Aqui tambien son supérfluos los raciocinios, los hechos hablan muy alto; y parece, en verdad, que la prnvidencia, al permitir las catástrofes de que somos testigos, haya teuido principalmente en mira vengar la sabiduría de los anatemas fulminados por la Iglesia contra el liberalismo. ¿Qué cosa son los espantosos atentados de que acaba de ser teatro París y que amenazan renovarse mañana en la Europa entera? ¿Qué cosa son las maquinaciones de la luternacional y sus snnguinarins aspiraciones, p.or . un momento refrenadas pero de uingun modo satisfechas? ¿Qué cosa son esos gritos de muerte proferidos siempre con creciente audacia contra la propiedad, contra la familia y contra la misma so-ciedat.l, por esos millones de obreros á quienes se ha enseiíado que la fuerza es todo, y que sienten y reconocen que ellos son la fuerzá? ¿Qué es todo esto sino la consecuencia inevitable de la libertad asegurada al erro1· por el liberalismo? La libertad del pensamiento y de la palabra, bajo todas sus formas, la libertad de imprenta, la liber tad de cultos, todas esas pretendidas conq uistas de la sociedad moderna han sidu cuidadosamente cultivadas por las pasiones revolucionarias, y al presente están produciendo ya sus frutos. Despues de haber servido para derrocar el imperio de la fé cristiana, las vuelven ahora contra las instituciones so - ciales; y el liberalismo que habia aplaudido su primer triunfo, busca en va110 el medio de deteuerlas eu el umbral del edificio que abriga sus intereses. Habia olvidado que el error tambien tiene su lógica como la verdad. Como al condenado del Dante, el infernal inspirador de la Internacional podía decirle: Tu non pensavi ch'io laico fossi? Ignorando la naturaltz11 misma del hombre, ese sistema irracional que se pavonea con el nombre de racio11alismo, no sospechaba que la voluntad es guiada pot· el entendimieuto, y que los malos pl'incipios uniéndose á las malas pasiones no pueden menos que engendrar perversas acciones. En su loca presuncion había creído poder romper con todas · las tradiciones de la humanidad y derribar todas las base~ que · hasta hoy han servido de u poyo á la sociedad. Los Papas, vigilantes guardianes de la socictlad, así como de la Iglesia, eu vano han levantado la voz; ellos han señalado el peligro, han hecho resouar los rayos del · anatema; se han desdeiíado sus advertencias. y su ca rita ti va severidad 110 ha rematado sino en hacer maldecír de ellos como de enemigos de la sociedad moderna. Pero aguardad un momento: hé aqui los petroleros y las petroleras de la internacional que se encargan de demostrar á la sociedad modet'lla la injusticia de esas 11uejas y de hacerle apreciar en su justo valor los presentes del liberalismo. Y mientras que armados con tan funestos presentes, los virndalos mod ern~s lleva~ la desolacion á su propia pátna, asesrnan á sus hermanos, é incen - dian nuestros monumentos ¿qué hÚcP.n los que se llaman hombres de órdeu? ¿Se levanta de todos los puntos de la Francia y de la Europa un "Tito de r eprobacion contra las doct. rir~1 s que han prod~cido semejantes re_su lta dos'? ¿Se efectua en el cuerpo soc1al una de esas enérgicas reacciones que son sí ntomas de vida y prenda de curacio11? No hai quien lo ignore: la falta de reaccion contra el mal, mas bien que la violencia del mismo mal es la que produce la muerte. La violencia del mal puede ser un indicio de robustez; v cuando se efectua la ~reaccion con suficiente energía, el cuerpo puede e11contr11rse mas vigoroso_ despues del sncudimieuto que momentaneamente lo conmovió. Pero n\ punto que se sienta i11 capaz de reacc1on, el menor f'acud imient n ua ... tnró paL4. lGLE8lA PUN~ÑA. ra echarlo á tierra. Ya no hay vida alli donde no hay rcacciou co11tra la muerte. Y este es incontesLablemcnte el síntoma mas grave de la d1'SCC1mpo.