La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

AÑO VI. PUNO, OCTUBRE 5 DE 1872. N. 142. nntñtt. PERIODIC-0 SEil.lANAL. 1 , l J J ' ORGANO OFICIAL DEL lHHUERNO ECLESIAST!CO DE LA DIOCESIS. COLABORACHlN. Puno, Octubre 2 <le 1872. ,-- El corazon humano jamás se cansa de perseguir la dicha: ella parece fijar en él su morada, y no hay consuelo, ni esperanza, ni bien alguno aoñado, cuyo prim:ipal resorte no sea esta entraña. Inquieto siempre de placeres hehe 3U almibarada copa hasta las heces: evapórase luego la dicha y deja en el fondo del alma un recuerdo tal vez amargo. El embalsamado aliento que exhalan los afeélos puros son el aroma del bien, por eso el corazon la res- _ pira dulcemente; pero si estos faltan maldice .al mundo ingrato y ansía la muerte, porque mira al traTez de la tumba el brillo de su perdida espe?anza. €uandg el corazon humano no · halla en el desierto valle de la vida~ mas que las duras espinas quB el mundo ofrece, siente la inspiracion de un mas allá que no es el tiempo, de algo que lo remonta á las :regiones de lo ideal; entonces respira el bienhechor (lmbiente de un bien desconocido. Ansioso de poseerlo, levan La las estremidades de ese tenebroso velo tendido por la mano del Creador sobre e,l espacio y el liempo, y entonces .parece descubrir lo intermi~ Dable de la vida bajo un cielo de opalo eterno. En el oscuro problema de la vida solo se sabe que los goces y pesares emanan de una sentencia misteriosa é irrevocable, que la hu- ~ana : inteligencia en vano quiere investigar. • _ Pero-¡qué es la eternidad" ¡Oh es la ilimitada estension de lo in~ s?ndable! la íusion subhme ·del tiempo sin guarismo! Cual osada águila que remonta s\l vuelo, para m~dir la inmensidad, y no pudiendo resistir el ahrasad~ raio del Sol cae rendida, as'i el 10qu1eto pensamiento del hombre elza el vuelo de su fautasia .hasta el misterioso santuario de la .etern_idad, para q_uedar despuP,s con- !u~d1~0 en el abismo de su propia ll11ser1a• . Divisase allá en los confines del mundo y del vacío.una osc.ura p~erta cuya_ ll_ave guarda el Angel del ,e~termmio, _ y por la que pasan mi11ares ele - almas confundidas: ¿Adónde van, ¿cuál es -su paradero?- ¡,Acaso quedarán envue] tas entre las densas sombras de - ]a nada? 6 tal vez tras de la fria los~ del sepúlcro no hay mas que an1quilacion y exterminio? - ¡011, no; loco pen- -samien lo; -impío concepto, yo t_e muldigo'. Si este sop1o divino que siento bullir den lro mi ser, si la esperanza de inmortal · consnelo ha de disipar el hielo de la ~uerte, fuera dádiva inútil la existencia. ¿A que esta vida de lan amaro-os sinsabores? ¿A qué conducirnos por un desierto, doude solo crece la marehila flor del desen a año si al o ' fin todo ha d~ dormir en ]as oquedades de la tumba? - No; no es posible: el hombre ofoseado por las sombras del dolor esliende la vista en la ]obreguez de su sepulcro, y salva'ndo sus límites va ·á eoutemplar la venlurauza de una eterua vida. . ¿,Piensas, ateo, que ]a segur que hace pedazos la malerja inerte, haga desél parecer con . ella mi divinal existe~cia? ¿Es posible que amores, esperaur.as, dulees víuculos y r.uanlo tiene de subfüne el Lombre sean lambien los trisles despojos de la tumba? La esperanza susteu la el alma y la pinta con sobrehumanos colores¡el goce de una vida iu~arcesi1le ¡Oh esperanza ben di ta, cuando .ercano se halle el ultimo morne lo de mí vida, que tu benefica ma o cierre en lonces mis cansados párpados para olvidar- el tormento de este mundo'. NV.IE~TR_,\. §l!'n'ilJ,t.CIO~. (POR MONSEÑOR GAUME.) DEBERES. CARTA XI. Ar,uco MIO: Los deberes de los ca lolicos se derivan de la misma nocion de la Iglesia, y se miden por la gravedad de las circunstancias - actuales, que determir:an su naturaleza. ¿,Qué es la Iglesrn9 En lodo el rigor de la palab1:a, la Iglesia es nuestra madre, la madre de las naciones civilizadas. Ella nos engendró á la vid~ sobrenatural, y _como consecuenma, á la luz, á la libertad, al biene~Lar que hacen á los pueblos cristianos, tan superiores á los gentiles de otra época y á los idólatras de la nuestra. Ofreced sin temor un premio, uoa eslálua en el panteon que mejor le cuadre al bombre que descubra una libertad verdadera, un rayo. de _pm~ luz, un progreso real, una rnsL1Luc1on completamente útil, una cosa verdaderamente -grande y bella que no proceda de la Iglesia. Ella es quien sacó al mundo de la barbarie y quien le impide volver á precipitarse en ell~. Para librar á la humanidad de una nueva degradacion, ha derram~do a torr~n tes por espacio de di¡z y ocho siglos su sangre mas p ciosa.' A . vigilias, lágrimas, oraci oes, fatigas, humillacion, luchaksin cesar renacieo les, á todo se ha resignado en interés de sus hijos, no satisfecha conservándonos nu tros bienes temporales, nos gui a la posesion de los bienes futur s. Pues bien, esta madre1 que lo es tan tas veces nuestra, esla hoy sumida en desconsuelo; desde que camina por · este valle de lágrimas, nunea como ahora ha podido decir con tan ta verdad: O vosotros todos que :iasais por el camino de la vida, católicos del sialo XIX, inves- • t, t1gad en la historia de lo pasado, y ved si hay afliccion comparable á la mié!'. En presencia de este nuP.vo Calvario ¿qué nos toca hacer? Ve un hijo injnriar á su madre, ultrajarla, abofetearla, despojarln, expulsarla br~talmente _de. su casa, ¿cuál es su pnmei· sen tmnen to, su primer deber? Su corazon late con fuerza, su sangre hierve; toma la milad y mas aun de los dolores de aquella á quien quiere mas que á s'i mismo, y cuani,o puede hacer para defender-fo, lo hace. Participar de los maJes de la Iglesia, defender á la Iglesia, estos son_, ¡6 _catolicosi nuestras primeras obligamoues. La naturaleza las dicta, la fé las impone. Pero ¡qué ha de entenderse pór participar de los males de la Iglesia? Considerar, sentir Jo que á ella se hace, como si se hiciera á nosotros mismos. Sus dolores han de ser nuestros dolores y han de ocupar nuestros pensamjen'- tos, ali meo lar nuestras conversaciones, inspirar nuestras plegarias . Nuestro corazon ha de verter san-· gre á cada nueva herida que ella recibe; nuestro rostro eorojGcerse á cada bofeton que se le dn; nuestra alma indignarse á cada nueva calumnia con q' se ]a persigue; nuesíros ojos llorar por las humillaciones que á ella se imponen y por el , llanto q~e derrama: Opprobria exprobantium ti·oi· ceci"deruntsuperme. ~ ser de otra manera ¿dónde estaria n~estra___ piedad filial para con la Iglesia? Vergüenza para aquel que puede leer con indiferencia el relato cotidiano _de sus congojas; para aquel cuya vida no está envuelta en un;velo de luto; para aquel que en e~Los mq_mentos de suprema angustia, no siente horror por las fies- , tas y _placeres m~ndanales. El hijo que r1e y canta Junto b. su madre anegada en lágrimas ¿pudo llamarse jamás buen hijo1 Esta compasion no debe ser es· téril: si espira en los labios ¿quién podra creer en ellar Por los frutos , se conoce el árbol, y solo ~ los ·. hechos se revela la realidad d7t un . . , - \ sentumento. Los actos de nuestra co~pasion híicio la Iglecia han de variar segun hm pa?Sonas y las circunstli:~~i::ls: La_ IgleDia es po'bre y vosotrüs s01s neos: , .doo!e vuestro oro; y si sois pobres ta:mhion voso~ ' tros1 compartid con el11 vuestro pan. La Igle~ia es- atacada con las armas en la mano. y por vue~ras venas corre sangre generosa: ofrecedle vuestra sangra. La Iglesia es indignamente calumniadQ, y' tcneis voz: hablad; una pluma: escribid en su defensa. La Iglesia se ve abandonada, -vendida por aquellos que se dec~an sus hijos predilectos, y pone solo en Dios su confianza: apresurad por vuestras oraciones el auxilio de lo e.lto. Sea nuestra divisa la de Tertulíano: «Hoy todo catolico debe ser soldado: In hú omnís komo mi'lis.» Si la esp,ada del celo ha- de ar.. · mar el brazo del católico en esta lucha iórzosa, inevitable, el broquel de la fé ha de cubrir su cabeza, y esta es otra , de sus obligaciones. .Quiero ~ecir con esto, amigo mio, que el católico debe ante lodQ atenderá su propia seguridad, de modo que j~más contriste á la Iglesia, llegando á ser' él víctima del error y del sofisma. Para lograrlo, ha de conocer con precision-lo que es verdadero y lo que es falso en la cuestion actual, -y por consiguiente lo que ha de defender 6 co@hatir pa-- ra no hacer nunca concesiones sospechosas, lrisíe preludio da deplorables defecciones. . Como ]a Revolucion ataca igual~ mente á la s_ociedad y ·á la Iglesia, tiene sofismas para explicar esta doble iniquidad suya, y mil volumenes no bastarían para contenerlos, y c~n mas razon para refutar-

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