liberalismo sea considerado en las cosas 6 en la~ personas, no es tanto la negacion como la -corrupcion, ni tan radical enemigo de la autoridad como ami- • go de usarla contra la justicia. 9:lif-'llE L~ BEVOLUCIO~. Pon lloNsEÑou SEGUR. XII. Te•to y dl•euslon de e•to• prln- ~lploa baJo •el pu1ue de -vlsl& rellato... Hé aquí los diez y siete artículos de esta Deeli,racion revoluciouaria de los del'ecbos del hombre: tras un preámbulg -vago y hueco del estilo e11fotico de Rousseau, declaran los constituyentes hablar en presencia y bojo los auspicios del Ser Supremo. Ya sabemos lo que era el Ser Supremo de aquellos secuaces de Voltaire; y sabemos que era la uegacion directa y personal de Dios vivo, del único· Dios verdadero, del Dios de los cristianos, Nuestro Seño! Jesucristo, que vive y reiLA IGLESIA PUNEÑA. na en el mundo por medio de su Iglesia y del Papa su Vicario., Yo aseguro que no fue en presenci!l de nuestro Señor, y mucho menos bajo sus auspicios, como elaboraron los constituyentes su famosa Declaracion. Notaré con Jetra bastardilla los artículos peligrosos, las frases de doble sentido, los lazos que en ellas se encierran, reservándome el discutirlas lo mas brevemente posible, para distin• guir bien, en esta nueva cosecha, la zizaña del buen grano. ARTÍCULO 19 Los h.ombres naceq, y qitedan libres é iguales en derecho. Las distinciones sociales solo pueden estar fundadas en la comun utilidad. AnT. 2. 0 El fin de toda asociacion politica es la conservacion de los derechos natu1·ales é imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la seguridad y la resistencia a la opresion. AnT. 3.0 El p1·incipio de toda soberanía, reside esencialmente en la 11acionj ninguna co1·poracion, núigun individuo que no emane clarame11te de ella, puede ejercer autoridad. AnT. <i. • La libertad consiste en poder hacer todo cuanto .no perfudique á otros. ÁRT. 5. • La ley solo tiene. derecho de prohibir aquellos actos que son perjudiciales a la sociedad. Todo lo que no está prohibido por la ley, no podrá ser i mpedido, y nadie podrá ser ol::ligado a hacer aquello que la Jey no man~a. AnT. 6. 0 La ley es la pspresion de la volu-.,tad general. 'fodo ciudadanG tiene derecho de cooperar, personalmente ó por sus representautes, á su formacion. Debe ser Ja misma para todos, bien sea que proteja, bien que castigue. Siendo todos los ciudadanos iguales a sus ojus, son del mismo modo admisibles para toda dignidad, puesto ó empleo publico, segun su capacidad, y sin mas distincion que sus virtudes y talentos. knT. 7. 0 Solo en casos determinados por la ley, y' segun las formas prescritas por In mismn, pttede ser un hombre acusado, preso ó encarcelado. Deben ser castigados los que solicitan, despachan, ejecutan ó hacen ejecutar órdenes arbitrarias; pero todo ciudada110 llamado ó detenido en virtud de la ley debe obedecer al punto: con la resistencia se hace cul.pable. ' A RT. 8. • La ley solo debe establecer aquellos castigos que sean estrictamente oecesarios, y uadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada antes del delito, y aplicada legalmente. AnT. 9. 0 Debiendo todo hombre ser considerado inocente hasta que se le haya declarado culpable, si fuera necesario prenderle, debe ser reprimido severamente por la ley todo rigor que no fuere necesario para asegurarse de su - persona. AnT. 10. Nadie podrá ser molestado por s·us opiniones, aun religiosas, siempre que no las manifieste de un modo que perturbe el órden público establecido por la ley. .AnT. 11. La libre com,unicacion del pen- _ samiento y opinion constituye uno de los derecitas mas preciosos del hombre: así, pues, ' todo ciudadano podrá hablar y escribir e itñprímír suS"pensamilntos con t2da libertad, con ta.l qtte responda de lo~ abusos contra esta libertad en los ca.sos determinados por la ley. ART. t 'l. Para garantia de los derechos del hombre y del ciudadano, es necesaria una fuerza