es? ¿Qué viene á hacer el que blasfe./ ma de Dios? ¿Cómo se atre,e á perturbar el santo recojimiento de los que amamos y creemos, y venimos en el silencio de lá noche á conversar tristemente con los sepulcros profanados, con las paredes mohosas y arruiuadns? Pwetra en el derruido pórtico de Jo que fué Iglesia. ¿Si le habra Dios tocado en el corazon, y buscará las ruinas de on altar. para dirijir desde allí una orncion ilnpregnada en lágrimas de arrepentimiento al Padre de la iufi- . nita misericordia'l . ¡Ay! no; la boca de ese hombre acaba de proferir otra blasfemia. Sale de eutre lns ruinas del templo. ¡Lleva un cabnUo de la rienda! ¿Será posible? ¡El templo de Dios convertido ~n establo! Pero ¿quién es el monstruo que así inMulta la santidad de estos lugares? . ¿No le conoceis'? Es el nuevo dueño del con,ento, de la Jglesia y de la huerttt. Es el miserable que ayei: ostentaba sus harapos en la plaza pública, dando • .no sé qué gritos de libertad é igualdad, "J ho.r, conservador de nuevo cuño, pide órdeo y respeto á los derechos adquiridos, y proteccioo a la industria y á la agricultura. E1 el usurero de esta comarca, que chupa eJ sudor de los iufelites iabrndore8, en otro tiempo socorrid~s jeoer;osameote por la inagotable ca• ridad d(;l co"'vento. Es la culebra de estns rriinns venerandas: ¡es el desamortiza:dor! ¿No le habeis conocido? ¡Desdichado! ¡Mil veces desdichado! Las maldiciones d~ la Jglesia hau caído sobre él, y se trasmitiran a sus hijos y A 1us nietos, porque esa tierra que eultiva no producirá- mas que espinas, ni sérá regada - tino con sangre. Guerras, pestes, inundaciones, saqueos: todo vendrá, tnrdé ó temprano, á purificar eate suelo profanado. ¿Piensa <}ne gozarán sus herederos de eaa . propiedad sacrílegame11te robadia? No, no. no. Caerán sobre ella los nuevos vándalos~ quienes Dios ha permitido que sean terribles instrumentos de su justicia. '.La innsion vendrá, ¿qué es venir? está á las puertas de nuestrus ciudades, en 101 linderos de nuestros campos. Ya uo Jia, fuerz11 humana que pueda c-0nte11erJa. Sale á borbotones de los clubs en que fermenta, y pronto. iuundnrá la supertieie de esta Europ1' ucrflega, maldita de Dios y entregada al impuro dominio de los hijos de IC's hombres. El rumor de la tempestad que se acerca hiere nuei,tros oídos. La invasion es iuevitable: ¡vedla! Está ya ahí C{HI toda 1u crueldad, y sus horrorea. Es el socialismo ... ¡Paso al soci!ltismo! ¡Paso al Atila del siglo xrx! , l,A REVOl,UCIO'.'W, })on l\fol'ISEÑOlt SEGUR. § I. La Revolucion.-Lo que no es. t:sta pitlabra es muy elástica, y se abusa de ella á cada paso para seducir la inteligencia de los hombres. La revolucion en jenernl es un cambio rápido que se hace en las costumbres, ciencias, ó letras, y, sobre todo, f!U las leyes y los gobiernos de las sociedades. Pero en Rclijiou y política es el triunfo, el desarrollo completo de un J)rincipio sub,ersivo de todo el autiguo ói:den social. Por lo regular, la palabra Revolucion ae tomn en mal sentido; sin embar~o, et;ta regla t_ieue sus escepciones. Así se dice: «El cristi~nismo causó una gran revolucion en el mundo»; y esta revo- · JucíQn fué muy provechosa. Lomismo se dice: «En tal ó cual país ha estallado una revolucion que ló ha pasado todo á ; iimugre y fuego.» Esto tamqien es revoJucion; pero una revolucioo muy mala. Hay una gran diferencia entre i¿na revolucion y lo -que desde hace un siglo se Jlnma LA. REVOLUClON. En todos tiempos hubo revoluciones en 111 sociedad humana, mientras que la Revoluciones un LA IGLESIA PUNEÑA. fenómeno del todo moderno, nunca•visto. l\Iuchos