Dios prepara á los que le aman. El 1teal profeta hablando qe los justos dice: Ellos habitarán en la abundancia de vuestra casa, vos les inundareis con un torrente de delicias, y los iluminareis con vuestra propia luz. Y el Salvador en otra parte dice: Como Vos, Padre mio, sois en mí y yo de Vos, asi e!Jos serán uno en nosotros. «La idea y el amor de mi felicidad lian existido siempre en mí; dice el ~sclarecido Bossuet, porque no puedo Jamás haber sido sin haber huido de lo que me dañaba y sin habel' deseado lo que era conveniente, lo que no podia provenir sino del deseo de ser feliz J del temor de no serlo ...... Reproduzcamos, dice en otra parte, reproduzcamos en nosotros la Trinidad, unidos á Dios, conociendo á Dios, amando á Dios: y como nuestro conocimiento, que ahora es imperfecto y oscuro, de~apareterá, y el amor no desaparecerá ni ~érderá, amemos, amemos, amemos, hagamos sin fin, lo que sin fin haremos; hagamos sin fin en el tiempo, lo que sin fin haremos en la eternidad. ¡Oh! ¡qué incómodo es el tiempol ¡qué amable el bien de la eternidad!» Tal es ,el bien que esperamos, tal es el objete de nuestro amor. (Condicion del bien es In )'erdnd, de ella hablaremos en la mejor oportunidad posible.) ColejioSeminario de San Ambrosi-o de Puno, Enero 22 de 1873. INSERCIONES. EL PERIÓDICO CATÓLICO. D1scunso LEIDO l'OR EL PRESBÍTERO DON CRESCE!'ITE ERnÁzumz, }:L DfA 29 DE AGOSTO DE 1872, EN EL_ ACTO DE SU INCORPOUACION A LA FACULTAD DE TEO· LOGi.\. • (Conclitsion.) IV. Nunca, señores, ha estado reñida la relijion con el patriotismo; léjos de eso, ha elev1:1do y mu.clrn esa noble virtud cívica y h,i puesto como el primer deber relijioso sociaj la obligacion que cada uno de los ciudadanos tieue de contribuir, eo la medida sus fuerzas, á la defensa de la patri.t, al mejoramiento de sus instituciones, á todo lo que tiende a su prosperidad moral y material. El cristiano no puede en conciencia ser indiferente á la suerte de la sociedad de que ,forma parte; debe procurar que sus leyes sean conformes con los principios de eterna salud; debe influir para que los destinos de la naciou caigan en manos dignas de llevar tan honroso cargo; para que sus lejisladores comprendan su alta misioo y sepan respetu y hacer respetables todos los derechos, cumplan y liagan cnmplir todos los deberés; el cristiano, en resúrnen, tiene obligacion de tomar parte en la política. El último discurso que oido, se11ores, ha demostrado majbtralmeute este punto, 110 necesito repetir sus argumentos <JU0, estoy cierto, recorda1s muJ bien y solo me limitaré á observar especialment~ la manera como el perió<l 1co cutólico ha de cumplir con e~le alto d eber. Tal como se e11cue11tra coiu,tilu1da )a sociedad moderm1, la política puede ser una <le las cosas mas pequeñas y 1:nisera ~_les o la ocupacion mas uotaLle del ciu<ladaoo y especialmente del publicista. Debe, pues. el periódico católico, conocer mucho el terreno que pi,m y teJ)er UUR regla invariable de conducta para aplicarla colas mil dificultades que diariamente- ha de encontrar e11 su camino y de ese modo mantenerse siempre á la altura que la reHjion y la sociedad exijen del que se proclama s u dcfe11sor. Mas ¿á qué principios políticos obedecerá el mismo? ¿Cual ~e rá su partido, cuál su bandera? ¡Et:. tau dificil el d1t:iLA IGLESIA PUNEÑA. .. tinguir los diversos m1.itices que separnn hoy á los partidos que por do quiera se levantan! Y si caso t@dos cuentan cou el concurso de mas ó ménos hombres dignos ¿cómo se podra reuuir á los buenos bajo una sola bandera? De un modo mny seucillo: dejando á un lado las bandera.:; de todos los part idos y enarbolando el es tandar te