es amarle en el santuario de nuestra alnia, y t1(1·ecerle allí nuestro amor; es que- . rer,.es desear que todo el mundo le ame, le adore, Je ensalce, le glorifique! le beQd1ga y le sirva. En esto consiste ·el amor de Dios. Moisés dijo á los judíos: « Vosotros nm'areis al Señor vuestro Dios cou toda · vuestra alma y con todas vuestras fuerza. (Deut. VI. 4.) •Dios tiene misericordia de aquelios que le aman y guardan sus leyes; castiga á los que le aborrecen ó \'iolao sus mandamie11tos.»Exod. XX, 9. Sin embargo han habid_o filósofos ... bastante mal instruidos para afir(!lar que uo babia en las tablas de la ley _uingun ma,ndamiento para amará Dios. Los moti.vos que nos conducen á a- .mar á Drns, son: su bondad infinita, los beneficios de que nos ha colmado en el órden de la naturaleza y en el de la ~ gracia; las promezas que hace, la felicidad .eterna qµe nos promete, y el amor que nos tie,ne. ·El amor de Dios exije la adoracion respetuosa y reverente, la cual se manifiesta pol'· el callo tauto interno como externo. Los vicios capitales opuestos al an;or de Dios, sou: la supersticion que peca ·.por exceso y la 1rrelig-iosid11d por defecto: ;de estos nacen otros v:icios como se- ~ euudarios. .¡, ·fü amor de Dios engendra fuerzas ·ed -el alma de quien se apodera. De ,dos modos podemos amar uua cosa mas · qae otra; ó con mayor fervor, ó con mas aprecio. Lo. que al'Oamos con mayor fervor se lleva mas nuestr,o corazon; lo que amamos eón mas ap~ecio le tija mejor. El amor de fervor es mas impetuoso; el de aprecio es mas firme; J cuando estos d·os amores se disputan lit preferencia, el aprecio es quien pre- . "Valece. Cu,¡ndo el amor de Dios se llega á posesiouar de uu corazon verd,Lderameute amante, engendra uu valor sin igual que raya en el' heroismo, J si no, díganlo los confesores y diez y och.o millones de martires de -la religion cristiana. Arrebatado el Apóstol de este fervoroso y ardiente amor, se espresó asi: ¿Quién nos, separara del amor de · Cristo"? ¿tribulacio11? ¿ó angustia? ¿ó hambre? ¿ó desnudez'? ¿ó peligro? ¿ó persecuciou? ¿ó espada?..... l\las estas cosas vencemos por aquel que nos amó. Por lo ctÍa! estoy ,cierto, que ni muerte, ni vida, ni Angeles, ni pri11cipados, ni virtudes, ni cosas presentes, ni venideras, ni fortaleza, ni altura, ni profundidad·, ni otra creatura nos podrá apartar de el amor de Dios que es Nuestro Sefior Jesucristo. En otro lugar el mismo Apóstol dice de sí: Yo vivo, pero no soy ~·o el que vivo: siuo que Cristo vive en mi. Sostenedme con flores, cercadme de ma11za-nas: ¡1orque des- {«llezco de amor. Cant. cap. JI. v. 9. Todas las virtudes se refieren al amor divino y en él están fundadas; para esto nos asiste la iufalible autoridad del Ap9stol prescitado, juntamente con la muy respetable de) Gran Padre San Agustin; el primero se espresa de este mod9: Aunqne. yo hablase el ,idioma de los Angeles y de los ho111bres, aunque tuviese bastante ciencia para comprender todos los misterios y bastante fé para trasladar las montafias; au11 cuando diese todos mis bienes á los po• bres y mi cuerpo á las llamas, de nada me serviría todo esto, y nada seria yo, si no tuviese caridad (es decir amor). No es menos enérgico el Obispo de Hipona cuando define todas las virtudes por el amor: ia Fé, dice, es un amor que cree: la esperanza un amor oae espera; la paciencia un amor que• soporta; !