si.empre un pié en el bien y otro en el mal; y en medio de todos, apenas disting·uimos un reducído número de cristianos verdaderamente dignos de este nombre. }?ara obtener tal_resultado ¿valía la pena de que el Hijo de Dios bajase del cielo y derramase, su sangre preciosa? Ante semejante espectáculo sohrecoj e a-1 alma mortal tristeza y disgusto. La vida es un peso y st.spiramos por salir del mundo o por ver renovarse la .faz dtr la tierra. Este prodijio está reservado á la tríhulacion. Así C()mo el rayo desgarra la nube, la prueba rasga la mortaja de indiferencia en que está · envuelto el cristianismo; despierta á los que duermen y resucita á los muertos. Las idea.s terrenales, el amor del lujo y del bieneslar, la fascinacion de la bagatela que divierte; que seduce y que pierde, cede el lugar á mas graves pensamientos; el cristiano entra dentro de sí mismo, y tales se habrían perdido en la calma de la paz, que se salvan en ~os.. peligros, en las privaciones y fatigas de lá guerra. Entonces adquieren las almas nuevo lu.uple y aparecen hombres de ·virtud heroica, que sirven de modelo á las generaciones futuras y de demoslracion viva de la verdad de la Iglesia católica. Así ha sucedido .. en todas las epocas, Y. la nuestra no La estado exceptuada. Sin la persecucion dirijida contra la Santa Sede, ¿habria sido el mundo testigo ?el mas he!~oso espectáculo que Jamás haya VIS to?. ·- · · Nuevos ~ac~beos, en la flor de la edad, levantandose para drfender la tierra sagrada de Israel, abandonan- 'd? su familia y su pátria, re~unciando á todas las esneranzas de la tierra; luchando, apesar de su escaso numero, contra fuerzas poderosas, y aunque- asesinados y vendidos, haciendo prodijios de valor, hasta que cayendo como héroes, honran á la Iglesia y á la humani- ~ad toda, con_ ,_ma muerte mas glor10sa que su vida. ¿Qué corazon no ha fatido ante semejante espectáculo? ¡Ah! al propio tiempo que inspiran orgullo de ser católico, estos milagros consuelan de muchos do-- lores. Temeis las defecciones; tristes son en verdad, pero tienen tambien un lado consolador. Oigamos sino á .nuestros antepásados. <<La Iglesja es una era, dice san Juan Crisóstomu, y en ella hemos de ser lI·illados y aventados. Si el grano es grueso, sale · del ~urron luego que es lijeramente azolado; si es pequeño y mal nutrido, sale con mayor dificultad; si está vacío no saleantes ni despues, y es arrojado al fuego con la paja. Asimismo lodos los 'hombres están encerrados en sus afectos terrenales como el grano en su zurron; el que es sinceramente virtuoso, abandona a la menor tribulacion sus afecciones groseras y se .lanza hácia Dios; si es algo infiel, no lo hace sino despues de grandes tribulaciones, y si lo es del todo, si eslá vacío, en vano es aventarlo y golpearlo: obstinado en su vida culpable, en ella permanece, y acaba por ser arrojado con los infieles fuera de la era (3).» La separacion entre los ,•erdaderos y falsos cristianos nos importa mucho mas de lo que · i porta al labrador separar ei trigo de la 'paja. A.parlando de -su seno a los miembros que la deshonra!), ]a Iglesia ~n.rpone silencio á los ~alud~s ~ aleJa del redil li las oVeJas s'arn<Ysás• qu~ 'l)Odrian infestar á ]as sanas. En cuanto á los verdaderos justos, la persecucion hace caer á algunos, no á tantos corno se cree. No lo son cuantos lo parecen, y la prueba demuestra la verdad. (1No se crea que los buenos puedan separarse de la Iglesia; solo el pecador sé pasa á los herejes. Las herejías tienen gi-an fuerza contra aquellos cuya fé no es robusta, y es muy raro que aquellos que se habrían salvado en la Iglesia, sean arrastrados por la tormenta ha$La perecer fuera de aquella.» Así habla'n por experiencia propia san Cipriano, Tertuliano y san Agustin ( 4), luego no es cierto que muchos de los que se habrían salvado sin la persecucion, se pierdan entre sus ol~adas. Por lo regular, la persecucion