católico. A su sombra podrán asilarse los corazones honrados, las nobles aspiraciones, las generosas. La religion les ofrece el ideal mas bello del hieuestar social; resuelve satisfactoriamente los ~raudes problemas tJue tanto ocupan la atencion de los hombres públicos, y les presenta principios ciertos, guias se~uras para marchar por el confuso laberiuto de las ciencias sociales. Sí, señores, P<?r her¡nosa que sea la bandera de alguu partido político, por muy grandes servicios que haya prestado y continúe prestando á la causa de la verdad, jamas será tan hermosa como la nuestra, ni habrá prestado al mundo los servicios del catolicismo. I,o que pueden tener de hermosos los estandartes de los dernas partidos es solo aquello que tomen del nuestro; pero para admirar la verdad en su majestuoso conjunto es menester recurrirá la Jglesia, úuica que la po5ee por completo. ¿Qué mucho, entónces, que para llamar á los hombres buenos á un centl'o comun no vayamos á pedir bo pitalidad a niugun partido y solo nos acojamos bajo·nuestro estandarte'? Si,em pre que un partido defienda la verdad, será nuestro aliado; aceptaremos con gratitud su cooperacion; pero -nunca nos comprometeremos á sostener sus <lema~ ideas, nuuca haremos nuestros sus intereses. Y ,eu esta aliauza-irnica, á mi juicio, que puede en circurn,tancias dadas ofrecer á los demas el partido católico-fa reciprocidad falta solo en apariencia. En todo partido político, verdaderamente digno del uombre <le tal, deben distiuguirse dos elementos muy diversos que entran en su formacion y sirven para separarlo de otros y mantener la cohesion eutre sus miembros. Esos elementos son los principios y los intel'eses. Y apesar de la inmensa su perioridad de los primeros sobre los segundos, s011 los intereses y las afeccio11es los que en la mayoría de los casos se auteponeu á los principios. - ¿Cómo e,;p\icar de otra manera, que bandos enteramente opuestos, eu~migos encaruizados, empeñen grandes Inchas llevando por mote programas casi idénticos? Si el interes, los compromisos , la amistad y, en una palabra, e,,e cúmulo de efectos q' se denominu pa5ion política y que reune en sí la fuerza y el poder <le todas las pasiones que contribuyen á formarla, uo llegaran a extraviar las intelijencias ¿,creeis que hombres honorables y honrados, ciu<ladauos;dignos y proboa, católicos 8inceros, llega ria u á aceptar las mauiol.Jrus tortuosas y las ve('es indignas que haceu necesarias las ex.ijencias de bandería'? Así se comprenden tambi en las muchas i11co11secue11cias que soleroos ver eu · los liombres públicos. fü los buscamos en las filas de opo~icion, los encontrarémos á me1,11do, teniendo P"r úuico anhelo el derribar al adversa no y reemplazarlo e11 su cod ici ado puesto; para cou - seguirlo 110 import ;rn lu:, medios de tJlle eclia mauo y oimos audáces ne~aciones de lo que ayer se sostenía con calor. Si al coutrario los vnmos á buscar entre los venceúo res, vemos ü m,,s de 11110 para quien la politirn uo es, como dice el diccio11ar io del arte de gober nar, dar leyes y re¡:damentos para mantener la tranquiliLlad y seguridad pública y conservar el órde11 y buenas co1;tu1ub res, si110 simplemente el arte de mantenerse en su puesto y preparar el camino á otro mas elevado. Al hablar así de uuestro partido ,10 preLeutlo, señores, pouerlot:i a _todos eu la misma línea ni acusarlos indistintamente de idénticas incousecuencias, pero tampoco creo haya muchos hombres públicos que puedau prociamarse complelamente liillpios· de maniobras condenables ante los ojos de uua iuteligeucia fria y de&apasiouada. El partido católico ha de o rar <le mny otro manera; no debe