AÑO V. PUNO, JUNIO 12 DE t87t. (it Jglct1itt fu PERIODICO SEMANAL. · ORG~NO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA ~IOllESI~, 1 SECGION OFIG1AL NOS el Dr. D. Juan Ambro8io Jl'l!neraa por la gracia de Ulom ) ' die la Na111a Sede Apo§!óiic.-n, Obispo de runo, etc. PoR cuA1rro:-segun la Constitncion 35 de nuestro Sínodo Diocesano, están ·obli~ados los Párrocos y sacerdotes todos de nuestra Diócesis á hacer ejercicio!! esriritu11les una vez en cada año: debiendo verificarse la primera semana en el mes próximo de Ju ' io p11ra los Párrocos de las provincias de Carabaya, Azá11garo, Huaucané y Alta de Lampa, cou mas los sacerdotes suel los y los Íuteres del resto de l,1s provincias, teuemos á bien ordenar y ordenamos:- Que todos los sacerdotes á que acabamos de aludir, se presenten ante esta nuestra Sede el dia 2G de Julio próximo, sin que sirva de escusa, como Jª lo hemos indicado en otra11 ocasiones, la falta de sacerdotes que suplan el cargo del t>Jercicio pastoral. Por tanto, encarg~- mos a nuestro Vicario, pase la circular respectiva á los Vicarios de la¡¡ pro"incias meucionadas, encargándoles su pronta circulaciou. Dado en nuestro Palncio Episcopal de Sau Cárlos de Puno, firmado por nuestra mano, sellado con el sello de nuestras armas y refrendado por nuestro infrascrito Prosecretario de Cámara y Gobierno, á los 10 dias del m1:;s de Junio de 1871. .JUAN A:\nrnosro. Obispo de Puno- (firmado). Por mandato de S. S. lltma. el Obispo, mi señor. JI. Federico Otamendi. Prosecreta rio-(fi rmado). NOS el Dr. D. Juan ,ln1brol!;;IO lluerta, por la gracia de Dios y de lla Santa Sede ..6.¡,01dóUcn, Obiispo de Puno, etc. t .A NUESTRO YENEfiAilL1~·O11A"N y CAJHLJ>O, A LOS PÁRROCOS TODO", y AL Cuno DF. NUESTRA. DIÓCESIS, SALUD Y PAZ EN Dros NuEsrno SEf.on. Peto vos ne de(iciatis in tribulationibus rnei's pro vobis: qure est glort'a vestra. Os pido que no desmayeis en mis tribulaciones por vosotros, porque éstas constituven vuestra gloria. (SAN °PADLO, EPis. AD EPHES., CAP. JIJ, v. 13) Carísimos en Cristo: Ya subreis por cuántas tribuluciones pa-;a ,,mestro tan ti~rno y dulce Padre, el gran Pontífice del sig!o XlX, el ma.nso y amoroso Pio IX. Uua faccion .<le miserables aYenturcros, que no parece que exh;tiera11 sino para méngua de la humnnidad, a~audillada por un rey entontecido con las peroratas de esos mi~ serables especuladores, ha penetrado en la santa ciudad, la ha tomado por asalto. como atrapa el tigre en sus garrars á su presa, corno toma el bandido á su víctima para despojarla de sus bienes, sin tener en cuenta, ni las cualidades que la adornan, sin respetar los derechos sagrados de su propiedad, atropeJlaudo por esto mismo, toda ley divina y humana. Esto uo debe sernos estraño, carisimos hijos; porque el P(?ntificado, como la espresion sintética del sacerdocio, siempre ha sufrido y ha debido sufrir persecmiones; siempre ha sido odiado y ha deb~o serlo, por los euemigos de Dios y 4e su Cristo. Recordad el martiriq de los pontífices durante los tres pri11~s siglos, á partí" del primero de los Vicnrios de Nuestro Selior Jesucristo, ·el Apóstol Sau PeJro; traed á la memoria, saltando unos cinco siglos por encima de las narraciones históricas, las angustias y las persecuciones del gran Gregorio VII, de l.