La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

INSERCIONES. C.l.,RTA PAS'fORA.L QUE .EL lLTMO, SEÑOR ARZOBISPO DE CARACAS Y VENEZUELA DIRIJE A SUS DIOCESANOS. N1Js, Sílves(re Guevar'a, por la gracia. de Dios y de fo Santa Silla Apostólica, Arzobispo de Caracas y Venezuela, Asistente al Santo ,Solio Pontificio, &, &, &. Al Clero y fieles de la Arquidiócesis. Salud en Nuestro Señor Jesucristo) que es la, verdadera y eterna. Dos , AÑOS van ya corridos, amados hijos, desde el aci;1go dia en que, vjoleutnmente arrancados del seno de nuestra grei, tuvimos que deciros uo forzado y doloroso adios, _para emprender el camino del destierro, dos años de angustia y de tormen'to in~ecibles para nuestro corazon, viendo lastimados nuesuos mas ca·ros afectos, vulnerados nuestros derechos y la sagrada autoridad que hemos recibido de ,Úios. Eso no obstante, hemos querido permanecer en un silencio absoluto, dictado por la prudencia en las circunstancias difíciles que atrayesaba el país: juzgámos que ese era el tiempo de callar que recomienda la Escritura Santa, y · resolvimos esperará que, con el advepimieuto de la paz pública, lucieran dias serenos para la Pátria, en que pudiéramos dejar oír la Voz de nuestra inocencia sin que fuera ahogada ó inver• tida por las pasiones; -preferimos correr la enojos.a eventualidad de ver autorizadas por algun tiempo las falsas imputaciones que se hacian á la rectitud de nuestro p1·oceder, ánte& que dar márgen á fa sospecha, siquiera remola, ·de que abogando por nuestra causa, pre• tendHisemos fomentar la discordia civíl; ~n una palabra: queriendo emular en 1a medida de nuestras· esca~as fuerza~ la carídad del Apóstol, elegimos el ser anatema por nuestros hermanos, cargar con todos los improperios, su'frir sin quej~ y sio reclnmaeiou todo género de i~justicias, con tal que, al costoso pree10 de ese sacrificio pasajero de nuestra honra personal, pudiésemos comprar el l>ien inestimal.Je de la paz. Mas hoi, cuando tras ese largo y cruel martirio, impuesto por nuestra cri!>tiana y patriótica abnegacion, vemos reproducida la acrirninaaion , que hace pesar sobre Nos la respon'sabilidad de la guerra civíl que ha llenado de desola• ciou y ruinas el país, y eso por el Go- ~ierno mismo de la Uepública, cuyo J'efe ha rendido áutes testimonios muí explícitos en favo1· de nuestra, inocencia; hoi, cuando el informe del l\Iiuisterio al Genernl Pre~c;idente y la conducta incalificable del Gobieruo, usada con Nos al realizar, llenos de buenos deseos y propósitos, nuestra libre vuelta á la S.ill-. Episcopal en que Nos ha puesto el Esp{ritu Santo pnra rPgir y gobernar la Iglesia de Venezuela, Nos revelan claramente que nuestra actitud reservada y prudente ha sido inútil para desnuecer sospechas infundadas, )' que la ofrend~ de nuestro silencio• y tolerancia, léjos de ser estimada en todo su valor, no ha producido otrn fruto. qtte perjudicar uuestra causa, hasta el fllHl·• to de que se Nos hnga un críinen Je ese mismo sileucio y se Nos cierren por segunda vez las pnertas de la Pátrüi, juz. gamos lleg-udo el momento de hablar á nuestros diocesanos,. para vindicar uuestra - cooducta y explicar nuestra permanencia en el destierro, no obstante haber suspendido el Gob~erno los efectos de aquella medida. ESTA_ exposicion es exigida por nuestra conciencio, por el respeto de nuest'ro cílrácter sugruuo y por lu obligacion LA IGLESIA PUNEÑA. que tenemos de conservar nuestro buen nombre, no permitiendo que prevalezcan eu vuestros ánimos, amados hijos, insinuaciones desdorosas para el ministerio augusto de