Ja, y que se Je tributen los honores que h lglesia discieruP. á los _que merecen bien de elln .-2. 0 Que s1, In que Dios no quiera, alguno de lns mi embr cs del Clero se atreviere á contravenir esta disposicioa, declarnmos entredicha la Jglesia, y haremos uso de otras penas mayores que los Sagrados Cáuo11es fulmiuau contra los contumaces y rebeldes á la autoridad de su legítimo 0bispo.-Silvestre, Arzobispo de Carácm,. - Así lo deo1 etó, mandó y firmó Su SeOorfa Jltmu. en la (echa arriba expresada.-L. Amitesarove, Secretario interioo. Es cópia exacta de los originales, á que me remito. Puerto España, Setiembre 11 de 1872. L. Amilesarove. Secretario interino. COLABORACIOtt Disertadon qi¿e en calidad de alwmrw de la clase de Fundamentos del Catolicisrno, pronunció un Eclesirislico, Profesor áPl Colegio Seminaríq,__ de San Ambrosio de /'uno, á 20 de Agosto de 1872. SEÑORES: El cumplimiento de un deber es la satisfoccion que alimenta la vida moral del hombre. El profesor que dignamente preside la clase def?u11dame11tos· del Catolicismo, me orde11a hacer uua tesis, y ni entrar en su fondo, priucipio 'por poner en traspure11cia el objeto que -debe ocup11r vuestra benévola atencion. Sin mas preambulo/ól que esta sencilla manifestacion, paso á desenvolver la siguiente proposicion: La 1'apida propagacion del crt'stianismo, c&mo tambien la multitud de rnartireJ y su a.dmírable constancia prueban su di'vinidad. lUieotras que noma hacia la conquista del mundo y pasaba, por decirlo así, con la espada de las leg1oues eJ uivel sobre todos los pueblos asombrados de hallarse sometidos á u na misma lev, de hablar la misma lengua, ocurría· otra revolucion no menos importante y fecunda en resultados, en uu pequeño rincou iguorado del muudo. Entre la Europa y el Ásia, entre todos los antiguos imperios, entre el Egipto, la Siria y la Grecia, se halla un país cerrudo por los montes y los arenales del desierto; allí vivía un p~queñu pueblo escogido por Dios, que mie11tras el resto del mu11do se entr~gaba á la idolat1 ía y adoraba los falsos dioses, conservó -pura y sin mancha en el fontlo de su tabernáculo la idea de un Dios único y moral. Eu vano las naciones veci11as se conjuraron contra él, e11 vano la idolatría se esforzó por penetrur en este último retiro de la verdadera creencia, los judios la combatieron con to· das sus fuerzas, los medios fueron comunmente crueles, frecuentemente derramaron la saugre de una manera cruel; porque era menester que este pueblo , se separase á toda costa del resto de lns n11cioues. Eu vuno fué veucido y arrastrado como esclavo á Babilonia ó Níuive; siempre cor,servó su creencia y su fé eu lns p1'omezas de los profetas. Pero e~te era el pueblo predestiua~o: de en medio de e¡,te pueblo debía sahr la luz que alumbraria f\ todo el mundo. l\Ias ¡ay! que al aparecer esta luz, esos mismos de en m·edio de los cuales babia salido, q~edaron deslumbrados y la desconocieron. Eo el afio 754 de la fundacion de Roma y 15 del imperio de Tiberio nació el Cristo en Belemt., recibiendo el nombre de Jesus, que significa salvador, despues de haber predicado él mismo su nueva doctrina, los dogmas de la Trinidad, de la Encaruacion, de la redencion, de las pe nas y recompensas eternas; muere en el Calvario á la edad de 33 años: sus discípulos despues de su muer\e llevaron la buena nueva del EYangelio por todo el mundo. LA IGLESIA PUNENA. Desde entonces comienza In rápida propagacion de la religion cristiana, ¡wro cua1t,squien1 que sea la fuerza que halle eu su moralidad, uecesita-rá tres siglos para triuufar de los obstáculos que encuentra; el