Tal es el plan: pasemos á los medios. La corrt,pciori. Escuchemos cosas aun mas horrorosas. «Estamos demasiado en progreso para contentarnos con el asesinato. ¿De que sirve un bomdre asesioado? No individualicemos el crimen, con el fin de •darle ,proporciones de patriotismo y 1e odiu contra la Iglesia; df;bemos geuerahaarlo. El catolicismo no terne á on pu4al bien afilado, ni las monarquías tamFOco; pero estas dos bases del órden social pueden derrumbarse p~r l? corrupciorr; así no nos cansemos pmas de corromper. Está decidido eu nuestr_os consejos qne no ha de haber mas ·cristianos. Popularicemos el vicio en las ma- &as. Estas deben. respirarlo J)Or todos los cinco sentidos: que lo beba-n_, 9v,e se harten de il. Formad corazones mcwsos, !J no tendireis mas católicos (i).» ¡Qué elogio para la Iglesia! «Co1,servemos los cuerpos, pero matemos el espíritu. Lo que importa es destruir la moral, y para esto es preciso disecar el corazon. Creo de mi deber proponer este medio por principio de humanidad política (2).11 El jefe de ln Venta Suprema añade, con motivo de la muerte públicamente impenitente ~e dos de sus afiliados, ejecutados en Ro~a: «Su muerte de réprobos ha producido uu ~fecto mágico en las masas. Es la primera, proclamacion . de las sociedades secretas, y úna toma de posesion de las almas. Morir en la plaza del pueblo, e1_1 ~1oma, en Ja ciudad madre del catol1c1:-mo, morir frhncmason é impenitente, es cosa arlmirtble.» Otro de estos demo11ios encarnados die&: «Infiltrad el veneno en los corJzones escogidos; ínfiltradlo á dósis pequeñas y como por casualidad, y os admirareis vosotros mismos de -vuestro buen éxito. Lo esencial es aislar alhombre de su familia, hacerle perder los usos y costumbres que en eUa hay. Por la •ncli uacion de su carácter está bastante dispuesto á huir de los cui,tados de su cai-a, y cotTer tras placeres fáciles y prohibidos. «Le ~ustan las largas conversaciones del café; la ociüsidad de los teatros. Arrastradlo, atraedle allí sin que se aperciba; dadle alguna importanci.t, sea la que fuere; enseñadle discreta mente á fastidiarse de sus tr;1bajos cotidianos. Con estas mallas, despue de haberlo separado de su mujer y de sus hiJOS, despues de haberle enseñado cuáu~penosos son los deberes, lrnreis uacer en él el deseo de· otra existencia. El hombre ha nacido rebelde. Atizad este deseo «e rebelion hasta el incendio; pero que el i,nce,idio no estalle. Esto será uua buena pre parncion para la grande obra que debeis principiar (3) ... «Para esta grnnde obra nos dice el ahogado lógico de la causa l'evolucionada, para esta grande obra · se necesita nnn concienr,ia ancha que no se arredre cuando llegue la ocasion, ni de uua alianza adultera, ni de la fe pública violad11, ni de las Leyes de fo huma11idad pisoteadas (4) ... L11 Venta Suprema resume en estas palabras esta infernal conj'uracio11: «Lo que hemos emprendido es la corruprion en grande escala; la corrupcíon del pueblo por medio del clero, y la del clero por medio de nosotros. La, corrupcion que 110s permitirá un dia llevar la iglesia al sepul- ~ro. Nos dicen que para echar abujo el catolicismo seria preciso antes suprimir Ja mujer. Sea así; pero no p;1die11do suprimirla, corrompámosla por la Iglesia. Corruptio optimi pessim.a. El fin es bastante hermoso para tentar á hombres como nosotros. El mejor pulla! para herir á Ja Igle-~ia, . es la corrupcion. ¡Adelante, pues, baila el fin. ' La corrupciun de la juventud y del clero. Lo■ corazones escogidos que la llevo- {1} Teo~ia de la Vent« Suprema. Vindice á NuL1us. (~) El jefe de la V~nta Suprema á Vindice. l~I 601·respondenc1a de la Venta Suprema. i) J>rvudlwn. .f LA fGLESIA PUNEÑJ\. lucion