La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO VII. COLABORACION. · TEORIA DEL BIEN Y DE LA ver.adera felicidad. El bien 511mo, no puede hallarse sino en lo que es inmutable, iJjo y permarrenle; _pc'.rque si pudiera perderse, deJarta de ser sumo bien.-(Ciceron.) (COl'CCLUSIO)I.) "El bien necesario existe por sí, y es por esto eterno, infiuito ~ inm~tnb!e; del él dimanan los demas b1ene~, o meJor diremos, que todos ellos no so:1 mas qu_e otras tantas maneras con que él se ma111fiesta, pues que el bien e11 bÍ es 11110 y único. Conveugamos: l. 0 que verdadero y absoluto bien de uu sér, es aquel á que su naturaleza propia le impulsa; 2. 0 que el bi.en de que ~sacomo medio para este hu, es un bren re• lativo; 3. ~ que el bien consiguieute al hecho' de haber alcanzado este fin, es un bien resultante. Y he aquí las tres e~pecies de bienes propios del sér dotado de inteligencia, a saber: l. 0 el bien adecuado á su naturaleza, y se llama· honesto; 2. 0 el que le sirve de medio para alcanzarle, y se llama util· 3. 0 el que le resulta de haberle alca'nzado, y se llama <leleitul>le. De esta clasificaeion se coli¡:re que no v11liendo lo útil sino en calidad de medio para lo honesto, y siendo lo deleitable una merlt consecuencia del reposo que la tendencia, sensitiva ó racional, logrit cuando ha obteuido su fin prólimo ó remoto, uno solo es realmeute el ver• dadero bien, á saber: el bien neceiiario. Tomada la palabra bien en el sentido de la virtud constituye el bien honesto, principio fundamental de la verdadera felicidud del hombre en esta vida. Pero conviene ndvertir: l. 0 Que la felicidad es un bie·n que todos se empeñan eu lograr; pero que muy pocos lo obtienen, , por equivocarKe eu los medios: 2. 0 Que puede adquirtrse por todos, v es nccesible á todas las clases de la s·ociedad: 3. 0 Que solo cousisté en el imperturbable testimonio de 1111n conciencia pura; y 4. 0 Que el vicio no tiene ninguna ventaja sobre la virtud, aun con relacion a la felicidad en este mundo. La posesion de Dios por el conocimiento y el amor coustituye la birna- -venturanza en la otra vida. Para ;:iroceder con órden fijaremos estas ideas precisándolas por medio de defi11icío11es exactas. Felicidad ó Bie11a venturaiiza es la satisfacion proveniente de po,eer el sumo bien, es ob,ietiva y formal, uquella son las cosas que nos haceu felices, y ésta la posesiou de las misnrns cosas. Ilien sumo es el perfecto contento y bienestur del alma, en el cnal se halla tranquila y satisfecha de sí misma. Para que sea tal, es preciso: t. 0 que esté en el alma misma y lle- . ne sus potencias; á saber, el entendimiento y In voluntad: 2. 0 que esclu- -ya enteramente toda necesidad, todo . dolor, lodo deseo y todo lo que pudiera oponerse al honor y á la virtud: PUNO, FEBRERO 12 DE 1875. N. º f55, untñtt.. PERIODICO SEMANAL. M aes dt@4ffi.Mi#D e .,,.. • @iM:t4W4MéfkiS4 $@.hk# ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO -DE 'LA DIOCESIS, y 3. 0 que ni se pueda perder ni al• ternr. § 5. o Harto estravagantes fueron las sentencias <le los antiguos filósofos acerca de la verdadera felicidad. Bar ron la fijó en la triste division de los bienes del alma y del cuerpo y de unos y otros. Los Estoicos en la virtud. Los Cirinnycos como Aristipo y Epicuro en la voluptuosidad. P1tágoras, seguu Teodoreto, en la cieucia de perfeccionar. Atistenes en la modestia y 1,abiduria. Sócrates en la justicia y Al'istóteles en la couternplacion de la verdad. Disputaban los e¡;toicos contra los epicúreos, sobre la na,turaleza y causa de la fülicidad ó de la suma .dicha de la vida. Era muy frívola en realidad, ó no se entendían estos filósofos ó se hacian mútuamente ilusion. Los estoicos, como hemos -visto, colocaban la felicid¡;¡d en la virtud: esta es una bella idea; pero puesto que no tenían ninguna certe• za ui esperanza de su felicidad futura en la otra vida, toda la dicha del sábio no podía consistir mas que en el testimonio de su conciencia