son los que creen (porque así lo leen en los periódicos) que todos los ndelantos en industria, comercio, bienestar; que todas las invenciones modernas en artes y ciencias desde sesenta años acá; muchos creen, repito, que todo esto se debe á la Rev.olucioo; que sin ella, no tendríamos telégrafos, ui ferrocarriles, ni vapores, ni máquinas, ni ejércitos, ui instruccion, · ni gloria; en umr palabra, que sin la Revolucion todo estaria perdido, y que el mundo vol vería á las tinieblas• Nada mas falso. Si en tiempo de la Revolucion se hizo algun progreso, no por esto le causó ella. El gran sacudimiento que ha impreso al mundo entero, habrá/ precipitadd sin duda el desarroqo de la civilizacioo material, en al.. gunas cosas; pero en cambio lo lrn detenido en muchas otras. Lo cierto es que la ~\evolucion, éonsiderada en si misma, nunca ha sido el principio de ninguu progreso. Tampoco ha sido, como se nos quiere hacer creer, la libertad de los oprimidos, la supresion de abusos inveterados, el mejoramiento y progreso de la humanidad, el esparcimiéuto de luces y cono~ cimientos, la realizacion de todas las aspiraciones jenerosas de los pueblos~&., &.; y de esto nos convenceremos cuando la conozcamos. Tampoco debe creerse que la Revolucion sea el grande hecho histprico y sangriento que ha trastornado la Francia y auu la Europa al concluir el último siglo. Este hecho, mirado tanto por parte de su moderacion como en sus escesos mas espantosos, solo ha sido un fruto, un producto de la Revolncion, que en sí es mas bien una idea, un principio, que un hecho. Es muy importante no confundir estas cosas. ¿Qué es, pues, la Ue- -vohicio1)'? § JI. Lo que e¡ la Revolucion, y cómo es una cuestion religiosa no menos que politica. La Rev'olucio11 no es una cuestion puramente política, sino tnmbien religiosa, y bajo este punto de vista únicamente hablo de elln a·qui. La Revoluciou es, no solameuie uua cuestion religiosa, sino la gran cuestion religiosa de nuestro siglo. Para convencerse de ello, basta la reflexion y concretar la cuestion. Tomada· en su sentido mas general, la Revolucion es la rebeldía erijida en ' principio y en derecho. No se trat.:1 del mero hecho de la rebelion, pues en todos tiempos' las ha habido: se trata d,el derecho, del principio de rebelion, elevado á regla práctica y fundamento de las sociedades; de la negacion sistemática de la autoridad lejítima, de la teoría de la rebelion, de la apologia y orgullo de la misma, de la co1.1sagracion legal del principio de toda rebelion. 1'11mpoco es la rebelion del individuo contra su legítimo superior; esto se llama desobediencia: es la rebelion de la sociedad, como sociedad; el carúcter de la Revolncion es eseucialmente social, y no individ·ual. Tres grndQs hay en la Revolucion. 1. 0 La destruccion de la Jglesia, como autoridad y sociedad religiosa, protectora de las demas autoridades y sociedades; en este grado, que nos iuteresa directamente, la Revoluciones la negacion de la Jglesia erigida en principio y formulada en derecho; la separacion de la Jglesaa y del Estado, eon el fin de dejar a éste descubierto y quitarle su apoyo fundamental; 2. 0 .La destruccion de los tronos y de la lejítima autoridad política, consecuencia ine·vi table de la destruccion de la autoridad católica. Esta destrucciones la última espresion del principio rev0luciona1·io de la moderna democracia, y de lo que se llama hoy día la soberanía del pueblo; 3. 