-. sicion social que c:-;tarnos prescnc·ia:1do. De t odos los resul t.acfos dei Jibcralismo, hé aqu í el mas fuue~to. Dundo libre curso á las malas pasiones, ha eue rv ado los sentimientos generosos que habrían debido resistir contra sus cx.resos. Ha extinguido en las almas el odio al mal. Si los homures de bien son los que se indignan á vista de una accion intlecorosa, pu~de decirse que el lib !l'alismo tiende á quitar de l mundo la raza de la gente hournda. Po rqu e ¿qué es lo que estamos -vien - do de al gu oos aüns á ('Sta parte? tas leJ es de la justit·ia pn vada , abierta y sistemálic.rn1ente holladas por los m1sm9s que debieran ser guardianes suyos: se cousuman las mas enormes iuiquidades sin exciLar indi gnacion en la Europa cristiana . La Prusia continua co11 nosotros una guerra de exterminio despur,s que desaparecieron todas las causa. origi1 arias del conflieto; y la Euro¡ a cuya seguridad destru., e c~te ab uso ele la fuerza, contemplt1 con ojos impa sibles eitn carnicería. La Italia r1:;volucio11aria se apod!')ra de la cristiandad, y ultrnj:1 en la majestad del Pontí1>adn, los mas sa11t.os derechos de do-:•i1• utos n iliones de católicos; y los n prese11 taut~s de las potencias calol i- ;as siguen a Quirinal al usurpador exconiulg-ado. París es incendiado po r franceses; y un mes despues, vanas gra11<les ciudades de Frnucia envian á la Asn mblca naGio11a l ¡hombres que profesnn las mi;mas doctri1rns que lo s i11ceudiarios! No , ni eu Fra11t:i.t, ui en el re:;to de Ell'opn, hny p en el seno de las masas e , ergía pura oponer resistencia ni mal. Se ha real izado lo que mucho tiempo Já hidmrn previsto iugenios perspicaces: la illdiferenciu co11 respecto n la doctrina ha producido la indiferencia coi. respecto de las obras . En e l órdcn miral como en el ó rden intelectual, el lib eralisrno hu arrebalndo al cuerpo socrn l, con la fuerza de reaccio11, la coudicbn esencial de su vida. ¡Y sem1junte leccion no bastará para ha cerPos abrir los ojos! Y en presencia d< esos espantables re ,-. ullados del libera li smo, ¿habrá todavía catól icos s inceros que se jacten del titulo de liberaleE caLólicos :,i nceros? Se osará todavía preconizar como una preciosa conqui s..a la libertad absoluta del error, en el 1J1orneuto en que á 11ue~tra ,•isla ha ce el error semeja11te uso de su libertad~ Y au11 es ta ilusion podría se r hasta (i e rto punto exc11sable, :--i el error quisie•a otorgar á·la verdad la libertad que s·1s adversario-;, gen<'rosos en demasía, reivindican para ella . Pero ¿es así cJmo obran los liberale~? .i\o los vemos, por el co11lrario, por donde quiera a~entar contra la libertad de la verdad? ¿(¿ué vimos en París durante el reinado de la Commnne, y q11é vemos ahora en Roma, eu Es¡-aüa, en Suiza , en Austr ia, por donde quiera que el menosprecio ó e l temor no opone trabas ú las tiránicas tendencia~ del liberalismo'? En todos c. o.;; países no se ocupnn mas que en forj 1r cadeuas para la Iglesia. Y ¿_r¡né li nce mic·ntras tanto el liberalisnio católico'? i-:~ta en asecho para que los dde1isores de la I¡.de - sia uo ,ava11 á t11rlwr ú su i!lii1do c:1 la ejecucion de SllS inicuos ¡m•yt·elll's. Si cier tamente, c·ste es el papel que rcpreseutan, hace ya largo tiempo, los li bera les católi:.:os al fr('11te de los liberitles anticristianos; el papel de cilndidos.