y en la satisfacciou de ser apreciado de lo8 hombres; dcbil recurso coHtra el dolor J las aíli<"ciones, n que un hombre virtnoso , esta espuesto c ,J mo los <lemas. Decían, y con razou. que el sábio, aun sufriendo, es dichuso, que el dolor 1JO es un rmd para él; ¡-;ero sus contrnrios les oµonian diciendo que mentían por v~- nidad. :Los epicúreos, que hacían consistir la felicidad en el sentimiento de placer, 110 sat.isfacian iÍ la cuestio11; se quería saber si placeres tau frágiles como l'Js de ~ste mundo, siempre inquietos por el temor de perderlos, y muchas ve.ces por los remordimient9s, pueden ha~·er al hombre verdaderamente di'C119so; el sentido comun decide que no es esta una verdadera felicidad. Como la felicidad debe ser un contento que se ~oza en el alma, acertó mejor Ciceron cuando dijo: El sumo bien 110 se puede dejar sentir sino a la parle mas perfecta del hombre; esto es, al alma, <·uya dicha J' felicidad oó pueden consistir sino en sola la virtud; porque é.sta es el iu1ico manantinl de lo bello, de lo honesto, de la veÍ'dade· ra gloria y de los verdaderos placeres. A ristoteles dijo que el bien sumo no puede rc-,idir sino en el nlma, esto es, en nqnella parte principal del hombre, que segun las leyes de la na turalezn, debe mandar y gobernar, y debe reunir .al mismo tiempo el conocimiento de todo lo que re-rteuece á la virtud, a la verdad y á Díos. Platou dice que el bien snmo 110 puede consistir en solo la sa • bi<luria, ni eu solo el placer, si110 que debe juntP.r una y otro. Hemos dicho que el sumo bien ha de escluir cualesquiera especie de necc~sidad, de dí,lor, de deseo y de tódo lo que pueda ser ·contrario al honor y á In vfrtud . •Al caso viene lo que- dice el príncipe de los filósofos: El hombre perfectamente feliz se vasta a sí mismo y no conoce ni los deseos, ni las inquietudes, 11i las necesidades. El mismo Ciceron asienta en otro lugar, que no . podemos llamar dichoso sino ni que se halla del todo eseuto de las agitaciones . que causan en el corazon los deseos y los temores, y que no se deja arrastrar ni del fuego de las pasiones, , ni de los arrebatos de la alegria, ni del ardor d~ los placeres; de donde debemos inferir quo la verdadera felicidad no corü,iste sino en lo que es conforme á la honestidad y a la virtud. Goce, pues, el hombre de salud, de fuerzas, de hermosura, de riquezas, de poder, de una autoridad absoluta etc.; con tojos estos bienes será desdichado si le falta la virtud. La felicidad verdadera no ha de estar espuesta á perderse ni a los riesgos de la mudanza. Lo qtie constituye la felicidad perfecta, dice el mas sáLio de la antigua Roma, no ha de estar sugeto , ni á envejecerse, t'li á estinguirse, ni á d6!bilitnrse; porque quien tuviese que temer algo de esto, desde luego no podría ser perfectamente feliz. Asi es que, la perfecta felicidad del alma, su pleno contento en esta vida, su dicha cumplida, esto es, el bi~n sumo, no puede consistir sino en lo que es, segun la virtud, ta honestidad, la sabiduría y todas las !eyes de equidad, de rectitud que la r:aturaleza ha grabado en nuestrcs corazones. Iliencs contingentes son, los que estan t•spu~st9s á variarse, por depender de alguna causa. Del,emos coufr ~ar que la su ti:-.faccion de los apeti to'-, la lucidn d~ las riqnP-zas, la emhriague1: de todos los deleites, la esteosio u de poder, de autoridad etc.; son bieues coutinguentes, y por lo mismo son insuficientes para hacer al hombre perfectamente feliz, puesto que uo pueden constituir aquel sumo bien que buscarnos y para el cual hemos nacido. fü hombre de bien, el hombre virtuoso, es el verdaderameute feliz; él duphca su existencia, porque vive dos veces, goza con tra1¡quilidad de los momentos presentes, y se complace en la dulce memoria de lo pasado. Es feliz. porque IIG esperimenta las inquietudes de una conciencia impura y de:iasosega, da, sino que con dulce calma y tra11quilidad apasible saborea el suave néctar de la pnz y de la