sus hijos ¿podia mirar indiferente una comuuion dedicada con especialidad á ella? Tenemos fé: ella protejerá á esos fieles, concediéudolcs durante su vida axilios eficaces, á fin de que logren la salvaciou de su alma, con tal, empero, de que tengan presente las siguientes palabras del Salvador: Non coronabitur, nisi qui legitime certaverit: nadie mere - cerá la corona de la gloria, sino el que lejítimameute haya peleado. Como á las doce y media tuvo lugar la procesion. Una imágcn de la inmaculada, colocada sobre una anda graciosamente adornada y llevada en hombros de cuatro eclesiásticos, recorrio toda la plaza mayor, hasta que, con todo el concurso de fieles, penetró de nuevo al templo, arrodillándose entre tanto todos á fiu de recibir la beudidon de la Madre de los cristianos. Asi ha celebrado Puno las glorias de la Reina Celestial. ¡¡¡Pluegue al Cielo que ella adquiera mas imperio en los corazones punefiosJ!! ¡¡Plegue tambien al Cielo que al siguiente afio, desterrando los puneños todo indiferentismo religioso, todos a porfia ensalzemos las virtudes de aquella madre tres veces santa!! Órdene8. Las que celebró S. S. Iltma. en las témporas pasadas, las han recibido los siguientes: PRESBITERADO. D. Augusto G. Alvarado. » Manuel Sebastian Fernandini. » Jose Dionisio Barrenechea. » José Leodegardo Cruzat. DIACONADO. D. José Gabino Mesa. .,, Raimundo Estrada. SUBDIAC0NADO-, D. Telésforo Arze.. » Manuel Álvaraz. » José Mariano Ormachea. GRAN ASAM-BLEA de los éatólicos de Lima, para protestar contra la sacrílega invasion de los Estados Puntificios, 7;erpetrada por ~l Gobierno del Rey Víctor Manuel U, JH•cor8o pronunciado por el lltmo. y Reverendisimo 8eñor A rzobispo de Lima, en el a~w •le abirlr la l!leslon publica de la Sociedad t:Jatollco-Peruana. V~n.erables hermanos, amados lu)°os: Es muy grato para mi corazon de · Pastor presidir esta gran usamblea de los católicos de Lima. El objeto que os ha reunido, amados hijos en Jesucristo, no puede ser mas santo. ' Acabais de unir vuestras oraciones á las mías, cou el fin de alcanzar misericordia para los desgraciados enemigos de la Iglesia Cutólica y de su augusta Cabeza. Vais ahora á cumplir un segundo deber. Todos mis Venerables hermanos, los Obispos de la Cristiandad, todas las instituciones católicas y lodos los fieles esparcidos por el Universo, han levantado su voz para protestar contra el sacrileg0-._ atentado que la revolucion ha consumado en Roma. Tengo el consuelo de haber reprobado tan grande iniquidad para in&truccion vuestra y en cumplimiento de mis deberes pastorales. Hoy me cabe la satisfaccion de veros reunidos en este lugar con el objeto de protestar públicamente, con toLl IGLESIA PUNEÑA. da la nobleza y dignidad del espíritu cristiano, contra la sacrílt•ga invasion de la Ciudad 8a11ta, donde tiene su asiento la Catedra inmortal de los Pontífices romauos. Hacedlo, hijos mios; teniendo por cierto que praclicais un acto agradable á Dios, que aborrece toda iniquidad y que es el vengador de su Santa l~lesia. Por lo demas, nada temais; porque en todo tiempo ha probado Dios a rn Iglesia con grandes amargurns y calamidades, á fiu de que, fortificada en la lucha, sea cada vez mas grande y mas , gloriosa. ' No temais tampoco la persecucion del mundo. Ha llegndo la !Jora de que los verdaderos calólicos lleven con honor eu la fr(1nte, el signo de Jesucristo. Firmad , pues, la protesta que vá á leer&e. E11 ella vereis la sincera expresion de vuestro amor filial al Supremo Pastor de nuestras a.lrnas. Os recomiendo tambien la erogacion de una generosa limos11a, en favor del empobrecido tesoro de Su Santidad. Su corazon de Padre se co11solará al saber que en est1s apartadas regiones nos han conmovidc sus dolores y que unos mismos son los sentimientos que animan al indigno Prelado de esta Iglesia y al pueblo fiel. No terminaré sin declararos que el dia de hoy es uno de los mas felices de mi larga carrera episcopal¡ porque, rodeado -de algunos de mis Venerables hermanos, los seiiores Obispos de la República, me encuentro en medio de mi pueblo, para alentarlo, felicitarlo y bende~irlo en el acto de formular una protestr SQl"emne contra los ultrajes de que h~ sido ,·íctima Nuestro Santísimo Padre, el Sefior Pio IX. Sien~-o tambien la necesidad de manifest11 públicamente cuan satisfecho estoJ ·Jl celo religioso de «La Sociedad Católico-Peruana,» á la cual se debe, princip11lmenté, la plantificncion de u na imprenta católica J cuyo