La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

wumniadores, intemperantes, crueles, sin corazon ni amor, traidores, insolentes, vanidosos , amantes del placer mas que de Dio~, y mostrando las apariencias de la virtud sin · tenerla en realidad. ,> ¿No es este un cuadro sacado al natural? ¿Qué rasgo de los expresados no se aplica al mundo actual, tomado en su generalidad, con una exactitud que no conviene á otra época ninguna? Bien sé que en to- <los los tiempos ha habido errores y cr1menes; pero la apología del error, el reconocimiento legal del er- :ror en el seno de las naciones catolicas; el crímen sin remordimientos, la iniusLicia sin i·estitucion, el escándalo sin reparacion; la teoría del crímen, la apología del crímen, el orgullo del crímen y de todos los crímenes; no solo la rebelion contra Dios, contra lu Iglesia, y contra. los poderes todos, .sino la negacion sistemática de la autoridad de la Iglesia y de los reyes; la teoría, la apolog1a, el orgullo de la rebelion, la consagracion legal del prin- .ocipio mismo de rebelion, esto.·no se encuentra sino en el mundo actual, . y constituye el carácter propio de · su perversidad. , Hé aquí, amigo mip, lo que fue , visto y vaticinado hace dos mil años. ¿Puede darse c.osa mas increihle que semejante vaticinio, cosa mas divina que semejante profesía?-- · ¡ Cuántos mi~terios han debido aquellos ojos penetrar antes de llegar á este! Al sali;r estas palabras de los lábios del Hijo de Dios y de sus en- ·viados, el mundo no era todavía cristano, y para que se realizasen era ' ,. _preciso que lo fuese, lo q~e parecia imposible; y que lo fuese por mucho tiempo, lo que no podia preverse. ,Pero lo que.parecia aul} mas imposible, lo que de ningun modo podía ser previsto, es que el mundo olvidase un dia la monstruosa esclavitud, la degradacion profunda, las lamentables miserias de que le librara el cristianismo; que pisotease .la sangre del C~lvario, precio de su rescate~ ·que viese Mn disgusto las ,libertades, las luces, la felicidad que al Evangelio debia; que clamase, con ardor á · su antiguo tirano y a1,rojase de &í á su bienhecµor, colmándole de ul- . trajes y gritándole: «¡No queremos que. reines por mas tiempo sobre nosotros!» ¿fued~, repito, haber cosa mas increíble? Y sin. embargo, lo increíble á la vista está. Nuestro Señor vió pues lo que ojos humanos no podían penetrar. Considerado haj o este acepto, el espectáculo del mundo actual, por doloroso que pueda ser, me consuela y me enagena. Mejor que todos los raciocinios, demuestra mi fé al demostrar la di.:. vinidad de su auLor. Venga ahora el impío á preguntar al católico: ¿Dónde está tu Dios? El católico ·1e contestará: Mi Dios i e.stá aquí, y te ve, te oye y te-juzgara a tí y á los tnyos. Dos mil años hace que dibujó vuestro relráto y anunció cuanto decís y huceis , y LA IGLESIA PUNEÑA. adema's vuestras infamias secretas. Las estrellas del firmamento no me dicen su glo~ia con tanta elocuencia, como vuestras maldades y blasfemias, sin ejemplo . y sin nombre, me revelan su presencia infinita. Os veo, y creo. · Igual consuelo hemos de experimentar nosotros, amigo mio, en las revoluciones que trastornañ 'hoy al mundu. La sociedad, lo mismo que el hombre, no se creó á s1 misma: creacion divina, existe en virtud de leyes fundamentales que no son obra suya. Vivir y prosperar, si las observa; degenerar y morir, si las conculca, alternativa es á la que no puede sustraerse. Todas fas leyes dadas por la divinidad á las sociedades humanas, se resu - men en una sola. A ellas s.e les ha dicho: «Como el hombre, del cual no sois mas que el desenvolvimiento, habeis sido ereadas y puestas al mundo para conocer á Dios, ama.rle, servirle, y llegar por este medio á la felicidad.» El Divino legislador h~ dado á esta ley una sancion tan positiva como ella. «Se coge lo que se siembra1 ha dicho; la justicia eleva· las naciones, el pecado las hace desgraciadas. Toda nacion, todo reino que se niegue a servirme, perecerá. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano es que velen los centinelas. Yo soy el rey inmortal de los siglos,y los reyes son únicamente mis ministros. , Todos me deben obediencia y fidelidad, como vasallos á su soberano, ;¡ si se atreven á revelarse contra mí, los quebraré como vasijas de tierra. Ayer en la cúspide del poder, los buscareís mañana y ya no existirán. Con ellos perecerán sus obras ·y las sociedades que habrán querido fundar sin mí, lejos · de mi y á pesar mio.>> Esta es la gran consti tucion de la humanidad. ¿Qué gobiernos, qué pueblos se acuerdan hoy de ella? Y guárdese el catolico d~ recordársela, que le han de contestar con blasfemias. «Nuestra palabra es solo nuestra; nosotros somos el derecho. Nosotros dirémos, nosotros harémos, nosotros mandarémos, nosot~os prohihirémos, segnn nos lo dicte nuestra voluntad. Libres en todo, no reconocemos superior ninguno.>> As1 se dice hace mucho'tiempo en todos los tonos y en todas las lenguas. Al ver la prosperidad de los rebel4es, el católico siente tentaciones de preguntarse dónde·están las' leyes divinas de las sociedades. La ley y la sancion parecen oscurecerse á sus ojos; pero tranquilícese y consuélese: las tinieblas se disipan; la base divina de las sociedades no lardará en reaparecer, y para quien puede llevar sus miradas lejos, re-aparece ya rodeada de desconocido fulgor. Consíderad, amigo mio, el espectáculo que ofrece la Europa actual. Hemos visto en un año mas revoluciones, y revoluciones sociales, que antes en un siglo. Los pueblos juegan con las coronas de los reyes corno los niños. con bolos; en setenta años han caído treinta y nueve tronos, y veinte y do.s dinasLías desterradas vagan á pié por los caminos de Europa. Veinte y cinco constituciones han sido aclamadas, juradas y pisoteadas; las formas de gobierno mas opuestas, se suceden como las hojas en los árboles, ó como los trajes de arlequín en las espaldas del histrion. El mundo está sobre un volcan,ycuantos se llaman aun príncipes, reyes y emperadores, apurados y vacilantes en sus tronos, se asemejan al marinero en el más" til durante la tempestad: Para reducir mas el horizonte, ved lo que sucede en Italia, eu. Nápoles sobre todo. Un pirata emprende la conquista de un reiuo de diez millones de almas, eon un lá- , tigo en la mano. Hasta llegar a Ca· pua, Garibaldi solo contó ocho muertos y treinta y cinco herid.os. Entra en la capital, y mientras la fidelidad se refugia entre las mujeres y los campesinos,mirad á una ronche• dumbre de generales, de oficiales de mar y tierra, de empleados, de nobles, de literatos, educados todos cuarenta años antes por religiosos y sacerdotes, correr á la traicion romo se corre á la gloria. Ante el abandono universa], el rey huye, la monarquía se derrumba, y la na· cion es borrada del número de las naciones para convertirse en proconsulado de no sé qué nuevo imperio. • , · Al contemplar la conduela de los napolitanos, la Europa entera, y •nosotros los primeros, sentimos sl,1bir á nuestro rostro los colores de la vergüenza. Mas no nos envanezcamos mucho. ¿Qué hemos hecho eñ nuesLro país hace poc0$ años? ¿Qué espectáculo dimos al mundo? En 1848, doscientos cincuenta democratas derriban en pocas horas la monarquía francesa, y pasados ocho dias estaban á sus piés treinta y seis millones de hombres. Ved la España; ved la Europa. ¿Qué ·es la Europa? Como vos mismo habeis dicho, una tabla apolillada que un puntapié basta para reducir á polvo y astillas. Ahora bien, la Enropa es aquello que la ·han hecho, y estas agitaci.ones perpétuás, estas afrentas increíbles, estas catástrofes impre- · vistas, dicen mas ol católico sobre la vanidad de l~s sociedades, formadas por mano del hombre, y sobre la evidencia ·de las leyes divinas que los libros todos de .filoso.tia polHica. Para él, estas osciliaciones incesantes son la prueba materi'al de que la Europa moderna es una aguja de marear que ha perdido el polo. Para él, estas afrentas increíbles son resultado nalural de una edu- , cacio~ que no proporciona . armas contra nada, y el justo castigo de una sociedad obstinadamente infiel á la ley divina de que el hombre recoje lo mismo que ha sembr~- do. Sólo una cosa, la Religion, ar- . ma al hombre contr:1 el mal; al sonar la hora de las grandes luchas del deber contra el in t~rés, del ~onor contra la felonía, solo la R~ volucion inspira los sublimes sacrifi cios; la heroica :fidPlidad. Para ar-- mar al hombre, la füliQ"ion ha de ser él alma de su alma, y no será nunca sino por medio de la edu-- cacion. La Europa ha cerrado los ojos sobre estas verdades elementales y .los odíos á las palabras uel jefe de la Iglesia. El mismo Pio IX lo ha dicho: «La gran palanca de la ReUgjon que pone hoy en peligro al pontificado es la admiracion hácia la ~n~ig.üedad pagana.,> Falta saber como .despues de diez y ocho siglos, esta udmiracion fanática se encuentra viva, en el mismo centro del católicismo, en generaciones exclusivamente católicas y educadas exclusivamente por elclero católico; y apesar de este solemne aviso, á pe~ sar de las terribles lecciones de la experiencia, del conocimiento del mal y de la inminencia del peligro, .se ha continuado y se continua ofreciendo como modP-los y maeslros durante diez años á la juventud italiana, francesa, europa, los au tores que nos aLrevemos á llamar del siglo de oro: es decir, los panegiristas eternos de la .antigüedad pagana, del antiguo Bruto, de las antiguas instituciones, en una palabra, de la antigua gloria de la Roma gentíl. Así, menospreciador obstinado de las leyes de la Providencia, el mun~ <l.o actual siembra la sizaña á manos llenas, con la prelension, fiado en cierto cultivo cuyo secreto cree poseer, de transformar la naturaleza de las cósas y de re<·oger buen tri- · go. ¡Insensata y culpable tentativa, de la cual -se le castiga por lo mismo en q' ha pecado! ¡ Las generaciones é quienes ha dado ponzoña le devuelven lo que han recibido, i expulsan á sus maestros, destronan á los reyes, y trastornan hasta en sus cimientos UD órden de cosas que no e!- aquel q' se prefenla á su admiracion. Mientras llega el dia solemne en que Dios dará á cada uno segun sui obras, estas infelices víctimas de uri . educacion funesta invocan sobre 1, gobiernos y sobre los maestros, au•• tores y cómplices de esta enseñanza los anatemas y castigos con que le~ · hieren. - Eü el destierro, en las cárceles y hasta el pié del cadalso, a donde les guiaq culpables aberraciones, dicen como Ruffini, Gallenga, Me]egari, Orsini,y los revolucionarios lodos q' han revelado la causa· de sus extravíos: <;Los dos focos· de las ideas republicanas en Europa son los colegios y las sociedades secretas. Es ~ierto que somos revolucionarios y democratas, que- de nuestras filas salen los asesinos de los reyes. Pero, . ¿de quien es la culpa? Somos lo. q' uos han hecho, y nuestros maestros nos han hecho tales como som~s . El colegio, los repuhlicanoe. y los regicidas de la antigüedad, entre quienes hemos pasado nuestros primeros años, nos han iuspitado nuestro entusiasmo por la antigua Roma y nuestro odio hácia los reyé,g.

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