La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

piar el nefando crímea de que vos Y ella son víctimas. Seais vos, en fin, el án~el de paz que pre:=;ente á Dios nuestras súplicas, que dulcifique nuestra¡ amargas (Jueja!', y atraiga sobre vuestros verdugos la ~racia de ui~a sincera conversio11, y sobre la Iglesia entera las bendiciones precurl:ioras del triuufo y de la paz. A vuf!stros pies nos postramos, al hacer esta manifcstacion, y los besamos reverentes, admirando la huella de luz que dl'jau en su tráusito por la tierra. José Sebastian, Arzobispo de Lima; Pedro José, Obispo de Tiberiópolis, Deau, y Vicario Geueral del Arzobispado; Pedro Pablo Rod riguez, A rced iano; José Nicolá:1 Garay, Chantre; Manuel Autonio llaudini, i\Iaestre-Escncla; Julian Endérica, Tesorero; Joaquín Jor.. da 11, Ca11ó11igo; José A 11tonio Terry, <.:auónigo; E8tévan Castro de la Granda, Ca11ó11igo; Juan Sauchez, Canónigo; I\Ja11uel ~Iedi11a, Canónigo; Luis Naranjo, Raciouero; fsidoro Navarro, naciouero; Juan José Pol9, Racionero; Juan Steveuson, Racionero; Pablo Ortiz, medio Hac1011ero; Juan Salamanca, medio Rac10nero; Juau Nuliez del Arco, medio fü1cio11ero; Paust ino Mora, medio Raciouero¡ José A. Roca, Prelado domestico de tiu Santidad; Jose ~antos Cha vez, Cura Rector del Sa~rnrio; Andrés Tovar, Cura Ilector del Sagrario; Manuel Loreuzo Alcedo, Cura Rect0r de Sa11ta Ana; Gregorio Valenza, Curtl Rector de Santa Ana; lluenaventura Veliz, Cura Rector de San Sebastinn; Pedro Nolasco Abarca, Cura interino de San Lazaro; Manuel E. Tro11<.'oso, Cura de In l\Jatriz del Callao; francisco de la Lama, Cura de Santa Rosa del Callao; A:;ustifl Cardona, Cura de la Magdale11a; Jose Toribio Garcia, Cura de Surco; Manuel ~li11oude, Cura de Lurin; Hilnrio Gomez, Cura de Ate; José Jturrino, Cara de Luriga11cho; Adolfo lng-unsa, Cura de Caravaillo; Pedro Garcia J Sanz, Camarero secreto de Su Sa II ti dad y Rector del Seminario de Santo Toribio; Juan A. Falcon, Vice-Rector del Seminario; A11to11io Garcia, id; Amador Sotomayor, Profesor del Sem111ario; Manuel Ortiz y Aruaez, id .; Juan F. Rodrigurz, id.¡ Manuel Tovar, id.; Agustin Obin, id., Pedro García, id., l\'1att.!O Martinez, id.¡ Fnrncisco Duran·, id.; Amadeo I<'igueroa, id.; Justo Reyes, id. Fr. Juau Cueto, -Pri or de Santo Domingo; Fr. F. José Masa, Guardian de San Fran~isco; Fr. Agustín Liado, Prior de San Ai:{us1i11; Fr. Pedro Gm,I, Comis.irio General de l?ranciscos Descalzos; l•'r. Leonardo Cortés, Guardian de la Recolcccion -Francisc.,na; li'r. Juan de l\fata Espinosa, Presidente Comendador; Juliun Velarde, Prepósito del Oratorio; José Maria Pelaes, Prefecto de la Buena ~Iuerte; Marcos Trigoso, Capellan Mayor <le Santa Catalina; José del Gra11ado, Capellan Mayor del Prado; José Almíron, Capellan Mayor de Descalzas; A11drés Ortiz, Capella11 Ma.vor de Hercednrias; l\'Ianuel Fuente Cha vez, Cap1°llau May<Jr de Santa Rosa; Antonio Dampruns, Superior de Lazaristas; Manuel ~lariano Carassa; Gregorio La-Rosa, Capellitn de Nuestra Señora de Desamparados; Antonio Villon, Capellan <le l\fonserrat; Manuel Palma, Capellan de Copacabana; R. P. Fr. José Masiá, Discreto; Fr. José A'madó, Discreto y Vicario; Fr. Bernardino Gonzales, Discreto; l<'r. Pablo Pietra1-itonio, Discreto; Fr. Vicente Calvo, Discreto; Fr. Domingo Salvador,, Fr. Pedro Verges, Fr. Joaquín Ramirez, Fr. Agustín Safont, Fr. Buenaventura l\Iunar, Fr. Franci:-1co Blaucafort, Fr. Francisco S. Brui::!et, Fr. Sebastian M: Font, :Fr. Mi~uel Ferriol, Fr. Mariano Arbos, Fr. .Jaime Vila11ova, Fr. Gabriel Bren, Fr. Fraucisco Bohigas, Fr. Jo~é Rodó, Fr. Alfonso Sardim, Fr. Pedro Sala. Fr. Lino