La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO VII. PUNO, FEBRERO ~O DE 1875. N. º f 54, untño. PERIODIOO SEMA.NA.L. ORQANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO ·DE LA 'DIGCESIS, LA IGLESIA PUNERA. · Chancay, Febrero 5 de 18iJ., Sr. Canonigo Dr. D. Mariano Ramos, Vicario General de la -Diócesis de de Puno. Mi estimado Vicario: Con sentimiento del mas puro gozo acompaño á U. la cópia de la carta -que he merecido de su Santidad en conlcstacion á la solemne muestra de respeto y amor que en union de mi Cabildo y Clero, le diriji-en Enero del pasado año, c&Q. oeasion del serio é impío ultraje. qne babia sufrido la Sauta Sede, al ser despojada lan injusta- ~ent.e de su temporal soberanía. Documentos eomo este no pueden menos de servir de consuelo al clero en las actuales circunstancias. ' Pio IX, nuestro padre amanti.simo-, a«Of{Ue perseguido, m:m,ljnl}a .siendo el -objeto· de la veneración ele. todos los católicos del orh~, y en srt bondatl proverbial acoje con igual solicitud, tanto las manifestaciones mas espléndidas, como las mas humildes. Por esto' se ha dignade ·contestar e.n mr·persona á mi Cabildo y Clero, en términos lan1significalivos como tiernos. Que esta carla de] gran Pon tífica del siglo 19, véa pues la luz publica en nuestro periódico <<La Iglesia Puneña» : _que su lectura penetre mas y mas á los sacerdotes de la nueva Diócesis de Puno, de una profund~ gratitud hácia nuesl.ro Padre comun, para que siempre lo tengan presente en sus oraciones. Asi lo deseo, y así lo espero fundado en las muchas pruebas que me tiene dado mi clero de la nobleza de sentimientos que lo distingue. Suyo siempre. JUAN AMBROSIO, Obispo de Puuo. PIO PAPA II• . A nuestro Venerable Hermano Juan Ambrosio, Obispo de Puno en el "P~ru. Venerable hermano: salud y bendicion Apostolica. Gustosos recibimos tus tan amorosas letras por las que testificas tanto tu filial devocion hácia Nos como la de tu Capítulo Catedral y tu Clero. En ellas hemos visto claramente un tributo especial de vuestra fé y odhesion no solo al primado de jurisdiccion y de honor conferido por N. S. J. C. á Pedro, y en su persona á la de sus sucesores, sino á la prerogativa de infalihilida~ en el magisterio, concedida igual,.. mente al Bienaventurado y 6 sus sucesorea, acerca de la cual promulgó el Concilio Ecuménico Vaticano una definicion Dogmálir.a. Muy grato nos ha sido, Venerable Hermano, este vuestro lestimonio por el cual se manifiesta que vosotros permaneceis fi.rmemen te ligados á Nos y~ la Iglesia; y para hacer re.- saltar mas esta manifeslacion viene á demostrarnos superabundantemente vuestro amor filial y vuestro celo por la causa de la justicia y de la Heligion aquel dolor con que os vemos afectados por nuestras tribulaciones y aquel sentimiento de deles· tacion, que juzgando con rectitud y gravedadnosdeclarais esperimen- , tar repecto del crimen de sacrílega · invasion perpetrada por hijos ·rebeldes. No podemos dejar de gozarnos lambien, Venerabl~ Hlmr.áno, ' al saber que a estas '\;Uestras voces, por las que condenais las injurias· inferidas con:lra la Iglesia y contra la sociedad humana, se unen tan espontáneamente las de lodos los fiele3, y esperamc,s e.n Nuestro Señor q' acaso no tarde en inclinar sus oidos para escuchar esta plegária del pueblo restituyendo la paz y la libertad á su Iglesia. Entre tanto, estamos ciertos de que vosotros continuareis . por vuestra eximia piedad implorando los socorros de la Divina Cle· menci.a. Nos, por nuestra parle rogamos tambien instanlemente á Dios, para que tanto á U, Venerable Hermano, como á todo tu Clero revista mas y mas de virtud cada día, á fin de que podais dilijentemenle combatir un buen combate, pidiéndole asimismo que cubra con su diestra y <lefienda con su santo brazo al pueblo que le ha sido encomendado. Deseando, por último, darle á tJ. una prueba de nuestra especial benevolencia queremos que sea una prenda de ello nuestra Bendicion Aposlolica, que tanto a lí, Venerable' Hermano, como á tus amados hijos los Canonigos de tu Catedral y á tode tu Clero y pueblo, os otorgamos muy afectuosamente. Dado en Roma, en san Pedro, el dia 2 de Octubre, año de 1872, vigesimo sépLimo de nuestro Pontificado. PlO PAPA IX. •téreelea de Cenlsa. No es posible guardeqios silencio ante las cerem(?nias tan augustas de nuestra divina Religion. La Iglesia en todas sus festividades siempre nos ofrece grandes meditaciones, para que entregándonos a ellas, podamos sacudir el fuerte yugo del pecado, purificar nuestras conciencias, y seguir hasta el ultimo dia de nuestra vida, observando ·fielmente los preceptos de nuestro Salvador. 