que hau luchado y luchan cqustantemeúte los sucesores ue Pedro, combatiendo sin de:;canso los ervorcs, anatematizando los vicios y proporcionando todo jénero de rcmeJios al corazon débil para sostenerlo eu el bien, así como una i11strncciou sólida y facíl á las intelif,{cncias poco desarrolladas para mantenerla~ eu 1~ verdad; esa libertad, repetimos, es herid.- de muerte; y quedaría muerta por completo, si nrntarln pu<lierau los infames e:sbírro · <l1! un Jley tan impotente, tan mi ·era ble como Víctor .Manuel. Yol vemos á deciros, hijqs carísimos, que al esprel'iarnos así, no al.Jríga1110s en uuéstro corazon las ruines ¡.H1s1ones de la -veugauu ó · del odio; pero hai momento~ solemnes en los cuales conviene llamar á las cosas por sus 11ombres y setialar á los lobos por su~ caracteres especiales, para evi Lar (como deci" el paure Snn Juan Crisóstomo) que sean deboradas las ovejas <lel rebaño de Jesus; ·y como quiera (lUe hoi las sociedades, por una desgracia máxima, abuudan en indi ,iduos que cree usaberlo todQ, poder discurrir sobre todo y dar su fallo en todo, aun en cuestioues las mas sérias, como lM de que uos ocupamos:como quien que hoi mejor ,1ue uunca Temos realizada esta sentencia del .Espíritu Santo-Slu/torum úi/initi1s est numerus- •el número de los ll<'cios es ínfinito•, !e nos ha hecho preciso hablar con la claridad que ic.tbamos de hacerlo, para que veai~ sin sombras lo que actu;¡lmente ocurre con Tuestro padre eu I¡¡ fé-el Repres~11tarnte de ·Nuestro 8€Ctor Je(Sucristo sobre 111 tierra. Causa lástima, carísimos hijos, ver al l1ijo de Cárlos Alberto c9loc;Hio eu la pendiente resbaladiza de una rernlu• cion, que seguramente lo precipitará en un abismo. Ca usa lástima, repetimos, -verlo tan en nlentonado, mejor dirínmos, tan iufatuado, creyendo tener mas puja11za c1ue Eurique 1 V de Alemania, que t<:nrique Vlll de Inglaterra; y pa- 'ra decirlo de 'una vez, que l\apoleou (, Emperador de los franceses: Tocto·s estQs lucharon contra el Papado ¿y cuáles los efectos de esas luchas temerarias ó injustas? Uecordem-0s solo lo ocurrido entre Pio Vil y Napoleon, por ser un hecÍ10 contemporáneo. El Venernble Pontífice fué destronado de su sólio como soberano temporal, fué arrebatado de su santa ciudad y co11d ucido á manera de presidario por los soldados del déspota Emperador al palacio que debia servirle de pri.:.ion en Vontaiuebleau. ¡Qué sucedió poco tiempo despues? ¡Ah, hijos carísimos, -ved aquí la accion de la Providencia cuidando siempre del Pontificado y de su Jglesia'. Napoleon, el que quiso p.irodial' á Alejandro el grande,y que siu duda tel)ia cualides para ello, ese Emperactor, cubiertó de laureles eu cien y cien bata11as,y que contaba con un ejército furmidable, se vió oblig-ado á someterse á un destierro ignominioso de por vida, } la Hí toria nos lo pinta chl\1é1do en el peñon de Sirnt,t Elena, aflijido J a1i~u~lí"- do, Finfriendo achaques mil l.'ll su !Salud y csperimentando sin <iudé1 kl'riblc~ remordirnienlos. l\Jas, ¿J Pío Yll su antiguo caulirn? ¡Ohl carísimos hijo:-;, Pio Vll sin bayonetas, sin caü1J,11cs, en una µalabra sin fuerza material, volvió á recobrar sus gstados, volvió á. ser el Hcy <le Uoma, quedando toda la execraciou J todo el desprecio para su injusto invasor. Es un misterio verdaderame11te incomprensible el que ofrecc11 hoi to• das las soberanías temporales. La Historia habla mui alto, y ellas no escnchan su voz. La espcrícncia les viene demostrando la necesidad de respetará la Iglesia Católica en sus derechn , en sus propiedades y en su lcgislllcion, y sin embargo, el vértigo de la soberbia ]es impide· ver claro. Así ocurre precisamente con el pobre Iley <le ltália. ¡Desgraciado! ¡iluso! Hoi le rodean cuatro aduladores para hacerle entender