l\fnrtinez, id. Á11jel Tajua, id. Antonio Banus, id. Pedro B. Nadal, id. Alfouso V1adin, id. Luis Torra, id, Juan .... LA IGLESIA PUNEN!. J. Alemañy, id. Juan M. Ferrer, id. Bernardino Domingo, id. Antonio Verduque, id. Luis Bielli, Comisario _de tierra Santa; id. Francisco Oitoln, 1d. Juan Pinto, id. Salvador Coll, id. Diego Falcó, id. Francisco Roure, id. Pascu~l Olaguer, Diego Hinojosa, Juan P. _P1mentel, Julian Calle, Lorenzo Barrios, V¡tle11ti11 Beyes, Félix Gimenez, ~Ianuel l\fejia, Baldomcro .Morell, Gabn~I Vadell l\Tarcos Simonini, Pablo Gut1errez, Jua~ Manco, Juan Cruz, Antonio Ojeda. iíllt.ií PROTESTA ne lo• Catolicon de Lima, contra la lovasion de Roma. A Nuestro Santísimo Padre el Señot; Pio IX, Pontífice máximo de la Iglesia Uuiversal. Beatísimo Padre: Los católicos de Lima, unidos á todos los verdaderos católicos de la Re- ' pública del Perú, cumplimos hoy el deber sagrado de mnnife8tar á Vuestra Sa11tidad el profu11do pesar que nos aflige, al contemplar la alevosa invasio11 y la sacrílega usurpacion de vuestros Estados, y, muy particularmente, de la ciudad de Roma. Se aume11ta nue;;tro dolor, viendo a vuestra augus - ta persona sometida al mas pérfido ca11tivel'io perpetrado por un gobierno, que ~e dice catolico, y que, lavándose fas manos como Pilatos, os ha entregado, como e11 otro tiempo lo fué el Divino Maestro, á los insultos y escarnios de una plebe desenfrenada, recogida, ' en su mayor parte, de la h~z del pueblo italiano, ale11 lada con la impunidad de sus críme11es y asalariada para abrevaros de indignos ultrages. Desde que la deslealtad del gobierno Pianloutes, sin prévin declaracion de guerra, sin motivo algu110 de queja, y, bajo un pretexto tan ridículo como ofen5ivo, invadió vuestros Estndos á mano armada y bombardeó la ciudad eterna, re!'.uelto a tomarla por asalto, los horrorosos detalles de vuestro proloug«do martirio han llegado, día por día, hasta estas remotas regio11es y han conmovido houdameute nuestras almas. Cuaudo vemos a Vuestra Santidad, víctima del mns hipócrita y pérfido de los gobiernos, desµojado de ,uestra soberunía terllporal, aclamado, sin embargo, por ese mismo gobierno, Re:v de burla, é impedido de gozar la hbertud, que 110 se rehusa al ciudadano y quiza ni al esclavo, el rubor cubre nuestras frentes, el corazon se estrecha de angus~ia, y la i11dignacion circula rapidamente por nuestras venas. Sabemos muy bien, Beatísimo Padre, que los bienes temporales no son absolutame11te uecesarios para la perpétua subsistencia de la Sauta lglesia de Jesucristo; sabemos {JU e el la nació, vi ve y permanecerá hasta el fin del mundo, por la virtud omnipotente de su Divino Fundador; que la Cátedra de Pedro, piedra y fundamento de la Tglesia, existirá hasta la co11sunrncion de los siglos; que los Ilomanos Pontífices, ~us sucesores, eu CUJO número estais Vos para honra de la Iglesia, bien de la humanidad y gloria del nombre cristirmo, ejerceran siempre el gran poder, que tnn ámpliamenle les confiara el Cristo Hijo de Dios vivo; que 110 hay poder humano que cilca11ce é iguale á ese poder, que no hay ejército~, decretos, ni arm,ts que basten á impedirlo, desnaturaJiz¡¡rlo ó destruido, y que, mal que pese á gobiernos que no conocen sus verdaderos i11tereses, lo que atareis 'lUedará t!esutado. Sab.emosque sois nues~ tro Padre en Jesucristo, nuestro l\Iaestro infalible en la fé y en la moral, nuestro guía cierto en el camino que conduce á la vida eterna, nuestra bruju,la en el mar tempestuoso de este mundo, y nuestra regla en todo lo que concierne iÍ nuestras conciencias y al gobierno de la Iglesia. Sabemos que nuestro saber, en calidad de hijos vuestros, es