1Ieridoos, proscribidnos; mas para ser justvs, .de~pue~ _de ajus~iciar á los asesinos, aJust1crnd á quienes los educan (1)-." En ·cuanto á esos rayos tan frecuentes, que destruyen en un instante las mas antiguas monarquías, las instituciones en apariencia mas robustas, son para el católico la justicia de Dios que pasa. Son el so -- herano regulador que venga sus leyes, que confunde á los ope1mrios de Babel, y que, despojando de su vano oropel á las naciones culpables, ofrece su desnudez en especláculo al mundo. No aplaude el daño, no; pero se regocija al sentir su fé robustecida y la Providencia de,mosrada ..El instrumento puede ser culpable, pero 1a obra es divina. Cuando Nabucodonosor pasaba la Judea á sangre y fuego, cuando saqueaba á Jerusalen, profanaba los vasos del santuario, degollaba á los sácerdotes, se llevaba cautivo al pueblo de Dios, y con los escombro3~ ensangrentados que amontonara, elevaba un pedeslalá su orgullo, era su obra satánica, y sin embargo, no es menos cierto que Nabucodonosor era instrumento de la jusLicia divina. En sus manos relucía con tan fatales fulgores la espada vengadora, que ' los· mismos judíos exclamaban: (\;Sois justo, Señor! hemos_ violado vueslras leyes y 1..10s trata1s como merecemos,» Lo mismo puede decirse de los Nabucodonosores de lodos los siglos. A fin de revelar su~providenia en el gobierno de las sociedades, Dios arma la iniquidad de los unos para castigar la iniquidad de los otros, y cuanto mas débil es el inslrumen- . to y terrible el castigo, mas evidente aparece la acr.ion de 1o alto. Al querer Dios refrescar la atmósfera y devolverle su Lransparencia despues de un dia de pesados ca1ores, llama á la tempesLad, y eu un momento su mision queda cumplida. · El c1ire se purifica, la naturaleza se trastorna. Véose los cimientos de. los edeficios derruidos, las raíces de los árbol~s arrancados: lo mismo son las revoluciones en el orden mo l. ando las grandes verdades, bases del órden uiiiversal, están oscurécidas por las pasiones, desnaturalizadas por el sofisma hasta el punto de ser como si no e¡istieran, el Omnipotente se levanta en cólera. Conmuéve á las sociedades desar-- raiga ~ los imperios, y pone en descubierto los fundainen los eternos que su mano les dio; entonces, entre las ruinas, brilla la verdad eon nuevo esplendor, consoladora para los buep.os, formidable para los malvados. ·Rn ~o~ dias de incertidumbre y y de tmiehlas en que vivimos esta demostracion solemne de la 'Providencia es el segundo y muy real consuelo de los cristianoi. Otros hay· aun que- os dieré por el próximo correo. (1) Palabras textuales <le los revolucionarios. italianos. Véa11e la Opinione del 27 de . enero d• 1 ~- LA IGLESIA PUNEÑA. Loa de■lsnlo• de la Prowldencla ■obre el poder t~m~l dél Papa en el 11empo preaence. , (ArUcuI~ tradueiJo de' la «Civiltá Católica.» X tomado de ...La Sociedad.") J. Es ·indudable que Dios quiere el poder tem¡.ioral del Papa, y sin embar• go ha permitido que se abatiera hoy este poder, á lo menos temporalmente. Debemos, pues, adorar los desiguioc; inescrutables de la Providencia; pero trataudo únicamente bajo el aspecto especulativo, hien podemos, sin incurrir en la tacha de temerarios, satisfacer el deseo de conocer, en cuanto sea posible, los designios de Dios en e1>ta materia. Antes de todo, _observaremos que el actual despojo Je la aú toridad temporal del Sumo Pontífice no es un acontecimiento extraordinario que deba sor• prendernos; pues muchas veces ha sido .privado de esta potestad. , Basta recorda1· al Pontífice Pio VII, que fué arrebatado de su trono por la mano del conquistador poderos() que, despues de la caída del imperio romano, se levantó para afligir la tierra. ¿Quién no creería entouces que iba á desaparecer para siempre el poder temporal del Papa? Y sin embargo no fué así: despues de cinco años de cruel prisiou salió á su trono el Pontífice destronado, sin la ayuda y concurso de ninguna potencia terrena, sino por el brazo de la Divina Providencia. Compárese esto con lo que actualmente sucede y se verá cuan grande es la diferencia; pues