que estamos investidos. La causn principal de nuestra reserva ha cesado: la paz está restablecida en el pais, y no hai ya temor de que se atribuya á nuestra palabra el designio de fomentar la di scordia. Os haremos ver, pu€s, amados hijos, con la sencill ez propia de la ve rdad, que el amor de la paz ha sido el móvil de nuestra conducta •Y lo que dió márgeu á ' nuestri) expulsion. En esta necesaria explicacion de nuestro pensamiento y de nuestros actos, procederemos cual cumple á nuestro caracte~ sagrado: la verdad sola dictará nuestro lengunje, , con severa justic'ia pesaremos nuestras palubras y la caridad dulcificará nuestro acenlo. No hai entre vosotros quien ignore, amados hijos, lGs motivos que Nos hicieron dictar y dirijir al Gobierno la nota de 27 de Setiembre de 1870, que conoce el país, y que ha sido la causa ostensible de nuestro destierro: iute1·- ceder 911 favor de las numerosas '\IÍCtimas de aquella desgraciada contienda civíl, que p:emian en las prisiones; y excitar al Gobierno á un acto de clemencia despues del triunfo alcanzado eu Guama, que, á nuestro juicio, habia de ser la política mas fecunda en resul- , ta<los, para ahorrar al país torrentes de lágrimas y de sangre que lo han inundado despues. SIENDO e,sto así, corno en efectó lo es, y pidiendo Nos unicamente lo que, á juicio de todo hombre sensato, era un bien para la Pátria y para ' el Gobierno mismo, quién, sin estar deplorablemen• te prevenido contra Nos, habrja de ver un acto de hostilidad en la justa y necesaria medida que pedíamos con encarecimiento al Gobierno? Arguyan por Nos testigos que nadie podrá recusar en este nsunto, ·como son el Ministro de Relaciones Exteriores y el Presidente de la Uepública, ausentes ambos de la Capital para pquella luctuosa ep?ca. El primero, seflor Antonio I.eocad10 Guzman, .Nos dijo con fecha l 9 de Octubre de 1870, desde Cnrácas:- ":Mi mui distinguido señor y amigo.-La impre- » sion que recibí en Puerto-Cabello, á » la vez que mi hijo, cuando llegó la » noticia del enojoso conflicto que ya 11 h::ibia producido la salida de usted " de la Guaira, fué v,erdaderameute do- " lorosa; tanto mas, cuanto que esta- » bn persuadido de que si hubiera es~ 11 tado yo en Carácas, ni prin<:,ipio ha- ,, hria tenido tan ingrata complicacion. 1, Nos hubiéramos entendido política, » amistosa y cristianamente, como en » todo lo que habia ocurrido haf.ta mi » salida ...... Por mi parle, y estoi se- » guro que por la de mi hijo, no pae- » de ser mas ingenuo el deseo, ni mas » agradable la esperanza de que el a- » mor á la Pátria, el resp<>to á la Religion y Jossentimiéutos de una amis- " tad vet·dadera y recíproca, aprove- ,, chando toda circunstancia favorable » y nun producién ?Jola,¡:, en cuanto lo » permita la dignidad del Gobierno y » la de 1.1sted mismo, ,llc;rnceu a dar » una solucion satisfact oria ñ un suce- » so tan sensible. t.in iuesperado é ino- » portu110 como el que ha causado la » separacion de u:-t ed del pu esto en que ht Ptitria y la Jgl~ sia necesitan » de sus virtudes políticas y cristia- » uas.» EL GcHera} Antonio Guzrnan Blanco, Preside11te Provisionnl de la República, Nos escribió el 2 de Octnbre Ml mismo af10 y desde Puert o-Cabello, en <'St ns términos:- «Mi res¡wtnble arnigo.-13a- " jo el influjo de la impresioo mas ptit- ,, nosa le escribo ú usted esta carta. » Todavía n 1 0 me ~loi cue'nta de lo que ha pasado. Sie11do JO tau ~migo de usled, siéndolo usted tan bueno mio, " f1ucrieudo mi Gouierno contar co11 su » apoyo) y sabiendo que usted se lo » estaba dando tan discretamente ¿có- » mo es que ha podido abortar esa co~ lision entre el Jefe de la Iglesia Ve- " nezolana y el Gobierno de la Repú- » blica'?.