sorprende á la Iglesia en épocas en que las costumbres de los católicos son tan mala~, que muy pocos se hahrian salvado permanecjendo en la Iglesia (5). Y .no es esto todo: Dios que sabe producir el bien del mal, hace nacer da las mismas caídas . inefables consuelos. No todos los que .han tenido la d-esgracia de huir, perseveran en su cohardia, y los hay que en lo mas recio de la pelea vuelven á las filas y al comba te . . Atormentados fuera de la Iglesia por los remordimientos desgarradores de su conciencia, mas de lo q' lo fueron en la Iglesia por las amenazas de sus eneµiigos, reconocen su falta, prestan con su vu~lta solemne hom~naje á la 'Verdad, y renuevan para la Iglesia toda la alegría del festín en que el padre del pródjgo recibió á su hijo arrepentido. Si el soldado por un momento infiel, procura: á la Iglesia tan dulces consuelos, considerád cual será la dicha de que la .llena aquel que nunca ha abando.nado su bandera, q' la ha defendido con in lrepidez en veinte campos de batalla y q' vuelve cubierto de gloriosas heridas. ¡ Con qué maternal orgullo le muestra la Iglesia · á sus amigos y enemigos! Hasta llegan á fallarle palabras para expresar su alegría. Oid lo que 4ecia hace diez y seis siglos, por órano de san Cipriano. «Por fin llego el dia tan deseado. A las espantosas tinieblas de unanoche prolongada, ha sucedido una aurora divina. ¡Con qué transportes vemos á los confesores que se han distinguido por su fé. No nos cansamos de besarlos, de estrecharlos (3)-ln Matlh., c. 111. (4)-De unit Ecct.,Praescript. c. u; De ver. Reli:g ., c. Ym, y Ps. x. (~)-Muzarelli, Tribul. de la lglesia, p. i8. en nuestros brazos. Vosotros haheis vencido al muado, habeis ofrecido á los ángeles un glarioso espectáculo, haheis dado ejemplo á las jenerac·ones futuras. Es\as mano$ venerables han resistido á los sacrificios sacrilegos; estos lábios santificado por. el cuerpo y la sangre d&l Señor, no han 4.u~rido ser profanados por los restos e os ídolos; Yl\e~tra frente, sin mancha, no ha per 1tido que el · signo, del ~monio descansase en el lugar donde Dios ha grabado su imágen, sino que la habeis reservado para la corona inmortal. «¡Con qué gozo os recibe la Iglesia en su seno al regresar de la pelea! ¡ Qué felicidad es la suya ~l abriros sus puertas, para que en~re1s por ellas con los trofeos conqmstados á los enemigos vencidos! Las mujeres participan tambien del triunfo, pues al combatir, han_ alcanzado victoria de dos enemigos, del mundo y de su propia debilidad. Jóvenes vírgenes, tiernos niños, cuya virtud ha sido superior á los años, y que volveis con doble cosecha de gloria, vosotros sois la alegria de Israel, la honra de la Iglesia: vuestra gloria es la del pueblo entero. (6).» Tal es la persecucion en sus resul lados providenciales: SIEMPRE REJUVENECE Á LA lGLESIA. De ahí esos trasportes ae maternal cariño y esos cánticos de triunfo. Únicamente despues de las grandes batallas entona sus mas hermosos cantos; la paz no puede escucharlos. Y si es así, amigo mio, si la alegria .de la Iglesia ha de ser nuestra alegria, como sus dolores lo son nuestros, bien veis pue l-0s católicos del siglo XIX pueden llsvar lo presente con valor y esperar lo porvenir con tranquilidad. Para ello, solo se les exjje la fidelidad á sus deberes y la confianza en Aquel que ha dicho: «Los oabellos todos de vuestra cahez~ eslan contados, y no ha de caer uno sin el permiso de vuestro Padre celestial.