ª p_r~dencia un amor que reflexiona; la 3u11ttc1a un amor que dá á cada uno lo s~yo; ~n fuerza un amor generoso; y asi d1s~urre este sábio Doctor de todas las demas virtudes. No nos cansemos: el amor es la O'ran palabra del Evang~lio, la grande r~veLA IGLESIA PUNEÑA. lacion del Catolicismo. Dios es todo a.mor, ya lo hemos dicho, es el amor mas bello, puro y perfec'to, es el amor por excelencia; e·s la esencia del amor; por el amor vive en nosotros y nos9tros enél: de Dios sale el amor, de El desciende, y bajo este punto de vista el amor es la esencia de ta Religion Cristiana, áe la moral y de la sociedad. Del amor ele Dios á los hombres. Dioe ama á sus creaturas y tiene un amor muy especial al hombre; a sus creaturas porque como obras de sus manos son buenas y perfectas; y. como la - perfeccion de Dios tambiem consiste en amar el bien y el órden, Dios !•rna_ á sus creatnras por etas calidades.-¡D1os ama al hombre!-Aqui la pluma tropieza y se resiste, porque hombre-es el que la dirije, y porque no es el hombre el mas á proposito para tratar el rimor de Di.os al hombre. Es cierto que uadie conoce mejor el vr:ilor del beneficio que aquel qne le recibe; ninguno lo aprecia peor que el ingrato que no lo ha correspondido. ¿Quién podrá vosquejear el cuadro maravilloso y ' estupendo del amor de Dios. al homóre? ¿Quién podrá presentar las portentosas obras de este amor divino? Val~a por todo lo que de él pudiéramos decir, los misterios di: la redencion y el Sacramento de la Eucaristía: ellos son la prneba mas sublime y elevada del amor de Dios al hombre; pues, como dice Ciceron, por dos cosas se conoce al verdadero amante: primero por obsequiar al amado: y segundo por padecer por la cosa que se ama, y de ambns clases nos ha dado linil prueba<; el amoroso .Jesus; no nos engañó este amante Salvador coa un amor lisonjero, cuando nos prometió que se quedaria con nosotros hasta la consumacion de los siglos, y asi nos asegura de iiuevo que '?Os·ha amado desde el prinripio y nos continuará amando hasta el fin, porque sus compla cencias las tiene e11 los hij os de los hombres. § ITI. DPl a,mor de si mismo. El amarse el hombre a sí mi s;no y procurarse todos los !Jiencs y feli cidades que corresponden á su conservacion física y per- • feccionamieuto intelectnal, es corresponJienle a la razon y á la naturaleza. Cuando publicó la ley y en ella dijo Dios que los hombres debían amarle sobre todas las cosas, dijo tambien, que era necesario amar al prójimo como á sí mismos, y en esto manifestó que el amor quo los hombres se tienen á sí mismos, ni es contrario á la razon, ni a la ley divina, con tal que no embaraze el amor que deben tener á Dios sobre todns las cosas, y se amen á sí, de suerte que al mismo tiempo amen tambien á sus prójimos como á sí mismos. Digan lo que quieran los incrédulos, los preceptos de amar a Dios, á sí mismo y al projimo uo son imposibles de cumplfrse. El hoqibre debe fundar el amor de si mismo, en el amor de Dios, amándose por él y eu órden á él. Este amor será vicioso cuando íios Jleve Hasta el punto de faltar a los deberes para con · Dios ó para con nuestros semejantes. Los deberes que impone el amor de ' sí mismo á todo hombre se refieren al cuerpo y al alma: á el alma una ilustracion sólida y moral y al cuerpo la conscrvacion racional: todo lo cual se consigue por la conveniente eleccion de est11do en la sociedad. Todo vicio practicado por el hombre es contrario nl amor de sí mismo, y con especia1 idad el suicidio injusto y voluntario. El amor propio de sí, cuando es desarreglado, produce el egoísmo. § IV. Amo1· a niiestros seme}anles. Dios quie- •re que los hombres se amen unos á otros y en este caso el amor al prójimo es de Derecho divino y Natural: de Derecho diviuo porque es Dios qui~n lo • estableció e_n La _ ley nntigua ordenándolo en un precepto espreso; y mas espresame11te todavía en el Nuevo Testameuto. Cuando el Verbo Eternt> encarnó y conversó con los hombres les dijo: Yo os doy un precepto nuevo y es que os ameis los unos á los otros ....