respetaros, obedeceros, amaros y bendeciros, cualesquiera que_sean vuestra situaciou y el lugar de la tierra que habiteis; que para nosotros ~ois e~ ' mbmo en las cárceles mnmertmas, o bajo la~ pesadas cadenas de un tirano, que seutado en el trono esplendoroso de vuestros predecesores; · que os debemos el mismo amor y obediencia, cuando estais refugiado en l&s catacumbas, que cua 11do, lleno de ma~est~d, bendecís á la \!iudad y al mundo en\ero; cuando dobla is el santo cuello, entregándolo á la cucuil la del verdugo, que cuando os prese11tais con la frente ceaida de una coro11a de gloria; el mi fmo, cuando la ambicion, el ódio y la impiedad os exhiben aute un pueblo de~crcido, como un rey de burla, gritrndo: Ecce Horno, que cuaudo los soberimos de Europa tenían a houra ser tos escuderos del Vicario de Jesucristo, <íolocá11dose al lado de su estribo y besa¡1do la orla de sus vestiduras. 1 Pero, estarr,os igualmente ciertos de que la sob0eranía temporal, ejercida doce siglos por los PontHice1 Romanos, se fonda en la conciencia u~iversa l, en la justicia natural, en el derecho público de la Europa, reconoc do por todo el mundo civilizado; y ue ese hecho portentoso es la realizr;·ion de un designio de la Providencia n favor de su obra predilecta, la Sant Iglesia, en bien del género humano, . en garantía necei,aria de 11uestra lioertad espiritual y de la de nuestras boncie11cias; de tal manera, que vuest1 título para poseer el sagrado patri onio de los Estados Po11tificios es un ítulo superior á todas las razones e Estado y a todas 1:is conveniencias ~e la política del mundo. Ese derecho sagrado·, en -vez de menoscabarse, adquiere mas ftlerz ~ l cuando vemos que un gobierno, sin lnas títulos q11e su nmbicion, su os\día y lu fuerza brutal de que disµoue, ~mpujado por elementos anárquicos, dirPido por sectarios, enemigos de todo bi ' n y de toda moral, y bajo la influe11ci1 de funestos errores antisociales, cou urna su crimen, hollando tratados y coi venciones solemnes, en particular la de setiembre de 1864; que para pertrarlo aguarda á que una grande noble .Nac-ion se halle e nvuelta en un lucha desoladora y gigantesca, á que I s mejores huestes sucumban en una nemorable batalla y á que la Europa, ,astada é ind ec isa, contemple hech que jamás hubieran entrado en sus revisiones ni en sus cálculos. En vano, para consumar estos tentados inspirados por odio al Cat licismo, se invoca la u11idad italiana. Una fraccion de veinte millones de i alianos, sin mas títulos qu e su arbitraro antojo, no puede tener mas derech que doscientos millones de católicos, uienes piden se conserve su capital que la han defendido de la invaf-ion d los bárbaros; que, con sus ofrendas, l han levantado de §US ruinas y la han enbelleciclo, por mano de sus Pontifice, con soberbios monumentos, y que, m rced á estos esfuerzos unidos de los Pa as y de sus hijos los católicos, Roma 1 es hoy lo que son Níuive y Tiabilonia. No: Roma esta en Hália, pero no es ni puede ser de la Itália; es d~I .1atolicismo· y sus monumentos nrt1slrn¡>s y su grandeza de doce siglos son el ºnero y los esfuerzos de los cat,'llicor; y del Jefe del Catolicismo. No, mil veces no: nuestros padres jamás habrinn h cho cua11tiosos dona! ivos y sacrificios ingentes, en obsequio da un rey ó de rna dinastía italiana. Los hicieron co la iutencion de engraudecer !a ciudad de los Papas y con el fin de conserva_ l_os para sus Pontífices y para el Catoli 1smo entero, en ese centro comun. Y el deslumbrado príncipe, que hoy se apodera del fruto de la piedad de nuestros padres, y pretende despojarnos de nuestros derechos, merece ser juzgado con ~ los calificativos