~ Sabiendo esto, el · cristiano puede sufrir, puede mo,-, rir; el sufrimiento no es p~ra él Uú mal, sino un provecho; la muerte no es una derrota, sino un triunfo: Evangelium tenens et ¡mecepta custodiens, oocidi· potest, vinci 'nO,n potest. l 1 . PA.l'IE4'ÍBICO DE LA INMACULADA CONCEPCION DE LA VIRGEN SANTÍSIMA., PRONUNCIADO EL DIA 8 DE DICIEMBRE DE l 8i2 POR EL PRESBÍTERO D. MI· GUEL H, CASTILLO EN LA. IGLESIA CATEDRAL DE PUNO. SEÑORES. Queretur peccatum illius et non invenietur. Se buscará en ella algun pecade y no se hallará. (8ALM. 10 ....... v. i5.) La impied¡id, que en todo tiempo ha ocasionado los errores mas groseros para empañar el brillo del dogma católico, (o;-De lapsis. ha sucitado los mas terribles absurdos para poner en duda y negar la verdad sublime de• la Inmaculada Concepcion de la Virjen Santísima. ¡Insensatos, ignoran que la verdad resplandece como la luz en medio de las tinieblas! Y Dios -que cuida de su triunfo, ha disipado sus maquinaciones, burlándose ju.otamente de tos artificios que el Iufieroo les suj1.. riera. Queretur peccatu11, íllius et non in• venietur: se buscará en ella algun pecado y no se hallará. Celoso el Omnipotente del alma purísima de Maria rese~vó para si los primeros respetos, tomando posesion de elJQ desde el instante de su -vida; con su gracia la hizo tr-iuufar del príncipe de las tinieblas; la gracia la libró de los mortales atentados de la coocupisceocia, y la santifico en el seno mismo de su adre, y po esm en vaoo se busca,..en ella algun pecado porque no se encontrará: queretur-peccatum íllius et non invenietur. · Seño es-EptreMtia s festividades ,que celebra la IJJI, · oasstra Madre eo honor de Maria, no hay otra que sea mas gloriosa que la de la Inmaculada Concepcion, porque ella es el misterio primario de nuestra redencion: por consiguiente ninguna debe exitar mas nuestra devocion ,que ésta. . En este dia celebramos aquel- primer instante en que la Vírgen Santísima saliendo de la nada, se encontró por una especial gracia perfectamente hermosa á los ojc,s de su Criador, quien habiéndola formado como la ohra mas cumplida y mas cabal de su Omnipotencia y habiendo colmado al mismo1 tiempo de todps los dones que no hizo en favor de otra criatura; encontró en ella un objeto digno de amor y de sus complacencias. Dijo Dios: hágase la lu'z y la luz fué hecha. Esta 1oz pura, dice San Vicente Ferrer, e~ la feliz Coucepcion de Maria, porque fué hecha sin tinieblas ni sombra alguna de pecado. En efecto, Set'íores, el misterio de la Inmaculada Concepcion de Maria, es la obra mas alta y sublime del Poder Divino y la mauifestacioo mas completa de la gracia: este será el pl'imer objeto que ocupe vuestra benévola atencion: el misterio de la Inmaculada Concepcion de María no ha sido para ·la Iglesia una simple opinion sino una verdad dogmática que ha confesado y defendido en todos los siiilos; es todo el asunto que comprende mi discurso. ¡Oh! Dios de Santidad, grandes son vuestras ooras. ¿Quién podra comprenderlas, ni medirlas'? Yo pego mi rostro con el polvo al contemplarlas y desde el profundo abismo de mi mi11eria esclamo. con el profeta, lleno de asombro: ¡graude es, Dios mio, tu poder! y ¡grandes tambien vuestras obras!; la intelijencia humana "e agota, antes que esplicarl as. Porque ¿qué proporcion puede haber entre la limitada comprension humana y los misterios insondables de · vuestra snbiduria? Y a la verdad, Señores, al hablar del misterio que solemniza rnos, me arredra el convencimiento de mis escasas luces, y por esto me acojo bajo el amparo del Padre de las lu- . ces á fin de que se digne1 comunicarme una r~faga de luz divina, por la cual pueda yo trazar el presente discurso con acierto. ¡Dios mio! vuestra gloria se intereza en la honra de Maria á quien constituisteis Re_yna .y Señora de todo lo criado;. por esto mismo concededme todos los auxilios que neceE.ito para encomiar en el dia de hoy á vuestra muy amada y predilecta. Esta gracia te pido por la intercesion de Maria, .á quien saludamos reverentes éon las palabras del Angel: Ave gratia plena. § l. Queretur peccatum illius et non invenietur. SEÑORES:-El Apostol San Pablo decía dirijiéndose á los cristianos de Corinto, al instruir en los misterios: por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gra-
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