inocencia de su corazon. ¿Qué cosa mas satisfactoria que vivir sin remordimiento, poder á cada ins tante r epasar en la memoria el bien que ha hecho á sus semejantes, y no hollar en su conducta sino objetos agradables y de complacencia? Toda la vida del hombre v-irtuoso y benéfico e9 para él una série ·de imáj enes deliciosas y risueñas pintura:i . . N0, 110 hay bajo el sol un espectáculo mas hermoso que el del hornure virtuoso, que fijos los ojos en su fin y en sn destino, avanza eon pilsos firmes y ~·.cgnro~, fiel á sus deberes, animado de u11a piedad noble é ilnstrada, útil á la sociedad, afectuoso con sus hermanos, sereno, i 11depenc.liente, siempre ig-ual, en medio de todas las vísicitudes de ]a fortuna. La ticrrn se ufana en llevarle: la naturaleza vé coronada en él la magnífica y progresiva armonía de sus pin nes: él ocupa la cima de la creacion visible, descuella sobre todos los seres, y es en cierto 'modo el lazo que une al univer~o sensible con la alta region de las inteligencias puras, No nos causemos, la verdadera felicidad en esta vida nace del bien honesto, se comunica por el amor y se posee por el premio de la virtud. A la verdadera felicidad de esta vida es consiguiente la eterna bienaventuranza, pocas veces es el hombre dichoso en la tierra siri serlo en la eternidad. La bienaventuranza es un asunto harto delicado, por cuya razon merece se le trate con mas precision. La verdadera bienaventuranza objetiva no consiste en alguna cosa criada; porque la yoluntad no p_uede descansar sino en el bien sumo y perfecto, que comprende todos los bienes, y que , es el fin último al que todas las cosas se refieren, y como ninguna eosa•criada puede contener en sí la razon del sumo bien, pues son bienes caducos fugitivos é inconstantes, y el corazon humano jamas se satisface ni tra-nquilizn con ellos, es claro que la verdadera bienaventuranza objetiva no1 cousiste en alguna cosa criada. La verdadera y perfecta Bienaventuran~a objetiva es solo Dios: porque solo :EL es, el bien sumo por esencia, infinito y origen de todos los bienes; su posesioni es segura é inmutable; y nuestro cor11zon, como dice san Agustín, está 'inquieto hasta que descanse en él; luego la verdadera y perfecta Bienaveuturanza objetiva es solo Dios. La bienaventuranza formal es la contemplacion de Dios; porque la hiena- . venturanza consiste en aqoello que nos ponga en posesion dt:l sumo bien, que es Dios á quien no pue•de tocarse, iino por el entendimiento y voluntad media u te los actos de contemplocion, deseo, gozo, y mas que ·todo Amor~ luego la Bienaventuranza formal es la contemplacion de Dios. Ninguno puede -gozar e·n esta vida de perfecta bienaventuranza¡ porque el bien perfecto escluye todo mal, y como en esta vida el alma y el cuerpo estan sugetos á muchos males; y todos los bienes terrenos son contingentes, breves, fugaces, caducos y aun la misma vida ligera sombra, es clar9 que ninguno puede gozar en esta vida de perfecta bi e11a venturanza. Tal bienaventuranza incoada no pueden tenel'la sino los justos, porque el sumo bien no puede obtenerse sino por un amor perfecto. A nnquc investiguemos si la beatitud formal cousiste eo el "lumbre de gloria, en In vision de Dios, en el amor que de ella se sigue, en la alegria del alma en este dichoso estado, nada habremos adelantado. Esta felicidad debe ser el objeto de nuestros d.eseos, y no el de nuestrns dispotas. La gloria la dará el Set1or, dice el profeta, á quien persevere en su gracia: l\las para perseverar eu la' gracia del Señor menester es, teuer amor á la virtud J ser virtuoso, amando á Dios, porque solo el amor de Dios couduce á 111 bienaventuranza, en donde seremos semejantes á Dios, felices y eternamente dichosos como 'ÉL; e11tonces recibiremos aquel premio que tanto 110s encarece san i?ab!o diciendo, que el ojo jamas vio, ni el oido hu escuchado, ni el corazon del hombre ha comprendido los bieues que

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