como virtud moral, dice el doctor Angelico, es el sentimiento habitual que nos · impele á cumplir nuestro debe~es • hácia nuestros pndres y nuestra pátrrn, y á tributarles los homenajes que les correepondeo. Y esta virtud resplandece ea todas las fases de la existencia de nuestro Dig1:10 Prelado. Cómo hijo, fué inimitable: rendía á sus padres un culto en que el respeto y el amor, el temor y la confianza se unian estrechamente para formar una fuerte lazada, que solo la muerte pudo destruir...•.... No, 8eñores: ni la muerte, porque el ilustre Arzobispo perpetuó este <!ulto mas allá de la vida de los respetables autores de sus dias: lev~ntó en su corazon un monumento filial, en donde guardó religiosamente la me-, rnoria de sus progenitores; y colocó, con piadosa mano, una corona de siemprevivas sobre el cenotafio que guardaba . tan caros recuerdos. Hoy, y solo hoy, puede el ángel de la destruccion cantar su ·triste victoria. Hoy, y solo hoy, háse destruido ese venerable monumento, porque ha cesado de latir el corazon que lo sustentaba. Y ¿qué os diré de su amor ' a la pátria? Et· amó sililmpre el _imelo en que vió 11' primera luz, amó á la generacion que le vi9 nacer, amó las generaciones , que su mano hizo renacer por el bautismo, á quienes vigorizó por la confirmncion, á las que distribuJó el pan de la palabra y el pan de .In vida; amó con predileccion Íl los que había Bngido con el óleo que cbusagra mi11istros de Cristo y dispensadores de los ministerios de Dios. Y este amor, creciendo de día en día, salvó los límites del hogar, del país natal, del propio rebaño, y se dilató por nuevos horizontes á medida que v,ió ensancharse el círculo de su Pastoral i::olicitud. El año de 1857, durante la contienda civil, cuyo trngico desenlace presenció la ciudad de Arequipa, el Ilustre Prelado, lleno de amor santo á la hl.Jm:1nidad, é inspirado por los sollozos de la Pátria angustiada, se dirigi_ó á 101 ca,udillos de ambos ejércitos, próximos á . trabar un coml>ate sangriento·; y, co11 toda la vehemencia propia de su carirlad, les rogó, cxortó, instó y conjuró, invocando los motivos mas sublimes, para que depusiesen las armas, y ¡¡justasen - unn trnnsaccion honrosa, que ahorrase al Pero. las lagrimas y la sangre de sus hijos. Ofrecía el diguo Pastor sujetarse á cualquiera humillacion, cons1,1mar cualquier sacrificio, aun el de sn vida, si necesario fuese, para impedir que 1se consumase la temida y casi inevittible catástrofe. No le dió el Señor el consuelo de qne fuesen escuchados sus ruegos: las pasiones de los hombres fueron mas fuertes que su clamor; é iuclinando, resignado, )a cabeza ante las pennisiones divinas, oró al Sefior para que le fortaleciese J sahase las almas de los que iban á perecer en el combnte. Despues, cual compasi-vo Samaritano, lavó co11 sus lágrimas )as her.idas que hicieron el acero y el plomo fratricidas, y derramo el bálsamo d,el celestial consuelo en los pechos de los que agonizaban, y en los corazones d~ los huérfanos, de las viudas y de los ancianos, que perdieron entonces ni padre, al esposo y al báculo de su vejez. Y cunndo otra guerra, de glorioso recuerdo para la patria, hizo levantarse al Perú com0 un solo hombre, para segar, apresurado, nuevos y frescos laureles en el campo del honor, el Prelado venera- , ble,digno hijo de esta noble patria, enardeció, con los acentos de su palabra de fuego, los corazones de nuestros valientes; les exhortó, como apóstol, al perdon; y usando del ámplio p0der espiritual que se le habia conferido, desligó ]as almas de los arrepentidos del reatq de la culpa, á fin de que, si Dios queria hbnrarlos con la muerte de lo~ L! IGLESIA PUNEÑA. héroes, los premiase inmediatamente con el galardon de los mártires. Si con8ideramos ahora la piedad, en su aspecto mas noble, hallaremos tambien hechos de alta significacion en la vida del ilustre finado. La piedad, don del Espíritu Santo, es, segun Santo Tomás, el sentimie-nto habitan!, que nos impele á cumplir nuestros deberes hácja Dios, y á darle culto co• mo á nuestro Padre. Este don excelente, que hace fácil el áspera senda de la virtud, fué uno de los cnrismas con el q' el Espír ;tu del Señor ilustró -el alma de .nue!ltro venerable Prelado. Recibió con abundancia el espíritu de adopcion, por el cual miró fiempre á Dios y le invocó como á su Padre. El solícito cuidado con que purificaba su conciencia pnra celebrar el ado1 a ble sacrificio de nuestros altares; el recogimiento en que entraba su espíritu antes y despues de des¿mpeñar este ministerio, vedado ~ los ángeles; la extrict.a y ejemplar observancia, -mie11tras sus fuerzas corpor .des se lo permitieron, de los ayunos y abstinencias ·preseritos por la Iglesia; su sobriedad habitual; su tierna devocion á la Santísima Virgen, a qui ~n desde niño honró como á la mejor de las madres, todo nos rev e la que su alma vivía de la piedad, y de la piedad mas pura. Por eso amó el decoro del templo del Señor: y despues de haberle adornado espiritualoente, por las fre,cueote s ordeuaciones que hizo, de sace rdotes que le diesen explendor, quiso tambien adornar el temp ' o mat e rial, en doude se congregan sacerdotes y fieles á reudir a Dios el c_ul to que le es d e bido. Destruida la Iglesia Catedral de Arequipn, no se snti sfizo la piedad del Pastor ilustre con hace r un cuantioso donati vu para su restaur.,cion; s ino qu e p11 es- ¡I to á la cabeza de su pue blo, emptlliilrou sus s11µn1das ma11os el i11stru111 e nto <lel trnb;1Jo (lespucs Oe hab er :sn~te11ido el l'úl1z de l(ls :,,aerifici os; )' sus hombrns ve11ernbles, "i" d ej11r Cil c r la pesada cruz de su mi11i!'ilel'ÍO, carga ron tamhi l' n el polvo de las 1·u111as, para dejar libres los ci111ie11to::; dr.l templo d e Dios. As i ense - fialrn el Prelauo á su grey am ;¡ Ja, cn11 d ejemplo y COII la palabra, á semejanza del He~eutorde nuestras almas, qye comenzó · hacer y á enseñar. Como El, pudo dec r á los suyos: os he dado el ejemplo, pa ·a que lwgais lo qne yo be hecho. «Nuev Eliasib, sumo sacerdote, en union d sus hermauos los ungidos del SeIior, c menzó la· reedificacion del augusto tem Jlo de Aquel que habita en inaccesible luz, asieuta su trono sobre los querub ues, y esmalta su pavimento ccin el brill ntino poi V<;> de las es trellas. La p edad del Sr. Goye11eche, tierna como 1· de un niño, es tambien fuerte con la fortaleza dé Dios, y se extiende uo solo' los confines de su rebaño, sino que vi · tica la mitad de un continente. Un c Dquistador de la libertad olvida, por un momento, su alta mision; y pretende mpouer al Pnstor venerable un sacerd e elegido por él, para que lo invista c n la jurisdiccion ordinaria, y abandon despues sus ovejas al que inteutab, entrar furtivam ente en el redil. El Jlus re Prelado , confiando solamente en Dios y escuchando tan solo la voz de su debe , resiste con fir~ieza y con dulzura; ar ostra la indignacion del que babia dest ozado con su espada la palabra imposiúl y vence con su consta11cia al que trai fatigada la victoria. Y d espues de amargos sufrimientos, vé al fin prnmiad su heroísmo, salvo su rel>aflo, y se vé ~''nvestido él mis1l)o por el Sumo Pontífice con unajurisdiccion amplí s ima, en virtu de la .cual renovó la familia de Aaron e muchas Diócesis de la América rneriúior{al. A su s.ede acudieron los elegidos del Señor para recibir de sus manos la ordenacion' sacerdotal, y llevará sus hnérfanas Iglesias el consuelo de los sacramentos y la autoridad del ministerio. Así premió Dios la piedad de su siervo; él S Í la escribió con letras de oro en los fastos de las Iglesias de la Amé rica del Sud; así levantó su estátua ante la estátua del libertador de un mund o; y la espada que 110 se detuvo delante de ejércitos formidables, ni se dobló al choque de sus armaduras, rindió homenaje á virtud tan preclara; dejando libre el espacio en que el Santo Pontífice ajitaba el incensario de l os sacrificios. Y ahora, anciano ilustre, us comba- - t es han te rminado............ cupas por la vez postrera, la cátedra de la verdad en el templo en donde ofrec as a Dios las oracion es de tu pueblo. Háblanos, pues, a11tes de ocultarte par siempre en el osario d e tus mayores. Si; tu cadav e r venerando nos habla e n la elocueucia de la eternidad: de unctus ·ad huc loquitur! El nos dice, s 1ores, que la vida es un sueño, que la g oria y los honores son un poco de hum vano, que se dis ip.i al helado soplo de a muerte; que, en el terrible trance, o hay otro consuelo qua el de una con iencia pura, ni otra luz, q1:1e In luz d la fé, para a travesar fe! izmen te es, i;egiones sombrías, que el alma pasi nte, pero l que no alcanza á sond_ear.-~·n ·t_a~, pues, , RU fé, J os sal·vare1s-Jm1l uni f1de!n; ·mitad su humildad, su purea, su pie- , ad tierua que la fé inspiró y que le dieron alas para salvar la in ensa distancia que hay entre el ciel y la tierra.-lmitamini fidem.-Ifa m e rto en los brazos de la Jglesin Católica; ha recibido con piedad edificante su po1treros auxilios; por eso duerme el s eño de los justos: qí¿orwn intuentes exitu conversationis, imitamini ~dem.-Vosot os podeis, ciertamente, aseguraros un t'rmino fe- ¡ iz, , osotros que sois guarda os en la Yirtúd de Dios por la fé, para I salud q' está aparejada para ser most ada en el ti empo pos trero; porque, si am is á Jesucristo, aUllfJUe "º le habeis visto; en qui e n u11t1 uhorn orecis sio v rle; cre- , ·c11dll en él, os gozareis con ozo inef r1 bl1• ,Y lle110 de gloria: alcanzar do el fin d e v111 :st ra fé, que es la salud e vuestras almas; e s ta es la última e eñauza de VUt !S lro Pastor, cuyos lábios sella la nrn t" rt e ; prro cuya vida entera os habla d e su f é , que debe ser la v estra, para que su salud sea vuestra sal d. Permitidme, señorés, que pag e, en estos momentos solemnes, una de asag-rada, y cumpla un acto de pieda .cristiana. · ¡llustre Iglesia de Arequipa! qu por espacio d e 24 años disfrutaste de I solí c itos cuiJados de tan buen Past r; y que 110 le soltaste de tus amantes razos, sino para dejarlo en los nuest os, en los de tu venerable hermana, la Jllesia de Lima, á quien el Pastor de os pastores quiso darlo por consuelo en su orfandad. Con lágrimas de dolor consumaste e - ton~es un sacrificio, rindiendo homena e á la autorizada voz del Vicario de Cristo en,-, tn tierra; mas, en medio de tu pena, sentías el consu e lo de ver premiados los méritos d e tu ven e rable y an ciano 1 ,- Padre con el honor insigne de la milra, que hizo ilu s tre el gran Toribio de 1 l\Iogrovejo ... , ...... ¿Qué puede consolarte hoy, qué puecte consolará tu noble hermana, cuando su cabeza tres veces respetable no se adorna ya con esa corona res plandeciente, cuando está yerta é inmóvil sobre un fer etro, que, en breve, lo devolverá al polvo de que fué formado? No, yo no intento consolar_os,. Se~. su voz, su acento querido el me1or _lemt1vo á -vues tro dolor. "Hágase en nn la voluntad de Dios» es la última palabra que yo recogí de f:US lábiüs moribundos. La ultima y la mas solemne de su~ enseñanzas· su memorable codicilo, y su mas pre~i oso ejemple . . La síntesis de una vida pura, humilde, suave Y. perfumada por la pi ed'ad. l ,a des pedida del manso arroyo, qu e 11ació al pié de ~a 1 montafia, se d es lizó