\f1.1rti110 V, de Nicolao V, de Eugenio IV. Seguid _con vuestra consideracion In série histórica de todos los Romanos Pontifices, fijaos en las amarguras de Pio VI, en los tormentos que atribularon el cornzon de Pío VIl, en las aflicciones que deboraron el ánimo de sus sucesosores Pio VIIJ, Leou XII, y Gregorio XV-J. Despues de esto ¿podremos decaer de ánimo al presenciar lo que ~ufre actualmente Nuestro Smo. ·Padre Pio lX? Oh! aunque se multiplicaran sus tribulaciones, aunque por un momento pareciera que los hijos de Satanás iban á adquirir un triunfo com·pteto sobre la Ciltedrn de Pedro, nosotros, sacerdotes del Dios vivo, debemos te11er una fé ar-- diente en las palabras <le Nuestro Seüor Jesucristo para comunicarla á los fieles y robustecerla cada dia mas y mas en sus corazones. Nosotroc;1 a cuyos oidos resuenan dia por dia estas palabras tan consoladoras del Sal vador:-portre inferí nc;n prevalebunt adversus eam, no tenemos por qué desmayar, muJ mas, si nos imaginamos que uuestro tierno Padre el gra11 Pio IX, al atravesar su actual difícil situacion, parece que <lirijiéndose á nosotros 110s dijera: os pido que no desmayeis en mis tribulaciones por vosotros, porque ellus contribuyen á vuestra gloria. Sí, Santí~imo Padre: vuestras tribulaciones uos glorifican doblemente, no solo como Católicos, sino como Sacerdotes: Vos, animado del espíritu de San Pablo, repetis constantemente en el 1 fondo de Toestro coraion atr~bulado esta fra11e sublime del Apó!!tol de 1119 ge·otes: 9lt>ritJ1Jt"6r ia tri·bulo~o:1-ilr-", porque s1tbeis qne la tribulacion purn/·fi~c, tine para espiar los pecado,; J ea,mdo ,ie trata del J>adre J del Putorfcomn1 del género humano, esn espiacio y esa porificacion se hace estensi va todm los hijos y á todas las O'fejns. })adeceis, ¡oh mansisimo Pio! y nosotís•lo s:mtimos profuudisimamente, anto mas, cuanto que sois uno de lo Po,1tifices menos acreedores á sufrir l que sdris. Pero entretanto, nos queda el con,uelo de que con esas tribulacion s que atrabesais, se tejen actmtlment en el cielo dos magníficas caronas; la na ufütinnda a ce11ir vuestras sienes, a o ra preparada para dar gloria á la Jgl1 .ia Católica y á todors los que be.,los ser sus fieles hijos. Razon tene~, s, pan decirnos que no desfallezc~m tras tribulaciones porque las f ~ nosotros y para gloria nuestra, 1 Así es vertiad, hijos carísi >'\ las actuales circunstancias n , nemos por que desmayar en nue&tra fé, eso no obstante, recordemos que el ~ue padece, que el que sufre, es nuestro Padre_. Algo mas, considerad que sus su~rimientos son trascendentales, por c 1anto el despojo de su dominio temporal importa hoy mas que nunca, su esclav tud en el órdeu esµiritual. En tiempo de Martino V, el ,venturero Fr.wci!'co Sforza y los C louna, trabsjuon por destruir, por ar batar de mimos del Papado el domiuio mporal de sus estados, pero sus pro ·ectos uo 'fueron, ni con mucho, ta II i ícuos como los que hoy quieren parodi r los Ga,ribaldi, l\Iassiui, y toda esa • 1villíl l\HsÓNlCA. tan ignorante en Ueligi 1 como perversa en sentimientos; ésto solo hnn tenido, al trabajar por el dest ooamiento del Papa, una Jdea insu0a0d por Satanás en sus inteligencias: e~ta idea es la. <le dar muerte á la Iglesia atólica. l\Iiserables! infatuados por s orgullo, han creido