el rey no de Italia no puede equipara1·se con el imperio de Napoleon 1, á cuya pre'ieucia temblaba la Euro• pa y se Jlenahan de pavor los mus grandes reyes. El ultraje que ha recibido el Sumo Pontífice es desde Jue,go poco coman; pero no único en la historia del pontificado, ni tampoco es el mas notable de los que Dios ha permitido de tiempo en tiempo, y permi• tirá segun couvenga á la sábia ecouomía cou que dirige la Iglesia. H. Uno de los fines que Dios ha tenido en la permision de acontecimientos se• mejantes al actual, es manifestar que es obra suya el principado civil del Papa, y que, como tal, la dirige con · singular providencia, permitiendo que á veces caiga pa.-a renovar le;; prodigios de su omnipoteucíu, levantándola y tornándola á nue-va vida, cuando, naturalmente hablando, parecia arruinada y perdida para siempre. Infirmitas htiec non est ad morlem, sed, pro gloria Dei. En esta materia ~uced.e lo que jusbmente observa San Agustiu respee• to del órden ffoico; pues siendo Dios puro espíritu, no puede ser visto con ojos corporales; pero se manifiesta en sus obras portentosas .Y admirables aun en el mas pequeüo átomo. Mas, así, como apenas es advertido, por ser continuo el portento con quedirige y gobierna todas las cosas, de la misma suerte nos acostumbraríamos á los prodigio~ con que gobierna el muudo moral si fuesen comunes, y por esto se ha reservado ostentar de tiempo en tiempo su poucr con sucesos maravillosos y que están fuera del órden natural, á fin de .que á In ·,isla de ellos se despierte nuestra atencion, por lo regular indiferente á los sucesos ordinarios. De aquí proviene que, 1.nrnque sea mayor el milagro con que Dios gobierna las cosas criadns, que el dar dP. comer con cinco panes á cinco mil hombreB, no obstante, nadie para su atencion sobre lo primero, al paso que todos se admiran de lo segundo, no pol' iek" mas estupendo el prorligio sino por ser raro. La creacion y conserv acion por doce siglos del principado civil del Pontífice cuando hun desaparecido tantos imperios y reinos, es ciertamente un portento que debería llenarnos de asombro y hacernos conocer la intervencioo divina; sin embargo, casi nadie piensa en ello; pnes la continuacion del suceso no despierta nuestra atencion para que conozcamos tan grande prodigio. Asi, Dios se digna, por su piedad, suspender de tiempo en tiempo el curso del órden acostumbrado, y, contra toda previsiou humana, interviene con su poder para cou5ervarlo si es atac!ldo, o restablecerlo si ha sido derrivado; entonces todos admiran los acontecimientos y reconocen la omnipotente mano de Dios: rion quia manis sed quia rarus est. (S. Agust.) Algunos se mofarán de no5otros diciendo que recurrimos á la teoría de los milagros; pero bastará hacerles .notar, que s1 el mil¡igro, segun la observacion del gran obispo de Hípona, hace parte de la economía divina en el gobierno del mundo, con mayor razon deberá hacerlo respecto del gobierno sobrenatural de la lglésia, y que, por lo mismo, el milagro no está fuera, sino dentro del órden que le éerresponde, no porque él constituya su estado normal y ordinario~. pues en tal caso ya no seria milagro. si:10 ncrr¡ue en cosas excepcionales, manifiesta Ja intervencion prodigiosa de Dios. La Iglesia es sobrenatural, y sobrenatural la providencia con que se gobierna, y por esta razon los fieles esperan universal• mente y con firme confianza una manifestacion extraordinaria y un portentoso concurso del poder divino para la restauracion de la soberanía temporal del Papa. Llamar ilusion a esta esperanza, no.es propio de la sabiduría, ni conforme al recto conocimiento de las relaciones que hay entre la naturaleza de la Iglesia y el órden con que la Providencia la dirige. m. Hay, ademas, otro designio en permitir la pérdida momentánea del poder temporal del Papa. Véarnoslo. Sea cual fuere el juicio que se for• me acerca del orden político, es lll· dudable que en el derecho europeo se va verificando uua mutacioo grandísima en lo que mira al sugeto de la autoridad política. La sociedad civil ha venido a ser en gran ,parte demo• crática