La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

go Haffoer; Dr. Jung; de Kehele;. baron ~e Ketteler; José Lingens; canónigo l\'!ohtor; baron de Schorlemer conde Ca1us Sotlberg-Stolberg; conde Wilderich de .Walderdorff. ESTATUTOS DE LA ASOCIACION DE LOS CATÓLICOS ALEMANES. 1. 0 El fin de la asociacion es: defender la libertad y los derechos de la Iglesia Católica; hacer prevRlecer· los principios cristianos en todas las condicio- 1 nr.s de la vida publica, por el empleo de todos _los-medios legales, sobre tod9, por el e.1ercicio de los derechos constitucionales. .2. 0 Son miembros de la asociacion los católicos que, con motivo de la reunion constituyente, hao declarado su adhe- !ion por la firma de los estatutos. Son miembros todos los católicos alemanes mayores· de edad, que han sido recibidos por el Comité directivo. Todo miembro puede salir en cualquier momento de la asociacion. La exclusion puede ser decretada por el Comité, si Jajustifican razones graves y no se puede obtener el retiro voluntario. Por el retiro, la exclusion ó la muerte se extingue todo derecho sobre los fondos de la asociacion. Niogun miembro puede exijir su reparticion. . 3.• Cada miembro paga 75 céntimos por año para los gastos de la asociacion, 4. • El asiento de la asociacion es Maguncia. 5. 0 Los. negocios son dirijidos por un Comité compuesto de un presi~eote y de doce á v-e-inticuatro miembros, eu los cuales se escoje al Yice-presidente, los Secretarios y el Tesorero. Bt Presidente y los miembros del Comité son elejidos por la asamblea general de la asociacion. En el intérvalo de las dos asambleas gener~Jes, el Comité se cornpletll por coopc1on. . 6:' El presidente representa á .la asoc1ac1on en el exterior, sobre todo en las cuestiones de interés. Está autorizado para concluir tratados en ,nombre d? !ª asociacion y para protestar en just1c1a por ella; todo con el derecho de sustitu~ion. Todas las declaraciones y resoluciones _de la asociacion, así como s~ redaccion, son hechas por el presidente y el se,cretario, cuyas firmas comprometen á la asociacion. 7.0 ~l Comité administra, segun las resoluciones de la asamblea general, todos los asunto~ de la asociacion, ejecuta sus resolumones, puede disponer todo gasto, que no exceda de 500 thalers Y decide todas las otras cuestiones has~ ta la próx.ima asamblea general. Hace los preparativos para las reuniones generales. 8. 0 El Comité directivo instituye repre~en~antes y gerentes que reunan las cobzac1ones y acepten las inscripciones de nuevos miemb¡•os. 9.• Todos los años habra una asamblea general para la rendicion de las cuentas y del informe la renovacíon de l~s miembros ~el Co~ité y para decidir otras cuest10nes. En caso de neceiidad, el Comité puede convocar una asamblea general extraordiuaria. JO. Para far.Hitar á los miembros el to.mar parte en las asambleas de la aso.ciacion}. el Comité organizara en tod~s partes, s.eguo las. nec~sidades, medios. de trasporte. 11 .. La disolucion- de la-asociacio,n no wede ser dec-idida sino á propuesta del Comité y por una asamblea ge11eral. El Comité dispone eutouces. del haber d.e la asociacion. · 12. Sucede lo. mismo en el e-aso de que la, asoci.acion sea disu.elta por circunstancias exteriores. Si, el-Comité se encuentra en la imposibili.dad. de.disponer de él', el acti\'o de la asocia.cioni SBrá propi.edad del ú-ltimo presidente. LA. IGLESIA. PUNEÑA. 13. El Comité redactará un regla- . mento provisorio pa.ra la ejecucion de los presentes estatutos. 14. Los estatutos no pueden ser modificados sino á propuesta del comité y por una a:;amblea geuei;al. Si fuese necesaria una modificacion inmediata, el Comité directivo puede hacerla, con, el carácter de provisoria. l\'laguocia, l\'foyo 21 de J 872. ---~=..i~itR!i:'E; LO§ LIBIERJl.1,iE!\5 §i:.'iU &IIA.SSaJ,~llU,. CAPÍTULO IV. § m. LOS PEilIÓDICOS SATÍRICOS . Si la memoria no me es infiel, .Fernan Calrnl_lero dice que vale muy poco todo el bien que haya poJido hacer la sátira en el mundo, ea comparnciou de los grauJ es males que ha causado. Y si 110 lo dice Fernan Cabállero, va[aa como si lo dijera; que nunca fue calu~nioso atribuir al prójimo la espresion de una gran verdad. ¡Y qué ~ran verd_ad! Estoy por creer que la sat1ra es tan e~téril para el bien, como fecunda para el mal. .No se que el génkro satírico haya sido ·usado en la literatura santa. Lapalabrn que afirma, qne eleva, que condena: hé aquí lo que se advierte en el Antiguo como ~n el Nuevo Testamento. La palabra que se burla y .h iere, como .e~ agudo puñal. d~ un asesino que sonrie, no la vere1s Jamás en las Sao-radas Escrituras. Allí, el lenguaj e de !a mi• sericordia y de la ensefianza: alli el lentgua_je de 1~ terrible indignacion y d.e la Justa colera; pero nunca el lenguaje que cede en menosprecio de la dignidad humana. . ¿Voy por eso á condenar la sátira? No, lector amigo: la sátira contra los vicios, contra ·las ridiculeces del género humano, cont~a las pequeñas maldades de los hombres pequeños, ~· h¡rnta contra las grandes de los grandes hombres, no es absolutamente condenable. No soy, en verdad, amante del justo medio; pero tampoco me agradan las sentencias sin apelacion. La sátira bien empleada es nn ariete poderoso para destruir, es un arma pai:a inutilizar á un enemigo. :}!as, con. Yengamos el'l que con la sátira jamás se levantó un monumento á la verdad ni se hizo amar el bien á corazoue~ estra v iados. Hay para mí una rí\zon potísima que me mueve á •mirar la sátira con especial desconfianza, fes que, cuál mas, cuál menos, todo:; seutímos inclinacion hácía e:;e género, unos para cultivarlo, otros para admirarlo. Quizás nada es mas halagüeño para la , naturaleza corrompida del hombre, que · lo que hende á rebajar á su semejante. Parece que el hombre ve en el hombre á su mayor enemigo, y que no halla satisfaccion mas gran que la humillucion de su propio ser. La cólera de la ju:,ticia ateuúa hasta sus mismas condenuciones. Diríase que el jugo de lí, misericordia se mezcla siempre con la crudeza terr-ible de ln justicia. La sntira, por el co11trario, es siempre implacnble. Descarga sus golpes sin atenunrlos. Hiere, y en vez de alargar la mano del caballero al adversario' cní<lo, ahonda y revuelve el puñal en la herida, y no acaba su tarea sino cunndo cree que ha acab,tdo ya con el enemigo. Nótese bien que para manejar In sátira se necesita falta :1bsoluta de indignacio11 y sobra de sangre fria . Te11go para mí, que tambie1; es preciso amnrgura y tristezn de állirno, Segun dice Larra, fifo li ére y Boileau eran tri s tes. Voltaire tampoco era alegre. Larra mismo arrastro unn vida arnarga· y moriódescsperndo. Nada de esto me mura villa. Cuando se dirige contra alguna verdad, la sátira es un crímen con premcditacion y ensañamiento. El ensaliamieuto y la premeditacion son coudicioucs esenciales de la sátira, aun ·dirigida coutra el error. ¿lfotendeis ahora lo que es un periodico satírico, de esos que uua vez á la semana salen rregonados por ca• !les y plazuelas, derram,i udo chistes mas ó menos ingeniosos, m,is ó menos san - grientos, contra la Iglesia, contra el Papa, contra los sacerdotes, contra la monarquía, contra la sociedad; contra la familia, contra el pudor? , Esos papeles que aparecen periódicamente para divertir al público, median te dos cuartos, a costa de todo 1·0 santo y de todo lo re. pctable, ocup:rn por espacio de una semana entera la intelig- <? neia de sus red,ictores, fJllC buscan el medio mas cruel de herir en el cornzon de una °\1f'rdad, ó en la honra de 11n indivi duo . Efi.te medio ha de ser tal, que, lejo.;; de produ - cir una esplosion de ~ólern en toda;; las persouas honradas, escite sn risa, y entre el movimiento nervioso de una carcnjada pase la iniqui'dad, sin que In. conciencia tenga apenas tiempo para conderrnrla. . . Si el chiste es real mente ingenioso, c_1rc~la. de boca en boca, si11 respetar siquiera los purísimos labios de la inocencia. Todo el mundo esclama: «Es inicuo, ptro tiene gracia.» Este pero es el visto-bueno que In honradez pone á la maldad. Decidme sihay defensa contra un crím':!n que lleva, en cierto modo, el vísto bueno de la ho·n radcz. Un hombre áesdiclrndo pronunció en -nuestras Cortes Constituyentes trnas palabras qoe encendieron la indignacion . en los corazones católicos de Espmia . , Un clamor asombroso se levantó e11 todas partes contra aquel infeliz que negaba a Dios. Hiciéronse fuuciones de desagravio á la Diviniuad: •formulá- · ronse magníficas protestas de la fé. La negaciou horrible del ateo habi<l des• pertado el sentimiento dormido de los cristianos. , Negó aquel, y afirmaron est.0s. El es-pecta.culo fue granJioso. El ateo quedo coufundido. Pues todas las se·manas sale por ahí la mal velada negacío11 del ateo envuelta en las formas agradable::; del chiste. El periódico satírico clava su agu - do diente una y mil veces en el Dios Redentor de los hombres, y los hombres, y los cristianos, no desagravian á la Divinidad: ¡se rien! ¿,Conoce is cosa mas cruel que matar a un niño haciéndole cosquillas'? f;a sátira ó el chiste (perdó neseme esta confusion, qne no hagü yo, sino los periódicos satíricos), escitando, por medio de una infamia, la risa de un alma inocente, es la muerte moral mn:s cruel mas horrible que ha ¡:iodido idear la in~ telrgencia maldita de Satanás. Pero no todo se reduce al chiste f'Scrito. Hay t.ambien el chiste <rrabado· esto es h caricatura. " ' No basta dec ir la iniquidad: es necesario dibuj1trla. No basta que nuestros oi?os L1 oigan; ~s preciso que la vean viva nuestros Ojos; e.:; indispensable qne conozcarnos su fisonomia y contemplemos sns movimientos, y · no la ohidnmos jamás, como no se olvida fácilmente ,al hombre con quien hemos conversado y que nos h~1 he cho reir. La caricatura es la ilustracion del perióJico satírico . Con el chiste se denigra al ser bumano, cuando no se injuria directamente á Oio::;. • ?ero nosotros no hucemos sino imaginarle de- ~nigrado ó i11juri ado. Con h caricatura le vcm11 :; denigrado é in,iuriado. y podemos estudiar todos lo~ perfiles, todos los nccidelltes , todos los detalles de l hombre enlodado por el hombre mismo. Nótese que el rebaj:;miento de la dignidad human,1 está en relacion con su propia soberbia. J~má.s se ha querido eo,;alzar al hombre tanto éohlo hoy; jamás se ha proclamado tanto como hoy la soberaaía de su J1azo.u; y precisalllente nunca el ho-mbre ha pnes~o mayoi: empeño en burlarse de sí mismo, en rebajarse al nivel del orangutao. ¡Jústo castigo de la soberbia! ' Hombre del siglo XIX, vano y orgulloso con · tu espléndida civilizacion y tus asombrosos ;;idelar¡tos:. ¿hás ,querido deifi carte ol vidá'ndote de tu Dibs? P'ues sufre el . cnstígo de tu' soberbia. 'ta sátira periódica y ht caricatura, desarrnlladás en todas pa rtes tle una manera increíble, _caen sobre 1íi para envilecerte. Hombre soberbio y descreído del siglo X.IX, ¡estás condenado á burlarte de tí mismo·! , Hl, EL CAMPÉSíNO ILlJSTRADÓ.' 4 ,; En nno de los dom11 Jgos, últimos del mes de _Abril, ún hon·tado campé~in-o de la parróquia de MarseJ (Nievre) fué iuvitado por un amigo· á ,bacethoner 1á uu vas;o de vino . -Corriente, co1ntcstó; pero teugo poco ticm¡o pórque ql11ero irá li'ef¡'.1erás! .• y despues ti confesarme. ' 1 -A co11fesaros! ~eplicó su amigo, algl) estrañado, pero sois demasindo grande para confesaros. -Es cierto, respondió el úrnrndo a,1dc~no, y por eso es que cada vez tengo cuidado de, ponerme de rodillas . . E::;ta palabra ha parecido digna de ser publicada. J~lla nos recuerd'a otra espresion de uno de los grandes oradores contemportrneos: «De rodillas; .señore5 el hom.: hre solo es grande arrodillado delante de Dios.» UNA BUENA MADRE. Un campesino despúes de haber con- ' cluido su tiempo Qe servicio en el ejército volvió al pobre hogar de su bueua madre. ' El primer doming'9 d'espues de su ~uelta, la piadosa rtrnjer le dice: -¿~1e acompañaréis hoy á misa? , · -!)1_1! no madr.e miá. Dei-pué¡ que he v1cqado y he visto á París, el jardiu de plantas, el hipopótamo, (a jirafa, teatgo demasiada il ustrnci-On para ir• re• zar como- una beata. 1 -Ah, ¿es deci1· que ,por haber ~isto la jirafa no oecesit,1s ya mu.s de nuestro buen Dios? -No digo eso madre, pero mé hago estas reflecciones: no puede sucederme. nadn sin que esté ya determinado; y s1end _) eso así, es inútil cansará Dios con oraciones y súplicas. La b~ena madre fu~ sola á misa y de vuel t~ a su rasa no hizo ninguna 'preparacwn para la co 'mida del día. · Lleg ·1da la hora de comer, el ex-carabi~ero _encuentra la mesa limpia y la, chimenea apa.gadu-. . . -qn: h'.1_y madt·e? n© comeremos hoJ? -:.'fo, htJO. - Náda tiene preparádo? -Es que tus reflecciones de esta mañana me han desengañado tamhjf;:'n~ }Je he_ díc_ho ,como _t.ú: solo suc.eder4)o:que .ra esta determmado, es rnútil afanarse.. Si mi hijo ha de tener h9y . bnena comrda, la tendrá de todos modos. Si hn de ayunar, ayunará igualmente. Ya lo ves, hijo, no soy tan tarda en comprender. El hij_o arrovechó esta enseña~za, y rccobr.ó su buen sentido. -)ladre mia, le dijo, prepare 'lt1ego nue~ tro alm~1erzo Y, el ?ºmingo próxin~o 1rerno$ Juutos a misa; esté usted bien segura. (De «La Libertad Católieti:") IMPRENTA DE MARIANO G. MARTINU. Calle de Arn¡_u.ipa·N.& f 76• .

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