mas severos. ¡Unidad italiana! palabra mentirosa, en cuyo nombre se insulta nuestra fé y se oprime al débil. Se pretende rehacer la Itália con usurpaciones sacrílegas, y. al mismo tiempo que se proclama muy al to esa müdad, se fracc10na la ltália en bandos y se desmembra su territorio y se cede una parte importante á la nacion vecina. El re• Víctor Manuel separa Niza y la Saboy~ de la Itália para dárselas á la Francia. El nuevo Esaú veude su primitivo y legítimo patrimonio, su casa solariega, el único título que tenia, hasta hoy, para reinar en Itáli.1, y lo dá en cambio de que se le permitan horribles depredaciones. ¡Unidad italiana! J las islas de Malta y Córcega, que están en las aguas de-Itália, que en todos tiempos han sido c0nsiderada. como parte integrante del territorio italiano, con tanto derecho como la Sicilia, y con mas derecho que la Cerd~tla, continúan en poder de las respectivas naciones que las poseen; y el gobierno subalpino se guarda muy bien de pretender completar con ellas su violenta unidad; sabe que son fuertes y cuentan con poderosos medios materiales para hacer respetar su posesion, y esto basta para que no se las inquiete. Así es como la insolencia del gobierno saboyardo se ostenta solo con el que, fuerte en legitimidad y en justicia, es débil en cañones y en fuerza uumérica. Esta consideracion nos hace temer que desaparezcan de la tierra las reglas de justicia, y nos hace vislumbrar muy de cerca la b,arbarie, con todos sus horrores, con toda su corrupcion y sus sangrientas esc·enas. Por eso, nosotros, Santísimo Padre, apesar de la distancia que nos separa, en uso de nuestro derecho y cumpliendo nuestro deber, hacemos esta solemme protesta contra la espresada invasion de los Estados Pontificios y contra su sacrílega usurpacion, en particular la de la ciudad de Roma, y estamos dispuestos á reiterarla, cuantas veces fuere necesario. Protestamos, asimismÓ, contra todas las usurpaciones consumadas, en años ánteriores y por partes, de los mismos Estados; contra todas las violencias y vejaciones cometidas en Vuestra augusta persona; contra todas las leyes, pra~- máticas y provisiones dictadas ó practicadas en perjuicio de vuestros derechos; protestamos· muy particularmente contra el falso y mentido plebiscito del 2 de Octubre del año próximo pasado, combinado, tramado y pagado por el gobierno italiano y llevado á ?abo por un puñado de aventureros, srn pan y sin bogar, con votos fraguados y aumentados en las urnas por esbirros, que tomando el nombre de pueblo romano, ·han falseado su voluntad, para adormecer los pueblos incautos, para eludir la enormidad del crimen y para engallar, si fuera posible, á las potencias europeas, que cuentan en sus dominio¡; millones de súbditos católicos, quienes reclaman la libertad é integridad de sus conciencias en la independencia de vuestros Estados y la plena libertad de Vuestra Soberanía. No contentos con esta protesta, Beatísimo Padre, sabiendo lo que vale la oraciou y confiados eu las misericordias del Dios de todo consuelo, nos postramos humillados ante el trouo del que es Iley de reyes y Senor de señores, que dispone, seguD le place, de pueblos y de naciones, y que hoy os prueba, y con vos á todos nosotros, pidiéndole haga cesar la tempesta~, os prolongue la vida, os conceda el trmnfo de su Iglesia y á nosotros todos el que. á una voz e11tonemos de los cuatro ángulos de 1 ta tierra el himno de alabanza en agradecimiento á sus be11eficios y á la restauracion de Vuestro augusto trono. Di(J'naos, Beatísimo Padre, acoger los votosº de vuestros hijos que viven en

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