PUNO, DICIHMBRE i 7 DE t 872. IN.º tf8• • ( 5~ • • ·f .n ,Jglcsii 1}J nntño:. _.,,. PERIODICO SEMA'NAL. ..,,. '..;.;-;__--~--_;,..-~-........--..---.......4111---IIIÍIIII------------.....,,. ORIAND OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO llE LA ~IOCESIS, l)idembre 'i de -t8it. 7 DE. DIGIENBRE. 1 l@JSI j EslP· <lía de tan grata mr.moria para la Iglesia de Puno, por ser el ' cumpleaños de su ilustre Pastor el Sr. Dr. Don Juan Ambrosio Huerta, no podia pasar desapercibido poi· ella, ni ser indiferente á las pruebas de ternura con que siempre este señor la ha tratado. Para manifestar pues su gratitud y el esplritu ~e agradecimiento que la anima, se reu• nieron en la Iglesia Catedral el señor Dea_n y el Cabildo, juntamente con el Colegio Seminario, y . con la pompa y aparato correspondiente se dió principio á una Misa solemne, cuyo celebrante fué el señor Car.••: nónigo Dr. DonMariano Ramos, Vicario general de la Diocesis. Desp.ues de terminado el auguslo sacríficio, se entono el Himno 1'e 1Jeum en accion de gracias al Todo Poderoso, que benignamente se digna conservar la existencia de su amado O~ispo. Los fieles hacían votos al cielo elevando sus preces á l)ios con el mismo fin. La funcion dió principio á las once y termino á las doce y media. ~UESTR,I. SITUACIO~. (POR i\l(;NSEÑOR GAUl\lE.} CONSUELOS. CART.\ XV--y tlLTll\fJI. AMIGO 'MTO. La presciencia divina de Nuestro Señor y la Providencia que aobisrna las sociedades, probada./ por el doble diluvio de iniquidades que manchan á las: naci0'!11es mode·rnas y de calástrofes que las trastornan, so~, amigo mio, los dos primeros y sóhdos consuelos de los catolicos en los liempos actuales. Otra hay mas grandP. auq, y consiste en· saber que nuestra Madre queriaá, la Iglesia romana. es la es• posa única, siempre fi~l y siempre fecunda del Dios del Calvario. Saber esto de ~ieocia cierta, sin tener necesidad d1 e recurrirá libros ni á doclores; verlo con sus propios ojos, como se v·e el sol, tal es en el ~ia / nuestro consuelo supremo. El católico 10 debe al cumulo de persecuciones dirijidas contra la Santa Sede. «¡Oh vos, cuya sabiduría es igual á vuestra bondad, puede exclamar con el Profeta, Señor, vos habeis medido vuestros consuelos á la multitud de mis dolores! Mi Ma~ dre es ultrajada, y aunque lloro con ella, nado en alegría en medio de sus tribulaciones.» Me preguntaréis como entiendo estas palabras, y yo os preguntaré como entendeis vos las pronunciadas hace diez y ocho siglos sobre vuestra madre y la mia. << Si fueseis de. la ciudad de Satanás, la ciudad de Satanás os amaría, pero como no perteneceis á ella, os detesta. A causa de mí y de mi nomb're sereis objeto eterno de su odio; os vereis perseguido, despojado, conducido ante los tribunales, colmado de oprobio, injuriado y calumniado, y se llegará á decir y á creer que dándoos muerte, se favorece la paz, la libertad, la justicia, la causa del mismo Dios». Los siglos pasarán, los hombres y los imperios pasaran, los cielos y la tierra pasarán, pero estas palabras no pasarán nunca. Ext~ndieodosé á -la duracion del mundo, se ·cumplirán mientras la Iglesia permanecera en 01, y esto ser.á hasta que ella haya recojido el últil!lo suspiro del ulLimo eleiido. ¿Qué promete á su esposa el Dios del Pesebre y del Calvario? Una corona de espinas; una corona que le será dada porque es su esposa, la madre de sus hijos, la depositaria de Sll doctrina. Esta d1adema de dolores solo á ella e~tá prometida, y en lodos los lugares, á través de todos los siglos, la dislinguirá de las sectas falaces, ninguna de las cuales llegará á usurparla. Mientras ella permanezca fiel, jamás abandonará su frente virginal. ((Comprendemos, penetramos claramente los saludables designios de l_a Majestad divina en laE persecuciones. exclamaba con transporle hace míl seiscientos años san Cipriano, el ilustre obispo de Cartago. Para confundir á los herejes, mani- • fiesta Dios cm1l es su Igiesia; cual el obispo único, elegido p~r órden celeste; cuales los pres.bíleros unidos al obispe, por el honor sacerdotal; cual el verdadero pueblo unido á Jesucristo y el rebaño del Señor enla,rndo por la caridad; cuales los atacados por el enemigo .Y cua1es los perdonados por él. El enemigo de Jesucrito solo invade los campos de Jesucristo y solo persigue a sus soldados. A los herejes, hechos ya sus partidarios, los deja tranquilos, y su único afan es derribar á aquellos