ca cuyo ob'jeto es destruír la religion. El mismo espiritu ha podido notarse ~n los poderes gubernativos de Alemarna, en donde la persecucion se habia dirijido principalmente contra los jesnitaa J las otras órdenes religiosas dedicadas á las tareas de la educacion, esforzándose para que esa educacion redund11ra 110 solo en el bienestar temporal, sino en la felicidad eterníJ. del pueblo. Al provocar la reunion, el consejo tenia la seguridad de que los católicos de Inglate rl'a corresponderian a la in vi tacion, porque nadie mejQr que ellos sabe lo que á los jesuitas se ha debido, sobre todo en tiempos pasados, y se regocija al ver una reunion tan numerosa é ínfluyente con el objeto de manifestar su simpatía para esas órdenes, y jeneralmente para los católicos de Italia y de Alemania en la persecucion de que son objeto-(Aplausos). Lord Howard de Glossop propuso la ~iguiente reso1ucion: «Que esa reunion, habiendo sabido por la carta del Santo Padre al Cardenal Antonelli la inteucion del gobierno italiano de suprimir las órdenes religiosas en la ciudad de Roma, declHra:-que dicha supresion en la Metrópoli de la cristiandad, es un golpe dado á su existencia en el mundo.» Lo que los católicos pretenden hacer es protejerse á sí mismos, sin usu1·- par nada á los demas. Hau sabido lo · que los infelices han sufrido en las pri• sioues, en las casas de correccion y en otras partes. Esto ha cambiado, es verdad en este país, de poco tiempo á est~ parte, pero no ha sido así en varias otras naéiones. Han visto el estudiado oprobio ofrecido al Santo Padre, y las molestias y las persecuciones ejercidas contra los católicos. Han visto los monasterios y los conventos violados y apropia.dos á usos distintos de aquellos á que habían sido destinados, y parece que el objeto de los Poderes, tan to en Italia como en Alemania, es la entera supresion de las órdenes religiosas. Conociendo la suma, calificó la intervencion del gobierno de ltalia de tiránica J atentateria á la libertad religiosa. Despues de votada y aprobada dicha resolucion, el conde de Denbigh presentó la siguiente mocion: «Que la reciente ley del Imperio Alemau expulsando á los jesuitas y á los demas cuerpos religiosos es un insulto á la razon natural y a· los ca tólicos de todas las ' naciones.» Dij~, que solemnemente podía explicarse la conducta del príncipe :Bismarck por el hecho de que vivimos en un tiemr;o de ignominia, en que la mejor política parece -ser alimentar la sensualidad, hacer todo lo que sea dul• ce y agradable, y desechar la religion y la verdad." como cosas á veces de~asiado incómodas, Negó que los jesui - tas se mezclen en intrigas políticas, por estar aquello en oposicion <li1·ecta con sus principios, y añadió, que la voz que eontra ellos se liabia levantado, no era tanto contra ellos, como contra todo lo que era católico y todo lo que era religioso. · Citando el dicho francés: 11EI que se coma ni Papa morirá de indigestion» vaticinó, que este último acto derribaría basta los eimieótos del coloso de .Alemania. El señor C. Cliifort npoyo esta mocion, insinuando que el príncipe Bismarck y su monarca podriau bieu tener la suerte de Julian apóstata, y fué aprobada. · El señor T. W. Allies, despnes de haber denunciado á Victor Emmanuel como un usurpado11·que hnbia faltado á todas 1as tradiciones de su familia; J de haber enumerad·o, fos varios actos de expoliacion cometidos po.r el gobierno italiano, propuso.: •Que est.a reonio-11 considera la lejislaeion de los gobiernos de Italia y de Alema11ia como pnrbP- del ataque jeueral hecho á las li~erta.des de la Iglesia Católica, contra el cu&I bán de protestar todos lo~ católico& de todas partes del mundo .,~ "" LA IGLESIA PUNENA. El señor Bodenham apoyó la mocion, y fué aprobada. Un voto de agradecimiento al presidente fué promovido por el Arzobispo l\'launing, quien en un largo discurso, se refirió, eo primer lugar, á la persecucion d~ los jesu jtas y eclesiásticos en Alemania, á los esfuerzos de la Alemania meridional para influir en el Concilie del Vaticano, y en segundo lugar á la ida del principe Bismarck al consejo de Munich. La mocion fué apoyada por el sefíor G. Bowyer, y aprobada. (De «La Sociedad .») LOS LIBERA.LE5 SI~ UA.SOA.RA.. CAPÍTULO IV. § IV. EL PERIODISTA.