La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

tais á la Esposa de su Hijo en el tiempo malo v en los dias de su dolor.» (San Bernardo: (Epist. 238 y 130.) Mas, entre tanto, el gobierno subalpino, miéntras por una parte se empefia en hacer de Roma la fábula del mapdo (San Bern. Epist. 243), por otra, para engallar á l?s catóHc?s y calmar su ansiedad, trato de combrnar algunas fút.iles inmunidades y privilegios, que vulgarmente se llaman garantías, con el intento de que estas reemplacen al principado civíl del cual nos despojó con larcra serie de maquinaciones y de armas pa;ricidas. Sobre estas inmunidades y garantüis, venerables hermanos, hemos dado ya nuestro juició notando su absurdidad, su malicia y su irrision en las 1.etr s dadí;ls el 2 de marzo' ultimo á nuestro venerable hermano Constan - tino Patrizi, Cardeual de la Sdnta Iglesia Romana, Decao,o· del Sagrado Colegio y vuestro V1<¡a.rio en la ciudad, cuyas letras fneron al punto publicadas por la prensa. . Mas, puesto que es propio del Gobierno subalpino unirá una per.pétua y torpe simulaci~n un impudente despreci_o de nuestra dignidad y autoridad pontificia y mostrar con los hechos que no toma en cuenta nuestras protestHs, quejlis y censuras; por esto, no obsta·nte el juicio dado por Nos sobre las predichas garantías, no desistió de apresurar su discusion y su examen en el cuerpo legislativo del. rey no, como si se tratase de cosa séria. En esta discusion apareció claramente no solo la verdad de nue~tro juicio sobre la índole y la natu.. raleza de dichas garantias, sino tambien el vano esfuerzo de los enemigos en cu- .brir su malicia y fraude. Es ciertamente increíble, venerables hermanos, que- tantos errores contrarios á la fé y á los mismos fundamentos del derecho natural, tantas blasfemias cuantas en tal ocasion se profirieron, se pudiesen decir en esta Italia que siempre tuvo y tiene á grandísima gloria, el culto de la religion catóhca y la Sede apostólica del Romano Pontífice; y verdaderamente, protejiendo Dios á su Iglesia son muy diferentes los sentimientos que abriga la mayoría de los italianos, quienes gimen y deploran con Nos esta nueva é inaudita forma de sa- ~rilegio, y con insignes y cada dia mayores argumentos y testimonios d-e su piedad Nos han mostrado que están unidos en su mismo espíritu y afecto con los otros fieles de todo el mundo. Por esta razon, Nos dirijimos de nuevo hoy a vosotros nuestras palabras, venerables hermanos, y aunque los fieles que os estan co11fiados,- ya por medio de cartas, ya por gravisimos documentos de protesta hayan demostrado abiertamente cuanto les atormenta la condi- . cion que Nos oprime y cuan léjos estan de dejarse eng~ñar por aquellas mentiras cubiertas con el nombre de garant ías; sin embargo, creemos que es un deber de Nuestro ministerio apostólico declarar solemnemente, por vu~stro medio á todo el mundo, que no solo las predichas garantías, que vanamente se empeña en crear el gobierno subalpino, sino tambien cualquiera eosa, títulos, honores, inmunidades y privilejios y cuanto se comprenda bajo el nombrede seguridades ó ga-rantias, de ninguna manera puede servir para procurar et libre y expedito uso de la potestad que nos ha sido dada divinamente y para tutelar la necesaria libertad de la Iglesia. Por tanto, habiendo muchas veces declarado y profesado que Nos, sin violar la fé del juramento no podemos adherirnos á ninguna conciliacion, que en alguna manera destruya ó amengüe nuestros derechos, gue son los de Dios ~ de la Sede apostolica; así tambien ahora, cumpliendo el deber de .Nuestro .oficio, declaramos que uo admitiremos, •DÍ aceptaremos jamás, porque no pode- :mos hacerlo de ninguna manera, aqueUas .seguridades ó garantías escogitadas LA IGLESIA JlUNEÑA. por el gobierno subalpino, cualquiera que sea su fundamento, ni otras cualesquiera de semejante especie ó de cualquier manera sancionadas que, con el pretesto de defender i\'uestra sagrada potestad y libertad oos fuesen ofrecillas eu lugar y subrogacion del principado civil; con que la Divina Providenpúa quiso que estuviese protejida y dotada de la Santa Sede Apostólica y que Nos Qorresponde por títulos legítimos é inconcusos por mas de once siglos de posesion. Es ea verdad manifiesto para todos, que, si el Romauo Pontífice estuviese sujeto t la potestad de otro príucipe y no estnvie,:e dotado realmente de la potestad suprema .eu el órden político, no podría, ya se mire su persolla, ya los actos de su minister.io apostolico, eximirse del arbitrio del soberano {i quien estuviere sujeto, que á veces podna ser un here¡e ó un perseguidor de la fé ó encontnrse en estado de guerra con otros ptlncipes. Y en verdad, la concesion de garantías de que hablamos ¿no es en .sí mis- · ma una prueba palpitante de que á Nos, á quien }1a sido d,ado por Dios el poder de legisar en el orden moral y religioso, á N:>s que hemos sido establecido intérpnte del derecho natural y divino eu 1oda la estension del· Universo, se imprnen le) es, y leyes que miran al gobierrn de la ]glesia universal y cuyo sosteni:niento y ejecucion no tienen mas base qae el det' echo prescr.ipto y constituido por la voluntad de los Poderes laicos'? Y e1 lo que respecta á las relaciones entre a· Iglesia y la Sociedad Civil, sabcis p1rfectameute, Ve11erables Hermanos, q1e todas las prerogativas y todos 1 os de-echos de la autoridad necesaria para el gobierno de la Iglesia Universal, Nos la hemos recibido directamente de Dios en la persona del Bienaventurado Pedro, y que estas mismas prerogativas y estos derechos, así como la libe1·- tad de la Iglesia, son el fruto y la conquisLa de la sa ugre de J esncristo, y deben ser estimados en el precio infinito de esa divina sangre. Haríamos, pues, no lo permita Dios, una grave injuria á la divina sangre de Nuestro Redentor, si Nos tomáramos prestado nuestros derechos de los principes de la tierra, sobre todo, aquellos que en ·tal momen - to quisieran concedernos minorados y envilecidos. Porque los · principes cristianos son hijos y no sefrnres de la Jglesta, y á ellos decía muy a propósito S. Anselmo, arzobispo de Cantorbery, gran lumbrera de santidad y de ciencia: «Cuidaos de creer que la Iglesia se os haya ,fado como sirvienta á un señor y no mas bien recomendada como á un abogado y a un defensor. Nada hay que Dios ame mas en este mulldo sino la libertad de su Iglesia: ( Ep. 8. 1.4.) Y para exitarlos, agregaba en otro pasage: «No creais que la dignidad de vuestra grandeza se aminore cuando arnais y defendeis la libertad de la Esposa -de Dios y de la Iglesia vuestra madre; no os considereis como rebajados cuando la exaltais, como debilitados cuando la fortale.ceis. Ved, mirad á vuestro alrededor, los ejemplos están ahí, considerad á los prín - cipes que la atacan y la oprimen, ¿qué provecho alcanzaron? ¿A dónde llegaron? Bastante claro es y no hay necesidad de esplicarlo. En verdad, cualquiera que la glorifique sera glorificado con ella y en tila.» (Ep. 12, l. 4.) Y ahora, Venerables Herma nos, segun lo que en otras citas y en esta se os ha expuesto p0r Nos, .no puede absolutamente ser oscuro para nadie que la injuria hecha en estos calamitosos tiempos á esta Santa Sede, cae sobre toda la República cristiana. Porque, segun la