ódio d~ los Judios, que seran confundidos coa los di~cipslos de Jesucristo; los temores de los Emperadores que no verán en los ' cristianos sino sectarios, cuyas sociedades secretas les pareceran peligrosas pa• ra la tra114uilidad del imperio: en fin, los esfuerzos del paganismo que busca por todas partes los medios de recuperar la superioridat.l que se le espaca de entre las manos, contienen la.rgo tiempo á esta religion nueva q·ue debe regenerar al mundo y tomar posesion del imperio romano. Los diferentes periodos ,del cristianismo durante estos tres siglos de sufrimiento fueron ser'!alttdos con las muchas persecuciones que arrostró. ' Un Oios muerto en la Crúz en el surdi<'ÍO de los esclavos,' la mortificacion de lu carne, el desprendimiento del rn1111do y de sus goces, eran cosas denwsiado nuevas eu la antigüedad pa· ga1H1 para que el cristianismo pudiese hallar pronto numerosos partidarios. Eu la misma Judea, los Fariseos persiguen de muerte á los discípulos del que hau crucificado; el Diácouo Estévan fué el primero que derramó su sangre por la fé nueva. Arrojados por todas partes los cristianos, arrojan tambien por todas partes la simiente de su 1·eligion, venfic¡¡use · en breve numerosas conversiones, y entre ellas la de San Pablo el mas ardieBte perseguidor de los criiltianos, cuya conversion cambió repe11ti11ameute un milagro. Pedro, el jefe de los Apóstoles funda la Iglesia de Autioquía; y en seguida pusa a tomar posesion de In Capital del mundo, de Uoma, donde debe bullar el martirio. Duraute este tiempo propágase la persecucion v comienzan á uJarmarse los sacerdote; del paganismo. Roma que hasta eutonces habia permanecido indiferente á las contiendas religiosas de la Judea, que co11sideraba como disputas de sectas, abrió 111 fir\ lc1 lista sangrienta de ·sus edictos; y la virgen Tecla fué condenada al anfiteatro, y prestó u11a persecuciou general envolvió a todos los cristianos. Nerón, imputandoles el incendio de Roma, mandó perseguirlos por todas partes. lUuchos atados á los árboles y untados con materias i11flamables alumbraron los jardines del emperador. En este rejuado fueron martirizados San Pedro y San Pablo, las mas ilustres víctimas de su siglo. - Rehusando pagar ]os cristianos la capitacio11 impuesta por Domiciano para la reedificacion del Capitalio, provocaron tal vez la segunda p~rsecucion general. Los Emperadores que 110 estaban inciciados en los dogmas de la nue- 'ª religion, y que en su mayor parte hubieran sido i~apaces de comprender su moral sublime, no veían en los cris• tiano¡;¡ sino una secta que celebraba en la sombra misterios desconocidos, que adoraba á otros dioses distintos de los del imperio, y que rehusaba obedecer al¡rn11as de las leyes á que estaban somct idos los habitantes de Roma y de las Provincias. Desgraciadamente para el cri-,tianismo, rehusando Jas doctriuas religiosas de la sociedad en cuyo seno habia nacido, se veia tambien forzado á repudiar algunas d~ las leyes políticas ó civiles y cambiar de este modo a lo~ ojos de los Emperadores su oposicion religios11,eo una oposicion política: así es como- los fieles atrajeron sobre sí la cólera de Domiciauo, negándose á pagar un i~puesto para todo el imperio. m martirio de muchos persolllljes de alto rango, de un consular s<Jbrino de Vespaciano, manifieRtan los progresos que ya habia hecho el cristiani&mo. Los cristianos sufrieron su tercera persecucion en tiempo de Trajano; este Príncipe, sin embargo, mandó á Plinio el jóven que castigase solamente á los que ccleurusen sus ritos en públi~o. t .mpero, en el seno mismo de la