consejo central ha tomado tanta parte en la eelehracion de esta gran asamblea. .Protesta del lltmo. y ReverenclíslDlll seiior Arzobispo de Lima y tld Venerable Clero secusar y -rf'~ular de la Arqnhiló<"esis, contra. la sacrílega lnvasion de los Elitado8 PontHiciou. Beatísimo Padre! Su~len los hombres, cuando se ven despojados de sus derechos y no está en -su 1111100 recobrarlos, elevar uua queja a la autoridad tutelar que debe ponerles en salvo. l\[as, cuando esta es impotente para desempeñar tan noble miui,terio, los injuriados consignan en un documento memorable el hecho atent.:torio de que son víctimas, los principios que éste coucnlca, y la solemne declaracioo de la subsistencia de sus dere<hos y rle la i11justicii1 que los desconociera. Este es el triunfo de la fuerza mera! sobre la fuerza bruta y de la justicia sobre el crímen; es el ~rito de la dig11idad ofeudi<la y el anatema, que sale d~ un pecho honesto para herir invisib 'emente al ofeusor¡ es una lagrima arra11wda al corazon por la iniq11idad que IE oprime, y que, si se ju uta á otras, si se eleva, eurarecida, al cielo, podra ser la nube de doode sal~a mas tarde el rayo vengador. Porque hay sobre los humanos un Juez incorruptible y certero en sus fallos, que, si tarda en ejecutarlos, 110 amengua, por esto, ni su autoridad, ni el ca~tigo condLmo á la cu lpa, ni la reparaciun del órden audazmente perturbado. Mientras llega ese momento apetecido por los justos, temido por los malos, y suspirado por los oprimidos, suelen los ultimos depo&itar la expresion de sus quejas en un arca, que las ponga al abrigo de las injurias del tiempo y de las injurias del hombre. Y esto es lo que ejecutamos ho·y, oh Padre Santo y venerable, al depositar en vuestras sagradas manos la protesta solemne que hacemos, á la faz del cielo y de Ja tierra, contra la violacion del territorio Pontificio, consumada el '20 de Setiembre del año próximo pasado por el Gobierno del Rey Victor Manuel II, que ha co11culcado atrozmente la justicia, el houor y hasta la decencia, pnra adueñarse por entero de vuestro dominio temporal, que ya habia defraudado parcialmente en otras ocasiones. Si nos halláramos en otros tiempos meuos turbulentos, y en los que la dignidad hurnana conservase mas generalmeute sus nobles prerogativas, ni tendríamos que lamentar un atentado semejan le, ni, aun cuando hnbiera sido moment.á11eamente posible, hubiéramos de querellar:nos por su impunidad. Ya se habrían levantado los soberanos temporales, y, á su ejemplo, todos los gran- <.les de la tierra, para ejercer un acto <le cumplidu y solemne justicia, esto-es, purgar vuestros estados de los invasores que manchan su sucio, y sancionar que el Rey Víctor ~ia11uel II habia perdido todo título a la consideracion y al respeto de la gente honrada y crlstiaua, pues ha emulado con sus hechos aun las rapiñas de los paganos, que siempre respetaron á sus sacerdotes, y tuvieron por inmunes los bosques sagrados y los templos de sus falsos dioses. Pt:ro, vos lo sabeis, oh Padre tmantísimo: en los tiempos que corre·1, debilitada la fé en los pechos crist ianos, relajaJas las costumbres, empañado el honor, honrada la traicion, perv,~rtida la política, adorado el becerro de oro á la falda de la montaña de los prodigios, por , una reaccion mistuios.., del pagauismo; en e5tos tiP.mpos de prueba y de casti~o, la divina Providencia deja holgar á los sectarios de Satanás para encadenarlos mas tarde, vencidos, al pie de la crnz, y atraer todas las cosas hácia el divino Verbo humanado, cuya divinidad se ha negado hace poco, y cuyos derechos se ultrajan hoy en vuestra venerable persona. Hoy, como entouces, esperamos el triu11fo de la justicia despues del martirio de la inocencia; hoy, como entonces, esperamos que la i11dignacion del cielo se haga seutir: y ya tenemos claras muestras de ello en esas grandes convuls-ioncs que sufre el mundo moral, y que amenazan derribar para siempre los tronos seculares y esplendorosos, CUlOS cimientos está· socabando Lt revoluc,ion. Que hay fundarlos motivos para nuestra espenrnza, no podrá dudarlo, sino aquel que haya drjado morir en su alma la última centella de la fé. Porque, si es indudable que el Sumo Pontificado cueuta con promesas infalibles de perpetuidad sobre la tierra; y, ~i para ejercerlo con la indispensable libertad, es de todo punto neeesaria la i¡1depende11da de vuestra sagrada persona; si esta independencia, por otra parte, no .puede asegurarse sin que vos