•... Ni siquiera podemos tener ,. el consuelo de que en la materia po- " lítica exista desacuerdo entre el Ar- ,, zobispo y e l Gobierno. Yo creo ha- " berle dicho á usted, y estoy seguro » de haberlo dicho al Doctor Sucre, » que tan Iubgo como el Gobierno hu- >► hiera vencido las sérias resistencias de los que querian la guerra, se mo· » dificaria el rigor con que nuest:nos » deberes nos obligan á tratarlos has- " ta alcanzar la paz. ¿A qué venia un rompimiento la víspera de ese dia'?... ,. » Qoiero saber cómo piensa usted pa- » ra ver si hai algun medio de que vol- » vamos á vernos como estabamos la » víspera de aquel desgraciado é inex- » plicaule conflicto.» ESTE lenguaje de estricta justicia empleado por las dos personas mas caracterizadas de aquella s,ituacion política, Nos revela de insistir cobre este punto, que queda incontesté}blemente puesto en ltiz; á saber: que nuestra nota al Gobierno no fné un acto de oposicion inspirado por la política, que la pena arbi• traria que se Nos impuso no fué sino la satisfaccion de una venganza de viejos resentimientos; que- no hemos cometido otro delito que haber dicho eu fuerza de nuestros deberes pastorales, al Ministro de lo Intcri~r. corno el Bau• - tista á Heródes: Non tibi licet; no te es lícito vivir coH. la hija de tu mujer, y haberle negado en nuestra Catedral los honores que la lleligion tributa á los que merecen bien de ella; y que solo el deseo de que la clemencia oficial pusiera término á una desastrosa lu'cha entre hermanos Nos abrió el camino dei destierro. EPI nuestrn amistosa coutestacion á las dos cartai- citadus, Nos esforzarnos por afirmar nuestra recta y patriótica iutencion, libre de toda mira torcida, tau ejena de nuestro carácter como de nuestros precedentes¡ protestamos enér· jicarnente contra las odiosas acusaciones á favor de las cuales había preteu• dicto el Ministro de lo Interio1·, en un documento público, cohonestar su violento pro9eder; manifestamos nuestra , disposicion a tc,rnar á nuestra Diócesis; y siq reserva dejamos al General Guzman la eleccion qel medio que debía conducirnos á ese resultado, que ansia• ba nuestro corazon. En vista de lo expuesto, totlo hombre dotado siquiera de un mediano criterio, comprenderá que si los deseos del Presidente Provisional de la ·Republica por dar pronta solucion i1 aqnel collflicto hubieran sido sinceros, nuestra ,franca explicacion le hadria ofrecido motivo suficiente para revocar el i113usto decreto qne Nos condenara al destierro; pero, léjos de esto, un silencio de tres meses fué la ulllica respuesta u' la confü111za con que puoimos nuestra causa en sus manos como nuestro amigo y primer 1Uagi1,tra· do de la NacioD, rlejantlo <1sí burlada la in~enua 1;,;penrnza que habiumos concebido de vernos pronto restituidos á nuestra Arquidiócesis. E :NTllETA.NTo permaneci11mos en R11rcelona, en donde l;!l mal Pstado de nues· tra salud Nos había obligado á dete:. uwrnos, para reparar nufü;t.rns quebrantad as fu e rzas, v habiendo mnnife:-;tado el · Presit.lcnte ~de la Repúblicn al del Es lado de Barcelona, General José Gregorio l\Jonága8, que Nos habia ofrecido generosa h01,pitalid,1d, su, deseo de qne no siguiéramos al e1.tr1rnjero, consentimüs 1?11 quedarnos alll, exponié11donos á las nuevas tropelías con que luego se ~6.S forzó á pro¡;e~uir el interrumpido viaje. No queriamos dar motivo con ntie~tra definitiv¡1 separe1cio11 de Venezuela á que l'ios ílCUsnse de poner