• y en esto conocel'á el mundo que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros. Habeis oído que fué dicho á los antiguos: amaras á tus amigos y aborrec~ras á tus enemigos: pues yo os mando lo contrario: esto es, que ameis á vuestros enemigos ...... tos antiguos Filósofos miraban la venganza como una obligncion, imperiosa, de aquí-su máxima favorita-«dulce es la venganza.» El 1\Iacstrn celestial la proscribe y abroga por completo, asegurándonos que Dios no perdonará nuestras faltas si no perdonamos a los que nos ofenden. De derecho natural, porqu~ si todos los hombres ~on igunles eL1 naturaleza por 1:.ener las mismas facultades, unos mismos órganos, el mismo origen, la misma mision y un fin comnn, claro es que t'Jdos deuen auxiliarse para la consecucion del último destino: y como el amor de nuestros semejantes es el móvil 1 que nos empeña á cooperar en pró del prójimo, claro es que él es de Derecho Natural. Por esto estamos obligados á hacer con los deñ1ás lo que deseamos que los demas hagan con nosotros: los afectos de benevolencia en nuestros deseos, palabras y obras, dulzura, complacencia, induljencia, conmiseracíon, socorros mútuos, consejos y servicios; hé ahí lo que exijimos de nuestros semejantes, y lo que le~ debemos segun lo prescrito por el Derecho Natural. De aquí resulta que el amor á nuestros semejantes es el mas justo y el mas interes~nte: el mas justo, porque ¿qué cosa mas justa q' vivir amándonos temporalmente en la tierra, los que esperamos vivir amaodonos eternamente en el cielo? Es el mas interesante, porque cuando Dios nos manda amará nuestros prójimos, manda tambien á nuestros prójimos que nos amen á nosotros. ¡Hay cosa mas interesante al hombre que ser amado de todos los hombres! ¡Ah! Cuili1 garantidos estarían nuestros derechos y cuán asef!urados nuestros intereses si reinase verdaderamente este amor; con qué seguridad andaríamos poP todas partes y á todas horas! Nuestra vida) nuestra fama) nuestros bienes y cu~nto nos pertenece, todo estaria seguro. No necesitaríamos de medios de defensa y seguridad para conservarlos, porque el amor del prójimo seria una llave general, una égida contra todo ataque. En el amor al prójimo se incluye el amor social ó á la sociedad, sin el cual no hay honradez en el ciudadano ni virtud eu sus individuos: el amor filial, el amor pátrio, que no es mas que el aprecio que se le profesa al país natal, proporcionado a los beneficios que de él se reciben: hay tambien amor á la amistad ó á los amigos, el cual es raro y de- \ica.do, amor á la gnerra y á la gloria, amor á la naturaleza y á las artes, ya sean liberales ó mecánicas, amor á las . ciencias, al bien, y finalmente amor á la verdad. El amor del bien y el de la verdad se identifican con el t1mor de Dios, poi· 5er el bit:!n y la verdad absoluta. Beneficios realizados por el amor religioso del cristiani'smo. El primer Adan labró su desgracia y la de toda su posteridad amando otra cosa que á Dios; pues el nuevo Adan nos hizo otra vez venturosos atrayéudonos al ' amor de Dios, de nosotros mismos y del prójimo. ¡Quién podrá enumerar los grandes ·beneficios que ha recibido la humanidad, de estos tres amores asegurados y perfeccionados por el Martir del Gólgota! , A mérito de ellos la humanidad se baila regenerada, abrogada la antigua ley . de ódio