sociedad cristiana se levnntaban enemigos mas terribles, los herejes que aparecieron desde un principio,')' que por poco reduceu la religion á las proposiciones mezquiuas de una Filosofiu poco estable y tluradera. Cuando se ¡.iropagó la doctrina cristiana, Jos paganos de mas cultivado talento, y que conocian á fondo el vacío del paganismo, deslumbrados con la luz que habia bri• liado en In cúspide del monte Gólgota, se prosternaron y adoraron; pero presto les asaltó la duda, quisieron examinar, pesar, medir su fé; no quisieron creer nada mas que lo que su razoa pudiera demostrarles, sometiendo nsi la pa)abr.a de Dios a_ la debilidad de su inteligéncia, quisi·eron comprenderlo y esplicarlo todo; en fin, interpretar el Evangelio herejes de interpretacion, ó bien predicar otro nuevo, herejes de inspiracion. Sin embargo ]a Iglesia se fortificabá de día en din, porque esta ~s la índole Je la verdad, crecer con la persecucion y abrir las filas mismas de sus enemigos para reclutar en ellas numerosos partidarios. Así, á mediados del segundo siglo, Ja religion cristiana ocupu ya un gran lugar en el im~erio, y aquellos Emperadores á quienes no apartan del cuidado de sus negocios sus locuras ó las guerras exteriores, se aperciben muy bien de sus progresos; muchos Obispos solfoitan francamente la libre predicacion del Evangelio, escriben apalogías del cristianismo y las presentan á los Emperadores, hasta Adriano y Antonino: se espiden muc~os edictos favorables, pero, el cristiaoismo tenia dos enemigos temibles, el populacho de las ciudades y los profesores de la ,sabiduriil tmmana. Si una guer• ra reciente, 1á peste, el hambre babian aflijido al Imperio, , si una lluvfa ec~esiva ó la mudanza de estaciones hnbian destruido las cosedrns, si oaurria ulgu• na iuu11dacion en el Tiber, si el Nilo salía de madre, gritaba todo el pueblo 1· enfurecido-¡á los leones los crfotiauos! Péro, si el populacho sacrificaba mártit:es, llfil por eso ata~abu al cristianismo: f los filósofos mas habites se encargnron f de este cuidado, que era para ellos un asunto no solamente de interés sino tambien de conciencia; tan vergonzosanHrnte se habia degradado el pé1ganismo que fué preciso 1.osteoerlo con el apoyo de las creencias filosóficas, este era un medio de recomendarlo todavía bajo una apariencia de gravedad á las clases altas de la sociedad romana; de aquí resultaron esa multitud de filósofos que se ven aparecer en el siglo de los Antoninos, y que apesar de los sarcasmos de Luciano fueron objeto del fovor de estos príncipes. l\larco Aurelio sobre todos guardó con ellos los ma~·ores miramientos. Creeía que la moral humaua que predicaban y cuyos precepto~ trazaba él mismo en su libro, bastaba parn regenerar el mundo, no e0mpre11dia que una verdadera religion, es decir, una fuerte y enérgica creencia podi:1 sola descender has• ta la.s últimas clases de Ju sociedad para atacar el mal eu su raiz. Marco Aurilio prodigó á los so.fistas los tesoro:, del Imperio, si hubiera tenido menos guerras que sostener, su rei11ado hubiera sido el de los filósqfos: en cambio, éstos prediearon por todas partes que la primera regla de conducta de un ciudadano era: conformarse sin exámen al culto del estado, y que un limitado número de personas de una naturaleza superior podian ser iuiciadas en los dogmas de la religion y en los mist.erios de la filosofia. Para causar impresion rodeáronse los filósofos de cierto aparato religioso, de adivinos y de Magos, sin que les fa! tasen las profesías, los oráculos y nue~os sacrificios; todos los culto~ contribuyeron para decorar al pagamsmo ya