0 La destruccion de la sociedad, es decir, de la organizacio'n que recibió de Dioii: de otro modo; la destruccion de los derechos de la familia y de la proqiédad en provecho de una Abstraccion, pue lofi doctores revolucionarios llaman el Estado. Es, por último, el socialismo, fin principal de la Revolucion perfecta, rebelion postrema, destruccion del último derecho. En este grado, la Revolucion es, ó mas bien seria, la destruccion completa. del órden divino en la tierra, y el reinado perfecto del demonio en el mundo. · Formulada por la vez primera por J. J. Rousseau, y luego en 89 y 93 por la Revoluciou francesa, la Revolucion se mostró, ya en su oríjen, como la enemiga implacable del cristianismo. Sus furiosas persecuciones contra hrlglesia recuerdan las del paganismo. Elht sacrificó Obispos, asesinó sacerdotes y toda clase de católicos, cerró ó destruyó templos, dispersó las órdenes religiosas, y arrastró por el fango las cruces y reliquias de los Santos. Su rabia se estendio por toda Europa, rompió todas las tradiciones, y hasta llegó á creer un momento haber destruido el catolicismo, al cual llamaban con desprecio una supersticion antigua y fanática. ' Sobre este monton de ruinas ha levantado un nuevo , regimen de leyes ate"'s, de sociedades sin relijion, de pueblos y Reyes absolutamente independientes. Desde hace sesenta años va dilatándose mos y mas, crece y se estiende en el mundo entero, destruyendo por do quiera la influencia social de la Iglesia, pervirtiendo las inteligencias, calumniando al clero, y mirn;mdo por sus cimientos el gran edificio de la fe. Bajo el punto de vista relijio'so, la Revolucion puede definirse del modo siguiente: La negacion legal del reino de Jesucristo en la tierra; ·1a destruccion social de la Iglesia. Combatir la Revolucion es, por lo tanto, un acto de fe, un deber relijioso d~ mayor importancia. Obrando así, se obra ademas como buen l~iudadauo y hombre, de bien, pues se defiende la pátria y la familia. Si los partidos políticos de buena fe, y que conservan su honra, la combaten bajo sus puntos de vista, nosotros, los cristianos, debemos combatirla bajo los nuestros, que r,on mucho mas elevados, puei defendemos aquello que amamos mas que nuestra vida. ' § m. La revol?tcion, hija de la incredulidad. Para Juzgar á la revolucion basta saber si cree ó no en Jesucristo. Si Cristo es Dioa hecho Hombre, si el Papa es su Vicario, si la -Iglesia e:. obra suya y tiene su mision, claro e~tá que tanto las sociedades como los individuos deben obediencia á los mandamie11tos del Papa y de la Iglesia, que son los mandatos de Dios mismo. . La Revolucion, que pone por principio la independencia absoluta de las sociedades para con la Iglesia, es decir, la separacion de la Iglesia y del Estado, declara por eso solo, que no cree e.o el Hijo de bios, y es juzgada de antemano segun las ,palabras del Evangelio. Resulta, pues, qne la cuestion revolucionaria es tambien una cuestion de fé. Cualquiera que crea en Jesucristo y en la mision de su Jglesia) no puede ser revolucionario, si es lójico, y cualquier incredulo, cualquier protesta u te, dejará de serlo si uo adopta el principio apóstata de la Revolucion, y no combate á la Iglesia bajo su bandera. En efecto, la Iglesia católica, si no es divina, usurpa de un modo tiranico los derechos del hombre. Jesueristo, ¿es Dios? ¿Le pertenece el poder infinito en el cielo y en la tierra? Los Pastores de la Iglesia y el Sumo Pontlfice ·á su cabeza, tienen ó no tienen por derecho divino la mision de euseña1· á todas las naciones y á todos los hom• bres lo que es preciso hacer _ó evitar _para cumplir la vnluntad de Dios? ¿EXtsle acaso un hombre, pl"iocipe ó vasallo; existe una sociedad que tenga el derecho de rechazar esta enseñauza infalible, ó