-f-i el lib1•ra! i ;1110 aC11icr istiano es In mas so!t'lll!H? impostura c¡ue haya tll111ea rejistrado la hi storia, el catolitolicismo li lJ<'ral es la mas colosal caud_idez de que pueda co11servar memoria. • ¡Gracias inmortales sean, pues, dadns á Pi(\ L~ por el valor con qne ha dcsenmascarndo la imposturn, y por la paternal caridad con gne ha disipado la il usio11 de que eran víctimas muchos de sns hijos y de la que tambien, junto con el los, cor rí an ries~o <le ser víctimas la Jg lesia y la Sociedad ! H. Ramíere. CAPÍTULO IV. YT. LA PAdmu . Y sin emba rgo, ¡qué gran osa , es la palabra humana! Verdad es que ella ha des tr1· uo los imperios, llil e11ce11~1do las ge as, lrn., proragaJo los errore~, ha se 1brndo por todas partes la ruina y la deso!acion. Pero, ¿ignonüs que lo peo es la corrupcio11 de lo mejor? Si no f era tan grande su poder, ;.cómo la pnlii rn hubiera sido el ariete in1;011trast 1ble de las socicdacies? Jfo destruido, sí; pero ¡cn, nto ha edificado! No hay fuerza l'll el muudo que resi'ita á la fuerza de la rn!abrn. El trneno, el rayo el fuego, (! hierro, todas las fuerzas juntas del mu ido rna - ter1al, so n débiles obstácul os pnra el empu je vigc,roso de la palaLra. ¿Sabeis por q11é? Porque estas fuerzas rota ron al resonar e11 la inmensidad d caos la palabra omn ipoleute : Fial. La maraviilosa armonín rle os orbes que rueda11 por f•l espae io; la h rmorn ra de la creacion, matizada de co res que enamorntr, il11minnda por luces ue deslumbran, fostejnda de mú..;1c¡¡s ¡11e enajenan; las ex islen('ÍilS mislt•rios;s que se desarrollan en el seno de los ¡1 ir<·s , en el fondo de los rna1·es y en lns inacce - sibles entrnl1as de ~a tierra; todo lo magnífico y grnnclios(J que n11t>str.1 mirada atónita contempla ó dcscubrt uue;;tro estudio, ó e ntrevé llUestr;. iniu¡rinaciou, salio de las profu11did ndf's de 11 nadn por arte prodigioso de la palabra divina. ¡Oh l.:io11dad infinita! Dios creado r por la palabra, qniso dar a! hombre pnrte de este sobera no poder que avasalla la mater in. Y iil otorgarle el sublime don de la palaLra, por el cunl ese11c iillmente se diferencia de todos los demas seres, parece que quiso deC'irlc: «Tú tambieu serós creador; tu se rás un corno Dios respecto de las eria luras inferiores.• Por eso el hombre es iméijen y semejauzn de Dios. Y crea, en efecto_, con la palabra. porque la palabra es lo mns elevado del nrte. ta poesía .v el e;rn lo, idens que a penas pue<lell separarse . ¿qué son sino las creacioues admirables de la ralabra humana? La palabra es el principal instrumento de la Iglesia . En todo,; los puntos de la tierra vereis una cátedra leva11til dé1 por nu estra Madre. Desde nque lla cátedra, el enviado y rnil)islro de Dios pronun. cía la palabra <le la ver·d ¡1 d, que saca mwvos mundos i11t electua lcs del caos del error y de lii ignoran cia. Un buque atraviesa el Océnno . Llega a las costils del As ia. Una doce na de hombrrs, vestidos de sayal hiirr.ilde, pouen, el pié e11 tierra enemiga. ¿A donde v:w? A co11quis tar un puebl_o; ~ conquistar un mundo. ¿_Qné armns llevan? La fé en el cornznu; la cruz e11 la mano: llevan, sobre todo, el arma irresistible de la palabra. Ya saheis quiéqec; son: lo~ herederns de los npóstoles, <ie l (•S dominadores del imperio r0ma no, que era el rnu:ido ('otero: los hijos de los mártires, oue al hierro y al fuep-o de los tira11os 01,onian · la lu z de la pnlabra, que habin venido á iluminar el universo: so 11, en fin la palabra Yiva de la iglesia , que, como éco de la voz del cielo, , ucla en las ondas del aire estremecido, y ;ecorr~ ." la esfera y lleva á todas partes la ; vida . que nos trajo el Verbo hecho C&rne •. La Paladra creó el mundó; la :Palabra, en la persona de J.esus, vino á enseiiarnos la verdad• y á redimirnos,; esa Palabrn, repetida por l9s apóstoles .y . p0r la 1{.