creía Decio que los dioses afirmarían su coron~ . si r,estituia á sus altares abaudonados Los antiguos honores de que l1abian estado ··rodeadus eu tiempos mas .felices; entonces no se vieron p0r todas partes, mas que persecuciones y martirios y e sta P.ersecucion fué la mas sangrienta. El cristianismo, en ef~cto, babia ya tomado bastante fuerza y contaba con numerosos partidarios para que no se empeñase entre él y sus ad- · ve-rsarios una lucha séria y como una , ·guerra civíl. · ·m Paganismo que 11e veia amenazado tan de cerca, mientras las • poblaciones de las ciudades corrian,á adorar al nuevo Dios, se mostro mui cr'uel en la lucha: era fuerte todavía porque contaba con la mayoría · de los .habitantes del imperio, con él ejército y la autoridad pública. Por algun tiempo parecio que la gentilidad debia arrollar al cristianismo: pero si algunos abandonaron su fé y merecieron , por esto el so_brenombre de Lapsos,, muchos aceptaron el martirio y fortifica• . roo c.on su valor la fé vacilan te de sus · hermanos. éartago y .A.lejandria se señalaron por su crueldad. Orígenes, el gran Doctor, confe&o altamente, en medio de tormentos atroces y durantes muchos dias. Muchos tambien huye• rpn á la aproximacion de Jos perseguidores ·y fueron á fundar en los desiertos una Iglesia, que no vivió mas que .. en las lágrimas, en la austeridad y santas meditaciones . .ɰn tiempo de Galo y de Valeriano, el.cristianismo fué perseguido como en los !iempos mas desastrosos: las mas ilustres víctimas de esta época son San Cipriano en Cartago y San Dionicio en París.' Galiano dejó descansar á los cristianos. Pero Aureliano restablecio los antiguos edictos, víose sin embargo en el rein1:1do de este Principe el singular esp~ctáculo de un Concilio de Obispos , pacíficamente 'reunidos y presididos por -el Emperador, como si por este medio quisiera reconocer un · caráctér público en los ministros del Culto, permitiéndoles ademas, ·que excomulgasen .á uno de ellos, á Pablo ·de Samosata Obispo de Antioquia. En la época de Odena• to y de Sanobia, Pablo desempefiaba mas .bjen las funciones de un magistrado civíl, que la de un Obispo, prefiriendo el título de Senador que el de Obispo, había adoptado la herejía de Salecio y fué depuesto por las Iglesias de Oriente, pero Sanobia lo conservo en Ja casa Episcopa·t. En fin, fué excomulgado,como acabamos de decir, por los Obispos de Italia y de Roma des• pues de 1~ .toma de Palmira: este hecho demuestra la· fuerza y número de los cristianos y tambien la tolerancia del Emperador. Por último, en el atlo tt·escientos de la füa Cristiana, Dios concedió á la Re• li_gion cr1sti~na su estable.cimiento pamfico e~ On~ote y Occidente. Despues de_ la !letona que Constantino gnnó á MaJeneio se declaró cristiano; asistió personalmente á la primera asamblea general de la Iglesia convocada en el Ec uménico Concilio de Nicea, en el cual se aseguró á los fieles la libertad de conciencia. · Señores.-Esta reseña histórica mani~e~ta los obstacufos gae la ijeligion cristiana . tuvo que superar en su rápida propagacion; pues nacida en el Cal- -vario sobre de una Cruz, (di ce un autor no mui antiguo) se ex.tendió coa tan~a rapidez, que en un momento, por dec1rl-0 asi, llegó á los últimos fines de la tierra . Au~ no habiao pasado veio- · te y nueve añ.os de haber principiado á pn~dicarla los Apóstoles en Jerusalen el dia de Pentecóstes, cuando escribía ya San Pablo á los Colosenses, qne el Evan¡¡elio se habia extendido por todo el. mund~, y que fructificaba y crecía. Y ¿por_qméDse p1·edicabaJ No por homlJ_re_s ricos y poderosos, ni por ,hombres sabrns Y elocuen~es, ni por couquistadores _famosos, m por príncipes ni re- _J es, smo por doce pescadores , pobres, LA IGLESIA PUNEÑA. ignorantes, sin ejércitos, sin armas, sin poder; sin represeutacion, sin influjo, sin palabras persuasivas de sabiduría humana. · Y ¿qué era 'lo que precfi..ca• hao? Una religion que pareció locura á los Judios y necedad á los gentiles. Una religion que enseñaba el desprendimiento de las riquezas, de los honores y de los placeres. Una religion q' enseñaba á ·refrenar todas las pasiones, sin permilil'les ni un solo deseo malo, al paso que no prornetia otra cosa ~n este mundo que pers~cuciones, lágrimas, y cruces. Y '¿á quién se predicaba? · A un mundo tap corrompido como aquel que · sepultó la ira de Dfos ·en las aguas de un diluvio, á un mundo entregado á la . mas infame idolatría, á un mundo, en 1i'u, que no c~nocia otro Dios que sus pasiones, á las que erigía altares, ofrecía inciensos y adoraba. Sin embargo, esta religion tan opuesta al mundo, y tau enemiga de todas las pasiones del mundo, se ext_iende con rapidez por todo el mundo, á manera de un rio cauoaloso, que saliendo de madre todo lo inunda; crece y se propaga en medio de las mas cru?les persecuciones, y a• pesar de los mas terribles edictos de los reyes y de · tos emperadores; eon• funde la sabiduría de los sábios, triunfa dél poder de los , poderosos; -vence la supersticion de todos los pueblos; destruye sus ídolos y sus te_mplos, y coloca el estandarte de la Cruz sobre sus tot• res y Capi~olios. ¿Quién podrá descono• cer aqui una m11.no omnipotente? ¿Quién no verá en esta portentosa obra un poder soberano que la hace triunfar crel mundo entero, eonjurado contra ella? ¡Ah! cuando se considera el modo admirable con que se p.ropagó la Religion cristiana por todo el mundo, no es posible desconocer su orígen divino. . Para comprobar Ja divinidad de la Religion cristiana no aduciré á su favor las pruebas de la revelacion, tradicion ni escrituras sautas; ni las profecías y multitud de milagros que como motivos de credibilidad caracterizan a nuestra agqsta Religion. La nota de la Santidad poue un sello indeleble á la divinidad de la .Beligioa cristiana. Ea efecto, Jesucristo es el autor de e~ta Religion que lleva ·su nombre . Y ¿quien argüirá de pecado á Jesucristo? Nadie, porque Él es santísimo, es el Santo de los Santos, es tres veces Santo, es el Santo Hijo de Dios vivo. Hé aquí como se expresa Juan J. Ro• seau hablando de la persona de Jesus. «¡Qué1 mans~dumbre! ¡qué pureza de costumbres! ¡que gracia · tan penetrante en sus instrucciones! ¡qué máximas las suyas tan elevadas! ¡qué discursos tan profundos y sábios! ¡qué prese ncia de espíritu! ¡qué respuestas tan delicadas-, tau justas y adecuadas! ¡qu~ .imperio sobre sus pasiones! ¿En dónde está el hombre? ¿,En dónde está el sábio q' sabe obrar,padecer y morir _sin flaqueza ni ostentaciob? Cuando Platon hace el retrato de uu justo imaginario, cubierto de todos los oprobios que merece el vicio, sieridó digno de todos los premios de la virtud; pinta á Jesus focciou por faccion y la semejanza salta de tal modo Arístides había sido justo antes que Sócrates dijese lo que era la justicia. Leónidas babia muerto por su pátria notes que Socrates nos dijese que nosotros debemos amar la uuestra. Esparta era sóbrio, antes que Sócrates alabase la sobriedad·; y antes que él hubiese definido la virtud, tenia Grecia abundancia de hombres virtuo,;;os, ¿Pero en dónde? ¿ó en qué parte de Jude_a babia aprendido ·Jesus la Doctrina Jc\D pura y tan alta de que él solo nos ha dado las lecciones y el ejemplo? ' Del seno del fanatism·o salió la voz de la sabiquria mas alta y la simplicidad de· las virtudes mas 'heróicas houró al pueblo mas vil . de todos. La muerte de Sócrates filosofando sosegadamente con sus amigos, es la mas dulce que se puede acertar