LA IGLES A PUNEf A. que todo lo puede y que debe sentarse sobre la cátedra de Pedro; maüana quizá tenga uecesitlad de apelar á la proteccion <le ese mismo Yeneraule Pontífice á quieu ailije y aprisioual .. Nada tendría esto de estruüo, h1JOS carisimos. A propósito de lo que acabamos de repetiros respecto de Napoleo11,- precisamente cuando se hallaba en las cou<liciones mu:; trbtes, co11fiuad,o en la i la de Sauta l~leua, (:1 J su ftuui .ia toda fueron proteJ1dos por ese mismo Pio Vll á quien tautas a1nargur11s babia causado, al que había arrebatado su trono tempornl, re<luciéudolo á la co1H.i1cion de tr1sle prisiouero, como acabamos de indicároslo. Naua tenemus put.is que temer, ui bai motivo alguno sério que pudiera baceruos titubear eu los iustantes presentes, infundiendo la d2sco11fürnza eu nuestros corélzoucs. Lo que ha sucedido siempre, sucederá hoi: el Papado tnunfará, l~s Estados Pontificios volverán á , u don11u10, no hcráu del Hey de Jtalia, porque pertenecen al mundo Católico, J l11 conctcnci1l, y los iutercses espirituales de doscieut~s rnillo11es <le católicos valeu mas que las aspiraciones ruÍues y mezquinas de unos cuantos aventureros, que solo pueden conseguir sus intentos. en un siglo tan m:.\tcrializado y tau !oco como el nuestro. Pero, sí no debemos de,confiar de la accion de Dios, estamos en la ol.Jligacion de orar, y de orar sin descanso, teniendo en cuenta, ya la sítuacio.u angnstiosa de nuestro santísimo Padre, ora la responsabilklad enorme que pesa sobre la coneieuc\a de todos aquellos que, siendo hijos. de la Iglesia Católica, se han converti ? en sus verdugos; ya tambien reco1da11do que nuestro Padre Celestial suele mandarnos estas grandes tribulacion para hacernos despertar del sue• iio l targico del pecado. Oremos pues, hijos carísimos, imitando á lns fieles primitivos. t:uaudo Pedro, el primero de los l'outífices, fué apri ionado en la cárcel Mamcrtí11a, 110s dice el J 1hro <le los hechos de los Apóstoles, que la Iglesia, (Sto es los fieles, oraba siu descanso á Uios por él: ornt.:0 aulem fiebat sine intermitione ab Ecclesia, ad Deum pro eo. No terminaremos esta nuestra pa toral sin indicaros algunas de las razones que se invocan por los iuvnsorcs de los Estados Pontificios pnra legalizar su iuvas10n, Al hacerlo, Jª coinpreuderéis que uos proponemos evitaros una de esas touta¡, sorpresa!'\ que hoi ma~ que nunca suele dar la ignorancia re,·esti<la con l-0do el aparato de la erudic1on á la senc.iila fé de los pueblos católico~. ¿Por qué este emrJeño <le arrebatar de mrnos del Po11tifice el cetro de 5U sobcra11ía temporal? Aule todo, fijaos en las cualidades de las personn11 que trabajan en este sentido. Ved esa turb;i de histriones que componen la degradada corle de Vict0r M 111uel; notad la co11<lucta de ese puñado de aventureros, que nl dia si~uieute de haber penetrado en la Capital del mundo Católico comieorn por fomcnta1· orgías y por cstiuw ar las pasiones mas vergonzosas en el pob·e pueblo ílomano. ' Las tropns francesru, de la revol11cio11, al apo<lernrsc de Homa en 1808 despues de destro1H\r á Pio YII, snquearon los muscos, dcstrozuron las bibliotecas, J anu se co11serva11 hoi mismo en Pnris mnchos de los n•sto:'I mn~niílcos de este saqueo. Hoi, los bándalos de f talia, al lomar por asalto á Homa, han comenzado por corrnmper las costumbres, han co11ti11uado despojar.do nlgu11as <;le las iglesias, y sabe Dios, hasta dónde irán eu sus depredaciones. ¡ Y estos son los prohombres de la jóven ltália! ¡estos los que en nombre del progreso y <le la cívílizacion se em¡1eiian en ejercer el cargo del aposlolado cerca de los E:-,ta<los Pontificios! Si les preguntf,is, hijos cnrisimos, qué razones tienen, que motivos les impulsan para proceder <le esta