palabra de San Bernardo, la injuria . contra los aróstoles, esos gloriosos príncipes de la tierra, es injuria á todo cristi,rno, y como para todas las iglesias, segun decia San Anselmo arriba citado, trabaja la Iglesia Romana, cualquiera que la arrebate lo suyo se declara culpable de sacrilegio, no respecto de ella solamente, sino de todas las Jglesias ..... (Ep. 42, 1, 3.) Y nadie, en efecto, puede dudar, que la conservacion de los derechos de esta Sede Apostólica esté iutimamente ligada y encadenada á los intereses sup,remos, á las ventajas de la lglesia entera y a la independencia de vuestro ministerio episcopal. Tenieudo presente todo estó, como deber nuestro, en el espíritu y el pensamiento, Nos, nos sentimos obligados á confirmar de nuevo y profesar constánlemente lo que con vuestro unánime asentimiento hemos declarado tantas veces; qu~ el principado civil de la Santa Sede, por singular consejo de la Divina Prnvidencia, ha sido dado al Pontífice nomano, y es necesario, para que el mismo Pontífice Romano, oo hallándose jamas sometido á príncipe ó poder civil alguno, pueda ejercer con absoluta Ji. bertad sobre la Iglesia entera el supremo poder de apacenta-r y gobernar todo el rebaño del Señor y la ~utoridad que ha recibido del mismo Nuestro Señor Jesucristo, y proveer al mayor bien de la Jglesia, á su utilidad y necesidades. Todo esto perfectamente comprendido por vosotros, Venerables Hermanos, J con vo~otros de los fieles que os están confiados, con muchísima razon os afectó la causa de la Ueligion, de la justicia y de la paz, fundamentos de todo bien, y que dando nuevo lustre á la Iglesia por el digno espectáculo de vuestra fe, de vuestra caridad, de vuestra com,tancia y de vuestro valor, fielmente a ten tos para defenderla, lega is á lá memoria de la posteridad un ejemplo nuevo, que será admirado en sus anales. Mas, por cuanto el Dios de las misericordias es el autor de todos estos bienes, levantando hácia El las ojos, los corazones y nuestra e~peranza, Nos le suplicamos sin descanso que se digne confirmar, fortificar, acrec.er los admirables sentimientos vuestros y de los fieles, vuestra comun piedad, vuestra carida~ y vuestro celo, Y Nos exhortamos con todas nuestras fuerzas á vosotros y á los pueblos confiados á vuestra vijilanc1a, para que á medida que la lucha se.a mas grave y mas ardiente, levanteis junto con Nos, con fuerza y abundancia crecientes, vuestras plegarias al Señor, á fin de que se digne apresurar el dia de su misericordia. Quiera Dios que los príncipes cie la tierra, que son los mas interesados en ello, temerosos de que el ejemplo de la usurpacion de que Nos somos víctima se establezca y fortifique sobre las ruinas de todo poder y de todo órde11, se unan por acuerdo unánime de corazones y de voluntades, y apartando las discordias, apaciguando las turbulencias y las rebeliÓnes, disipando los perniciosos proyectos de las sectas. se empleen de consono en restituirá la Santa Sede sus derechos, al Jefe visible de la Iglesia-su libertad, á la sociedad civíl la tranquilidad tan apetecida. No conjureis ménos, Venerables Herma nos, con vuestras súplicas y las de los fieles la divina clemencia, para que vuelva al arrepentimiento el cornzon de los impíos, disipando las tinieblas de sus espíritus antes de que lle- _gue el dia grande y terrible del Señor, ó, reprimiendo sus criminales complots, mostrarles cuan ciegos é insensatos son los hombres que se esfuerzan por derribar la piedra establecida por Jesucristo y vi.otar sus divinos privilejios. (San Gregor10 VII, Ep. 6, 1, 3.) Que por estas oraciones, nuestras esperanzas se apoyan mas sólidamente en Dios. ¿Pensais que Dios pueda apartar su oído de su Esposa amada cuando ella grita resistiendo á los que la oprimen? ¿Cómo no reconocería al hueso de sus huesos, la carne de sus carnes, y mejor dicho, e~1 cierto modo el espíritu de su espir1tu? Estamos hoy, cierto es, en la ~ hora de la ruindad y del poder· de las tinieblas. Pero esta hora es la última y el poder durará poco. El Cristo, poder y sabilluria de Dios, está con nosotros y la causa le pertenece. Tened confianza, venció al mundo. (San Bernardo, Ep. l 26, n. 0 6 y 14 .) Esperando, sigamos con valor y fé inquebrantable la voz de la extrema verdad que nos dice: «Combatid por la justicia y por vuestra alma, luchad hasta la muerte por la justicia, · y Dios vencera por vosotros á vuP-stros enemigos. (Ecl. 4, 33. , En fin, Venerables Hermanos, pidiendo á Dios de lo íntimo de nuestro corazon para vosotros y para los fieles, clérigos y legos, confiados al cuidado de cada uno de vosotros, los mas abundantes dones de la gracia celestial, Nos os damos con el mas grande amor á \l<'.>Sotros y á los mismos queridos hijos, como prenda de nuestro particular e íntimo afecto para vosotros y para ellos nuestra oendicion apostólica: Dada en Roma, cerca de San Pedro, el 15. 0 dia de Mayo del año del Señor de 1871; de nuestro Pontificado, el vi- . gésimo quinto. NUESTRA lliITUA..CION. Pon lUoNSEÑOR GAUME. (V e~se el n. 0 126) CARTA V. La aboHcion del reino t'emporal de Nuestro Señor Jesucristo por medio del despojo de la Santa Sede como .poder soberano, tal es, amigo mio, el fin parricida á que tienden hace siglos las naciones que se llaman cristianas. Hoy mas que nunca es imposible no verlo, y lo repito: este hecho, el mas odioso y amenazador de la historia, constituye la situacion nuestra, Alrededor del supremo atentado gira· todo aquello que vemos y todo aqiiello que no vemos. Nosotros católicos, guardémonos bien de dejarnos engañar. La emaucipacion de los pueblos es un pretexto, la uuidad de Italia un medio, el Piamonte una máscara, Víctor 1\Januel un instrumento. La doblez de la diplomacia, los tratados hechos ó conculcados, las marchas y contramarchas de la política, los altos de la Revolucion, estas cosas todas que suspenden las miradas de la multitud, no son mas que el aparato, que circunstancias accesorias, y como os he dicho ya, que los episodios del drama. El principio, actor verdadero, su naturaleza íutima, ¿cuál es? La contestacion á esta doble pregunta esta indicada en la encíclica del Papa y en el edicto de su Vicario, y pnra que bri• lle á los ojos de todos su terr~ble, pero profunda verdad, me permitiré dirij1ros, y con vos, á todos los hombres reflexivos, las preguntas siguientes: ¿Por qué la Iglesia católica, reina y ma.dre de la antigua Europ11, se ve obligada hace siglos á replegarse sin cesar sobre sí misma y á marchar de concesion en conresion ante el Espiritu moderno que no le hace ninguna? ¿Por qué ha visto las raices todas que por medio de la propiedad la unían á una tierra cultivada por sus manos, regada con su sangre, sucesivamente arrancadas desde el norte hasta el mediodía? ~ ¿Por qu~ despues de mil ochocientos años de posesion -, de afirmncion, se halla hoy el cristianismo, no en presencia del cisma y de la heregía1 sino delante de la negacion universal, que hubo de combatir al penetrar en el mundo? ¿Por qué las naciones de Europa, bautizadas hace doce siglos, hao llegado al punto de no poder tolerar que la Iglesia, su madre, posea entre ellas un ·palmo de tierra independiente? ¿Por qné la a·utoridnd real de su Re-

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