á desear; pero la de Jesus, inspirando en los tormentos, injuriado, esca·rnecido y maldecido de todo un pueblo, es la mas horrible que se puede temer. Sócrates . recibiendo el ,·aso empozoña - do bendijo a·l que se lo presentó llorando. Jesus puesto en un suplicio espantoso ruega por los mismos verdugos encarnizados en atormentarle. Verdaderamente se puede decir que si la vida y la muerte de Sócrates son la vida y la muerte propias de un sábio: la vida y la muerte de Jesus son la vida y la muerte de un Dios.'» Si el valor de una doctrina puede apreciarse por la santidad y virtud de su funda• dor, nosotros tenemos en este caso sobrado fundamento para concluir, que: la Doctrina Cristiana es de orígen divino, pues su autor es, como hemos dicho, el santo por excelencia. Una so-ciedad que produce Santos, decía el insigne Bossuet en un momento de feliz inspiracion, tiene ya en sí un sello infalible de regeneracion. Y ¿no es en el se no de nuestra amable Religion en dónde se han formado esa inmensa multitud de Héroes que ser6n siempre la gloria del Catolicismo y el mas valioio ornato c;on que se honrara In humanidad? ¿En dónde mejor que en la Religiou cristiana se practica la virtud propia para formar almas verdaderamente santás? Santa pues es la Religioo cristiana, puesto que ellu uo permite ni un mal pensamiento, ni un deseo impuro, no reprende sino el vi• cío, ni deja vicio sin represion; no alaba sino la virtud, ni· deja virtud que uo alabe. Es sauta porque son santos · sus mandamientos, santos sus sacramentos, santo su bautismo, santo su sacrificio, santo su culto: santa su fé, santa su esperanza, santa su caridad, es eao_ta por su ,ocacion, pues á todos los convoca a la santidad y perfeccion; .en una palabra,la Religion cristiana es santa porsuorigen, po::- su mision y por su fin. La aseveracioo de los mártires que rubricaroa con su sangre esta Religion Celestial, es otr.a de, las pruebas que podecpos aplicar, pues la tieue á su fa. vor. Martirip signifinica testimonio, mártir testigo. De aquí es que la Religion crist iana tiene 'tautos testigos, que aseguran su divinidad, cnantos son los mártires que la han confesado. en los tormentos y confirmado con sn muerte. · Y bief! ahora; ;,quién habrá· tau te~nerario y osado que ~e atreva á pre~ sentar dela.ole de mas de diez v ocho millones de mártires y á negar" en su presencia la divinidad de una Religion que ellos han cuufesado ñ costa de mas de diez y ocho millones de vidas? No, no hay verdad eu el mundo probada con tanto§ y tan fieles testigos, y sellada con tanta aangre, y confirmada con tantas muertes; pero.... ¡que muertes!!! las mas terribles, las ·mas crÚeles, las mas igoorniniosas. Se estudi aba en inventar los suplicios mas espantosos, y se presentabaq á los márUres antes de emplearlos para estremecerlos con su vista, y obligarles á negar la fé, los potros de hierro, los toros de metal, los garfios de acero, los hornos encená los ojos, que t9dos I os Padres lo ha o echado de ver y no es · posi _ble engañarse en la aplicacion. Pero cuan preocupado y cuan ,ciego es preciso estar para atrev e rse á compara r al hijo dé Sofsonisca con el hijo de lUaría. ¡Cuanta distancia hai del uo,o al otro! Sócrates muriendo sin dolores y sin ignominia pudo morir como un Sócrates y parecer magnanimo hasta el fin¡ y no obstante, si una muerte tan suave no hubir.ra honrado y acreditado su vida, se dudaria aun si Sócrates con todo su entendimiento y juicio había sido otra cosa que un sofisma. Sócrátes me dirán inventó la Etica, y yo digo que otros ya la habían practicado antes que el la · hu~iese escrito y oo hizo otra cosa que decir , lo que otros habian hecho y poner eri forma de lecciones sus ejemplos; 1 did.os, las