moribundo con iUS cerernónias y sus misterios; sin embargo no b,!staba todo esto, los filósofos se mostraron intolerantes y Marco Aurelio su jefe autorizó la cuarta persecucion_ El mih(gro de la Legion culminante contuvo algo la persecucion, pero presto principió de rmevo,estendiéndose por todo el Imperio. Leon sobre todo fue ensangrentada y perdió á su Obispo el veuerélble Potin. Cómodo se cuidó poco de religion, Pertinax no tuvo tiempo, pero con_ Septimo Severo reapareció la persecuc10n; este Príncipe que quería establecer un despotismo absoluto se r?deó, po~ otra parte, de Sirios, y 'temendo qmzás en los dióses una fé mas viva que sus predecesores, consideró á Jos cri~t!anos como enemigos políticos y rehgwsos: ei despotismo quiere que el silencio reine á su rededor, t,erne to~a clase de reuniones de asáínbleas p_úb_licas ó secreta,, la:1 asociaciones cristianas ya tan numerosas inspiraban á Severo sérios temores, coQto á Emperador y como á sectario de las d~;inidades siriacas ó romanas: principio por Roma donde prohibió las asambleas ilícJtas inter tanto llega !a celebracion de los juegos seculares; ·todas las fiestas del paganismo eran naturalmente seguidas de esplosiones, de furor y ódio contra los cristianos. La sabia Alejandr1a se sednló por sa crueldad: casi torlos loG 1.1Jacerdote1 de esta Iglesia fueron degollados ó se vieron en la necesidlld de huir. OrígeneH, muy joven todavia, quedb solo encargado de continuar ejerciendo en Ja Ciudad lau fuo'cioneg religiosas, ,moque no sin trab&jo y grandes peligro!, pues ef!tano mucba-s -.eces á punto de recibir Ja coron& del martirio. En Cártago, Roma y Leon fué Tiva la persecucion; pero la sangre de los mártires era como una semilla fe- . cunda que rnultiplic.:ibm los cristia~os, la tempestad pnsaba y In religion volvía tí levantar Ja cabeza mas fuerte 1 cada vez mm1 pura. · La religion del Crucificado deja de ser perseg uida y gozm de una paz prccariá de veinte y cuatro atlos bajo loa reinados de .3Iacrioo Elogabal y de Alej3ndro Severo; per3 al advenimiento del feróz 'J e3túpido Mn.imino, Tolvieron · las persecudooes y los martirios. Sin t!mbargo, precfoo em decir que los mas esforzados enemigos de la religion cristiana fueron siempre los herejes; prodigioso era su numero en los siglos segundo y tercero y se aumentaba de día en dia: si bubiérllmo~ de presentar su lista, ~eria mu.1 lllrga y compuesta de nombres estrav11gant~s; indiquemos solamente la secta da los !.Uarcionistas, q' para esplicar la razon del mal recooocian la cooxisteocia de dos principios, uno bueno y otro :nalo: estm heregia, la mas duradera de todas las que se suscitaron,provocó importantes cuestiones y se perpetuó de siglo en siglo al travez de la edad media. Hácia la milrnrn época en que nacia la secta de los Milrciooistas, Teodoro de Vísanci3 ataco la divinidad de Cristo: de consiguiente las dos grandes heTegias; el maneqniemo doctrina de Jos Bos principios, y el arrianismo-el Cristo no es mas que un hombre, tuvieron su origen á mediados del segundo siglo. Cuando el arabe ·Felipo subió al trono imperial, los cristiuoos tuvieron algun reposo: el mismo Orígenes escribió al nuevo Emperador, y Ja conducta de Felipo hizo supor;ier que él era tambien cristinno. Pero cuando la insurreccion de las legiones de Mecía obligaron á Dccio á tomar la purpurll, este viejo senador, que conservaba lastradiciones re]igiosas- del senado romano, persi¡:ruió á los que su predecesor babia protcjido. Aterrado con los males del imperio y con su propia posiciou pi:ecarin, ··
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx