dentor, •epresQntada por su Vicario, la autoriditd rodeada de los homenajes de tantas generaciones y consagrada por tantos beneficio~ seculares, es hoy tan desconocida, que se puede impunemente ridiculizarla en los teatros; tan impopular, que no tieAe ya apoyo en la conciencia del mayor número, y que apesar de su angélica mansedumbre, Pio IX está amenazado de llegar á ser el Luis XVI del Pontificado? ¿Por qué se puede citarle como un delincuente ante el tribunal de Europa, y formarle una causa en regla para establecer que ha de despojarse él mismo d·e su soberanía temporal, bajo pena, si no lo hace, de ser declarado responsable de cuantos desórdenes se cometan y de cuanta sangre se derrame en una expropiacion viole11ta? 1 ¿Por qué en vez de levantar contra los usurpadores un grito unánime de malJicon, el inmenso pretorio se di vide en dos partidos, de los cuales el mas influyente aplaude con frenesí el escándaf o de la causa y la condenacion de la inocencia? ¿De qué procede el odio encarnizado de los hijos contra su padre? ¿En qué consiste tan montruoso fenómeno, desconocido en los anales del crímeu? Reconocida la evidencia de que se ataca el poder temporal de la Jglesia solo para debilitar, neutralizar y destruir, á ser esto posible, su poder espiritual, ¿cómo la Europa de Cario l\Jagno y de sao Luis, la Europa de las cruzadas, la hija tan amante de la Iglesia, puede repetir el grito de muerte del pueblo deicida: No queremos que reine mas sobre nosotros? Un sacerdoterey, ¿es un insulto para las naciones civilzadas? resto anticuado de un tiempo ya pasado ¿ha de desaparecer? ¿es su presencia un llorron en el siglo de las luces? Estas son, amigo mio, las graves cues tiones que ante nosotros se presentan. ¿Qué resolucion ha de dárseles? Aquetlos que de nada dudan porque nada adivinan, os improvisarán mil; mas para vos serán expresion genuina de la -verdad las palabr.as del Sumo Pontífice. En efecto, el observador atento, colocado en la órilla del mar, no explica la ola que se estrella á sus piés por la que inmediataml'nte la sigue. Para investigar la causa de la tempestad, se remonta al mi~rno centro del movimiento: Ahora bien, al frente de la historia del mundo y de la teología de todos los pueblos, está escrita una verdad que lo expli~a todo, y sin la cual no es posible penetrar en el fondo de cosa alguna. Sea cual fuere el punto del globo en que habite, ó el culto que profese, la humanidad repite de generacion en geoeracion: «Desde el pecado original, dos espíritus contrarios se ciernen sobre el mundo; es el uno-el espíritu del bien, el Espíritu santo; es el otro, el espíritu del mal, Santanás, el ángel rebelde. El hombre, ape¡,ar de sus esfuerzos, vive bajo el imperio de uno de los dos; si se sustrae a la accion del espíritu del bien, cae, eu proporcion análoga, bajo la accioo del espíritu del mal, y viceversa; y esto que es verdaa en el hombre, lo es tambien en los pueblos, lo es tambien en la humanidad.» En vano el lenguaje del mu11do, ignorante y superficial, oculta bajo palabras hµecas ó engaííosas, este fondo inmutable de las cosas. Esta es en su principio la úuica filosofía de la historia y la causa íntima del mal. Esto sentado, veamos cual es, hace algunos siglos, la marcha general de la Europa en sus relaciones con el cristianismo. ¿Cómo juzgais la insurreccion actual contra el Pont_ificado, que es ~u término postrero? ¿Se ex.tiende mas y mas sobre el mundo el reino del Espíritu santo, ó crece mas y mas cada dia el reino de Satanás? UNO Ú OTRO HA DE SER: ENTRE AMBOS l'iO HAY TÉRMINO MEDIO. LA IGLESIA PUNEÑA. Si vaciiais aun, comparad, tiempos con tiempos, frutos con frutos, y para que os convenzais, detengámonos, amigo mio, en un solo ejemplo. De aquellas masas de granito que conocemos con el uombre de bárbaros y que fueron nuestros mayores, vió salir el mundo hijos de Abraham. El nombre de la época que presenció semejante milagro, es en el dja una injuria; lo sé, y tampoco ignoro los cargos que con justicia pueden hacerse á la edad média, lo cual no destruye por cierto la -verdad de qne el espíritu que la animó, fué el realizador de cuatro prodigios. únicos adelantos dignos de este nombre que la humanidad ha :realizado en su camino. 1. 0-Constittrvó la religion. Hubo un día en qu e la Europa entera entonó el' mismo símbolo. Del oriente al ocaso, del n~rte al mediodía, ni uua voz discorde turbaba el vastisimo concierto. Unidad de fé: magnífico triunfo de la verdad sobre el error. 2. q-Constituyó la Iglesia. Hubo un día en que la sociedad guardadora de la fé era el poder mas amado y respe-. tado, el mayor propietario de J~ur.opa, y el clero, el primer cuerpo del Estado. Autoridad de la l~lesia: magnifico triunfo de la inteligencia sobre la fuerza. 3. 0-Constituyó Ia•sociedad. Hubo U(\ día én que ni una ley anticristiana, y por consiguiente antisocial, manchaba los eódigos de Europa. Para mantener la armonía en la tierra, como la mantiene el sol en el firmamento, el Rey de los reyes, representado por su Vicario, se cernia sobre tod0s los monarcas. La decision de un padre, órgano infalible de la ley eterna de justicia, era la última razon del derecho y el término de las contiendas. La palabra en vez de. la espada: magnífico triunfo de la libertad sobre el despotismo. 4. º-Constituyó la familia. Hubo un día en que en la Europa entera, la familia descansó sobre las cuatro bases que constituyen su fuerza, su felicidad y su gloria, á saber: la unidad, la indisolubilidad, la santidad y la perpetuidad por medio del respeto á la auto- , ridad paternal, durante la vida y despues de la muerte. El éspírltu en ,,ez de la carne: magnífico triunfo del hombre nuevo sobre el hombre antiguo; curacion radical de la poligamia, del divorcio y del egoísmo, a~querosas ulceras de la familia pagana. Esta es la escala ascendente recorrida por la época de que estoy hablando. Ved, amigo mio, la que recorre la Europa moderna. ¿Qué se han hecho las cuatro robustas coluuas del edificio religioso y social de nuestros mayores? ¿Qué es de la unidad de fé? ¿Qué de la propiedad y del poderío i:eal de la Iglesia? ¿Donde está el derecho público cristiano? ¿Dónde la constitucion de la familia'? (1) ¿Bajo qué .influencia esas obras han sido desfiguradas ó dirruidas, esas col unas conmoYidas ó echadas al suelo, esos progresos su~tituidos por pasos retrógrados que nos hacen retroceder veinte siglos? Antes pasará el Sena por encima de los campt1narios de Nuestra Señora, que impedir al sentido comun g-ritar: Nó, no son estas )as obras del espíritu de Dios. Luego si estas ruinas no se han amontonado bajo la influencia del espíritu del bien, lo han sido bajo la del espirito del mal. No hay medio de deducir otra cosa. Así pues, para quien no se satisface con meras palabras, ni trata de satisfacer con ellas á los demás, las destrucciones lamentables que acabo de indicar, y aquellas no menos horribles que se preparan; en una palabra, lo que es- ('1).-Por sentencia de 16 de enero de 1860, el tribunal de Casacion declaró que el divorcie es de derecho de gentes. tamos viendo1 es obra del antiguo prín-~ cipe de este mundo, desposeído por el Redentor, que ha vuelto al .;eno de las naciones cristianas, con una autoridad poco distinta de la que ejercía antes de su vencimiento en el Calvario. De victoria eu victoria, hoy marcha escoltado por la Europa, su auxiliar ó su cómplice, á la conquista de Roma, su antigua capital. Hacer otra vez de la Roma de los Papas la Roma de los Césares, á fin de sumir al mundo en el órden social pagano, consider do com·o la época del esplendor y de 1 prosperidad de Jtália, esto es, comó todos hemos oído, lo que altamente, sin vacilacion y sin rodeos dicen de I Revolucion y de sus proyectos, Pi IX y su l\'.linistro. Tales son, amigo mio," y no me faltan razones para repetirlo, la e.finicion exacta de la situacion y el desenlace del drama que estamos pre enciando. Ni las interpretaciones puer les de la sabiduría mundana, ni las egaciones insensatas de los que se han I nzado resueltameute por tan fatal ca ino, bastan para destruir lo dicho, a í como los mezquinos expedientes de le diplomacia Do bastan para destruir e hecho. (Contnuara.) INSERCIONES, LOS LIDIER...LES SIN M 5C.. 1UlA. (VÉASE EL N.o I 30. CAPÍTULO TERCER § l. Desde la tribuna. • f Dichoso tú ¡oh lector! si no has estado jamás en uingun Parlamento de liberales, y conserva& toda vín a~una ilusion respecto de la gravedad y patriotismo que deben reinar en eso8 suutuosos edificios bautizados con e altisonante nombre de templos de la prese'rttacion nacional. Dichoso tú, por ue aun suponiendo, como quiero supon r, que detestes cordialmente el líber lismo, siempre te quedará ·en el fondo el alma cierto sentimiento de gener sidad hácia los hombres, que te moverá disculparlos de los errores de su sis ema. Los que hemos visto y diaria~ente vemos el espectáculo parlamentaro en sus mas ocultas profundidades co o en sus detalles mas mínimos, DO podios lib.rarnos '.le sentir un horror casi ual al sistema y á las personas 'que le jercen. La inmoralidad de aquel lle a á confundirse con la inmoralidad de~cs-. tos, de tal modo, que la inteligcn ia, percibiendo . siempre ese monstru so conjunto de inmoralidades, se acost mbra á no distinguir los vicios del si ema de los vicios de los hombres. Pero sospecho tJUe agradecereis c~rdialmente la buena voluntad de quiE\n, levantando la punta del velo del parlamentarismo, te mostrase el boceto áiquiera de esos famosos padres de la p~- tria, que entre discurso y discurso, y entre votacion y votacion, se embolsan ¡oh lector contribuyente! uria buen¡¡ parte del fruto de tu noble trabajo. Tendrias una ilusion menos, que es una grau desgracia) pero en cambio sabrías una verdad mas, que es una gran for,. tuna. Me declaro incapaz de pintarte con vivos colores la fisonomía de esas alb.orotadas Asambleas, donde todo se discute y todo se mancha, desde la idea de Dios hasta la honra del prójimo. Mas he de intentarlo á fé mia; que nadie está obligado á mas que á llevar su piedresita al gran edeficio de la verdad. Subamos, pues, á la tribuna, lector amigo; á la tribuna desde donde el pueblo soberano contempla á sus representantes magnánimos, atentos solo al bien de la socíedad. . . de esa sociedad co- ' manditaria que se lÍama un partido po• lítico. , e Descubrámonos. .Acabamos de penetrar en un templo. Verdad es que se parece mucho al célebre Puuteoo, donde se daba culto á todos los dioses. menos al Dios verdudero: No importa: descubrámonos. Así como así, tratamos de descubrir los misterios y las misetias de este mundo de la elocuencia: empe• cernos, pues, por descubrirnos nosotros mismos. Lá tríste luz de la tarde penetra á través de los cristales de una ancha claraboya; abierta en lo alto de la pared frontal. En las tributlas hierven mil cabezas, que se estiran con afanosa curiosidad por -,er el fondo del sulon, que, en forma de anfiteatro, muestra una larga serie de banco:s escalonados, cu:.. biertos de terciopelo carmesí, escepto el banco ministerial, que es azul. Los diputados van entt·aodo poco á poco, y ocupan sus respectivos asieutos. Se no ta mucha auimacion entre los repres€ntautes del pueblo. Parece que se preparan á cumplir con un gran deber, porque ¡eolia estraordinaria! todos es• tan en su puesto con In mirada fija en la presidencia, que se levanta enfrente del anfiteatro sobre un peque• ño tablado, á modo de patíbulo. 1 ¿Qué. pasa? ¿Va á tratarse de los gastos de la pública administracion, que tienen agobíados á los contribuyen- . tes? ¿Se va a deliberar sobre proyectos de grandes caoales, de anchos y numerosos cami-nos que a todas partes lleven la fecundidad y la riqueza? ¿Se piensa en aliviar la suerte de los trabajadores y proletarios arrancándoles de las crueles garras de la osura, ó librándoles de la implacable tiranía de los modernos capitalistas, enriquecidos con los sagrados ' d~spojos de la Iglesia? ¿Qué pasa, en fin? 1\.lgo mas grave que todo esto. ¡tos gastos de la adroinistracionl ¿Qué importan mil millones masó menos para un país, cuando ya sabemos que no es deshonroso que unas generaciones dejen a otras en herencia enormes deudas y, cuantiosas ruinas? ¡Canales y ca• minos! ,Cosa éxcelente seria abrir estos poderosos medios de comunicacioo y prosp~ridad; pero ¿cómo dedicar alguno,s mi,llol)es á estas obras, cuando apenas, bastan los in°resos del Tesoro pa- :ra sa~iar la voracidad de los patriotas que han asaltado el presupuesto? ¡Trabaj~dores y proletarios! ¿Qué motivos tienen . de queja cuando se les ha concedido una lluvia benéfica de derechos individuales, y se les ha dado un uniforme y un fusil para defender la libertad y no dejar fraile ni reaccionario con ;vida? ¡Que no comen! Pues que se amotinen, que para eso gastan fusil. El pater1,1al gobierno sacará entonces sus cañones, barrerá las calles de proletarios, y vereis cómo queda resuelta la cuestion del hambre. No; no se trata de nada de esto: se trata de un gravísimo ' asunto de gobierno que puede promover una crisis en el gabinete; y ante la idea de crisis, que supone la posibilidad en cada uno de los diputados de ~ustituir á los ministros que caigan del poder, ningun representante de la patria debe faltar en su puesto de honor. ¡Recoger el precioso botin del presupuesto es la cosa mas grave, mas trascendental que puede suceder en el templo de las leyes! El presidente declara abierta la sesion. Todas las miradas se vuelven del lado del orador, cuya palabra va á herir en el corazon al gacinete. Óyese el murmullo que precede siempre á los grandes silencios. El orador se ha levant&do y se dispone a hablar. ¡Atencion! ¡Silencio!· El orador mueve la mano derecha y á la vez despliega sus lábios para dar paso á las palabras sacramentales: Señores diputados ..... No tendrá el lector la exigencia de que yo inserte aqni un modelo de dis•
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