pública: se constituye, pues, esta fuerza para provecho de todos, y no para la utilidad particular de aquellos á quienes está confiada. AnT. 13. Para sostener esta fuerza pública y pura los gastos de admioistracion, es indispensable una cootribucion comun a todos: contribucíon -que debe ser repartida entre todos los ciudadanos, segun las facultades de cada cual. AnT. t 4. Todo ciudadano tiene derecho de cerciorarse por s1, ó por sus represeÍ1 tan tes, de la 'necesidad de esta coutribucion; dar libremente su consentimiento en ·ella, observar el modo como se emplea, y determinar sus condiciones, bienes sobre que ha de gravitar, y duracion y modo de cobrarse. AnT. 15. La sociedad tiene derecho para pedir cuenta de su administracion á cualquier empleado publico. ÁRT. 16. Toda sociedad en la que no están garantidos los derechos ni determinada la separacion de los poderes, no tiene constitucion. · ART. 17. Siendo la propiedad un derecho sagrado é inviolable, nadie puede ser privado de ella, á no ser que la necesidad pública lo exija con evidencia, y esto bajo la condicion de una indemoizaciou justa, y he'cba anticipadamente. y que vosotros teneis por delante formidables enemigos é inmensos peligros. Por esto es que redoblan el ardor ~n las súplicas que dirijen, por ~a Franc1~! al .Arbitro de nuestros destinos. D1a y noche, á ejemplo de Moi&és, ' extienden los brazos hácia el cielo, entretanto que vosotros combatís en el campo. Como se ve, muchos de estos artículos son del todo inofensivos, ál • menos, bajo el punto de· vista religioso, que es el mas importante y el unico que me ocupa en este trabajo. En cuanto á los demás, que parecen indiferentes á la Religion y a la Iglesia, encierran una conspiracion vasta, destinada á trastornar todo el órden cristiano. Es la conspiraciou del silencio que ahoga sin herir, y, si se me permite la espresion, que escamotea el cristianismo. Estos principios hipócritas se resumen en ci1rno ó seis ideas principales, que son la .base d~ lo que se llama el muudo moderno, y que vamos á analizar en po'- cas palabras: Separacion completa de la Iglesia y del Estado; soberania del pueblo¡ absolutismo de la ley humana, libertad, igualdad. Las desgracias, que hemp_s sufrido, no son solamente una expiac1on de las culpas cometidas, son tambien y sobre todo una ensefianza saludable. En efecto, ellas nos muestran la vanidad, la impotencia, los peligros de todos los sistemas políticos, que quieren olvidarse de Dios; ponen de manifiesto todo lo que hay de ilógico y espantoso en los delirios de los · que intentan rehacer el mundo á su modo. Ellas nos enseñan que no se puede fundar nada, ni , conservar nada, fuera de los principios eternos establecidos por el cristianismo y consagrados por la autoridad de los siglos. 1'Ias, aunque todo esto esté tan claramente manifiesto, nosotros tenemos temores. Estos temores nos son ipspi1 rados por la, horrorosa confusion que los acontecimientos han arrojado en los . espíritus y en las conci~cias. En nuestros dias, con demasiada frecuencia, hay hombres que, -victimas de las mas Tal es el resúmen de estos principios, y cada uno por sí merece ser discutido con atencion. Pronto podrá juzgarse la importancia practica de estas ~rave·s cuestiones. iZ! ;w . Un . gran ejemplo. ~ El domingo 17 de Ñoviell}bre ~ltimo, se reunieron en la · capilla del palacio de Versalles los miembros de la Asamblea y del Poder Ejecutivo de francia, con el objeto de pedir al Dios de las naciones, de un modo público y solemne, el buen éxito de sus trabajos. Asi lo babia dispuesto una resoluci,m legislativa, que ordenaba, con tal fin, oraciones publicas en _toda la Francia. Haciendo muy fervientes votos porque se imite en nuestro pais tau laudable conducta, ponemos á la vista de nuestroi. lectores la alocucion pronunciada por el Iltmo. Señor Obispo de Versalles, en tan clásica solemnidad. Señores: Tenemgs detante