y tiende maa y mas á• la de• mocracia. Los príncipes, ya de uno, ya de otro modo, hao abdirado su po• testad, reconociéndola únicamente en el pueblo, por manera que no se consideran sino .como Mus representantes y delegados; la dignidad real es ya un tituliu sine te, uua cosa houorí6ca, pero no muy distante de ser escernecidlt. Asi es que hemos vis to á u na uaciou estar buscando tln principe á quien ofrecer la corona sin ballar por lo pronto quien quieril aceptarla; ¡tan ah,tida está la monarquia! Que este sea ó 110 uo mal grave á la sociedad, no nos toen decir; basta que señalemos el hecho para que se couozca la tendencia de las sociedades, y el punto á doude se encaminan obedecieudo uua especie de impulso fatal. Ahora bien, los astutos enemigos del papado han vociferado siempre que los tronos han sido los únicos que han sostenido el poder temporal del Papa, porque teuiau iuteres eu ello por su propia couservacion; mientras que los pueblos, y principalmente el romano, ha11 sido adversos. Nada \'alía el decir ~ue entre los orígenes de la soberauia pontificia figuraba la espontánea -,;oluotad del pueblo, abandonado al ftrror de los bárbnros por los débiles y lejanos emperadores ,de ,. füz¡rncio; · pues replicaban que esto. t,endria lugar eu los t.ir.rnrios tle barhúrit>, en los qut· 1<1s pueblos obraban á impulso del temor y de Uüil manera contraria a las aapiraciones que solo el progreso de las luces podl'ia engendrar en su ánimo. Así, á la soberania pontificia han Ha~ mado iostitucion de In edad media, sin valor alguno; á pesar de la santidad de- los tratados y la posesioo de muv largo tiempo. Todos los titulos anti- ~uos han caído con el aparecimiento del nuevo derecho, cuva fuente única es la voluntad · popular; segun Jo han pregonado los enemigos de Cristo y de su Iglesia. (Concluirá.) INSERCIONES, Sociedad ca1óllca de Boga. Acabamos de tener la satisfaccion de asistir al establecimiento de la «Sociedad Católica» en esta ciudad. El 29 del mes proximo pasa.. do, · á las doce del dia , se reunieron muchos caballeros notables en un· salon bien capaz y decentemanle amueblado. El señor doctor Teóñlo Valenzuela dió lectura á las comuni~aciones que el Presiden te de ]~ «Juventud católica de Cali» ha enviado á la ciudad de Buga, invitan• do para que se establezca la misma asociaciori que existe en Bogotá, Popayan y otras poblaciones de importancia. Acto continuo se procedió á los arreglos preliminares de la Sociedad en junta preparatoria; se aprobaron interinamente los estatuos de la Juventud catolica de CaJi prévia s1 1 lectura; se nombró una comision del seno de la Sociedad, para ·que adoptara las bases que creyera convenientes, con conocimien - to de las bases que han servido para la congregacion de Cali. En seguida, el señor boctor Belisario Lozada, exito ál Presidente á fin de que expresara el objeto que se propone la Socied~d y emitiera sus opiniones en ese sentido; el Presidente dió este derecho a todos los concurrentes, y en tal virtud, tomaron la palabra alternativamente, los señores doctores J. Timoteo Duarte, José Benito Rodríguez y Teófilo Valenzúela. El señor José Timoteo Duarte se ·expresó en estos términos: «Señores.-Este es el tiempo q' ha determinado la Providencia para que tenga lugar una reaccion católica: parece que el infierno está haciendo sus conquistas en Europa y aun en Am~rica, y para no dejarnos arrebatar por esta lava destructora, es necesario oponer un dique para contenerla, o á lo menos para desviarla de nuestras- ciudades. El triunfo de la Prusia sobre Francia ha dado ocasion para que los enemigos de la Iglesia asesten sus tiros contra ésta y sus ministros; las sociedades secretas · se organizan con empeño y con entusiasmo, se generalizan por medio de comisionados, ·y su objeto es acabar con el católicismo. _ Los católicos de Austria han sido deprimidos por fran_cmasones, y hasta el mÍ$mo emperador ha tenido que ahpgar las inspiraciones de su corazon. Los discursos mas sedicio- ~os r1--spnarou- en Ya Dieta de -Viena~ . ..
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx