La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

do; o como el cáncer, para roer hasta las partes vitales de las sociedades cristianas? , O en otros términos: ¿Cómo el antiguo príncipe del mundo, vuelto victorioso á su imperio, marcha hoy al frente de un poderoso ejército hácia su antigua capital, cuyas puertas espera no sin fundamento ver abrirse en breve delante de él? Refiérese en la historia de un antiguo pueblo, que un rey fué por sus maldades destronaao1 y desterrado para siempre. Era un usurpador, un hombre liviano, un .hipócrita, un déspota sin fé ni ley. Todo el•pueblo celebró la revolucion, y juró que nunca el tirano volveria á pisar el suelo del imperio. El príncipe legítimo, dotado de todas las buenas cualidades, babi~ subido otra vez al trono y hacia la felicidad de sus subditos. Nadie,pensaba en el desterrado, cuando cierto día unos aficionados á curiosidades artísticas- y literarias hallaron, investigando entre ruinas, estátuas y manuscritos que databan de su reinado, y reconociéronlos como obra de los artistas y literatos cortesanos del déspota, y tan corrompidos _como él. Entre las estátutas, unas le retrataban con los atributos de la fuerza, del valor y de la sabiduría; otras representaba~ sus hazañas y hasta sus acciones mas criminales; muchas reproducian los miembros de su infame y numerosísima familia, y otras los complices de sus iniquidades, en las actitudes mas licenciosas. Estas eslátuas fueron miradas con favor, y se las consideró de exqui~ sito trabajo. Solo los ancianos pretendieron que aquello que altraja el pudor no es bello en lo moral ni en lo físico, pero se les trató de visionarios, diciendo que la sensacion es el criterio de lo bello, y que es bello lo que complace á los séntidos. Las sensaciones mas vivas son las del placer sensual, y por lo mismo se admitio que la ~arne desnuda es el tipo y la fuente de lo bello. Propúsose al rey su conservacion, meramente como objetos artistieos; el monarca lo consintió, y las eslátuas fueron colocadas en los palacios reales y en las re'sidencias de los príncipes. No fueron los manuscritos menos admirados que las estátuas, .Y se declaró solemnemente que eran inimitables obras maestras de buen gusto ·y de estilo, tesoros de :filosofla, de poesia y de elocuenci~, y que solo en ellos se encon traba en toda su pureza la lengua nacional. Es cierto que todas estas Óbras cantaban las glorias del tirano, la grandeza y la prosperidad de su reinado, pero se maúife.stó al rey que no hahia inconveniente alguno en conservarlas como modelos de literatura. Expurgandolas de ciertas ohsceniclacles, añadióse, puederi ser puestas en manos de la juventud, no solo sin peligro~ sino Lamhien c·ma provecho. Bajo la, ~füece-i<m a.e maestros virtuosos y adiatos á: la LA lGLESIA N PUNENA. monarquía, no tomará mas que la forma y repudiará e1 fondo. Los ancianos movieron la cabeza, pero el príncipe dejo que se hiciera como queda dicho. Al tiempo que gran número de jóvenes arlislas copiaban las eslátuas del tirano, con las que se adornaban las casas particular~s, los jardines y las plazas públicas, otras legiones de estudian les devoraban ·con avidez los monumentos de su rein~do. Justo es decir que los hombres mas respetables del reino estaban encargados de la enseñanza, y que hasta entonces sus lecciones escritas ó habladas, habían tenido por objeto enaltecer, como lo merecia, al príncipe legítimo, ponderando sus beneficios y buenas cualidades. Al explicar, los nuevos libros, aquellos concienzudos maestros no olvidaron decir á sus alumnos: «El usurpador era un miserable, un malvado, y sus artistas y letrados no eran mejores que el, si bien ha de convenirse en que eran genios de primer órden. El reinado del tirano que han cantado, y durante el cual vivieron, fué bajo muchos aspectos la época mas brillante de : nuestra historia nacional. Entonces vióse aparecer una pleyade de grandes hombres en todos los generas, fundarse las mas sólidas ins• tituciones, nacer los caracteres mas varoniles, brillar las -verda'<ies .mas heróicas. Es muy sensible que el reinado de nuestros príncipes legítimos no haya producido nada que le sea comparable, sobre todo en poesía, en elocuencia y en bellas artes; al decirlo, cumplimos con un deber penoso, pero Leneis derécho á saber la verdad, 'Y os la decimos.» . Aquellos buenos maestros enseñaban todo esto cou la mejor buena fé, hasta el punto de tratar de bárbaros á los que se atrevían á sustentar lo contrario. Los niños escucharon estos elogios cada dia, por espacio de diez años; todos supieron de mem_oria la vida del tirano y las glorias de su reioad9, y una de sus mas grandes ocupaciones fué repetirlas en verso y en prosa. Para identificarlos, con las. ideas, las costumbres y los hombres de aquella época, se les enseñó á repre:;entarlos en el teatro, y lo hicieron entre los aplausos de numerosos espectadores. Siempre adictos al príncipe legítimo los mae:3tros no se cansaban de repetirles, á lu 'menos una vez por semana, que debian de dar graci~s á D~os por Ja expulsion del tirano -.Y el término de su reinado; pero la · juventud, que oía discursos lan encontrados., aceptó los elogios y examino las restricciones. Como solo de oídas conocia las maldades del usurpador, pensó que quizás Je habrían calumniado; que de todos modos, -un reinado tan fecundo en obras maestras y en grandes hombres, no habia de ser tan calamitoso como se dee-ia~ y esta opinion se difundió inse-nsiblemente entre el pueblo, fanuriili1arizado ya con el tiempo pasa - &o· por- las estáluas, los objeLos artísticos1 los tealr0s y los libros. As1 e.;;taban les cosas, cuando el tirano se presentó de pronto en la fronter~. Da una proclama recordaodo las glorias de su reinado, anuncia que trae de nuevo las luces) las ci~ncias, las artes, la brillante civilizacion , cuyos monumentos, a pesar de las calumnias de sus enemigos, era'n todavía ]a a<lmiracion del mundo. Al frente del ejército, el rey legítimo marcha contra el usurpador; las tropas le abando¿ nan; la juventud aclama al tirano; las ciudades le abren sus puertas, y vuelve á subir al trono, mientras que el legítimo soberano, acompañado de algunos súbditos fieles, toma tristemente el camino del destierro. A no engañarme, amigo mio, esta antigua historia explica muy bien el cómo que deseábais saber. Mediladla, dad]a á leer á vuestros vecinos; decidles mil veces al- dia que la enseña,nza es una semilla, y que se recoge lo que se siembra, y á fin de, aplicar esta verdad á las circunstancias actuales, podeis añadirles los aforismos siguientes: La Revolucion es un principio, una idea, un conjunto de ideas. La transmision de un principio, de una idea, de un conjunto de ideas se verifica por la enseñanza; luego la enseñanz~, en su acepcion tnas lata, es la autora de la Revolucion. Lo que la enseñanza ha .hecho, solo ella puede deshacerlo., El Catolicismo es la única negación completa de la Revolucion. Si está reservado á la Europa un porvenir de paz y de felicidad, lo ,deberá al catolicismo aplicado a to.. do mas íntimamente que n'unca. Pueril seria querer aplicar íntimamente el catolicismo á la sociedad, continuando un sistema de enseñanza que, si no ha aplicado el paganismo á la Europa, no ba impedido por lo menos que le fuese aplicado .hasta el punto de gangrenar hasta sus huesos y de ponerla al borde del sepúlcro. Si los católicos ge hacen cargo de eslas verdades elementales, si hacen de ellas Ja regla invariable de su condu cta, habi·án llenado la mas graude de las obligaciones impuestas por las circ1rnslancias. No · ignoro que para ello, como para tod~ lo demás, es tarde; pero si en vez de ser sofocada como uo debate inútil, peligroso é intempestivo, la cuestion· capi lal del paganismo en la educacion de los pueblos•cristianos hubiese, al producirse, sido lo- 1 macla en consideracion y ]a reforma con resolncion aplicada ¿estaríamos ahora donde estamos? ¡Cuántos errores se habrían desvanecido, ~nao las falsa~ admiraciones extinguidoJ cuántas ideas verdaderas sembrado en la sociedad, 6 en otros termir.i os, cuan los elementos de reslanracion se habriau pre• parado! En el cataclismo que todos tememos, di visar1amos la tabla de salvacion que jnvocamos en vaco; ':Míamos crecer , para servi r de pun~ tos de apoyo al órden conmovido y de lazo para lo porvenir, á una generacion muy distinta de la que, en nombre de los recuerdos paganos, trastorna actualmente· la- Italia, y á falta · de himnos á Júpiter,. va á las iglesias de Roma, á entonar el TeIJeiim en honor d'e- Mazzitfr y ~ rihaldi. Sea como fueve·,. srempre· hay tiempo para arrepenfJirse, y es•siempre bello abrazar la verdad hieg01 que se la conoce. l3'ajo1 todos los puntos de visL?, _la sa-lvacron ~e Jiogra á este precio: Veriüis liberiilñt vos·. El dlftrl8mo Hberal -,- -la ·coaetelicta católica. (Traducido de la 11Ci,Uta Cattólica.») Va á cumplirse un año que el Padre Santo Pio IX dirijió una carta ai Cardeno.l Vicario de lloma, en la cual le ordenaba dictase providencias eficaces á los párrocos para que procuraran que sus fieles se abstuviesen de la J~ctura de los malo~ pcrlódico~; mandando á es.te fin que declarase en generaí ser ilícita esa lectora y proscribiese con prohibicion especial aquellas pubJicacionos q1:1e eran mas impudentes en la im• piedad'. Su Eminencia el Cardenal Vicario se apresuró á c_umplir fa órden soberana, enviando unu circ,ular, relativa á _esta materia, a todos los pilrrocos de la Ciudad. Ambós documentos se hallan eu nuestro cuaderno 507, pájina 35 l y ~iguientes, donde, con ocasion de los furores de la prensa liber~l contra l~s saludables ordenaciones del Padre Santo y de su Vicario, ruzonamos largamente sobre la intencion impía. y l1Js pérfidos · medios del periocf Lsmo liberal, · IÍ fin de que In gravedad del peligro, que allí se manifiesta evidentemente, retrajese de dichas publicaciones á todo individuo que tuviese en veneracion la fé y- · la moral católicas. l\las, es tan gruude la difusion de tales escritos y ta'llta lt.t, facilidad con que se insin-uan aun entre (amilt'as verdaderamente cristia'llas, qoe uo es sufkieute alzar la Yoz de alerta uoa que otra vez para preservarlas. Sucede idénticamente e~ tiempos de contajio moral lo que en tiempos del material, que )a incuria o la omision de cierta~ precauciones de poca importancia al pnrecer,radican fuertemente el mal con sus funestos consecuencias. Con mayor razon, en la corrieute de males que nos in uoda, uun,. ca es por demas repetir muchas v·eces é inculcar en la coucieucia de IQs cntolicos la gra,isima obligacion que pesa sobr~ ellos, de alejar de sí y de ~us dependientes, si son superiores, y si l!O Jo son, de sus prójimos, esa pestilencia que se e1.h11la de los malos periógicos~ obligacion impuesta por la justicia y la caridad. En esto, como en todo lo demas, pr~ceden los Obispos con el ejemplo, quienes, largo tiempo há, sea de propósito ó por incidencia, directa e' indirectamente, no cesan de mostrar fl su respectiva grey esos pastos venenosos, y separarlos de ellos con todo el poder de su autoridad y la fuerza de su palabra. Nos ha servido de aviso para volverá esta materia, la elocttente Pastoral de ilustre Señor Arzobispo de :Florencia, que al entrar de la ooaresma próxima pasada, dirijió ul clero y al pueblo de su arquidiócesis para po-· uerlos en guardia contra los peligros dela pre.usa periódica; peligros que, como afirmaba el ilustre prelndo, amenazau n_ia_s que cualesquier otros, la fé y la rel1¡.non en nuestros dias. A preciando debid11r!1ente estos documentos y olr()S semeJantes del eph,copudo católico, y. molidos en espPcin I por Ja C1ll'- ta escrita del Pudre Saulo y Jus uccl,,- raciones de su Cardepal Vicario, uos

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