que permanecen aun en pié ( 1) .» Al ver el católico, despue3 de diez y ocho siglos de combates, reservada esclusivamente igual preferencia á la Iglesia romana; al mirar vol ver para su madre los dias de su infancia; al contemplar al mundo actual, reyes, emperadores y pueblos tomar sus espaldas por yunque y forjar encima de ellas1 como el mundo de otro tiempo; al oir las mismas.injurias, las mismas calumnias, los mismos designios·, las mismas hipocresías, ]as mismas violenaias: eu una palabra, al ver en los lábios de su veneranda madre la misma copa de, amargura q' bebió en su cuna, ve tambien brillar en su frente, con un esplendor antiguo y siempre nuevo, la diadema de dolores, señal incomunicable de su fidelidad á toda prueba. . ¡Con qué ternura abraza entonces á esta madre augusta y querida! ¡Con qué noble sentimiento de orgullo dice: Yo soy su hijo; el hijo de la verdadera esposa! Vanos son los sofismas de la impiedad (2); vanos los escándalos y los desfallecimientos de los falsos hermanos; vanas las amenazas de la tiranía: hijo soy de mi madre y poseedor de la verdad, de la verdad que dura eternaµiente, que ilumina ]o presente y afianza lo porvenir! ¿Creeis, amigo mio, que pueda _haber en los malos tiemp~s que ·alcanzamos, consuelo comparable a este? En cuanto á m\ no conozco otro superior, ni siquiera igual, excepto el de saber qne las potencias del mal no prevalecerán contra la Iglesia; que esta consumirá á sus enemigos,comci la lima con~ume el (-t)-Ad Lucium, ep. ~8. (2)-~os e:>crihen de Lóndres qne los proleslantes ingleses aplauden y celebran cada nueva humillacion de la lgle.,ia romana. Tranquiltcense, jamás suceder(Í i~ual cosa a la suJa. ¡Pobre genle! qtre ni saben siquiera leer la Biblia y que se alegran de lo que constilu- )'e nuestra gloria y su verguc,nza. ¿Acilso no eslá. escrito que el Cristo ha de padecer pnra entrar en su glorra? ¿No es la verdadern lgle,ia la 1>crsona de Jesucrito continuada en la tierra? ¿Puede llegar al lérrnino de su pcregrinaci.on , á no ser a través de las per~ccucioucs ? hierro; que no caerá un cabello de nuestra cabeza siu permiso dei Padre Omnipotente que vela sobre nosotros, que está á anuestro lado en las tribulaciones, que cuenta cada uno de nuestros •dolores y que hablará por nuestra boca ante los tribunales perseguidores de nuestra fé. Estos son los consuelos · fundamentales del católico en las circunstancias actuales. Si no los hay mas dulces, no lo~ hay tampoco mas fe:... cúndos. De ellos nacen, como el fruto del árbol y el aroma de la flor, la calma en medio de la tempestad, la firmeza de carácter, la ·grandeza de alma, . la fidelidad inquebrantable, la noble abnegacion, la resignacion suave del confesor, y .si pre- .. ciso, es el valor sublime del mártir. Estos consuelos, diréis, serian pqros é inefables, á no sér la idea de los sufrimientos r~servados á los buenos, y de las defecciones, quizás numerosas, que son de temer.. . ,.~mos c.atólicos y hemos de raciocinar como tales. Si el oro pudíese hablar, nos diría que se alegra de ser. pueslo en el crisol. ¿No pierde en él la mezcla grosera que le deshonra? ¿Dónde adquiere el valor que le enaltece y el brillo deslumbrador . que encanta nuestros _ojos? Oro inmortal destinado á brilla·r como los astros del firmamento en la corte del gran Rey, ¿no habrá el cristiano de ser pu1·ificado? ¿No está en su interes serlo aquí, mas bien que en ot.ra parte~ El Maestro y Modelo de los elejidos ¿no se estremeció de gozo á la . vis• ta de su cruz? ¿Qué son las tribulaciones del tiempo, _comparadas con las delicias de la eternidad? Y además, es necesario que la Madre de los héroes, . la Iglesia católica, muestre á todos los siglos su eLArna fecundidad, y haga palidecer todas las falsas virtudes ante las virtudes de sus hijos. ¿Quién realizará estos milagros, sino el sufrimiento de los buenos, milagros que nunca como hoy son necesarios? Al considerar con los ojos de la fé, la faz del mundo cristiano, ¿qué vemos? Millones de almas bautizadas, que viven como si no lo estuviesen: otros millones de semi-cris- .tia nos cuya tibieza aflije, raza degenerada, de fé espirante, de celo mezquino, de costumbres relajadas, ·de ' pensamientos frívolps, de costumbres sensuales y egoislas; cañas flotántes a todos los vientos de las tentaciones de la in lelijencia y del . , corazon; cojos eternos que tienen
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