busca con preferencia, son los ( jóvenes y los sacerdotes; aun se atre- j ve á esperar y aspira á formar un Papa. 1 "A la juventud debemos dirigirnos; debemos seducirla, debemos alistarla, sin que se aperciba, bajo nuestras banderas. Que nadie penetre vuestros designios; no os ocupeis de la vejez ni de la edad madura; id á la juventud, y, si es posible, á la infancia. Nunca tengais para. ella una palabra impia ó licenciosa: guardaos bien de esto, por el iuterés mismo de la causa. Conservad todas las apariencias del hombre · grave y moral. Una vez hecha yuestra reput11cion en los colegios, gimnasios, uoi versidades y Seminarios; cuando .Ílayais obtenido la coufianza de profesores y estudiantes, acercaos principalmente ~ aquellos que se afilien en la milicia clerical. J~scitad, exaltad esas ·naturalezas tau llenas de ardor y de orgullo patriótico. Ofrecedles al principio, pero siempre en secreto, libros inofensivos, y así llevareis poco á poco vuestros dh,cípulos al grado de j madurez que • quereis obtener. Cuando este trabajo de todos los' días haya es- . parcido nuestras ideas como la luz por ·1 todas partes, entonces podreis apreciar la sabiduría de esta direccion. Formaos una reputacion de buen católico' y de , patriota puro; esta · repulacioó facilitará la propngacion de nuestras doctrinas entre el clero jóven y en el fondo de los conventos. Eu algunos aiios, , este clero jóven llegará á ocupar todos los puestos por la fuerza de los acontecí- , mientos. El gobernará, administrará, ju~gará, formurá el Consejo del soberano, y sera llamado á elegir el Pontífice, que habrá de reinar; y este PontHice, como la mayor parte de sus contemporaneos, estará necesariamente mas ó menos imbuido en los principios italianos y ltuman~larios que vamos á poner en circulacion. Para alcauzar este fin, de&pleguemos al vien- · to todas nuestros velas (1).» «Debemos hacer la educa.cion inmoral de la Iglesia, y llegar por peqoel'íÓs medios, bien gn<luados, aunque bastante mal definidos, al t1·iunfo de la idea revolucionaria por un Papa. Este proyecto me ha p~recido siempre de una ·habilidad mas que humana (2) ... . En efecto, es sobrehumano, porque v1en~ eu linea recta de Séltauás. El personaJe que se oculta bajo el nombre 1 de N~1bius _describe luego este Papa revoluctonano, que él se atreve á esperar: un Papa credulo y débil, sin penetra- ~íon,. hombre de bien y respetado, é 1mbmdo en los principios democráticos. «Un ~ap~ de estas condiciones, dice, neces1ta~'lélmos; y, i3Í esto fuera posible, marchan¡, mos al a,alto de la Iglesia mas seguros que con los folletos de nuestros hermauos Ue Francia ó el oro de Inglaterra. Para quebrantar la roca sobre la cual ha construido Dios su Jglesia, tendríamos el dedo pequeño del sucesor de Pedro metido en la trama, y esle dedo pequeño valdría para esta cruzada tanto como los Urbanos n " Y S~n Ber~iardos de_la cristiandad (3).» «¿Quere1s revolucionar la Jtalia? añaden en fi u estos emisarios del infierno: buscad el Papa cuyo retrato acabamos de ·dar. lfarche el clero siempre bajo !1uestra band~ra, crey e udo marchar baJO la de las JI aves ' apostólicas. ¿Quereis hacer desaparecer hasta el último vestigio de tiranos y opresores? Tended vuestrns redes, tendedlas en el fondo de ~as saci·istias, Seminarios y conventos; y st no os precipitais, os prometernos una pesca milagrosa; pescareis una Hevólucio11_ reves tida de tiara y capa, que marcl~ara cou cruz y bandera; una Be- ~oluc1011 que .solo necesitará ser aguiJoneada muy poco para hace-r arder las cuatro partes del mundo (4).» (1) lnstruccion secreta. (2) Nubius á Volpe. (::! J Ioslruccion secreta. ti) lustrucc1qn secreta. J ,)7 1, ¡Como sienten ellos mismos que todo se apoya eu el Papa! Lo que consuela es verlos confesar con disgusto que no han podido hincar el diente ni en el Sagrado Colegio ni en la Compañía de Jesus. <•Los Cardenales han escapado todos de nuestras redes: de nnda bao serviqo contra ellos las adulaciones mejor combinadas; ni un solo miembro del Sa~rado Colegio ha caído en el lazo. Con los Jesuitas se han malogrado tambien nuestros · planes. Desde que conspiramos, ha sid:> imposible poner Ja mano sobre un Jguacia: no, y convendría saber la causa de esta obstioacion tan unánime: ' ¿por qué 110 hemos podido nunca encontrar en ninguno de ellos las aberturas de su coraza?» Se añade piadosamente: «~o tenemos Jesuitas con nosotros, pero siempre podemos decir y hacer decir que los hay, y producirá el mismo efecto ( 1) '." ' La mentira y la calumnia. Satanas es el padre de la mentirn; pater mendacii. La primera revolucion se hizo con una mentira: Eristis sicut dii. Como hijas de aquella., todas las demás se forjan por el mismo proceder; cuanto mas graves son, mas mienten. Y es co~a cierta que en el día las mentiras, las hiprocresias, los sofismas tejidos contra la Iglesia cop un arte infernal, circu1au entre nosotros en mayor número que los a.tomos en el aire. · ¿De donde vienen? Escuchad á la Revolucioo. «Los sacerdotes son gentes de b'uena fé: mostradlos como pérfidos y desconfiados. Las masas han tenido en todo tiempo una gran propensioo á creer todos los errores y necedades. Engañadlas; les gusta ser engañadas (2).» "'Poco nos qaeda que hacer con los Cardenales viejos y los Prelados cuyo carácter es decidido. De nuestros depó• silos de popularidad ó impopularidad, debemos sacar las armas que han de hacer su poder inutil ó ridículo. Una palabra que se inventa con habilidad, y que con maña se sabe esparcir entre ciertas familias honradas y escogidas, para qúe de ahí baje á Jos cafés, y dé los cafés á las calles; un mote de esta especie puede algunas veces matar á un hombre. Si donde estuviéseis os encontrais con uno de aquellos Prelados que ejerza alguna funcion públi<m, tratad de conocer en !)eguid.a su carácter, sus antecedentes, sus cualidades, y, sobre todo, sus defectos. Rodeado de todos ]os lazos que podais tenderle, creadl·e una de aquellas-reputaciones que espanta á los niños y á las viejas; pintadlo cruel y sanguinario; referid algunos ra:-;gos de tiranía que fácilmente queden grabados eu la memoria del pueblo. Cuando los periódicos est.rauJeros recojan, por medio de nosotros, estas r e laciones, que ellos embellecerán á su vez inevitablemente p~r respeto a 1f, verdad, euseüad, .ó, mejor dicho, haced ve1· por medio de algun imbecil respetable (a vi so á los pregoueros de escándalos· religiosos), haced ver estos periódicos en que se refieren los nombres y los escesos tramados de estos personajes. Del mismo modo que Francia é Iuglaterra, la Italia no dejará de tener plumas bien cortadas para las mentiras útiles á• la bue na causa (aviso a los periodistas). Con un periódico en la mano, el pueblo no necesita otras pruebas. Se encuentra en la iufo1icia del liberali smo, y cree en los liberales (3) .» El viejo Voltaire ha sido dejado ya atras en este puuto por la .francmasonería. La traicion siempre viene de la propia casa. La francmasonería hace cuanto puede' para hace rnos creer que es la sociedad filantrópica mas inocente, mas sencilla de cuantas existen. Pues áhí teneis la Revolucion que nos revela su verdadero carácter, auuque al [1] El corresponsal lle Li ornia, lleppo, a Nuliius. (i ) El corresponsal de Ancona á la Venta Suprema. (3) Inslruccion secret~ de la J/enta :_Suprema. ! I hacerlo o'bre con poca prudencia. «Cuando bayais imbuido en