seais sobernno temporal de vuestros Estados, es <le todo punto manifie¡,to que la Providencia divina los devolverá a vuestro imperio, ora por la iutervencion de un sucesor de Carlomagno, ora por el ministerio- de otro monarca, pues •el corazon del Rey está en las maoos de Señor,» ha dicho el Espíritu de verdad; y los hombres todos, grandes o pequeños, no son sino grandes ó pequellos instrumentos de esa adornble Providencia, que los hace servir ciegamente á sus · designios. Demasiado lo sabeis, oh Padre Santo; y, si nos permitimos consignarlo aquí, es para que os consoleis, sintiendo latir nuestros corazones acordes con el vuestro; sintiéndolos elevarse hácia las mismas regiones, y aspirar junto con vos ese aire puro, de que no se disfruta ea el lodazal de lns humanas miserias. Masr aparte de estos sentimientos cuya pública expresion es un lenitiv; á nuestros d'q!ores, séanos lícito, ob P~dre venerable, querellarnos aute vuestro tribunal, tan elevado como incorruptible, tan antiguo como respetado, tan hon~ado como benéfico, que- ~ellarnos, decimos, del violento despoJO que vos y la cristiandad hemos sufrido al consumarse la usurpacion de vuestros Estados, el robo de vuestros palacios apostólicos y del Dinero de San ~edro, que ha servi<.lo para pagar a los -mvasores de Roma, la profa nacion de los monasterios de la misma Roma y ot~os lu~a,res, de donde han tenido que hmr l~s _v1rgenes consagradas a Dios y los l\11111stros del culto de Dios vivo· n?s querellamos de todo esto y de lo~ v1llauos modos con que se ha ejecutado, en el siglo XIX de la era cristiana, lo que no se atrevió á ejecutar Atila _en una época de barbarie y de conqmst~; nos q_uerellamos de que ~e haya mentido con 1mpudeneia a la faz de dos mundos, que merecían ser tratados con mas respeto P.or un soberano cuyos antecesores tu vieron la cruz por di visa, la cruz que. venció y destronó al padre de la mentira, a' fautor de toda i11iquid :1d; nos querellamos de que se haya ateutado contra vuestra independencia y soberanía real, la mas antigua veneraule entre todas; nos querellamos de la burla que se hace á vuestra dignida<i, ofreciendoos, en la proyectada ley de garantías del parl;•mento italiano, Una caña por cetro, un giron de purpura por manto real, y un cerco de es- ~inas por diadema. Ya pasaron, Bealls1mo · Padre, los tiempos en que esto fué conve1iiente para la edificacion del mundo; «ya no hay necesidad de sepultar el ~rano de trigo en las entrañas de la tierra para que dé mucho fruto¡» ese grano bendito ha germinado: Cristo vence, reina, impera: la misma casa de Saboya lo reconoce al conservar la cruz en sus armas reales, la cruz que protesta mudameute contra la degeneraciou de esa casa, antes cristiana, y hoy, por desgracia, apóstata. El cristianismo es hoy un gigante que aplas:. t?rá á sus enemigos, como ya lo pres1en~e~, apesar del ciego furor que los precipita. Dejamos á los Estados de Europa la consi_deracion del daño que sufririan los ~ntereses religiosos y políticos del vieJO mundo, si la iniquidad de que hemos hecho rnencion no fuese castigada y devueltos sus fueros á la justicia. Abandonamos á la católica !?rancia, hoy tan duramente probadaJ la consideracion de la injuria que se le ha inferido, al romper- un pacto en que ella era ·signataria, y esto, aprovechando el momento en que su brazo no podía vengar el ultraje. Todas estas consideraciones son elementos naturales, acumulados bajo las miradas de Dios, para el triunfo de la que es vuestra c11usa y nuestra causa, la causa del Catoliscismo, la causa de la justicia, de la ci vilizacion y del honor. Pero, protestamos, una y otra vez, contra la usurpacion mencionada y contra todas las anteriores usurpuciones de vuestros dominios. Como sacerdotes, como cristianos, como ciudadanos de una República, que se sostieue por la vida que recibió de la Iglesia, como hombres, en fin, protestamos contra nn hecho que hiere nuestra Religion y ataca á nuestro Supremo Gerarca, que conculca el derecho, principio vital de las humanas sociedades, y que deslustra el honor, el honor que dá realce á la dignidad del hombre. Sean vuestras ma11os s11~radas, oh Padre Santísimo, las depositarias de esta expresion de nuestras convicciones y sentimientos, de nuestras esperanzas y de nuestros votos. Sea vuestro corazon paternal el asilo, el noble albergue de ese suspiro de inmenso dolor que alienta la cristiandad al contem-
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