-LA RE· DACCION DEL PERIÓDICO, Santos varones, que vivís tranquilamente en el rincousito de vuestra aldea, y que apenas co_noceis mas horizonte que el que cortan las cumbres de fas verdes colinas que cercan el vulle donde ví1teis ,la lt1z; almas cándidas, que esperaiscon ansia todos los días el momento en que asoma por el recodo del camino el cartero peaton que os trae el periódico, p!ira arreba társelo de las manos é ir á leerlo, digo mal, á devorarlo á In agradable sombra de copuda encina ó de ancha noguera; inocentes ciudadanos, que en vuestra juventud empul'iásteis el fusil, enardecidos por los nerviosos compases del himno de Riego, y que hoy, para ser fieles á vuestras tradiciones, os engullís diariamente media docena de· columnas de artículos de fondo, embutidos de líber• tad, y ad·erezados con el democrático jugo de los derechos indi~iduales: ¿quereis conocer al que escnbe todas esas sapientísimas disertacione~, de las que, por lo cornun, no eutende1s una palabra? ¿Quereis ver el perfil nada mas de ese oráculo al cual consullais cuotidianamente, y de quien tantas lindez~s oís acerca de la moral pública, del patrioti smo, de la dignidad, del bien del pueblo, y de otras meuudencias semejantes'? Yo bien sé que he de arrancaros una ilusion de vuestra alma; pero sírvnos de consuelo pensar que, si es harto comun el tipo del periodista cuyo bosquejo trato de hace r, no es tan geueral que carezca de nobles y honrosas , es~ cepcioues. Y cuenta que np esceptuo a los periodistas católicos solo, sino a muclios liberales, cuya honr&idez y buenas costumb res soy el primero en reconocer y apreciar debidame11te. Con el permiso de los cuales, a quienes saludo como á bueu os amigos, pa so á trazar sobre el papel alg-unos rasgos de la fisonomía de nuestro héroe. Es un jóveu alto! enjuto de c.irn_e~ y bajo de color. Su mirada es vaga y tibia, como de hombre entregado a la crápula. Sus p.arpados hinchados revelan q?e se acuesta larde y se levanta mas. Viste con descuido; pero su traje está siempre cortado con cierta elegancia. De~- e11vuelto en los modales; de palabra facil y quizás ingeniosa; libre en su let~- gu~je y murmurador hasta de su propia sombra, es el ignorante mas osado y _el osado mas ignorante de cua11tos tuvieron 01,l Hbro entre las manos. Son lns diez de la noche, y el ilustrador de la opinion pública sale de una easa de juego, donde acaba de perder el sueldo del mes, y s.e d~rije, bPcho un basilisco y grm)endo blasfemias, hácia la rcdaccion del periódico. El periódico es de la mañana . ¿De qué va á escribir? L~ ignora; P~- ro ello es forzo!-o que escriba un articulo de fondo ó media docena de pár~ rafos, para que el suscritor no _se quede aquel dia sin saber lo que piensa su periódico acerca de las grandes cues tiones que se 11jitao en el mundo. E11tra el jóven escritor eu la redaccion, cauizbajo, mal humorado, y dispuesto á btttirse en duefo con el mismísimo presidente del Consejo de mi• uistr os. No es para menos el caso. Acaba de 'perder los treiuta duros de la mensualidad: treiuta duros como treinta soles, que babia gauado a punta de pluma. ¡Y vaya si eran soles! Como que tuvieron su ocaso en el bolsillo de un pfoaro conservador que echaba el pego. Si obedeciese los impulsos de su cora· zon, nuestro periodista des·• l10ga ria su bilis contra las casas de juego, con t ra los tahures que van allí á uligerar al projimo, y contra el Gobierno que per• mite tau escandalosa inn1oralidad. Pero ya piensa eu el desquit e, y no se atreve á cond enar redondamente el vi cio que le domina. Vacila un iusta nte, pero al fin se decide por escribir nada mas que una pequeña gacetilla llamnudo la atencion del goberuad or de la pro• · vincia hacia el número cousiderabl e de casas de juego que hay en la cc1pi tal, corrompien do á la juventud y arruinando á las familias. Cuando co,ncluye de escribi1· el u ltimo renglon de la gacetilla, esclama pa• ra sí: «Esto basta. A la noche me desqui taré; y si no, ... ¡pobres tahures! los aplas to en uu artículo de fondo.» Este inocente desahogo no es pnrte á borrar de su memoria los seiscientos reales cousabidos. Cada letra de los periódicos que coge en t re la s nrnnos se le figura un duro. Por todüs partes ve el retrato del mouarca estampado en las monedas. 'Á pesar del poco afecto que profesa al Trono, siente ahora verdadero furor diuástico. -¿Qué hace U.? le pregunta el Director . -Estoy buscando asunto para escribir un párrafo. -Aquí tiene . U. los periódicos tieos; , Véalos U., y no le faltará motivo para escribi r . -Vengan. (Esto, condenados me van á pagar los tre-iuta t.Juros. ¡ Ay mis t reinta duros del alma!) ¡Calle! Una Pastoral del Reverendo Prelado ...