calderas de aceite hirviendo, las hogueras .... tal era el cuadro que se presentaba regularmente á su vista, antes de principiar sus martirios: Estos se ejecutaban, unas veces con tal furor, que hacian estremecer y, temblar hasta á los mas animosos, y otras cou tanta lentitud, que les ponían ·eu una prueba aun mas dura J rigurosa-. Promezas, amenazas, suspension de torme·nto1, tormentos nuevos, camas deliciosas, ca- ,mas encendidas ... nada quedaba q' hacer al iugenio y a la crueldad para ·vencer su constancia, y nada bastaba para -vencerla. Ellos, e1"1in, acababan . su vida en los tormentos, y bajaban al sepulcro confesand'o y confirmando con· s.u muerte esta Religion divina. Por otra parte (y esto es mui admirable3, ¿qué ch,- se de personas erao estas que representaban al mundo, á los ángeles y á lqs hombres semejantes espectáculos? ¿Eran acaso algunos Filósofos cinicosló estóicos, cuya sobérbia y orgullo llegase basta ·el estremo de despreciar la muerte? Nada menos. Era·o persooaa de tqdos los estados, sexos, edades y condicioneB; niños, Jóvenes y ancianos, sábios, ignorantes, ricos, pobres, hombres y mujeres de todas clases. ¿Có• ~o era posible que no siendo por una ' causa divina, se1 entregasen lijntos millones de almas de todas claees a un,- muerte voluntaria? Y digo voluntaria, · porque en manos de ellos estába librarse de ella siempre qne quisiese.u. ¡Con una sola palabra, con un no creo, con un solo gnno de incienso ofrecido al ídolo, 1e les hubiera dejado ir librea y muchas veces se lés habria colmJdo de liouores! ¿Ni. como era tampoco po.:. sible que el niño balbuciente, Ja tiern.a doncella, el trémulo anciano, tanta multitud de mártires triunfasen de la mu·erte, sino triunfase en ellos el poder de la verdad? No, nada puede resistir al testimonio ·que nos dan de la dfvinidad de la Reltgion Cristiana diez y ocho millones de martires. Pero se me dirá que la rápida propagacion del Cristianismo nada prueba-· á favor de su divinidad, pues que si asi fuese, tendríamos que divinizar tambien á la Religion mugulmana, puesto que ella a su vez se propago de un modo acelerado; a lo que respondo, que fueron distintos los medios que emplearon ambas religiones en su propagocion. El Islamismo hacia uso de la fuerza, la espada, ·el diueTo, el eoga.Oo , aun la adula~iou; no reparaba en los medios para conseguir su objeto. Mas, el Cristianismo no tenia mas armas que la persuacion J la palabra, desnuda de las pomposas figuras de la elocuencia; la .bumildad, el sufrimiento y, mas que todo, el amor de la caridad. A.cerca de los mártires y de su admirable constancia se podrá replicar que esta firmeza nacié\ de una ciega estupidez y de un obstinado fanatismo, mas bien que de un convencimiento racional: me anticipo é responder, diciendo, que e·o la éra de las persecuciones el Imperio :Romano florecía en todi,ts las ciencias, puea babia trasladado á su seno las luces de Grecia cuando se trajo cautivos á todos los filósofos que alborataban el Pórtico y el Liceo, con que tanto se ennuecia la habladora Atéuas. , ¿Cómo suponer estupi.dez y -fanatismo en todo un imperio á quién no eran estrañaslas luces de In ciencia? Solo una mui obstinada necedad, nacida mas bien de . la malicia que de la falta de eonocimíento, puede llevarnos ,al estremo de negar una verdad -tao palmariamente ·clara com::> la luz que alumbra á todo hombre que viene á este mundo. Luego la rápida propagacíon del Cristianismo, como también, la multitud de rr,artire~ y su admirable constancia prueban su divinidad. ' Colegio Conciliar de San Ambrosio tle Puno, Noviembre 28 de 18'72. IMPRENTA DE MARIANO O. MARTIIU Calle cl,e Arn¡uit"" N~ • l 76. •
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