hacerse personal ni de círculo; r.o débe contar entre sus móviles ni los intereses ni las afecciones de los individues: únicamente ha de tener en vista los iutereses y el pu·ro amor de la verdad. Y esta situacion, cuyas desventajas saltau á la vista del m;u, miope en asuntos políticos, tiene en cambio ve11tc1jas muy reales J' llagará a constituir toda su foerza. Desentendiéndose por com pleto de los mezquinos intereses de bandería, entrando <le lleno en el terreno de los principio8, se pondra á la a I l111'« de la noble causa qu e procura servir y solo tc11drá por enemigos á los que siemprn y en todas purtes son los enemigos de la verdad .• En casi todos los partidos, lo repito, se encue11tra11 católicos ho11rados á quienes estravia la pasion políticc1; todos ellos verá11 claro cual es el fin que 110s, proponemos; uiugu110 se sentirá inju:-tameute hefldo en sus afecciones y ha• bra11 de confesarse qne sus principios sou los nuestros y qne el órgauo de nuestro partido defien<le sus idects y coavicciones. Por eso os deciá cf eu la alia11za que podiamos á las veces proponer á los partidos, á pesar de no comprometerno'l á sostener sus intereses, hauia verdadera reciprocidad. Aceptamos su ayuda; pero la aceptamos para defender :la causa de lodos los bucuos. ¿Deberemos, segun esto, contentarnos cou esa clase de alianzas? ¿Podrán los católicos perman ece r tranquilos e11 otro partiJo que uo sea el 11ueslro, es decir el suyo? No, seuores: es menester que cada uno esté ~011 sus herma11os. Lo de• mas es un grave mal, cu.vo pronto fiu demantlau el bien <le la religion y de la patria. Formarán el partido católico solo los católicos y todos los católicos que teugan el honor de merece:- e,;e nombre. A nadie se rreg-1111tará de dónde vie11e, á que partido ha pertenecido. ¿Es católico ante todo"? ¿Se halla dispuesto á combatir en favor de la verdad, á posponer á ella sus afecciones é intereses, ó mas bien, á identificar sus inlcre3es y afecciones cou los de la Jglesia'? Desde ese mismo :nornenlo es de los nuestros y forma parte del partido católico. Lejos de ser débiles los vínoulos qne une11 á estos hombres son los mas sólidos qt1e pueden darse; son inmutables. La pasion, que hace cambiar a cada paso á 11ue~tros adv<:rsarios, que es causa constante de division y di~turbios, para nada eutra en los móviles que han de impulsar¡¡ los católicos. Si11 necesidad de consultarse, siu prévio acuerdo, sabrán casi siempre tot.los ellos lo que debe11 peusar en un asuuto <lado, e11 qué sentido han de obrar y cuid es lo rnas c_ou ve11ie11te á la causa qne defieuden; porque para saberlo sólo tienen que consultar su conciencia, examinar sus creencias y juzi!ar á la luz de priucipios iumutabl es el i11tercs del mome11to. Esto 110 significa, SPüores, que cualquier asunto político se hnlle de tal modo relncionado c·nu la rcligion que el católico tenr:,a obli~acioH de µensa1· de una m:we ra determinadn v oLrar uniforme~ me11te. Al coutrario: creo que u11a de las pri rne1'a8 reglas de 1111estro partido es el dejar !a nrnyor amplitud a la libertad individual y el re~tri11jir su acc11,n com ,w á aquellos neg-ocios en los cuales i--e vea mny clara la utilidad Je la relig-ion. U partido católico eutre nosotros es el de to,!os los paises·.v todos los tiempos; su programa 110 puede tleribarse si110 del credo de la Iglesia: su lema hace qui11ce siglos que fué escrito por San A1-{thtin: fon eces:,ariis -ú.nilas, in dnbiis libertas, z"n omnilrns cháritas. ¿Qué 1mportu q' eu m:1Lerrns económicas se..a uuu libre cambista ó proteccionista, partidario ó enemigo del voto acumulativo en leyes electorales'? L11 diverjencia en estas cosas no rompe la unidad de lo esencial. .Esa libertad es la misma que la Iglesia nos deja. J uua de las grandes fuentes de la belleza Y armoHia del catolicisruo. l'ero todavia mas importante es otra regla á qne Jª me he referido: nuestro partido debe dejílr siempre de lado los asuntos tle pura bauderia. No sou dignos de quien se da á la defensa de los verdaderos pri11cipios sociales y, si bien en los demas partidos, exaltando tas pasiones, contribuyen poderosamente á mantener la cohesion entre &us miembros, en el nuestro dan origen á gravisimos males. ;.~o será el pnmero el descrédito que, pasado ei momento de exaltacion, ocasionan asu11tos e11 los cuales claramente solo la pasion domina? Aun dado cas9 que los antecede11tes sean ciertos; y legítimo el fin á que se ¡1spira, esos medios del todo apasionados, necesariamente violentos, no pueden sino disgustar á mu(·hos hombres digno5. Tienen en verdad, perfecto derecho para pedir se guarde e:;e entusiasmo, esa euergia para cuando esteu de por medio, ó bien los pri11cipios reliµiosos ó al menos el interes bien eutendido del partido, que jamas ha de confuudirse co11 mezquiuos í11tcreses persouules ui animosidades de ninguu género. l\o es menos grave el otro inconveniente de e~tos asuntos de:: mera bandería. Nuestro principal empeño ha de cifrarse en atraerá los hombres de creencias que se enrnentrau e11 los otros pi!rtidos y á quieues retienen la pasion política, los compromisos contraidos, las afe<:ciones personales: debemo~ teuderles la mano del amigo, del hermano por sobre los intereses momentáneos que ho.v los apartan del puest, del deber. J.os únicos purtidos ,·erdaderos, los único~ realmente separados por prmcipios, son el partido católico y el anticatólico; los amigos de la verdad y de la Iglesia, los secuaces del error y eue migos del Cristo. Entre los mil matices políticos que en toda sociedad se de:-cubren, esas sou las solas <lifer,~11cias esenciales, y está en nuestro interés, como en el iuterés de la sociedad, el t:iepHrar cuanto antes esos dos campos. A hora Lien, el principal medio de atraerá esos hombres que permanecen fuera d~ ¡,u rentr,, es el no agriar las pasiones que los ciegan, el quitar en cuanto sea posible del partido católico lo que 110 sean los priucipios, en lo cual todos los creyentes se eucuentran necesariamente u11idos. Ciertamente, si bien los principios son nuestro lazo de union, no entran ellos solos en la formaciou de un partido: de la lucha, de las necesidades del momento, de las conveniencias mismas de ht reli¡;ion, uaceu intereses y coml.Jim1cio11es que e:1 preciso teuer muy en cuenta y que coutril.Juyen éÍ dur al partido su fisonomía propia y esµecí11I. Pero aun en estos casos-y principalmente en estos casos-es me11ester separar co11 cuidado lo que solo es hijo de la pasion, <le aquello que realmente mira al bien de la cau8a. Así evitaremos c¡ue las dive"rgencias. que ma11tie11en 1dejados <le nosotros á 11uestros hermanos, lomen cada día mas Cllt!rpo; se aumentan las animosidades é impiden dcfi11itivament.e que, reconociendo aquel los su errQr, entren eu las .filas de los bueno;. Nientras permauezcan en cualquier partido_ que 110 sea el católico, por mus religiosos que sean iucJividualmeute, no lo sean como hor:1brcs públicos, autepoueu lastimosame11te Ja:i¡ 11fecciones á las creeucias y eslan lejos de confesar ante el mundo la f é de .1csucristo. Por mucho:s deseos que tengamos de unirnos á ellos, 110 110s es lícito irlos á buscar á su camµo, que para elevarlos habriámos de elevar elementos é i11terescs opuestos al catolicismo. Cuauto
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