manera, ellos al hablaros con siuceridad, tendríun que deciros: «la ci vilizacion del siglo XLX consiste en el pillaje, y su progreso en el mayor grado de corrnpcion posible.» Roguemo por estos infelices para Cfue 010s los ilumine. lJ11a de las consideraciones qne la rcvolucion ha ponderado para destruir la soberanía temporal del Romano Pontífice, es la de que Jesus, el Martir del Gólgota, como ella le llama~, dejó dicho que su Reino no era de este mundo. Risa nos causa escuchar de boca de estos teólogos sin Teología esta sentencia del oal va<lor, manoseándola e ioterpretándola de una mau~ra tnn absurda. ¡Cómo se conoce qu~ todos los que emple,,11 este texto snSrado, ignoran su sentido genuino, dse sentido revelado por los santos Padres y aceptado por la Iglesia, única q~e tiene el , derecho de interpretar la flalabra de Dios escrita! El :salvador, en un mo~1eoto solemne, (porque mas solemn~ no podia ser el momento en que se lencü11traba de pie delante del juez qae le juzgaba con una parcialíuad ltan notori,1) pronunció estas palabras-Mi reino no es de este mu1~do, si de tsle mundo fuera mi reino mis ministros sii duda pelearfon para que!/º no fu era eHregado á los Judfr;is; mas ahora mi reim no es de aquí. Se hallaba á presenci¡ de Pilatos. E:;te quería e:<ijirle d grado ó por fuerza una coutcstncion iuoportuna, y Jesus, sóbrio en sus p labrns como en su condnctn, si bien o enmu• deció, como lo hizo ante el c rioso, petulante y malvado Herodes, . ontestó á la 111terpelacion del Juez de la Judea con el lenguaje que acablli. de ~scuchar, queriendo significarnos,~ue El no había venido á conquistarse reinos en este mundo mezquino, que su reino no era <le este mundo, porque ~l deseaba impP.rar sobre las almas, no sobre los cuerpos; pues si su intento h~l}iera sido reinar de una manera mate~lal, babria h echo lo que hacen constavemente to tlos lo5 aspiranteg á la soterania en el tiempo, conquistar, corro\npieado el corazo11 de los pueblos, comprándole-, flU libertad, dou el m,i · precio;;o que 1\:ueslro Seüor ha otor,:,ido al hombre para que sepa obtener r sí mi-,mo su <licha J su felicidad. · Sí, el Heino de Jesus. no podi ser de este mundo, porqne m no hab \ ,e. nido á fomentar pasiones mezquin s, ni ! de~radar los sentimientos 11oble del corazo11: Nuestro sal vudor HO vino, como él mismo lo dice, á destruir la ey, sino, a reílejw sob, e ella mayor c ridad, dándole por esto mismo un v lor mas importante re~pccto á nosot os. No1i veai sob!re legem sed adimJJ!ere. >ero esto no quita el qne Jesns tenga su reino en este nrnndo. 1\0tad, hijos arísimos, el sentido de las palabras rne acabamos de referiros: Re91rnm 111 m non est de lwc mundo. Como os henos indicado, el reino del Sul Yndor no es de este mundo, es decir, 110 es seg u el espíritu del mundo. ¿Y por q11é 10 traen á cuento los teólogos que nos cit n esta frase del Evangelio, aqu estas - tras palabras prononciadas por la .bo a misma de Nuestro Señor Jesucristo: Data est mihi omnú poteslas in ccelo in trerra?- «Se me ha dado toda p - testad en el cici.o y en la tierra?• A lo comprendemos, earísimos hijo111. S trata de iuterprelar la Escritura á guj· sa tlc prote tan tes. Todo ~1 empcfio <l los uctnales reformadores de la socie dad, (lo sabemos pot· uua dolorosa ex pcriencia) consiste en soslitnir el ~rg-u.i !lo de 1~ ra_zon , privada ~ la humildad\ de los JUic10s de la Iglesia, cuando s_e ofrece interpretar las Sagradas I;;scnturas. Por esto es que citau el tex.to que -í\cabamus de indicaros, como Tepiten hasta el fastidi~ a~uel ?tro de: Reddite quce swit Cresa.ns lmsari, et quce snnt Dei, Deo.