de los ojos un espectáculo Heno de grandeza. Animados de un sentimiento de fé y de esperanza, estais al píé de los altares, venís aquí para interesar á Dios en vuestro favor, para conjurarle á que tenga piedad de la Francia y os conceda todos los socorros, todas las luces y toda la fu~rza de 'que teneis necesidad, en fa obra de reorganizacion á la cual os consagrais con una voluntad y con una paciencia que os honran,. Esto es de vuestra parte una mat1ifestacion que tiene tanto mas valor, cuanto que se produce en medio de las mas graves circunstancias, en un siglo trabajado y arruinado por el veneno de las doctrinas irreligiosas. Permitidme que os Jo diga: Jo que ' debe elevar vuestros corazones y sostener vuestro valor es el pensamiento de que, en esta hora solemne, en todas las iglesias, ea todos los santuarios de nuestra querida patria, las personas piadosas se unen á vosotros, ruegan por vosotros y atraen sobre vuestros trabajos las mas abundantes bendiciones. Sin duda, estas personas ignoran las cosas políticas; ellas no poseen, ni los secretos de la ciencia, ni los secretos del porvenir¡ mas, la religion les dá buen sentido, y en su buen sentido, comprenden perfectamente la extension y la importancia de vuestros deberes; saben muy bieu que atravesamos la época mas borrascosa de nuestra historia , fatales ilusiones, caen en el desaliento, se retiran de la _lucha; desertan de la buena causa, y por esto hacen .mas fácil el progreso de las ideas devastadoras. Nosotros les. aplicaríamos con guito estas palabras de Josué: Usquequo marcetis ignavia.?j(Jos., XV111, 3). ¡Hasta cuando estareis sumerjidos en una iuaccion t<,1n vergonzosa como. funesta? Cuando Saul, elegido para ser el primer Rey de Israet; fue present do al pueblo por el Profeta, los unos, aquellos á quienes Dios había tocado el corazon, le aclamaron y le siguieron, mas los otros, los hijos de Belial, nos dice la Escritura, no quisieron reconocerle y le despreciaron. ¿Qué es lo que sucede el dia de hoy? Vosotros timeis entre las manos la autoridad soberana, sois el Gobierno lejítimo de la Francia. Vosotros no deseais sino cumplir bieu l . vues t ros deberes, ni apeteceis mas que salvar del naufrajio el bajel infortunado del Est.ado. Y bien, como ea otro ( tiempo, como siempre, hay divisioo en t el pueblo: los descendientes de los hijor; I de Belial, verdaderos tiranos, verdaderos corruptores de la naturaleza, enemigos irreconciliables de todo órden, de toda libertad, se leyantan contra vosotros, con el orgullo del infierno. Ellos aspiran á derribaros y a reinar sobre las ruinas universales. No, mil veces no: no \}_os toca trazaros una línea de conducta de semejante lucha. Mas, estamos en nuestro lugar, procurando excitar en vosotros la confianza y levantará las almas abatidas. Creedlo, pues; aunque la ProYidencia, algunas veces, parece suspender sus leyes ordinarias y cubrirse de un velo lúgubre, Dios tiene sus designios, Dios no duerme, Dios tiene sus hpras. Todos Los hombres á quienes Dios ha tocado el corazon os aprueban y os aplauden. Ellos marcharán con vosotros, como intrépidos soldados del órdei;a moral y social. Lo sabemos; hay malos síntomas que no podemos considerar sin terror. Con todo eso, el porvenir nos parece menos sombrío y Qlas sereno, si contemplamos en su conjunto y en , su majestad las señales y los hechos consoladores que están á nuestra vista. Un momento expiatorio, cuya primera idea se debe á un miembro de la Asamblea nacional, vá á elevarse en París; numerosas 11sociaciones, creadas para ateuuar la influencia del mal, se esfue1·zan en esparcir por todas partes la buena doctrina y los buenos ejemplos; obras de carid1,1,d,admirables por su asom. brosa apropiacion al alivio de todas las miserias; eu todos los puntos de Europa, las poblaciones llenas de un pensamiento de fé, &e conmueven' y c_qr-

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