• ¿Le parece á U. que le dé un moi;disco á esta Pastoral? · -¡Excele nte idea! Duro en la Pastoral y en el reverendo. -Habla de los Concilios. de los Sant os Padres, de los l'outífices .... -Erudiciou sacristaues'ca. De eso no sabe ú. una palabra. -Ni U. tampoco, por supuesto. -:-¿Que falta hace? Sin embargo, saque U. á relucirá la Papisa Juana, á · Alejaudro VI, el ominoso llorgia, á Juan no sé cuántos, el hijo de la infame Teodora, y con esto, con Torquemada, con la Inquisicion, con la avasalladora teocrncia, y con los clérigos de Cri sto y pur1al, tiene U. ya materiales para hacer un artículo precioso que embelesara á los suscritores. ¡Ah! no se olvide U. de mencionar el sueldo que cobra el rP-verendo para conspirar co11tra la •libertad y In civilizacion; el lujo de su l)alacio.. . . Otro redactor, interrumpiendo al que habla: -Eso uo, dice; me consta qne ese Obispo da todo cuanto tiene á los pobres, y que su Palacio está humi]disimameute amueblado. ¡Bastante peor que esta redacciou, caballeros! -No importa, replica el Director. Si ese Obis po es humilde, otros so n sobérbios; si ese da á los pobres, otros dnn á sus mancebas. Conque , váy cse lo uno por lo otro . -¡~Jancebasl refunfuña un tercel'o. No sé como diablos tieue U. gauus oe hablal' de ellas despues de la purtúia serrana qtle le acaba de jugar a ü, la suva. :_¡Hola! escJamao todos a la vez. ¿Qué ha siuo·? ¿Le ha robado a U.? ¿Se ha marchado con alguu wglés'? ,~~ ha ti• rado al Cauul'? · -No, señores; n«da de eso. ¡Se ha vueltoá unir a su marido! -¡Horror! ¿Y. qu1éu era ese bárbaro? -lJu tahou~ro; voiuutario de la libertad, por mas señas. -.No es mala broma. ¡Despues de haber llevado uua vil.Ja dt! pnucei;a! -¡V ªJ á! t:omo que me deja cou 1nas deudas 4ue el Te~oro público. ¡Briboua . .. l ¡Y qué bieu couspU"aba, seiloics! -Ya se couoct:. -¡Tenía uua habilidad para sobornar capitanes ,J coroueles.... ! -No diga U. mas. Era uua nrdadera patrwta. ¡~fa:, liberal que Riego! -.Basta, caballeros; ..basta. A trabajar todo el muudo, que fü1tan seis columnas. U. haga eiie artículo contra el i,usodicho reverendo, y "º deje U. cura ui sacr istan eu pié. Yo escribiré un suelto sobre las costumbres públicas, qu·e se resieu ten de la lumora1idad de los reaccionarios. · -¿Y yo, que he acabado mi tarea-? -¿U.? Destroce al ministro de la Gobernaciou, que abriga el tiránico ioteuto de coartar la sagrnda libertad de la imprenta; de poner trabas al sacerdocio del escritor publico. ¡Fuego contra el minislro de la Goberuac1ou! Llamele U. oscurantista y reaccionario. Reaccionario, sobre todo, que es el sambemto de los patriotas. Los redactores vuelven. á manejar la pluma, y solo se oye en la babitaciou el chirrido del acero sobre el papel. Todos ellos, eu· resolucion, forman un'a cuadrilla de perdidos, que fodrian llevar· el grillete con mai, causa que muchos presidiarios. Probablemente cada uno de ellos ceusura el vicio que • aí propio le domiua. Su conciencia no les dice nada. ¡Está encallecida! Con siu igual desparpajo vomitan insultos y calumnias contra la Iglesia de Dios, contra su Pontífice, sus Príncipes y ministl'Os . .Nada detiene las plumas de esos miserables, que injurian la debilidad· del sacerdocio y mauchan la noble inteligencia de la juventud. ¡Cobardes! Ellos, tan osados cuando se trata de . la ]glesia, tan iusolentes cuaudo se trata ,de algun sacerdote, solo tienen palabras de consideracion, hasta en sus censuras, cuando se refieren á alguo hom. bre que ciñe espada, ó a algun duelista afortunado. Sabios de pacotilla, escritores sin gramática y políticos si'n sentido comun, se juzgan autorizados pura dar lecciones al mismo Dios, y hasta para insuL tarle con brutal de~caro, y tiemblan ante el puño de un subteniente irritado, ó unte la punta de la bota de cualquiera que se propoue cobrarse las injurias á puntapiés. Despues de esto, añadiré, benholo lector, para que te consueles, que de esos procaces periodis.tas, uulos en ciencia, escépticos en religiou, asquerosos en sus costumbres, y ,enales por escépticos y viciosos, de esos forma el sistema parlamentario sus empleadoa, sus gobernadores de provincia, sus di- , putadas y hasta sus ministros. IMPRENTA DE MARIANO C. MARTINEZ., Calle de Artfuipa N. • 176.
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