algunas almas 1a aversion a la familia y a la Religioo (y lo uno sigue siempre de mu_y ceTCa á lo otro), dejad · caer algunas palabras que hagan nacer el deseo de ser ati\iado á 1a logia masónica mas cercana. Esta vanidad del ciudadano y del menestral en afiliarse á la francmasonería, tiene algo de comun, y es tan universal, que me haoe quedar admi.rade de la estupidez humana. El verse miembro de una logia', el sentirse llamado á guardar un secreto (que nunca se le confia) lejos de su muj er é hijos, es una delicia y una ambícion· p.ara ciertos hombres. La·s logias son un lngar de deposite, una especie de Vivero, un centro que es preciso atravesa1· antes de llegar á nosotros. 1,La falsa filantropía de estas logias ec; pastoral y gastronómica: pero esto mismo tie'ne un fin, á que es preciso impulsar sin descanso. Es muy fácil hacerse dueño de la ve-luntad, de la in• tellgencia y aun de la libertad ªe un hbmbre, á (iuien se le ensefia, va!)O eo mano, á ser va-liente, y el manejo, de las armas. Se dispone en él, se le revudve, se le estudia, se adivinan sus inclinaciones y sus tendencias; cuando llega a la madurez que ~ecesitamoa, se le dirige hacia las sociedade& secretas, ~e la que lá francmasoneria solo es la antesala, y" aun bastante mal a,lum~rada. Con las logias contamos pu.r<t engrosar nuestras filas. Ellas forman, sin sa• berlo, nuestro noviciado preparatorio. Hablan sio ceial"' sobre los peligros del fanatismo, sobre la dicha de la igualdad social, y sobre l9s grandes principios de la li'bertad religiosa. Lanzan, entre dos orgías, tremendos anatema& contra la intolerancia y la persecucion. Es mas de lo que necitamos para formarnos adeptos. Uu hombre lleno de estas bellás ideas, no está lejos de nosotrOlilj ya solo falta indicarle un puesto en nuestro regimiento. Eo esto estriba la ·ley , del progreso social; no os cansPis en buscarlo en otra parte. «Pero no os quheis · nunca la máscara; dad vueltas al rededor del rebafio católico, y, como buenos J-0bos, coged al paso el primer cordero que se os presente de las condiciones que convengan (1).» Lns mismas logias masónicas se encargan ,de afirmar astas apreciaciones, J nos hacen tocar con el dedo la per• -,.ersidad de esta poderosa institucion que se dice tan inofensiva. «Si la masonería, decía muy recientemente uno de sus principales venerables; si la masonería debiera encerrarse en el estrecho círculo que se le quiere trazar, ¿de :qué serviría la organizacíon 1;asla y el inmenso desarrollo que se le ha dado?... La hora del peligro ha llegado; es inmenso; preciso es obrar.... Por todas partes se organiza el e'l,le• migo...• La hidra monacal (la gerarquia católica), tantas veces aplastada, nos amenaza de nuevo con sus hediondas cabezas. En vano nos lisonjeamos de ln,ber vencido la Infame con el siglo XVIII; la Infame renace . mas vigorosa, mas intolerante, mas rapaz y hambrienta que nunca. Es preciso levan tal,' altar contra altar, ensetlanz~ contra enseñanza •." En fin, los caballeros masónicos prestan al juramento de «reconocer y mirar siempre con horror á los Beyes y it los fanátúJos reZigiosos, como a los azotes de. los desgraciadas y del_ mundo.» Todo está sacado de discursos oficiales, pr:)Ounciadós en estofil últimos ·años por los grandes maestr·es y venerables en reuniones numerosils, «eu las qué se tranquilizaron las conciencitts, y se dijo muy alto que se pensaba interiormente.» ¿Comprendeis ahora por qué la Santa Sede ha condenado In francmasonería, y pbr qué está prohibido el afiliarse á ella, ba,io pena de escomunion? Esplotacion de lo~ príncizu~s. Ln Revo- (1) Correspondencia de la Venta piamontesá-.
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