dulcemeute y s in ruido por Ja verde pn1él.era) y fué a mezciar sus aguas con el caudaloso rio, cu_ ya lejana orilla no divisan nuestros nublados ojos. Hágase pues la voluntad de Dios; y, ant~ su ord enacion suprema, equitativa, rnapelable, inclinemos nuestras frentes, en sefinl de re.speto, de obediencia y de amor! ..... Y ahora, llorad juntas: ilustres Iglesias; unid vuestros suspiros; y elevad, en una sola, vuestras plegarias, por el eterno descanso del alma de nuestro· Ve_nerable P~.swr. Al pié de su sepulcro, umd vuestros corazones con perpétuo lazo, y vivid la una para la otra, y entrambas para orar por él y honrar su memorfo con el ejemplo de vuestra fraternal union y de vuestras cristianas virtudes. Asi expresareis el misterio de amor de su grande corazon, que siempre os tuvo unidas con vínculo santo é indestructible. Angeles de las Iglesias de Nicea, de Kausas, _de J'iberiópolis y de Puno! Y vos tambien Angel de la Iglesia de Trujillo, que acabais de asistir en el altar al Pontifice Eterno, á Cristo Jesus~ Obispó de nuestras almas, inmolado místicamente para sufragar 'con sus infinitos méritos al que fué nuestro Pastor visible; vosotros, todos, ilu-stres Prelados de la Jg,esia, que os habeis dado ci- . ta para honrar · á uuestro · Padre: reunios, os lo ruego; en el campo del dolor; modulad una plegaria, cuya entonacion Hegue hasta el cielo, y abra sus puertas al espíritu del Venerable Prelado: á fin de · que cesen para siempre sus fatigas, sus angustias, sus lágrimas y sus dolores, y g0ce del descanso eterno de una inalterable paz.-Requiescat in pace. • 1 (De «La Socied~d» número 520.) CO LABORACION. Puno, Marz~ 16 de 1872. La muerte del Reverendísimo e lltmo. Sr. Goyeneclie, Arzobispo de Lima, ha causado contemplaciones que se elevan hasta los cielos. · Ha exilado sentimientos sublimes; que todayia hacen palpitar lodos los corazones piadosos. Y no solamente de !os pueblos en cuyo .seno ejerció el numero ex.trao1 dinario de cargos eclesiásticos y todos los oficios episcopales; sí tarnbien en las regiones ma5 retiradas de la capital de la república. Las criaturas humanas son mas lloradas, y se hacen in~ortales para la posteridad, cuando ~on sorprendidas, en el pináculo de sus buenas obras, por el lrnjel dP. la muerte. Díganlo l~s biografias de la mayor parte de los hombres que han ejercido en este mundo misiones divinas 6 humanas, que han embellecido las pájinas de la historia. ¡Aun al mismo Hijo de Dios le plugo morir en la flor _de su edad! ¡Ah, triste condicion la de las cosas perecederas! En todos los reinos de la creacion bruta y de fa creacion racional, cada sf'r, cada viviente con particularidad, es apreciable y se recomienda para despues de su existenciól., cuando ella desaparece en los días de su lozanía. Si es verdad que fa infancia, y cada una Je las edades tienen sus alicientes de simpatía J de recomendacion, como 1~ ancianidad, no neguemos Ia tri ste verdad, que todos leemos en la historia del hombre, que los hechos de su mano robusta é idónea, s4elen ser borrados, cuan.do ella esta Jª trernula, deficiente. Pero no arranquemos el hilo que hemos tomado. El [ltmo. señor Goyeneche , nacido el siglo pasado, instruido con las doctrinas, y bajo los au spi cios del caduco go~ierno de España, trabaj ado por los estudios arallguos que pasaron de diez años, y llevando en sus hombros <l eli i::ados las tarea.; de abogado ) empl eado civil por mas de tres años, la_del_presbiterado y de di $tinLos cargos ecles1ast1cos y di gnidades por once años,_ los de Obisp~ y Arzobi spo por cincuenta y cinco, parece stn embargo (]Ue no se hul.Ji cse envej ecido de l modo comun )' vul gar, parece r¡11e hubiese muerto
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