\lesia, salva al génflro humano, Pero ¡n)'! una p11labra le perdio tambien Eritis sicti-t Dii! Era la falsa palabra de Satanás. Y Satanils ex,iste aun, Su voz no .se ha apagado todavía. Resuena constantemente allí donde se pronuncia la palabra de Jesucristo. . Esta lucha sin fin, que agita á los ..: hombres, que los nrroja á unos contra otros, es la _lucha de dos palabras que están chocánqose desde el principio del mundo. La palabra de Dios, y la palabra de Satanás. Pero está escrito : «"Los cielos y. la tierra pnsarán: mi palabra 110.» ¡Y el Verbo vencerá, porque el Verbo es la luz! ¡Benditos mil veces Jo 1 s que poneis vuesl ra pnlabra al servicio de la verdqd y de la justicia! Cualesquiera que ~eais. cumpl.is con una verdadera mision ,; con un gran sucerdoci0 qnc en el .cielo tiene especiaf Ps recompensas. ¿Qué valen todos los bienes materiales que deis ú los hambri en tos y desnudos, en comparaci on del bien qne haceis con vuestra pa-· lubrn á los hambrientos y desnu'dos de verd ad? \'es tidlos de galas; satisfaced su estómago: ¿qué es· esto al la-do d.e vuestra palabra, si logr~ traer m1a int.eligencin á la verdnd, una voluntad al bien, un corazon á la belleza? Y esto se,alcanzn, con la grncia de Dios, imprcgnancio vuestra palabra eu amor, que no es incompatible con la noble indignacion. , ¿Qué hny que resista á la palab.ra del amor? Mns ¡ah! orad.ores elocuentes, éco de la voz de Satanás, qne vqlveis contra Dios d arma que os entregó generoso para defenderle; traidores á vuestro Criador: ¿qué será, desdichados, qué serú de vosotros el dia en que la P¡ilabra divina os pregunte.: «¿Qué habeis he¿l10 del tesnro que os entregt:é en depósito?» Secais los corazones: apagais las iute- : ligeucias; pulveriznis. las institucion~s¡: e11c1i11deis el fuego vor-az de In discordia-' en el seno de ias sociedades cristianas, , Rois los ministros d,el· e-stri\go y de · la muerte, . . y ¿,habrá perdon para vosotros, crneles parricidas? ¡Admiremos la misericordia <le Dios! · Tarnbic11 ha_y perdou para estas fieras, : si se arrepi enten. ¡Tambien por estos sederramó la sangre del Ved.Jo hecho Hombre! .,.,. - ANUNCIOS, Seminario ConclUa.r de San Am• brusslo. Por disposicion de la autoridad compelenlfl, se pone en conocimiento del pül)lico, que desde el ciiu HS del presente mes estará abierta I/\ matrícula para los alumnos que deseen perlrnecer a este Colejio en el próx imo año escolar. La malriculacion se verificará por el término de un mes, de doce á una del dia. Puno, Febrero 12 de 1872. Felix Ramos . Secretario. · SE:MINARfO C. DE SAN Al\tBROSIO. El Secrelario que_ suscribe pon~ en conocimiento del públic-o, que el Lº del entrante Marzo -se verific-ará la apertura del. Seminario de San Ambrosio de esta ciudad, sin perjuicio del término señalad·o para la matrf- . c11l:-t de los. jóvenes que quieran pertenecerá dicho eslal.llecimien Lo. Puno, Febrero 23 de 1872. . Felix Ramos.-Secretario• Imprenta _«LA IGLE~lA PüNEÑA» DE l\f. .\.fiI.-EiO C. l.\I.A.InTNJ.::Z.
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