-«Dad al César lo q~e es del César, y á Dios lo qne es de Dtos." Carísimos en Cristo: No os dejeis seducir por estos falsos profetas, que vienen á hablaros de progreso material y de civifüacion. Recordad estas palabras del Profeta Geremías, cuando se lamentaba al contemplar en espíritu la ruina de Jerusalem. El decia con el corazon destrozado: Prophetre tui viderwtt ti&i falsa, et slulta, nec ap~riebant iniquitatem tuam, ul te ad prenite'>!'-_ tiam provocarent: viderunt autem tibt assumptiones falsas, et ejectiones.-«Tus profetas vieron para tí cosas falsas, y 11ecias, y 110 te manifestaban tus maldades, para moverte á penitencia: y vieron para tí falsas profecías y espulsiones-y sus palabras tuvieron un exacto cumplimie11to, ateudida la dura cerviz y el corazon incircunciso del pueblo judaico.» Cierto que Jesus, al fundar su Iglesia, no se propuso organizar una nueva y particular dinastía para que domiuase á las Naciones en el sentido político; verdad que Nuestro Divino Salvador tampoco se propuso, al encarnar eu las purísimas entrañas de l\laría, dominar en el mundo de una manera material· pero entretanto, no quiso ni pudo q,;erer despojarse del d.omi?io que dél>ia ejercer sobre las coneienc1as; por esto dijo-Mi ,·eino no es df! este mundo: yo ,w he venido á imperar sobre lo$ intereses ma.teriales: yo no soy •logrero» ni especulador, soy el Werbo del Padre becho hombre para. redimiros de la esc\;tvitud del pecado: mi rei ,no esta en este rnundo, pero ,10 es de este mundo: está porque tengo fundada una Iglesia á manen de Arcit de sal vacion, en la que se salvarán todos los que quieran salvarse. .A.. mis Ap6stoles les tengo hecho un encargo especial, y es el de que predi4uen mi Evangelio, que ensefien é todas las naciones las verdades que él contiene, bautiza.ndolas, es decir, dandoles la verdadera y la única civilizacion lejítima en el nombre del Padre y del Hijo y del E.ipíritu Santo:· necesito por esto mismo, segun el plan de mi Providencia y de mi misericordia, pue aquel á quien encargo de una manera particular el régimen de las alm~c::, sea independiente y libre de todo otro poder, de toda otra sobera_nía; independiente para que sus cons<JJOS sean mis consejos; y libre, para que su doctrina. sea mi doctrina, á fin de ' que nunca falte en el Pontificado que yo establezco la pureza de la moral, ni la integridad de la fé. Ego rogabi pro te, ut non de(icia.l fides tua.» Asi entendemos los católicos el.tas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Regnum rneum non est de hoc mundo;-y todo el que las interprete en sentido diverso, s!n tener derecho para ello, -es un nec10, cuya presuncion mereceria para n_osotros, si110 fuéramos hijos de la Iglesia Católica, asco y repugnancia. , Ved aquí, hijos carísimos, el motivo providencictl que ha dado origen al poder temporal del Papado. No: no han sido los hombres los que le han levantado á esta altura: ha sido Dios, que queriendo conservar á su Iglesia sin man• cha y sin arruga, segun la frase ?el Apóstol, lo ha di:,puesto así, para bien <le todos los que nos llamamos hijos de . Nuestro Se1ior Jesucristo. Lue~o los enemigos del Po~e•~ temporal de los Papas, ó no son cristiahos, ó son muy ifrnorantes, cuand~ nos alegan como argumento perenlor10 las pa- _ labras sao-radas del Salvador-Regnum meum nonº est de hoc mundo, apropósito de la soberanía qne materialmente ejer• cen los Romauos PontHices. Pasemos á ocuparnos de otro de los ai'o-umentos no menos curioso que el anterior. L~s invasores de los Estados Pontificips dicen que dichos Estados no prosperan, no se hallan á la altura de los adelantos <le la época. ¿Oe qué adelantos nos habla la revolucíon? Su• pouemos que uo se atrev_erá á t~char de retró(l'rada á Roma baJO el a -, pecto científico~ Nos, podemos decirlo con una entonacion muy alta, porque so-
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