en su necedad atar á la Esposa del Cordero sin mancill, exterminará la Iglesia que ha sido fu dada por Dios mismo para servir, mo sabeis, de columna y firmamento d la verdad. ¿Y cual ha sido el medio que el masonismo infame ha emplead~para llevar á cabo m obra teueb sa? ¿Cuál el instrumento de que se ha ervido para consumar tau horrenda ·ui- • q1,1idad? El medio lo encontrareis, car1s1mos hijos, en la ignorancia de los pueb los, porque Íos Sacerdotes no uidamos de instruirlos de una ma1fra conveniente. El instrnmcnto ha sid~un Rey desgraciado, que fol to de la i teligencia necesaria para reinar, se hu ntreg,ulo, como se entregan siempre os Soberanos nulos 6 incapaces, a merced 1 1 \ 1 de los charlatanes y aduladores, que nunca faltan al detedor de los tronos de la sober1nia. ¿De qué se trata, hijos carisimos, en las r.ctuales circunstancias? ¿Piensan aca~o los católieos, única y esclnsinmente, en los intereses temporales del Papado? ¡Oh, no! El Catolicismo no es miope, para ver tan de cerca los objetos materiales. En todo caso, bien podiamos considerarlo como présbita, porque el presbitismo vé de muy lejos; y todo sincero y verdadero católico siempre acostumbra estudiar las cuestiones que ocurren en la vida del tiempo, á la luz de la eternidad. Por esto, cmmdo Pio U vio amenazado no tanto su poder temporal, cuanto el progreso y la lejítima ciTilizacion de las naciones cristianas, por la invasion de Mahomet U, lleno de entusiasmo religtoso, animado de un amor verdaderamente paternal, dirijió al Orbe Católico estas palabras, tan llenas del fuego de una caridad verdadera: «Me babeis con frecuencia escitado, dijo un dia á los Cardenales, á realizar una espedicion contra los Turcos. Pues bien, si vuestra fé, si vuestra religion, v~estro celo son sinceros, ha llegado el momento de mofltrarlo con brillo. Yo os daré ejemplo, vosotros no tendreis sino seguirme; así como Jesucristo, el modelo de los Pastores, ha dado su -vi.da por sus ovejas, del mismo modo yo estoy resuelto á dar la mia, á fin de que el rebaño que ha sido confiado á mis cuidados no sea desolado por los MusulIIMlnes. Vamos á armar una flota tan poderosa cuanto lo permita el estado de la Iglesitt; eo seguida, no obstante 'nuestru vejez y enfermedades, nos embar- ~aremos en esas naves, y abandooandonos al soplo de los vientos, iremos á Grecia, y si es necesario hasta el Asia. No pregunteis de qué utilidad sera la magestad del Supremo Sacerdocio en los campos' de batalla, ni lo que puede aun dar el agotado tesoro de la Iglesia.- Os responderemos, que sin deshonrarnos á los ojos del mundo entero, no podemos diferir por mas Iiirgo tiempo la guerra santa. Se han intentado todos los medios, y ha·n quedado siu resultado. Hemos hecho resonar nuestras e1.ortacioncs; no se- ha respondido á ellas sino por la indiferencia. Hemos impuesto décimas; se ha apelado al Concilio General. Hemos publicado indulgencias j se ha gritado qiie queremos sacar por fuerza dinero para enriquecerno~. · El crédito de la Corte Romana está anonadado, el Soberano Sacerdocio entregado al desprecio público; un medio e~traordinario se ha J1echo Y.ª, pr~ciso para recobrar la confianza: este medio és pagar con nuestn~ persona. Pues bien, nu cli-
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