y sostituida por la 011ridad frrnternal, la condicion del hombre sublimada en el individuo, ep , la familia y eu la sociedad: mejorada la suerte del esclavo, del hijo, de la esposa y del guerrerCl: y finalmente, la del mismo extranje•ro, pues comó dice el Doctor de los gentiles: ya no hay Judío, Griego ni .Romano, porque todos somos unos en Nuestro Señor Jesucristo. Recorramos la~ pajinas de la historia y veremos dos mi~ monumentos grandiosos que á influjo del amor á Dios y al hombre se hau erigido en beneficio comun. Son in?umerables los inventos y descubrimientos que ha hecho en todos tiempos el amor á las ciencias y á las artes: la f~z moral de la tierra se muda repenttuamente á mérito d,el amor. Lo mas admirable es que para la realizacion de tantas y tan estupendas maravillas bastó el amor de la Fé, el amor de la Esperanza y el amor de la Caridad, La fé que nc'lara, la esperanza que consuela y la caridad que obra. El amor de la fé que une las inteligencias en la verdad; el amor de. la esperanza que uue los corazones en el deseo de rina felicidad comun, y el amor de la cari• dad que une los deseos del -corazon en las aspiraciones del bien; la fe que fija In incertidumbre de la razon, la esperanza que fija l_a,s perplejidades del corazon y l~ caridad que fija las perplejidades é irreimluciones de la voluntad; la fé que nos muestra la felicidad, · 1a esperanza que nos conduce á ella, y la caridad que nos dá su posesion: porque por la fé conocemos el bien sumo: por la esperanza confiamos en él y por la caridad le amamos le poseemo1 ysomos dichosos. ¡Oh amor divino! ¡Oh amor de nosotros mismos! ¡Oh amorciel prójimo! ¡Ob amdr celestial! Tu has establecido los vínc11los que ligan á la creatura con el Creador) tu hiciste que Dios se hiciese hombre y el hombre se hiciese Dios, por tí se encuentran l1oy organizadas las sociedades y en armonía la humana prole de AdanJ tú bai triunfado de las dificultades que cruzaban el progreso de la vida intelectual y moral, gracias á tí para que los vínculos de In amistad y del matrimonio tengan vigor y fuerza, solo en tí puede hallar consuelo el desgraciado y asilo el menesteroso. A tí me refujio, y desde hoy renuncio á mi libertad por pertenecerte enteramente y ser uno de los cautivos del amor de Dios y del hombre, su mas noble creatura. Nadie me culpe, si la mente loca Aqueste amor me torna desde ahora, Que no hay ya corazon de bronce ó roca Libre de amor, q,ue hiende cuanto toca, Al herir con su llama abrasadora. Dado se há la sentencia De que el amor me mate, Yo no quiero consuelos Sino morír de ,amor. Amor, atnor, el mundo todo esclama, Amor, amor, su creacion proclama, ..... Amor, amor, me bnces penar tanto ...• Amor, amor, me falta ya el aliento, Amor, amor, me rinde tu quebranto, Amor, amor, morirm~ yo me siento, Ainor, amor, soy presa de tu encanto. Amor, amor, elévame á tu asiento. Amor dulce languidez Amor mio codicioso Amor mio delectoso Oh! inúndume de amor. A.mor, amor, Jesus, yo busco el puerto, Amor, amor, Jesas, ven á mi lado-- º .A mor, amor, Jesus, si me ha inflamado Amor, an1or, Jesus, ah! yo soy mu·erto Amor, amor, Jesus, te sigo enagenado.. Amor, amor, no seas insensible, Amor, amor, á ti mi alma está unida. Eres, amor, mi vida: Dejarte no es posible, Que está desfallecida De ámor inestinguil;le. (a) El amor tiene por objeto al bie11; porJo cual hablaremos de el bien bi!jo todos sus aspectos, en la mejor oportunidad. . Co legio Conciliar de San AmbrosÍ9 de P1ú,o, Noviernbre l 4 de l 8J2. (n)-Estracto.
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