1 ahrir~n pa~a nos?tros; .P~tºr .. ¡des- ,graCiados s1 lermma el t1empo sin haber hecho penitencia, sin haber llorad? ·nuestras ingratitudes para con D10s y haber obtenido el perdon Hoy se celebra' una luguhre y consoladora ceremouia. Antes de principiar el tiempo santo, que la Iglesia destina para que en él nos mortifiquemos y obtengamos así el perdon de nuestras ·faltas, se presenlá el miércoles de Ceniza. ¡ Cuántas consideraciones nos ofrece la ceremonia realizada en este ~ia! ¡Con cuánta claridad se descubre la ternura de . la Iglesia! Cual una madre verdaderamente amorosa., sále ~ al encuentro de sus pobres hijos estraviados por el pecado, los convida á penitencia y les ofrece el perdon de sus faltas. Todo un año lo empleamos solo en disipaciones, 1in acordarnos absolutamente de nuestra miseria. La Iglesia, no sin enternecerse, vé nuestro triste estado y hoy nos llama, nos hace separar del bullicio del mundo, nos quila ese entonlecimienlo que el pecado ocasiona en nosotros, hace una cruz sobre nuestra cabeza, toma un poco de ceniza y nos recuerda aquellas palabras, que en olro tiempo se dejaron oir en el Paraiso, despues de la caída del primer hombre: cornerás el pan con el sudor de tu rostro; acuérdate que eres polvo, y en polvo te convertirás. ' de ellas! Despues de nuestro peca• do, no. nos _queda otro .camino·, que la pemtencia; tenemos que seguirlo, mal q' nos pese, si deseamos-salvarnos; y para· nuestro consuelo, la 1lglesia, presenta á nuestra vista y aun nos graba en la frente, el instrumento mas cruel ·del ·, mayor de los penitentes: la cruz de ·nu~stro Salvador. Véase pues, cuanta significacion tiene esta práctica de la Iglesia: hacernos presente nuestra miseria y abrirnos el camino de la penitencia; por eso su realizacion tiene ugar al principio de la ·cuaresma Al fin de' los siglos, sellamarán á los muertos pára .que se presenten á jui~io; y en este· aia, no una trompeta, sí el tetrico ine- ,ancolico sonido de una cámpana "llama a ·Jos ·'Vivos·, á meditar en su . miseria; eni6nces habrá ;esurrecEsta práctica bien antigua en la Iglesia ha conseguido siempre la conversion de los pecadores. ¡Con cuánta comnunc1on y humildad, no debemos ac~rcarnos al pie del altar, para recibir en nuestra frente, tal vez jóven, ~\sello.de la m~e.rte, y que SA escr1h~_alh, con ceniza, la irrevocable sentencia que nos co_ndena! El Ministro de Dios, en su , nombre realiza esta ceremonia, dejándonos despues de ella una cruz. ¿Que relacion pues existe, entre el recuerdo de nuestra miseria y el símbolo de nuestra Redencioo? ¡Ah! .... ¡ Hemos de morir! ¡ tenemos que volver al polvo de que fuimos formados! ¡ Los dias de nuestra vida han de tener un término: cumplido éste, las puertas de la eteroidad se cio~, aho~a ........mue_rle. ' No dejamos de comprender, que en nuestros dias, en que para degradar lo mas santo que encierra nuestro culle, se invoca . al «fanatismo» y á «las viejas preocupacione~» , ahora se apele á los mismos medios para destruir la grandez'a que encierra esta ceremonia. Al corazon corrompido que no quiere separarse del camino del crimen, le es importuno el recuerdo de la muerte, y mucho mas la exhorlacion á la penitencia y al arrepentimiento. El vicio no puede convenirse con la idea . de nuestra miseria, ni mucho menos con el gran pensamiento de la eternidad; porque, :mnque no haya podido hasla ahora encontrar la eternidad de su reinado~ ha establecido en su infamia, no encontrar nada al través del sepu_lcro. Las mortificaciones del cuerpo, que contribuyen tan eficazmente á la purificacion .del espíritu 1 no pueden· reinar donde solo se profesa esta_deg'radante doctrina: comamos y he- ,ha!Ilost que mañ~a moriremos. La Reltgion pues con sus augustas ce- ·rémonias, tiene que colocarse im- . portuoa~ entre el corazon y el vicio; por esto no seria estraño que muchos al leer estas c~rtas líneas, dejen trasfucir una sonrisa de desdén 6 de desprecio: no importa, las risas de la impiedad serán mas tarde lágrimas de un moribundo, y los <<gestos,) de burla los estertores de la agonía .................... ..,

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