de sustraerse á esta alta direccion religiosa? Ahí está todo. Es.una cuestion de fé, de catolicismo. El Estado debe obediencia al Dios Yivo, lomismo que la familia y el individuo. Es cuestion de vida, tanto para el uno como para el otro. §IV. Hay en la Revolucion un misterio, no misterio de iniquidad, que los mismos revolucionarios no pueden comprender, porque solo la fe pued~, y á ellos les falta la fé. Para comprenderá la Revolucion es preciso remontarse hasta el padre de toda rebeldía, basta aquel que el primero se atrevió a decir, y tiene la osadía d·e re'petir hasta la consumacion de los siglos á su Dios y Señor: Non se1·viam: Yo · no obedeceré. Sí; Satanás es el padre de la Revolucion. Esta es obra suya, comenzad·a en el cielo, y que viene perpetuándose entre los hombres de edad en edad. El pecado orijinal, por el cual nuestro padre Adan se rebeló contra.Dios, introdujo en el mundo, no diré absolutamente la Revolucion, pero sí el espíritu de orgullo y de rebeldía, que son su principio: desde entonces el mal fue aumentando cada dia hasta la aparicion del cristianismo, que lo combatió y le obligó á retroceder. El renacimiento pagano, mas tarde L,ute.ro y Cal vino ► y en fin, Voltaire y Rousseau, han vuelto á enaltecer~• poder maldito de Satanás, su pad!'e, y este poder, favorecido por los escesos del cesarismo, recibió en los principios de la Revolucion francesa una especie de consagracion, una constitucion que no babia tenido hasta entonces, y que hace decir con justicia que la Revolucion nació en :Francia en 1789. En 179'3 decía el feroz Babamf: «La revolucion de Francia no es mas que la precursora de otra revolucion mucho mai grande, mucho mas solemne, y que será la última ... Esta revolucion suprema y universal es la REvotucION. Por primera vez despues de seis mil afios ha tenido la osadia de tomar, á la faz del cielo y de la tier- ra, su verdadero y satánico nombre: La Re1;olucion, que es como decir r13beldía, cornpleta y perp,etua. Ella tiene por lema como el demonio, la famosa palabra Non serviam. Es satánica en su esencía, y aspirando á derribar todmi1 las autoridades, tiene por fin postrero la destruccion total del r,eioo de Jesucristo en la tierra. La Revolucion, no hay .que olvidarlo, la Revolu.. cion es ante todo un misterio del órden relijioso, es el ANTICnISTIANISl\1O. · Así lo hace constar en su Encíclica de 8 de Diciembre de 1849 el Soberano P~ntífice Pio IX: «La Revolucion, • dice, es inspirada por el mismo Satanás. Su oh~ jeto es destruir completamente el Cristianismo, y reconstituir sobre sus ruinas el órden social del paganismo ... Amouestacion solemne, confirmada al pié de la letra por la Jlevolucion misma. Nuestro objeto final, dice la Jnstruccion secreta de la Venta Suprema,, nuestro objeto finnl es el mis~o de Voltaire y de la Revolucion francesa: aniquilamiento y destruccion completa del catolicismo, y hasta de la idea cristiana.,. § v. ¿Quien es el antirevolucfo~arto por escelen- . cia? Es nuestro Señor Jesucristo, en el cielo, y, eu la tierra, el Papa, su Vicarib. La historia del mundo es la h~storia de la lucha gigantesca entre los dos jefes de ejército. . , De u:::a parte, Jesucri'stó con su Santa Tglesia; de la otra, ~alanas con todos los homb;es que pervierte y reune bajo la bandera maldita de la rebelioB. El combate fué terrible in todos tiempos; nosotros vivimos en una de · esns épocas mas peligrosas, que es la de la seduccion de las intelijencias y de In organizacion de aqutllo que, delante de Dios, no es mas que desórden y mentira.
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