obstáculos a un aJ"euimient.o honroso, que purccia cu via <le realizarse. HACIA. :ra tiempo que estábamos en esta Isla, cuando recibimos una carta del General Guzman, fechada eo Valencia á 22 de Febrero de 71, en tacuil. · como resultado tardío del testimonio de amistad y confianza que le diéramos ~n la nuestra de 27 de No,iembre del nño anterior, Nos proponía que expidiéramos uaa Pastoral desde el lugar de nuestro destierro, aconsejande> á los pueblos lit paz. Con rnzone11 incontestables le manifestamos la impo- · 11ibilidnd moral que Nos retenia para dar nn paso tao trascendental, hallan-• donos sometidos aún á la injusta pena que se Nos había impuesto, Jo cual hacia ese acto no solo indecoroso para nuestro ministerio, sino tambieo ineficaz, pues había de aparecer como arrancado por la conccion: que Nos restituyera á mteslra diócesi's y cumpliríamos gustosos con este deber, como lo habi1mos hecho en otras ocasionea en que la paz publica había sido turbada. Todo espirito no prevenido por la fY<1sion juzgará que no pudimos ni debimos e.eder á esa exigencia, que No.__ hubiera hecho ap«recer ante los fieles como comprandg la vuelta al pais con 110 acto de vileza·. NI han terminado aquí los saeri4cios que henros creído necesario hacer eu obsequio de la -concordia: tras la vio- . lencia abierta y la calumnia, ,inieron. la falacia y los arteros manejos á continuar persiguiéndonos sol upada- · mente, y ni así hemos querido dirigirnos á vo5otros hasta ahora, amados hijos, para correr el velo que ocultaba tanta iniquidad. Pacientes, para no aparecer provocadores, hemos aguardado largo tiempo en el silencio de la resiA"nacion á que el Eterno é incorruriti ble veu¡?ador de la inoceocia oprimida se levantase en defensa de nuestra causa. Despues de seis mese1 de reiteradas promezas, directas é indirectas, que hacian esperar un acto de justicia en favor nuestro y que nunca se realizaban, y durante los cuales ~e~uia el Gobierno ejerciendo injustifica bles rigores con varios miembros del ' Cabildo Metropolitano y del Clero, se .. urdío una triste intriga, aparentando gran religiosidad y procurando espléndido boato en las funciones de la Semana Mayor, con el objeto no reservado de aco5tumbrar a los fieles 4 la ausencia de su Pastor, por medio de la prueba práctica de que la Religion nada 3ufria á causa de la falta de aquel, y preparando así el camino para un ci1ma. por el desconocimiento de nuestra autoridad . . DEVORAMOS esa nueva injuria, contentándonos con llamar la atencion sobre tan inicuos planes al doctor llanuel ' Antonio Briceño, nuestro Secretario de .cámara, que lo era tambieo del Provi .. sor y Vic:1ri0 General, y expedir un 111vt.o en materia de nuestra pri,ati,a .iurisdiccion, prohibiendo la celebracion de ciertas solemnidades religiollls en nuestra Iglesia Catedral. El doctor Dorni11g-o Quintero, al tener conocimiento de esta medida, Nos anunció que había hecho r~nuucia formal del dea-' tino de Provi5or y Vicario General que le hribiamos conferido; pero que al en• viaria á la estafeta fué cdn·ccionado por ·el Gobierno para l)Ue la retirase. haciéndosele saber al mismo tiempo por los sefiores Rójas y Rodríguez, eua sobrinos, comisionados por el Gobierno,. que si insistía en la renunda, se desencadena ria la persecuciou oficial con1 trn la Jglesia y el Clero, desconociendo nnestru autoridad y h,\stu lu· 1uprema de la Silla Apostolica, lo que le obligó á. retirarla. i (Continuara.) .. -- -E IMPRENTA DE MARIANO G. MHTINU. Calle de A.rtHJ"'Jffi N. • 176.

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